Aprende a respirar de nuevo: las claves para encontrar la base de una vida  más sana

El estrés de la vida cotidiana hace que desarrollemos una mala conducta a la hora de llenar nuestros pulmones de aire. Afortunadamente, es un mal que se puede revertir

ACyV

En los últimos años, se han puesto muy de moda técnicas de respiración enfocadas al bienestar. Se trata de una tradición que hemos recogido los occidentales de prácticas que ya llevaban haciendo culturas como el budismo o el hinduismo y que hemos acoplado a nuestra forma de vivir como antídoto contra una vida predispuesta a sufrir de sentimientos de estrés o ansiedad.

Cuando pensamos en una vida sana, solemos asociarla a desarrollar unos buenos hábitos. Y en nuestra mente mediterránea, tan hedonista, aparece también la noción de sacrificio. De ahí que si quieres adelgazar para verte mejor o simplemente ponerte en forma, automáticamente recales en una dieta que restrinja las grasas y carbohidratos, dé protagonismo a las verduras y la fibra, y a su vez esté compaginada con una rutina de ejercicios regular y exigente. Pero tal vez de lo que no seas consciente es que, para sentirte mejor y alcanzar esa vida saludable, tan solo debes enfocarte en el modo en el que respiras.

 

Tengo clientes que se están recuperando del Covid y dicen que nunca se habían percatado de la importancia de respirar bien

 

Así es como han aflorado multitud de ‘influencers’ en las redes sociales que proclaman los efectos beneficiosos de una correcta respiración en la salud. Algunos, como Richie Bostock, muy popular en Reino Unido, califican a los ejercicios de respiración como «la próxima revolución en salud y bienestar». Entre sus múltiples beneficios destaca una consistente mejora de la función inmunológica (tan importante en estos tiempos víricos), en los hábitos del sueño, el sistema digestivo o una reducción del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Y, por supuesto, como decíamos, un antídoto contra la ansiedad, tan en boga hoy en día.

 

«Si estamos respirando correctamente desde el diafragma, podemos enviar mensajes al cuerpo de que estamos a salvo», observa Aimee Hartley, profesora de yoga británica, en un artículo sobre el tema de la ‘BBC‘. «La respiración lenta y profundamente consciente activa el sistema nervioso parasimpático que manda una respuesta de reposo, opuesta a la de lucha o huida».

 

Casi nadie respira con el vientre, que debería ser la base de una respiración correcta y saludable

 

Diversos estudios han demostrado ya en reiteradas ocasiones que controlar la respiración puede reducir los niveles de la hormona del estrés, el cortisol, en la saliva. Otros son más arriesgados y afirman que puede alterar las neuronas cerebrales, haciendo que suban los niveles de otra hormona del estrés, la noradrenalina, la cual es positiva porque mejora la concentración y mantiene al cerebro sano durante más tiempo.

 

Hartley asegura que respirar bien ha cobrado mucha más importancia a raíz de la pandemia mundial de coronavirus. Las razones son varias, y es que como bien es sabido, es una enfermedad que afecta de una manera muy severa a los pulmones, sumado al hecho de que en los últimos meses nos hemos acostumbrado a no salir de casa sin un objeto imprescindible para evitar los contagios que, paradójicamente, hace que nos cueste más respirar: las mascarillas. «Creo que las personas se están volviendo más conscientes de cómo respiran y cómo les afecta eso a la salud», asegura.

 

La rutina de 30 minutos que debes hacer cada mañana para eliminar el estrés

«He tenido clientes que ahora se están recuperando del Covid-19 y dicen que nunca se habían dado cuenta de la importancia de respirar bien. La respiración se ha puesto de moda porque funciona», recalca la entrenadora. «Aproximadamente el 80% de las personas que vienen a mis sesiones respiran solo con la parte superior del pecho, de modo que cuando inhalan, sobreutilizan los músculos que hay entre las costillas y los hombros. Casi nadie respira con el vientre, que debería ser la base de una respiración correcta y saludable».

Como los niños

Hartley observa que los niños son las únicas personas que respiran bien, ya que a medida que lo hacen, podemos observar cómo se hicha su estómago. Pero cuando ya llevan un tiempo en la escuela y se socializan, «comienzan a establecerse estos malos hábitos que duran toda la vida: pasan demasiado tiempo sentados y empiezan a experimentar el estrés emocional que más tarde afectará a su respiración». En este sentido, en estas fases de estrés es cuando el cuerpo involuntariamente tiende a respirar solo con la parte superior del pecho debido a la activación del movimiento parasimpático de huida. «Es como si estuviésemos amenazados todo el tiempo», observa la entrenadora.

 

«Sucede sin que nos demos cuenta», explica la entrenadora. «Entramos en ese modo involuntario de lucha o huida y los músculos se contraen. Entonces, empezamos a contener la respiración mucho más de lo que deberíamos. De este modo, comienzas a implementar estas micro-contenciones de respiración, que más tarde se transforman en un patrón respiratorio disfuncional, cuando eres adulto. Este aliento de un niño pequeño se convierte en una exhalación malhumorada de un adolescente que crece hasta convertirse en adulto».

 

Por tanto, si quieres sentirte mejor tanto física como mentalmente es imprescindible que prestes a tu respiración la atención que se merece. No hace falta que hagas tremendos sacrificios, tan solo basta con que dediques unos minutos al día a ser consciente de cómo se llena tu pecho y baja el aire desde tus narices a tus pulmones. Si lo haces lenta y profundamente de forma continuada en el tiempo, es muy posible que acabe convirtiéndose en un hábito y estés más lejos de padecer síntomas de estrés o ansiedad.