Se han ofrecido distintas explicaciones para esta sensación de fugacidad temporal tan común. Un experto psicólogo aporta una nueva teoría sobre por qué lo percibimos así

Una de las grandes obsesiones del mundo contemporáneo es el tiempo. «No tengo tiempo» era una de las frases más pronunciadas antes de la pandemia, y ahora, después de 2020, tenemos una sensación aún más extraña respecto a nuestra percepción del paso de los días, semanas o meses. No hay más que antender al recuerdo que tenemos del gran confinamiento de marzo del año pasado, el cual en el momento presente se nos hizo eterno, pero ahora que ya han pasado los meses lo hemos acabado percibiendo como un episodio muy raro de nuestra vida que no recordamos muy bien.

¿Por qué cuantos más años cumplimos más rápido parece que pasa el tiempo? Tan pronto estabas en la escuela como en la universidad y, de repente, un día te levantas y ya tienes más de 30 años. Aunque evidentemente en épocas en las que no nos encontramos muy bien de ánimo o estamos enfermos la sensación temporal tiende a ralentizarse, al final el balance que podemos hacer es que efectivamente se ha pasado volando. ¿A qué se debe esto?

«Nuestra experiencia subjetiva del paso del tiempo está relacionada con la suma total de nuevas experiencias que tenemos que recordar»

Se han ofrecido infinidad de explicaciones para entender este curioso fenómeno subjetivo que sin duda parece compartido. Una de las últimas es la de Loren Soeiro, psicólogo neoyorkino en ‘Psychology Today’, quien establece una distinción en relación a la edad del sujeto que experimenta ese paso del tiempo. «Cuando somos jóvenes, nuestras circunstancias tienden a parecer únicas o más especiales, de ahí que los niños tengan recuerdos mucho más específicos», asegura. «Sin embargo, los adultos agrupan sus experiencias en recuerdos más grandes y menos concretos». Es decir, los niños o adolescentes atienden más a un cúmulo de detalles que las personas más mayores, quienes tienden a agruparlos en una especie de ‘pack’.
Una sucesión de recuerdos… ¿infinita?
Otra de las razones por las que quizás cuantos más años llevas vivo más rápido parece que pasa el tiempo es porque los recuerdos tienden a sumarse y agolparse, de ahí que la tarea de ordenarlos o si quiera recordarlos sea más compleja. «Nuestra experiencia subjetiva del paso del tiempo está relacionada con la suma total de nuevas experiencias que tenemos que recordar», afirma, parafraseando un artículo de investigación que trataba el tema publicado en ‘Scientific American’. «Cuantos más recuerdos generes de un período de tiempo en particular, más tiempo parecerá haber durado una vez se haya terminado».

Cuando somos más pequeños, nuestra capacidad cognitiva está en plena expansión, al igual que nuestras experiencias. Conoces a infinidad de personas, te aprendes sus nombres, vas a la escuela donde te enseñan a descubrir el mundo y aprender todo lo necesario para funcionar en la sociedad, haces amigos y ves por primera vez sitios únicos como el mar o las montañas de vacaciones. «Cognitivamente, estamos preparados y diseñados para absorber toda esa información de pequeños: nuestros cerebros están creciendo, haciendo nuevas conexiones neuronales, absorbiendo los estímulos a los que estamos expuestos», asegura Soeiro. «La infancia puede durar poco tiempo, pero con toda esa información nueva para procesar, se percibirá como un período muy largo en retrospectiva».

Y así es. ¿Quién no recuerda los veranos que pasaba de pequeño como si fueran eternos? Esos agostos en el pueblo o jugando en la calle que parecían durar años y años. «La edad adulta, por el contrario, viene caracterizada por una serie de rutinas», reconoce el psicólogo. «Vivir experiencias frescas y nuevas es cada vez más raro, con lo que puede ser cada vez más difícil aprender cosas nuevas o crear recuerdos únicos». Evidentemente, esto varía según el modo de vida que lleves, y teniendo en cuenta además que el mundo adulto también trae cosas inéditas a tu vida, como por ejemplo tener hijos, cambiar de ciudad o vivir solo o acompañado de amigos o pareja. Pero al final, es obvio que ya no te resulta nada tan sorprendente como lo hacía cuando eras un niño.
Una razón logarítmica
Pero más allá de la psicología, la ciencia más pura como es la lógica y las matemáticas tiene otra explicación para la sensación de que cuanto más vives, más rápido se te pasa el tiempo. Ernest Weber, matemático y pionero de la psicología experimental, formuló en 1834 una teoría que asegura que nuestra percepción temporal cumple una función logarítmica que atiende a dos variables: la intensidad y la sensibilidad.

En un experimento realizado por Hannah Fry en YouTube, divulgadora matemática, se retó a varias personas a sostener dos pesos en cada mano. Uno de ellos pesaba 100 gramos y el otro 120. Al preguntarle por el más pesado, el individuo acierta. Pero justo después, le sirve otros dos pesos más grandes, uno de 200 y otro 220 gramos. A pesar de tener la misma diferencia de peso, la percepción le juega una mala pasada y acaba eligiendo el ligero. De la misma forma, esto sucede con los años. Cuando llevamos muy pocos sobre la Tierra, parece que hemos vivido un sinfín de experiencias. Pero a medida que ese número de años crece, tendemos a equivocarnos respecto a su verdadera duración. Por tanto, experimentamos los años más deprisa a medida que envejecemos y sumamos más y más.

Esto también puede explicarse con las penas de prisión. Un periodo de seis meses encerrado se siente mucho mayor que un período de tres, hasta ahí todo bien. Pero si subimos la cantidad y hacemos una comparativa de penas de diferencias mínimas, esto ya no se cumple. En otras palabras, si pasas 20 años en la cárcel no te resultará menos tiempo que si pasas 20 años y tres meses. Por ello, al aumentar la cantidad o el tamaño, cada vez apreciamos menos diferencias de tiempo.

E. Zamorano

La situación actual está plagada de dudas y no sabemos bien cuándo llegará a su fin. Para las personas con altos niveles de ansiedad esto puede ser frustrante
Aestas alturas, todo el mundo está harto de la pandemia por coronavirus que el pasado mes de marzo azotó nuestras vidas y las cambió para siempre.
Eso no significa que el peligro haya pasado, pero como somos humanos, es normal que el desgaste vaya haciendo mella en nosotros. Las malas noticias continuadas nos han sumido en un estado de hastío constante, y los que no están concienciados y preocupados han optado por dejar de creer en la enfermedad y pensar que es todo un complot ideado por ‘los de arriba’ (sean quienes sean).
Nuestras vidas han cambiado, es innegable, pero es difícil saber cómo será el futuro próximo. Son cambios sustanciales, pero afectan: llevamos mascarilla a todas partes, practicamos el distanciamiento social, teletrabajamos, nos ocupamos de no saludar de manera demasiado afectuosa teniendo en cuenta las condiciones actuales y, lo más importante, ya no planificamos nada. El futuro ha desaparecido, no podemos pensar en viajes que haremos o conciertos a los que asistiremos en los próximos meses, porque solo importa el aquí y el ahora.
Quizá lo más preocupante sea que no sabemos cuándo terminará todo. El fin de la pandemia no está claro, pese a que la llegada de las vacunas ha abierto un escenario más esperanzador, pero la incertidumbre continúa, ¿cuándo se conseguirá la inmunidad de rebaño? ¿Tendremos que seguir llevando mascarillas? Igual que no todo el mundo respondió igual frente a las medidas adoptadas durante el confinamiento, tampoco sabe hacer frente de la misma manera a la incertidumbre.

Ha sido un año plagado de incertidumbre, y cada persona desarrolla una tolerancia diferente ante las situaciones que están plagadas de dudas

De hecho, según explican las psiquiatras Sandra Llera y Michelle Newman en ‘Psychology Today’, en general las personas con más ansiedad suelen tener más intolerancia a la incertidumbre (UI en inglés), un rasgo que varía extremadamente de una persona a otra y se ve diferenciado por su situación vital y sus niveles de estrés actuales. Por supuesto, el año 2020 ha supuesto un problema grave para todas aquellas personas que no se sentían con fuerzas para poder superar una situación plagada de dudas y con muy pocas certezas.

Las incertidumbres no solo han pasado por nuestra salud (desde la posibilidad de habernos contagiado a tener familiares o amigos enfermos o incluso en el hospital, sin saber cuándo podremos volver a verlos o si lo haremos), también han estado y están relacionadas con la situación económica actual, los ERTES, el trabajo o la vuelta al mismo. No es nada nuevo, las investigaciones ya han demostrado que el confinamiento ha tenido un impacto grave en nuestra salud mental (agorafobia, dolores de cabeza, bruxismos…).

Tenemos que ser realistas y asumir que el final de la pandemia no llegará con pancartas, fiestas y anuncios en la televisión

¿Cómo luchar contra la incertidumbre? Primero tenemos que asumir que el final de la pandemia no llegará con pancartas, fiestas y anuncios en la televisión. Según las psiquiatras, es útil tener una visión realista de cómo será el fin, y también es importante la aceptación, es decir, entender que la incertidumbre es algo completamente normal en la vida y que no debemos luchar contra ella. Además, ellas aseguran que hay tres cosas que nos ayudarán mientras continúe el problema:
• Mantén tu conexión con los demás. Nunca es mal momento para acercarte a o conectarte con tus seres queridos, ya sea en persona o de manera virtual, para contarles tus miedos o preocupaciones y que te escuchen.
• Sigue cuidándote. Quizá suena a tópico, pero el ejercicio y la comida saludable están estrechamente relacionados con la salud mental. Si en el momento actual te da miedo pisar un gimnasio hay otras alternativas que van desde hacer ejercicio en la calle a utilizar el ordenador para ese fin.
• Mantente positivo. Es difícil cuando estás estresado, pero debes buscar aspectos positivos de tu forma de vida actual. Recuerda que preocuparte, al fin y al cabo, es poco productivo y generalmente no sirve de nada. Quizás el mejor consejo de todos sea dejar ir la sensación de que debes controlar una situación incontrolable.

A. N.

Te sientes triste? Este hallazgo podría cambiarte la vida

Un grupo de científicos de la Iniciativa NIH BRAIN han rediseñado una proteína bacteriana que puede monitorear los niveles de serotonina en el cerebro en tiempo real

 

El pasado mes de agosto, una encuesta reveló que 1 de cada 3 españoles catalogaba su estado de ánimo tras el coronavirus como ‘malo’ o ‘muy malo’. El encierro, la incertidumbre del futuro, el duelo de la pérdida de seres queridos o la situación general son algunos de los motivos que han hecho que las cifras aumenten considerablemente.

Pero ¿cómo se regula el estado de ánimo? A través de la interacción de neurotransmisores que se encargan de ello como, por ejemplo, la dopamina, la noradrenalina y la serotonina. En el caso de esta última, tradicionalmente se la ha conocido como el neurotransmisor de la felicidad, por este motivo.

Ahora, un grupo de investigadores financiados por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos han descrito en un artículo publicado en la revista ‘Cell’ unas novedosas técnicas de ingeniería genética con las que han conseguido monitorear los niveles de serotonina en el cerebro a tiempo real frente a factores como el descanso, el miedo o las interacciones sociales, así como la eficacia de nuevas drogas psicoactivas en el cerebro. Estos hallazgos constituyen una auténtica revolución en el conocimiento del cerebro y sus estados.

Atrapando nutrientes

En este estudio, dirigido por el laboratorio de Lin Tian, ​​investigador principal de la Escuela de Medicina Davis de la Universidad de California, los científicos transformaron una proteína bacteriana con forma de ‘atrapamoscas’, que captura nutrientes, en un sensor altamente capacitado que se ilumina con fluorescencia cuando captura serotonina. La proteína, llamada OpuBC, normalmente atrapa el nutriente colina, que tiene una forma similar a la acetilcolina.

Mientras tanto, los experimentos con células en placas de Petri sugirieron que el sensor podría monitorear los cambios en estas señales causadas por drogas, incluida la cocaína, MDMA (éxtasis) y varios antidepresivos de uso común.

Este equipo también presenció un aumento significativo en los niveles de serotonina cuando los ratones estaban despiertos y una caída cuando los ratones se dormían, y una caída mayor cuando los ratones entraron en estado de sueño REM más profundo (el sueño REM ocurre por primera vez aproximadamente 90 minutos después de quedarse dormido).

 

Los genes pueden jugar un papel importante en la cantidad de sueño que necesitamos. Los científicos han identificado varios genes implicados en el sueño y los trastornos de este, incluidos genes que controlan la excitabilidad de las neuronas y genes reloj como Per, Tim y Cry, que influyen en nuestros ritmos circadianos y el momento del sueño.

Además, los científicos vieron que los niveles de serotonina aumentaban de manera diferente en dos circuitos de miedo cerebral separados cuando un timbre advirtió a los ratones de una descarga en el pie.

Ingredientes activos clave en el estado de ánimo

El triptófano es clave para que exista la serotonina. Los alimentos ricos en triptófano actúan como antidepresivos naturales, produciendo un aumento de la serotonina, sin necesidad de psicofármacos.

¿De qué alimentos hablamos? Carnes como el pavo y el pollo, leche, queso, pescado, huevos, tofu, soja, semillas de ajonjolí y de calabaza, nueces, maní y mantequilla de maní. Sin embargo, para sintetizar serotonina, el cuerpo necesita, además de triptófano, ácidos grasos omega 3, magnesio y zinc, por lo que los plátanos, las nueces, las legumbres, las verduras y el germen de trigo se incorporan a la lista.

Las vitaminas del grupo B también son necesarias para la regulación de estos neurotransmisores, porque son las que más influyen en el buen funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso en su conjunto. La vitamina B1 juega un papel fundamental en el metabolismo de los hidratos de carbono y la vitamina B12 interviene en el buen funcionamiento del sistema nervioso.

Juan Montagu

 

Dieta: Dime cuánto te mueves y te diré cómo eres de feliz

La actividad física cotidiana es primordial para sentirnos bien de cuerpo y mente y mantener el equilibrio entre ambos. Nos hace felices y mejora el estado de quienes sufren trastornos psíquicos

Juan Montagu

 

Todos los días realizamos múltiples movimientos, muchos de ellos de manera mecánica o casi inconsciente. Nos movemos, pero no sabemos el beneficio que pueden aportarnos cosas tan simples como subir escaleras o caminar. Se ha demostrado que la práctica de actividad física diaria, combinada con el deporte, ayuda a mejorar nuestro sistema inmunitario.

 

Los adultos que ven más de 4 horas de televisión al día presentan un 80% más riesgo de padecer problemas cerebrovasculares

 

Un estudio del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT) y el Instituto Central de Salud Mental (CIMH) en Mannheim, publicado en la revista ‘Science Advances’, revela que las actividades cotidianas favorecen el bienestar del individuo. Mantienen nuestra mente en estado de alerta y aumentan nuestra energía, dos factores que contribuyen a un correcto funcionamiento de nuestro organismo.

Cerebro y actividad

Los resultados de estos análisis concluyen que determinadas partes del cerebro tienen un papel esencial en nuestras emociones. Uno de los últimos estudios, realizados en el Instituto Central de Salud Mental, evaluó a un grupo de 83 personas para determinar el impacto de la actividad en su vida diaria. Se sometieron a una tomografía combinada con resonancia magnética, con el fin de medir el volumen de materia gris del cerebro y averiguar qué áreas desempeñan un rol importante en las actividades cotidianas. Se descubrió que la corteza cingulada subgenual (esta región regula las emociones y la resistencia a los trastornos psiquiátricos) es determinante para la interacción entre la actividad y el bienestar afectivo.

Por otra parte, la tecnología se ha convertido en aliada del movimiento. Podemos evaluar nuestra actividad física y medir sus resultados mediante una app que impulsa a los usuarios a estar activos cuando se evidencia una disminución de energía.

 

La mayoría de las personas se sienten mejor cuando realizan alguna actividad física de manera regular. Introducir este hábito en nuestra rutina diaria se convierte en una especie de salvoconducto saludable y satisfactorio, que puede aliviar el estrés, la ansiedad y la depresión. Por el contrario, la inactividad nos hace perder fuerza y resistencia. Está demostrado que los adultos que ven más de 4 horas de televisión al día presentan un 80% más riesgo de padecer patologías cerebrovasculares.

Pero no hay que confundir la práctica del deporte con la actividad física, son conceptos diferentes, aunque ambos son claves para mejorar nuestra calidad de vida. Cuando la persona sigue un modo de vida sedentario, la posibilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares y crónicas aumenta.

Mens sana in corpore sano

Una mente y un cuerpo sanos mantienen a punto la máquina de nuestro organismo. La Asociación Americana del Corazón recomienda realizar al menos 150 minutos de actividad aeróbica moderada a la semana. Estar activo proporciona innumerables ventajas:

  • Reduce la presión arterial
  • Aumenta los niveles de colesterolbueno
  • Mejora el flujo sanguíneo
  • Controla el peso
  • Evita la pérdida de masa ósea
  • Promueve una actitud positiva
  • Ayuda adormir mejor
  • Fomenta la estancia al aire libre

El papel de las hormonas

El deporte ayuda a reducir el estrés, facilita la concentración, mejora la actividad físicaaumenta la autoestima, eleva el estado de ánimo y potencia la productividad, entre otros beneficios y todo gracias a las hormonas. Y es que mientras hacemos ejercicio físico, nuestro cuerpo puede generar hasta 50 hormonas diferentes. Las más conocidas son: endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina.

He aquí lo que cada una significa para nuestro organismo:

Endorfina: es la responsable de los estados de calma y alegría. También tiene un efecto analgésico sobre el organismo, mitiga el dolor, disminuye la ansiedad y da sensación de placer.

 

Serotonina: es la hormona de la felicidad. Regula los estados de ánimo manteniéndolos estables, además de controlar la temperatura corporal. Gracias a ella, después de hacer ejercicio aeróbico, podemos obtener una sensación de calma que nos permite conciliar mejor el sueño y regular la ingesta de alimentos.

Dopamina: también llamada la hormona del placer. Aporta una sensación placentera y de bienestar. Se asocia con la creatividad, la curiosidad, el aprendizaje, la regulación del sueño y los deportes de alta intensidad.

Oxitocina: facilita la unión emocional y el vínculo afectivo con los que nos rodean. El deporte aumenta su presencia en el cuerpo, mientras que el yoga refuerza sus efectos proporcionando una sensación de calma y profundo bienestar.

 

Descubre de verdad por qué dormir es tan sumamente vital para ti

Entre las muchas cosas que el covid-19 nos ha robado, está el sueño. Sin embargo, la literatura científica ha constatado de forma reiterada el impacto en la salud física y emocional de mantenerse en vela.

 

No corren buenos tiempos para conciliar el buen sueño. El covid-19 ha llegado con ‘ganas’ de insomnio y pesadillas. Pero tienes que saber doblegarle para ganarle parte de la batalla. La razón: diversas investigaciones indican que dormir menos de lo adecuado afecta a nuestra salud física, a nuestro estado emocional y sistema inmunológico.

«Dormir es de vital importancia porque durante el sueño desintoxicamos nuestro cerebro»

 

De hecho, no dormir lo suficiente aumenta el riesgo de padecer distintas enfermedades, desde depresión hasta enfermedades cardiovasculares, o incluso neurológicas como el alzhéimer.

Mientras duermes

Muchos procesos de nuestro cuerpo tienen lugar solo durante el sueño: ahorramos energía, reparamos los tejidos fabricando nuevas proteínas y nuestro sistema inmunitario origina defensas. Un descanso reparador activa los procesos de aprendizaje y de memoria, además de equilibrar nuestras emociones y reducir el estrés. Por si fuera poco, uno de los últimos hallazgos revelan que dormir es de vital importancia porque durante el sueño desintoxicamos nuestro cerebro.

Función detox

El cerebro es el órgano más complejo de los seres vertebrados y forma parte del sistema nervioso central (SNC). Un sistema conformado por el cerebro y la médula espinal, que tiene la importante misión de integrar y coordinar las funciones de nuestro organismo. El cerebro se encarga tanto de recibir y procesar los estímulos del exterior como de controlar lo que sucede en nuestro interior.

Estamos ante un órgano muy activo, ya que a pesar de que representa solo el 2% de nuestro peso corporal, consume el 20% de nuestro gasto total de calorías. Este indicador pone en evidencia su alta actividad metabólica, teniendo en cuenta que el corazón realiza únicamente el 4% de gasto calórico.

 

La cuestión es que cuanta más alta es la actividad de un órgano más ‘desperdicios’ genera. Esto quiere decir que el cerebro produce muchas más sustancias tóxicas o inservibles que cualquier otro órgano de nuestro cuerpo.

Los desperdicios

La eliminación de desperdicios es un problema básico que todos los órganos tienen que resolver, para ello el cuerpo humano tiene un sistema especializado de drenaje llamado sistema linfático. El sistema linfático se extiende por todo el cuerpo y está compuesto por un tipo de arterias muy pequeñas que recogen los desechos que se generan en todo el organismo, como proteínas inutilizables, bacterias muertas, grasas y otros tóxicos que se vierten en la sangre y son conducidos a las vías de salida principales, como a los riñones y al hígado, para ser finalmente expulsados.

 

Pero el sistema linfático no cubre el cerebro ni la médula espinal, por lo que no drenan sus desechos por esta vía. Entonces, siendo el cerebro el órgano con más actividad y el prioritario de nuestras funciones vitales, ¿por dónde expulsa toda la cantidad de toxinas que acumula a lo largo del día?

La ciencia

Esta incógnita no se resolvió hasta el año 2015, cuando neurocientíficos de la Universidad de Rochester descubrieron que existe un sistema de tuberías especializado en los vasos sanguíneos del cerebro que permite ‘limpiar’ los residuos e incorporarlos al sistema circulatorio. Residuos que acaban transportándose principalmente al hígado y terminan siendo eliminados.

 

A este sistema de tuberías se le denomina sistema glinfático, y fue nombrado así porque está basado en el uso de las células gliales, que son células que ayudan al sistema nervioso central a sacar los tóxicos. Así que ahora sabemos que tanto el cerebro como la médula espinal tienen su propio mecanismo de depuración.

 

Curiosamente, el sistema glinfático funciona principalmente durante el sueño y se desconecta durante la vigilia, es decir, solo eliminamos la enorme cantidad de toxinas que produce nuestro cerebro cuando dormimos. Este descubrimiento es muy revelador, porque no solo descansamos para preservar energía como se pensaba antes, sino que una de las funciones que desempeña el sueño es la limpieza cerebral. Durante el sueño, las células se expanden y reordenan para ayudar a la eliminación de toxinas.

 

Este hallazgo ayuda a mejorar la comprensión de los efectos biológicos del sueño y señala nuevas formas de tratar los trastornos neurológicos. Se está comprobando que dormir mal de forma sostenida en el tiempo puede derivar en el desarrollo de enfermedades como el alzhéimer.

Tu memoria

Un cerebro que descansa es un cerebro plástico. La plasticidad sináptica se refiere a la capacidad de nuestro cerebro de cambiar y lo hace trasladando información de unas neuronas a otras. Parece un concepto simple, pero es relativamente nuevo en neurología. Los científicos creían que nuestro cerebro no cambiaba mucho durante nuestra vida adulta, sin embargo, nuestro cerebro es flexible y fabrica conexiones neuronales todo el tiempo. Esta capacidad está influida por determinadas actividades mentales y lo fascinante es que nosotros podemos influir en la manera en que nuestras neuronas se relacionan entre sí, por ejemplo, mediante actividades que realicemos, como pueden ser la lectura o el cálculo.

Los nuevos descubrimientos científicos van encaminados a demostrar la relación entre un sueño adecuado y el afianzamiento de la memoria, sobre todo la memoria a largo plazo. Cuando estamos despiertos, aprendemos constantemente y se ha comprobado que el sueño consolida los nuevos conceptos adquiridos.

Codificar lo que es importante

 

Por un lado, la plasticidad cerebral nos ayuda a codificar lo que es importante y fijar los recuerdos, pero por otra parte dormir reduce la potenciación, que es como olvidar lo aprendido y este olvido se produce de forma selectiva. Durante el descanso, las conexiones neuronales que se han fortalecido más durante el día se protegerán y se debilitarán menos, y las que se han fortalecido menos se debilitarán mucho más y se borrarán de nuestra memoria.

En definitiva, las memorias desaparecen cuando ya no las usamos para ser reemplazadas por las nuevas, y el sueño modera este proceso en nuestro cerebro. De esta manera, podemos aprender a lo largo de toda nuestra vida.

El ansiolítico natural

Parece que el sueño profundo también podría ser importante para reorganizar las conexiones cerebrales que nos ayudan a mantenernos calmados durante el día. Una noche de buen descanso estabiliza las emociones y ayuda a reducir el estrés, mientras que el sueño insuficiente puede producir niveles de ansiedad elevados al día siguiente y provocar un aumento del estrés emocional.

 

La relación entre la falta de sueño y el estrés es clara. Con el estrés aumentan los niveles de cortisol, la hormona que estimula el estado de alerta. El cortisol es responsable de la reacción de lucha o huida ante el peligro, incrementando el ritmo cardiaco en anticipación a la huida, y cuando sus niveles suben se hace difícil conciliar el sueño y más aún lograr dormir profundamente. Por si fuera poco, el cortisol también interfiere en la liberación de melatonina, que es una hormona esencial para la regulación del sueño.

Triptófano para dormir

El triptófano permite a nuestro cuerpo obtener serotonina, conocida como la hormona de la felicidad. La serotonina, además de modular el estado de ánimo, regula funciones como la digestión o el sueño. Parte de esta serotonina se transforma en melatonina, que se trata de una hormona que también favorece el dormir.

 

Nuestro cuerpo no puede generar por sí mismo triptófano, por eso es importante que nuestra alimentación sea rica en este aminoácido esencial, así el organismo podrá sintetizar de forma natural las cantidades idóneas de serotonina y de melatonina.

Alimentos ricos en triptófano

  • El pavo,el pollo y el conejo. Las carnes blancas son fuentes excelentes de triptófano.
  • La yema de huevo. La proteína animal de los huevos está formada en gran parte por triptófano.
  • El yogur, el queso bajo en grasa y la leche desnatada. Losproductos lácteos pueden ayudar a dormir por su alto contenido en triptófano.
  • La avena, el arroz y el maíz. Los cerealesson fuentes naturales de melatonina.
  • Lospistachos, las almendras, las nueces y los piñones. Los frutos secos son alimentos que ayudan a producir serotonina, además son ricos en magnesio, potente agente antiestrés.
  • Los espárragos y las espinacas. Estas verdurastienen buena cantidad de triptófano en su composición.
  • Las pipas de girasol y las semillas de calabaza. Las semillas también podemos incluirlas en nuestra dieta y poseen un alto contenido en triptófano.
  • El salmón, el atún y las sardinas. Lospescados azules tienen un alto contenido de ácidos grasos omega 3 y tienen un papel importante en la regulación de la concentración de serotonina.
  • Las semillas de soja, las habas, las lentejas o los garbanzos. Estas legumbres son las que concentran mayor contenido en triptófano.
  • Losplátanos son ricos en triptófano, melatonina y  Otra fruta recomendable es el kiwi, por su contenido en serotonina.
  • El chocolate y el cacao puro son ricos en triptófano.

Para sintetizar serotonina, el cuerpo necesita ácidos grasos omega 3, magnesio y zinc. Por tal motivo, alimentos ricos en magnesio como plátanos, nueces, legumbres, verduras y germen de trigo ayudan a la producción de serotonina.

 

Un cerebro sano es un cerebro que duerme bien; si no, la capacidad de concentración, la memoria, la habilidad de resolver problemas y toma de decisiones se ven afectadas. Nuestro sistema inmune no funciona tan bien cuando estamos cansados y sin un número adecuado de horas de descanso profundo las toxinas se acumulan y a la larga deterioran nuestra función cerebral. Lo importante es cuidarse para lograr un sueño reparador y no tener problemas.

 

Ana Esteban

 

Así varían los sueños que tienes dependiendo de la fase en la que aparecen

Los investigadores encontraron que los informes de sueños REM eran mucho más complejos y llenos de información conectada en comparación con los sueños durante el sueño no REM

 

Un nuevo estudio de investigadores brasileños ha llegado a la conclusión de que la calidad y la complejidad de los sueños parecen cambiar con las diferentes etapas de sueño que vivimos cuando dormimos.

El estudio de los sueños humanos ha estado lleno de complicaciones a lo largo de la historia. Antes del siglo XXI, se pensaba que únicamente soñábamos durante la etapa REM del sueño, caracterizada por movimientos oculares rápidos.

Sin embargo, investigaciones más recientes muestran que la gente a veces recuerda los sueños incluso cuando se despierta de las etapas no REM del sueño.

No solo en la fase REM

En diversas investigaciones, se ha demostrado que los pacientes que se despiertan durante el sueño REM pueden recordar sueños elaborados, vívidos y emocionales, como una historia. Por el contrario, los que se despiertan durante las etapas no REM recuerdan menos sus sueños, y los sueños en sí tienden a ser más parecidos a los pensamientos.

 

«Sabemos que los sueños REM son más largos y se parecen más a las películas. La automatización del proceso de análisis hizo posible la primera medición cuantitativa de esta diferencia»

 

Estos son hallazgos importantes, pero también se basan en informes subjetivos. Si estos dos tipos de sueños son intrínsecamente diferentes es algo que los neurocientíficos todavía están tratando de averiguar.

 

Investigadores de Brasil han desarrollado ahora una herramienta de análisis de alta velocidad que puede tomar estos informes cualitativos y mostrarlos en una forma gráfica más objetiva, teniendo en cuenta los sesgos tanto de longitud como de lenguaje.

«Sabemos que los sueños REM son más largos y se parecen más a las películas», explica a Science Alert la neurocientífica Sidarta Ribeiro, de la Universidad de São Paulo (Brasil). «La automatización del proceso de análisis, como hicimos en el estudio, hizo posible la primera medición cuantitativa de esta diferencia estructural«.

Comparado con los métodos tradicionales, que se basan en analizar el significado de las palabras, este análisis gráfico no semántico fue capaz de centrarse en el tono general de lo que se dijo.

Convirtiendo informes en gráficos

Centrándose en 133 informes de sueños previamente recogidos de 20 participantes, que fueron despertados en diferentes etapas del sueño, los investigadores, que han publicado sus descubrimientos en la revista científica ‘PLOS ONE‘, graficaron las palabras, sustituyéndolas por nodos en un gráfico.

 

«Este es el primer estudio que utiliza la teoría de gráficos para mostrar que los informes de sueños REM tienen más conexión estructural que los informes de sueños no REM»

 

Analizando su organización estructural, la nueva herramienta encontró que los informes de sueños REM eran mucho más complejos y llenos de información conectada en comparación con los sueños durante el sueño no REM.

«Este es el primer estudio que utiliza la teoría de gráficos para mostrar que los informes de sueños REM tienen más conexión estructural que los informes de sueños no REM», afirma el neurocientífico Joshua Martin, de la Universidad Humboldt de Berlín (Alemania).

 

«No es por menospreciar la relevancia de los métodos tradicionales, pero estos resultados son importantes porque muestran que los métodos computacionales pueden ser aplicados a los estudios de los sueños», añade.

 

Aunque se sospecha que el sueño no REM tiene alguna función reconstituyente, aún no estamos seguros de por qué existe el sueño REM. Si soñar durante esta etapa es realmente de una calidad diferente, como sugiere esta nueva investigación, entonces el sueño REM y el no REM podrían ser impulsados por distintos mecanismos subyacentes que podrían desempeñar diferentes papeles en nuestra biología.

En comparación con los sueños REM, los sueños de la etapa N2, un sueño profundo, no REM, de ondas lentas, eran más cortos, menos frecuentes, menos intensos y más parecidos a los pensamientos.

Por supuesto, los estudios del sueño tienen muchas limitaciones más allá de la mera subjetividad. El hecho de ser despertado continuamente durante la noche podría estar afectando la calidad del sueño entre los voluntarios.

El gran problema de evaluar el sueño

Aunque las narraciones complejas de los sueños pueden seguir ocurriendo en el sueño no REM, los autores sospechan que la propia fisiología del sueño REM, que muestra una gran actividad cortical y atonía muscular, es un mejor momento para que las narraciones interactivas se desarrollen de forma ininterrumpida.

«Estos resultados son importantes porque muestran que los métodos computacionales pueden ser aplicados a los estudios de los sueños»

 

«En este sentido, las experiencias oníricas que son coherentes, inmersivas y similares a una historia pueden organizarse más fácilmente en un informe con mayor conexión, mientras que las experiencias oníricas que son fragmentadas y aisladas son relativamente más difíciles de organizar mentalmente y por lo tanto están estructuralmente menos conectadas», explican los autores.

Un estudio publicado en 2020, por ejemplo, utilizó un algoritmo para cribar 24.000 sueños y encontró varios «marcadores estadísticos» que apoyan la hipótesis de que nuestros sueños son una continuación de la vida cotidiana.

Un algoritmo no es suficiente para resolver este misterio, pero herramientas matemáticas como estas podrían ser útiles cuando se trata de evaluar nuestro sueño y nuestros sueños con el menor sesgo y con tantos factores considerados como sea posible.

 

4 razones que explicarían por qué cada vez sentimos que el tiempo pasa más  rápido

¿Por qué experimentamos la sensación de que el tiempo vuela y luego, en retrospectiva, recordamos ese momento como más duradero que los que fueron aburridos? Todo sobre el tiempo subjetivo

 

«El tiempo está fuera de quicio«, decía el personaje de Hamlet en la famosa obra de Shakespeare. Si algo hemos descubierto estos últimos meses, además de tener la certeza de que no somos omnipotentes y que algo tan microscópico como un virus puede detener todo nuestro sistema, es lo muy subjetivo que resulta el paso del tiempo. Aunque haya un solo reloj conectado a un satélite que establezca las horas en distintas partes del mundo, el tiempo corre más deprisa o más lento dependiendo de nuestra experiencia individual. Y en este caso, seguro que no es lo mismo haber pasado la cuarentena en un lujoso chalet privado con piscina, jardín y un enorme salón que en un piso de 80 metros cuadrados de un barrio a las afueras.

Diríamos entonces que hay dos tipos de tiempo que se relacionan entre sí: el oficial, que es para todos, y el subjetivo, que alude a la sensación personal de rapidez o lentitud a la que pasan esas horas, minutos y segundos. Y evidentemente, este último depende de muchos factores, tanto mentales, sociales e incluso económicos. El cerebro puede estirar o comprimir la sensación del tiempo cuando experimenta placer, dolor, miedo o preocupación. También por la edad, ya que existe una razón científica muy curiosa por la cual cuanto más mayor te haces, más rápido pasa.

 

Se trata de una relación paradójica: aquellos instantes que se pasaron ‘volando’ son también aquellos que recordamos como más prolongados

 

Campos como el de la filosofía, la psicología o la neurociencia llevan mucho tiempo analizando los factores que influyen en la percepción que tenemos del tiempo. La ciencia ya ha demostrado que aquellos que poseen un nivel de vida más alto suelen vivir más años que aquellos que tienen unos ingresos más bajos. Ahora, un nuevo estudio profundiza en cómo nuestra sensación temporal aumenta o disminuye en base a la cantidad de experiencias variadas y novedosas que podemos cosechar y que amplifican esta sensación a medida que el cerebro humano las procesa y colecciona en su memoria. Esto, a su vez, redunda en cómo aquellos que se ganan la vida en un trabajo que les estimula, además de poder disfrutar de más vacaciones y de tiempo libre, recordarán haber vivido más tiempo que aquellos que viven presos de la monotonía.

 

«Aunque el tiempo vuela cuando te lo pasas bien, una vez que lo recuerdas, parece que estos momentos divertidos se antojan como más duraderos que los que fueron más aburridos», asegura Jørgen Sugar, investigador de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega, en un interesante artículo sobre el tema publicado en ‘National Geographic‘. Se trata de una relación paradójica: aquellos instantes que se pasaron ‘volando’ son también aquellos que recordamos como más prolongados. Lo cierto es que la ciencia está dividida a este respecto: mientras que algunos piensan que este tiempo subjetivo es imposible de medir o estudiar, otros están convencidos de que el número de actividades nuevas que cosechamos a lo largo de nuestra vida y el volumen de nuestros ingresos económicos afecta a cómo percibimos la temporalidad.

En busca del tiempo perdido

El estudio del tiempo subjetivo tiene un largo recorrido. Los antiguos griegos ya reflexionaron en torno a él pero no fue hasta el siglo XIX cuando empezó a tener una importancia notoria para psicólogos y filósofos. En la década de 1950 se descubrió la parte concreta de nuestro cerebro en la que se aloja nuestra consciencia temporal: el lóbulo temporal medial. Todo gracias a un intrusivo tratamiento contra la epilepsia que se basó en extirpar partes del cerebro a los pacientes. En concreto, fue el de un enfermo llamado Henry Molaison, quien después de ser curado, empezó a notar que era incapaz de almacenar nuevos recuerdos a largo plazo.

 

El cerebro no quiere perder el tiempo memorizando momentos aburridos, sino que crea más recuerdos cuando sus acciones fueron libres o variadas

 

Sugar y su equipo realizaron un experimento en ratas para conocer el modo en el que cerebro se activa para crear recuerdos. Así, los investigadores conectaron unos electrodos a las mentes de las ratas y las sometieron a diferentes pruebas. En un primer momento, metieron a estos animales en una caja en la cual se podían mover de forma completamente libre para más tarde apartarlas a una ‘zona de descanso‘ en la que permanecían quietas. En el segundo experimento, las hicieron correr por un laberinto con forma de ocho. Cuando las ratas seguían correctamente los turnos, obtenían una galleta como recompensa.

 

De esta forma, los científicos noruegos descubrieron que la actividad cerebral cambiaba dependiendo de lo que hacían las ratas. Cuando corrían libres, aparecían nuevos códigos de tiempo más rápidos que cuando estaban en reposo o atravesando el laberinto por enésima vez. Por ello, según Sugar, «el cerebro no quiere perder el tiempo memorizando momentos aburridos, repetidos o no esenciales, las ratas crearon más recuerdos cuando sus acciones fueron libres, estimulantes o variadas».

Si lo extrapolamos a los humanos, ¿qué es lo que diferencia un tiempo divertido de uno aburrido? Precisamente eso: nuestra capacidad para recordarlo. Por ejemplo, un estudiante que atiende a una conferencia: si le aburre tendrá una sensación temporal en el presente muy larga, mientras que si le resulta interesante el tiempo pasará rápido. Sin embargo, una vez pasen los días, aquella charla que se le hizo tan monótona y tan larga ya no tendrá apenas espacio en la memoria, al contrario que aquella que le resultó tremendamente interesante, puesto que aunque pasó como un suspiro, en retrospectiva se le antojará más duradera, porque la recuerda mejor.

Tiempo precario, vidas precarias

Los humanos creamos narrativas internas sobre nosotros mismos. Cada mañana, cuando nos levantamos, recogemos a nuestro ‘yo’ ahí donde le dejamos la noche anterior. Y entonces, recordamos. Seguramente aquellos que hayan cosechado experiencias más diferentes, tanto buenas como malas, tengan una percepción temporal mucho más larga que aquellos que han vivido en la monotonía. Esto, de alguna manera, nos hace adquirir una sensación de control sobre nuestro tiempo, ya que si nos aburrimos caemos en la inercia de las horas, minutos y segundos, sintiendo que no podemos hacer nada para que el tiempo pase más rápido.

 

Nuestra percepción del tiempo acaba siendo determinada por razones socioeconómicas: al fin y al cabo, el tiempo es oro hoy más que nunca

 

En esto influye mucho el nivel económico. Es muy probable que aquellos que no hayan tenido la oportunidad de escoger la forma más placentera de ganarse la vida acaben en trabajos que nadie quiere realizar o contentándose con empleos que están muy por debajo de sus capacidades. En esto vale la pena incidir como rasgo distintivo de nuestra época, ya que son muchos los jóvenes que se formaron en carreras universitarias y másteres siguiendo su vocación para más tarde darse de bruces con la cruda realidad de un mercado muy competitivo y al que es muy difícil acceder, o bien acaban en algo relacionado con su profesión ideal que para nada resulta ser como pensaban o cuyas condiciones son tan precarias que no pueden permitírselo.

Por tanto, podemos deducir que nuestra percepción del tiempo acaba siendo determinada no solo por razones subjetivas, sino también por nuestra situación socioeconómica. Al fin y al cabo, el dinero es tiempo, de ahí que el sueldo se mida en relación a las horas que debes pasar en un empleo, y aquellos afortunados que gozan de un buen margen de ahorro cada mes podrán invertirlo en formarse en alguna profesión que verdaderamente les apasiona y que les hará vivir mejor o, como mínimo, en unas excelentes vacaciones repletas de nuevas experiencias. En todo caso, invertirán su presupuesto en una ‘cosecha de tiempo’ en el que recrearse a sí mismos y para que desaparezca esa sensación de tener que estar alquilando horas, minutos y segundos de su vida para poder sobrevivir.

 

  1. Zamorano

 

Aprende a respirar de nuevo: las claves para encontrar la base de una vida  más sana

El estrés de la vida cotidiana hace que desarrollemos una mala conducta a la hora de llenar nuestros pulmones de aire. Afortunadamente, es un mal que se puede revertir

ACyV

En los últimos años, se han puesto muy de moda técnicas de respiración enfocadas al bienestar. Se trata de una tradición que hemos recogido los occidentales de prácticas que ya llevaban haciendo culturas como el budismo o el hinduismo y que hemos acoplado a nuestra forma de vivir como antídoto contra una vida predispuesta a sufrir de sentimientos de estrés o ansiedad.

Cuando pensamos en una vida sana, solemos asociarla a desarrollar unos buenos hábitos. Y en nuestra mente mediterránea, tan hedonista, aparece también la noción de sacrificio. De ahí que si quieres adelgazar para verte mejor o simplemente ponerte en forma, automáticamente recales en una dieta que restrinja las grasas y carbohidratos, dé protagonismo a las verduras y la fibra, y a su vez esté compaginada con una rutina de ejercicios regular y exigente. Pero tal vez de lo que no seas consciente es que, para sentirte mejor y alcanzar esa vida saludable, tan solo debes enfocarte en el modo en el que respiras.

 

Tengo clientes que se están recuperando del Covid y dicen que nunca se habían percatado de la importancia de respirar bien

 

Así es como han aflorado multitud de ‘influencers’ en las redes sociales que proclaman los efectos beneficiosos de una correcta respiración en la salud. Algunos, como Richie Bostock, muy popular en Reino Unido, califican a los ejercicios de respiración como «la próxima revolución en salud y bienestar». Entre sus múltiples beneficios destaca una consistente mejora de la función inmunológica (tan importante en estos tiempos víricos), en los hábitos del sueño, el sistema digestivo o una reducción del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Y, por supuesto, como decíamos, un antídoto contra la ansiedad, tan en boga hoy en día.

 

«Si estamos respirando correctamente desde el diafragma, podemos enviar mensajes al cuerpo de que estamos a salvo», observa Aimee Hartley, profesora de yoga británica, en un artículo sobre el tema de la ‘BBC‘. «La respiración lenta y profundamente consciente activa el sistema nervioso parasimpático que manda una respuesta de reposo, opuesta a la de lucha o huida».

 

Casi nadie respira con el vientre, que debería ser la base de una respiración correcta y saludable

 

Diversos estudios han demostrado ya en reiteradas ocasiones que controlar la respiración puede reducir los niveles de la hormona del estrés, el cortisol, en la saliva. Otros son más arriesgados y afirman que puede alterar las neuronas cerebrales, haciendo que suban los niveles de otra hormona del estrés, la noradrenalina, la cual es positiva porque mejora la concentración y mantiene al cerebro sano durante más tiempo.

 

Hartley asegura que respirar bien ha cobrado mucha más importancia a raíz de la pandemia mundial de coronavirus. Las razones son varias, y es que como bien es sabido, es una enfermedad que afecta de una manera muy severa a los pulmones, sumado al hecho de que en los últimos meses nos hemos acostumbrado a no salir de casa sin un objeto imprescindible para evitar los contagios que, paradójicamente, hace que nos cueste más respirar: las mascarillas. «Creo que las personas se están volviendo más conscientes de cómo respiran y cómo les afecta eso a la salud», asegura.

 

La rutina de 30 minutos que debes hacer cada mañana para eliminar el estrés

«He tenido clientes que ahora se están recuperando del Covid-19 y dicen que nunca se habían dado cuenta de la importancia de respirar bien. La respiración se ha puesto de moda porque funciona», recalca la entrenadora. «Aproximadamente el 80% de las personas que vienen a mis sesiones respiran solo con la parte superior del pecho, de modo que cuando inhalan, sobreutilizan los músculos que hay entre las costillas y los hombros. Casi nadie respira con el vientre, que debería ser la base de una respiración correcta y saludable».

Como los niños

Hartley observa que los niños son las únicas personas que respiran bien, ya que a medida que lo hacen, podemos observar cómo se hicha su estómago. Pero cuando ya llevan un tiempo en la escuela y se socializan, «comienzan a establecerse estos malos hábitos que duran toda la vida: pasan demasiado tiempo sentados y empiezan a experimentar el estrés emocional que más tarde afectará a su respiración». En este sentido, en estas fases de estrés es cuando el cuerpo involuntariamente tiende a respirar solo con la parte superior del pecho debido a la activación del movimiento parasimpático de huida. «Es como si estuviésemos amenazados todo el tiempo», observa la entrenadora.

 

«Sucede sin que nos demos cuenta», explica la entrenadora. «Entramos en ese modo involuntario de lucha o huida y los músculos se contraen. Entonces, empezamos a contener la respiración mucho más de lo que deberíamos. De este modo, comienzas a implementar estas micro-contenciones de respiración, que más tarde se transforman en un patrón respiratorio disfuncional, cuando eres adulto. Este aliento de un niño pequeño se convierte en una exhalación malhumorada de un adolescente que crece hasta convertirse en adulto».

 

Por tanto, si quieres sentirte mejor tanto física como mentalmente es imprescindible que prestes a tu respiración la atención que se merece. No hace falta que hagas tremendos sacrificios, tan solo basta con que dediques unos minutos al día a ser consciente de cómo se llena tu pecho y baja el aire desde tus narices a tus pulmones. Si lo haces lenta y profundamente de forma continuada en el tiempo, es muy posible que acabe convirtiéndose en un hábito y estés más lejos de padecer síntomas de estrés o ansiedad.

 

Guía del humor en el trabajo: así es como puedes reírte mucho sin ...

Una buena gestión del humor en el entorno laboral puede ayudarnos a escalar dentro de una compañía y alcanzar nuestros logros de manera rápida

El sentido del humor en el trabajo es indispensable para crear cohesión entre los miembros de un equipo, afianzar a una persona como líder del mismo e incluso contribuir a la creación de una situación de bienestar que fomente el buen desempeño laboral de los empleados y su compromiso con la compañía. Sin embargo, contar un chiste inapropiado u ofensivo en un entorno empresarial puede ser dañino para la imagen de cualquiera, ya se sea un gran jefazo o un trabajador raso; pues, pese a que dicen que la risa alarga la vida, la realidad es que está mal gestionada puede acarrear consecuencias negativas que incluso podrían llegar al despido.

Según explican los investigadores Brad Bitterly y Alison Wood Brooks en la edición de julio y agosto de la revista Harvard Business Review, varios estudios realizados por ellos mismos y por otros expertos del área de los negocios y la de psicología, una broma puede marcar la diferencia sobre cómo los demás nos ven profesionalmente, haciendo que, si se resulta gracioso, las probabilidades de ser visualizado como un potencial líder en el entorno laboral aumenten considerablemente.

«Sin embargo, los chistes que no son divertidos o son ofensivos pueden dañar la posición profesional haciendo que quien los ha contado parezca menos inteligente y menos competente. Pueden afectar a su estatus y, en casos extremos, costarle a la gente sus puestos de trabajo», indican los expertos. Para ellos, la clave está en manejar el humor manera intencionada en el trabajo, es decir, hacer uso de él controlando la situación y no improvisando. Solo así podrá conseguirse un equilibrio perfecto en el que la diversión, la confianza y la profesionalidad estén en total armonía.

Para conseguirlo, ambos, echando mano de las investigaciones de otros colegas, han analizado los distintos usos del humor en el entorno laboral para dar con la clave que permite a algunos aprovecharlo para crecer profesionalmente o mostrarse como un líder innato. Estos son los supuestos analizados y sus conclusiones:

  1. Cuándo usar chistes internos:Según los experimentos realizados por Bitterly y Wood en colaboración con expertos de la Universidad de Carolina del Norte y de la Escuela de Negocios de Harvard, la realización de chistes internos solo es óptima en el entorno laboral cuando nadie del grupo se puede sentir excluido, es decir, cuando se hace un chistey todo el mundo es capaz de entenderlo. En este caso, se crea una sensación de camaradería que resulta positiva tanto para la posición dentro del grupo de quien lo ha contado como para el conjunto de trabajadores en sí.
  2. Cuándo usar el sarcasmo: El sarcasmo es muy útil para fomentar la creatividad. Su uso implica decir una cosa y querer trasladar el mensaje contrario, por lo que cuando se dice algo en este modo se obliga al receptor a utilizar un pensamiento abstracto que posteriormente le ayudará a acometer con éxito tareas creativas. Sin embargo, no es válido en todos los entornos, pues en determinadas circunstancias puede dar pie a malos entendidos.

Según los expertos lo mejor es utilizar el sarcasmo en ambientes conocidos y en los que se quiera fomentar la creatividad y usarlo poco o descartarlo cuando se interactúe con compañeros nuevos, con desconocidos o con equipos en los que las relaciones personales no estén consolidadas. «Hasta que no se haya establecido una relación de confianza, lo mejor es comunicarse con respeto», indican los autores del artículo.

  1. Cuándo usar la autodesaprobación: Bitterly y el investigador Maurice Schewietizer concluyeron en un estudio realizado anteriormente que el humor autodegradante puede ser un método muy efectivo para neutralizar el daño que provoca la información negativa que se aporta sobre uno mismo, pues al hacer uso de él el individuo es percibido como una persona más cálida por parte de quienes le escuchan. Esto responde a que cuando se añade humor a una información esta se percibe como menos importante o relevante. Sin embargo, su uso debe ser limitado, pues en el entorno laboral hay ocasiones en las que es contraproducente.

Según los expertos su uso no es apropiado cundo se habla de capacidades básicas o esenciales para un trabajo determinado. Por ejemplo, una persona que se dedica a la estadística puede hacer bromas sobre su mala ortografía pero no es apropiado para su imagen como trabajador o líder hacerlas sobre sus habilidades estadísticas. La única excepción que justifica su uso en estos casos es tirar de este tipo de humor cuando se es preguntado por una habilidad que se considera básica y en realidad no se tiene.

  1. Cuándo usar el humor para esquivar preguntas difíciles: Otra manera de aprovechar las cualidades del humor es hacerlo servir para salirse de rositas de situaciones incómodas, pues este provoca con frecuencia distracción en quien lo escucha y puede acabar propiciando un cambio de tema. «Así como un buen mago consigue que el público mire lejos del juego de manos, una broma exitosa puede alejar nuestra atención de cierta información», indican los expertos.

Para ellos, un claro ejemplo de esto es la respuesta que en 1984 dio Ronald Reagan a un periodista cuando le preguntaron en campaña electoral si su edad le impediría trabajar de manera correcta en un segundo mandato. Reagan contestó: «No voy a hacer de la edad un tema en esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi rival».

Inmediatamente la respuesta de Reagan provocó un estallido de risa y además de ganarse la confianza del público gracias al humor, demostró a quienes les escuchaban que su agilidad mental seguía intacta pese a su edad.

  1. Cuándo usar el humor para hacer crítica:Al respecto de usar el humor para hacer críticas, en el entorno laboral se debe tener muy en cuenta que aunque los comentarios negativos se reciben siempre mejor si van acompañados de un toque de humor, estos también se consideran menos graves y la gente se siente menos obligada a tomar medidas para rectificar un problema. En este caso hay que utilizar el sentido común y buscar el equilibrio para que si es necesario rectificar algo, esto quede claro haya habido o no una broma enmedio del mensaje.
  2. Cuándo usar el humor para enfrentarse a situaciones negativas:Los estudios psicológicos develan que el humor ayuda siempre a digerir las malas noticias sea dentro o fuera del entorno laboral. Para hacer los malos tragos más llevaderos se puede echar mano de las bromas siempre que se tenga en cuenta la situación del resto de personas del equipo y no se haga hincapié en chistes negativos u oscuros si el resto del equipo no está preparado todavía para escucharlos

EL CONFIDENCIAL

 

Social: Los tres tipos de soledad que existen y cómo combatirlos

Todos en algún momento de nuestra vida sentimos la ausencia de alguien especial o nos gustaría que hubiera otra persona para escuchar al otro lado

Podríamos definir a la soledad como ese incómodo sentimiento que aparece ante la necesidad que tenemos de afecto o compañía, así como de pertenencia a un núcleo social. Al no verse satisfecha, puede generar una falta de autoestima o inseguridad la cual nos lleva a pensar que somos como una isla completamente aislada en medio de un mar inmenso. Es así como se pone en cuestión nuestro papel en el seno de la sociedad y a qué lugar o comunidad pertenecemos.

En los últimos años, las nuevas formas de comunicación posibilitadas gracias a las tecnologías nos han brindado una mayor capacidad de conexión con los otros al instante. Sin embargo, según revelan las encuestas y estudios, los individuos que hacen mayor uso de las redes sociales o de las herramientas para comunicarse con los demás son también los que tienen una sensación más profunda de aislamiento social o soledad. Esto significa que de ningún modo podemos paliar o sustituir esa necesidad de contacto a través de una pantalla, ya que al final es el contacto físico el que prima de cara a establecer una unión real con el otro.

No se puede forzar una amistad instantánea o encontrar al amor de tu vida de la noche a la mañana, pero puedes incrementar tus posibilidades

Además, en los últimos meses que hemos pasado confinados nos hemos tenido que acostumbrar a estar aislados socialmente. Es por ello que seguramente se hayan generalizado aun más los sentimientos de soledad, tanto en un sentido positivo como negativo: muchas personas se habrán dado cuenta que son capaces de vivir consigo mismas, pero otras también habrán descubierto lo mal que se pasa cuando la única manera de contactar con los seres queridos a los que extrañamos es a través de una pantalla.

Hay varios tipos de soledad. En algunas ocasiones podemos estar plenamente rodeados de gente y aún así sentir que estamos solos, o viceversa: podemos no tener compañía y sentir cierto placer que no implica sentirnos solos. De ahí que la base real de este sentimiento aluda a la conexión que sentimos hacia otras personas o hacia nosotros mismos, si es buena y potente o, por el contrario, es nula y negativa. La psicóloga Suzanne Degges-White ha publicado un artículo en ‘Psychology Today’ en el que explica los tres tipos de soledad que podemos llegar a experimentar en algún momento de nuestra vida, y lo más importante: cómo asumirlos, combatirlos y superar ese miedo a estar solos o desconectados del resto del mundo.

Soledad existencial

La más filosófica de las tres, ya que alude a la experiencia íntima e individual de cada uno de nosotros. «Desde una perspectiva existencial, sentirla un poco es bueno para el alma«, aduce la psicóloga, «y definitivamente es una parte ineludible de la vida humana». Pero no por ello quiere quiere decir que produzca sentimientos negativos, ya que básicamente se basa en la idea de que al igual que entramos solos en este mundo, solos saldremos de él.

 

¿Cómo podemos oponernos a ella? Degges-White asegura que se muestra en nuestros miedos existenciales, como bien puede ser al aislamiento, la muerte, la falta de sentido en la vida o de libertad. «Reconocer el miedo y usarlo como movito para vivir más y más en el momento puede ayudarnos a sumergirnos en el presente, lo que podría ayudar a que reconociésemos que al final estamos en un vasto mar de individuos que luchan contra estas preocupaciones al igual que nosotros».

Soledad emocional

A diferencia de la existencial, este tipo de soledad surge de una falta de relaciones sociales o apego con otras personas. Por ejemplo, puedes sentirla cuando todas las personas de tu círculo de amigos tienen una pareja estable o romántica, y tú no. Se suele experimentar cuando necesitas a alguien que te apoye y te escuche pero compruebas que no hay nadie. También se siente de la forma más intensa cuando afrontas una pérdida o un duelo de una persona que era muy importante en tu vida.

Una forma de combatir la soledad social pasa por reiniciar relaciones con otros en otros ambientes o con otros círculos de personas

¿Qué posibles soluciones hay para este tipo de soledad? «Mantener un sistema de apoyo sano«, explica la psicóloga. «No se puede forzar una amistad instantánea o encontrar al amor de tu vida de la noche a la mañana, pero puedes incrementar tus posibilidades de fortalecer los lazos con alguien y estar dispuesto a abrirte a los demás». Tal vez, por nuestras propias inseguridades siempre acabamos delegando al otro que tome la primera palabra. Si haces el esfuerzo de querer llegar a otras personas y mostrar un espíritu de cercanía, podrás salir de ese círculo vicioso de sentimientos negativos provocados por la soledad emocional. Eso sí, tampoco confundas el querer conectar con alguien con la pesadez, ya que no conviene sobrecargar a otros de lo que sientes o piensas.

Soledad social

En este caso, surge cuando nos sentimos excluidos de un grupo social más grande. Esto viene a ser, por ejemplo, cuando un grupo de amigos se divide porque tienen intereses distintos y acaban distanciándose. De ahí que sea tan dolorosa. Una forma de combatir la soledad social pasa por reiniciar relaciones con otros en otros ambientes o con otros círculos de personas. Todos tenemos la necesidad de integrarnos en un grupo, de ahí que en la mayoría de los casos la soledad social sea momenténea.

 

Otro aspecto a señalar es que hay varios tipos de soledad según su duración: puede ser meramente transitoria, muy puntual o bien un sentimiento crónico que persiste en nosotros y se niega a desaparecer. Nadie está a salvo de sentir soledad en algún momento de su vida. De ahí que tampoco haya que tenerle miedo o evitarla a toda costa. Al final, eres la única persona con la que vas a pasar el resto de tu vida, por lo que más vale desarrollar cierta capacidad para estar solos y a gusto, y así saber gestionar nuestras propias emociones.

  1. ZAMORANO