Ansiedad: seis preguntas con respuesta para entender lo que le pasa a la mente

Yolanda Morant, psiquiatra, sexóloga y terapeuta de pareja, revela las señales que indican que estamos sufriendo este trastorno

De las diez últimas conversaciones que he mantenido con personas tanto del entorno profesional como personal, seis de ellas confesaron sentirse «raros», «temerosos», «ansiosos», «nerviosos» o con una cierta «angustia». El concepto «ansiedad» planea sobre estas rarezas, temores, nerviosismos o ansias (quizá puedas hacer la prueba en tu entorno para comprobar si obtienes un mejor o peor balance) y las búsquedas en Google de la palabra «ansiedad» se dispararon a mediados de marzo, se mantuvieron en niveles altos pero estables durante el verano y desde finales de octubre parecen haber iniciado una nueva escalada.

La ansiedad, por tanto, parece preocuparnos como concepto y de forma generalizada, aunque quizá no sepamos o no seamos conscientes de qué significa exactamente sufrir ese trastorno. Desciframos las claves en torno a la ansiedad con la ayuda de Yolanda Morant, psiquiatra, sexóloga y terapeuta de pareja, que da respuesta a seis preguntas que afloran en estos días de pandemia.

  1. ¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una reacción física, emocional y comportamental que nos da información sobre la existencia de un cambio en el medio o en las circunstancias que pueden poner en peligro nuestra integridad física o mental. Es decir, el compendio de sensaciones y/o de síntomas que podamos presentar sirve para prepararnos ante el cambio o la adversidad, bien sea mediante la lucha o mediante la huida.

No obstante, cuando aquello que creemos que puede alterar nuestro bienestar no existe en realidad, es decir, es un miedo supuesto o imaginado; o bien nuestros síntomas son de una intensidad excesivamente elevada, en lugar de prepararnos para el cambio de una forma evolutiva, nos bloquea, impidiendo que usemos nuestro compendio de herramientas adaptativas para enfrentarnos al problema.

En definitiva, la ansiedad es equivalente al miedo, pero ante algo o alguien que no es real, o al menos no debería generarnos tal desasosiego. Al no ser real y no poder «controlarlo» nos vemos desprovistos de estrategias defensivas resolutivas, generando en nosotros una autopercepción de escasa suficiencia y capacidad.

  1. ¿Existen distintos tipos de ansiedad?

No exactamente. Ya hemos definido que la ansiedad es una reacción psicofisiológica, pero sí que podríamos decir que se puede presentar de varias maneras.

Algunas personas tienen ansiedad en forma de «crisis» ante situaciones o ante objetos específicos, y es lo que conocemos como «Fobias Específicas».

En otras ocasiones la ansiedad se presenta como una sensación de inquietud interna que permanece todo el día en el interior del cuerpo y que nos lleva además a estar preocupados continuamente por cualquier cosa que pueda ocurrir, pero sin que sea ninguna preocupación concreta. Esto se conoce como «Trastorno de Ansiedad Generalizada». En este caso el componente más evidente es el cognitivo o rumiador.

Puede ocurrir que suframos «crisis» de ansiedad repetitivas, que aparecen y desaparecen sin motivo aparente. Es lo que denominamos «Trastorno de pánico» o «Ansiedad Paroxística Episódica». Esta forma de presentación es una de las más invalidantes, dado que no existe un factor que la persona pueda identificar como disparador de la crisis, por lo que quien lo sufre va limitando sus actividades por miedo a sufrir una crisis en cualquier circunstancia. A esto lo denominamos «Ansiedad Anticipatoria».

Como podemos observar, aunque no siempre ocurre así, la «crisis de ansiedad» es uno de los elementos fundamentales de estos trastornos. Sufrir una crisis de ansiedad es una situación muy desagradable ya que la sensación física percibida es de «muerte inminente», siendo el componente fundamental el físico.

  1. ¿Cómo sé si estoy viviendo un episodio de ansiedad?

Tal y como ya hemos adelantado, en la ansiedad aparecen tres componentes que no siempre son fáciles de diferenciar:

El componente físico hace referencia a todos los síntomas percibidos en el cuerpo: sudoración, taquicardia («el corazón va más rápido o parece que vaya a explotar»), dificultad para respirar, mareo, temblores, etc.

El componente cognitivo hace referencia a todas esas creencias o pensamientos que aparecen de forma repetitiva y que nos suman en una sensación de inquietud interna, como pueden ser: pensar que vamos a sufrir un ataque al corazón, creer que vamos a volvernos locos, tener miedo a desmayarse, etc.

El componente conductual hace referencia a la actitud que tomamos ante estas sensaciones, que suele ser la evitación o huida de todas aquellas situaciones que nosotros relacionemos con aquello que nos pueda generar malestar.

Lo que sí sabemos a día de hoy es que tal cual aparece una «crisis» de ansiedad, posteriormente y sin hacer nada desaparece, es decir que es autolimitada administremos o no tratamiento. No obstante, no nos podemos olvidar de que el momento de mayor expresión clínica es muy angustiante y genera mucho malestar, tanto a quien lo sufre como a quien está a su lado.

Por ello es fundamental incluir la psicoeducación en el tratamiento de la misma: explicar qué es una crisis, cómo y porqué aparece, qué vamos a sentir y qué podemos hacer ante la misma, de manera que de forma progresiva el o la paciente sea consciente de «señales» físicas y emocionales que le indiquen que puede aparecer una crisis para poder gestionarla de una forma más eficaz, dotando así de mayor seguridad y capacidad para el manejo de la misma y para la autorregulación.

  1. ¿Cuándo deberían preocuparnos los episodios de ansiedad?

Todas las emociones nos dan información sobre el contexto que estamos viviendo o sobre qué podemos necesitar para adaptarnos a los requerimientos del contexto, por lo que, en general, es saludable y necesario tener dicha información para modular y adecuar nuestra respuesta a la situación que se nos presente.

No obstante, habrá contextos que nos sobrepasen por la carga emocional que conlleven (por ejemplo, una noticia inesperada como una pérdida) o porque en ese momento otros ámbitos de nuestra vida requieran toda nuestra atención y nos encontremos menos preparados para hacerle frente y nuestras estrategias de afrontamiento están «bajas de batería».

Cuando nos sintamos bloqueados, embotados, con dificultades para gestionar dichas situaciones, démonos cuenta de ello (ser conscientes quizá es la parte más compleja porque implica reconocer una vulnerabilidad) y solicitemos ayuda profesional (aunque conlleve exponer nuestra fragilidad ante otros). En cualquier caso recordemos que no se trata de «no ser capaces», «no ser lo suficientemente fuertes» o «ser débiles»; más bien en esos momentos necesitamos un sostén externo, un apoyo que nos ayude a reducir niveles de angustia para poder desenterrar o aprender herramientas y enfrentarnos a la situación estresante.

  1. ¿Hay más casos de ansiedad en el contexto actual?

Claramente hay un aumento de la ansiedad en el contexto de pandemia actual. No obstante, se puede considerar congruente y adecuado al contexto. Recordemos que la ansiedad es la reacción psicofisiológica equivalente al miedo, y de lo que nos informa es de que hay «algo» que pone en peligro nuestra integridad supervivencia, permitiéndonos estar en alerta para defendernos de dicho peligro.

La pandemia nos ha puesto en jaque, nos ha mostrado nuestra vulnerabilidad como seres vivos y por tanto ha destapado una vez más nuestra indefensión. De ahí que se despierte el miedo y la ansiedad, porque nos enfrentamos a algo que aún es una incógnita, que da lugar a la incertidumbre, y nuestro cuerpo y mente se preparan para ello. No obstante no podemos olvidar que el miedo mal gestionado deja de ser adaptativo para bloquearnos, siendo imposible abordar la situación que tengamos que afrontar.

  1. ¿Cómo podemos ayudar a alguien que sufre ansiedad?

Es muy frecuente escuchar frases del tipo «no te preocupes», «ya se te pasará», «seguro que se soluciona solo», «no te pongas así». Son frases que más bien ayudan poco porque los mensajes que le devolvemos a la persona que sufre son muy invalidantes. Estos mensajes son:

1) Aquello que estás sintiendo no es tan importante.

2) Aquello que están sintiendo es excesivo ante la situación.

3) Aquello que estás sintiendo no deberías sentirlo.

La cuestión es que nadie puede decir si lo que siente otra persona es o no adecuado a la situación, puesto que las emociones son propias de cada uno.

Cuando una persona sufre ansiedad solo necesita que estemos presentes, que realicemos esa función de sostén y que devolvamos esa mirada de comprensión. La mayoría de veces no es necesario decir ni hacer nada, sino solo estar. Una vez pasado el episodio de angustia, sí podemos ofrecerle buscar alternativas y ayuda profesional de cara a poder resolver aquello que le atormenta o que nos aterra y así poder trabajar la ansiedad.

Si lo que tenemos que hacer es ayudarnos a nosotros mismos tendremos que hacer algo similar, aunque es más complejo. Lo más importante será «darnos cuenta», es decir, hacernos conscientes de que estamos en una situación de fragilidad y que un soporte para estas piedras en el camino serán de gran ayuda.

 

2 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *