Cómo impactan las actuaciones políticas en nuestro sentimiento de seguridad?

Es vital desarrollar habilidades para manejar las altas dosis de incertidumbre y estrés que experimentamos mientras hacemos frente al virus

 

Como ciudadanos asistimos al espectáculo bochornoso de ciertas actuaciones políticas, obligados en momentos de crisis como el que atravesamos, a promover un sentido de seguridad mediante el establecimiento de criterios sensatos que guíen sus actuaciones y eviten alimentar vorazmente la angustia de quienes luchan día a día por cuidar su salud y mantener a flote unas condiciones dignas de vida. ¿Cuál es el impacto psicológico de estas actitudes?

Los políticos deben hacer suya la máxima de que la salud ha de ser entendida de una manera integral, como la propia OMS nos recuerda, donde los aspectos físicos, psicológicos y sociales se entrelazan y dialogan de forma permanente entre sí.

La vital importancia de tener en cuenta la necesidad de seguridad radica en que no hacerlo así compromete la funcionalidad de las personas, horada nuestra fortaleza interna y nuestro bienestar emocional, tanto como individuos y como sociedad, ambos pilares clave a la hora de poner en juego el esfuerzo necesario, el sentimiento interno de potencia, para salir adelante en los momentos difíciles en que se comprometen nuestras necesidades de auto conservación, bien por cuestiones de salud o económicas.

La Guía de Intervención Psicológica

Todos somos conscientes de la crucial importancia de desarrollar habilidades para manejar las altas dosis de incertidumbre y estrés que experimentamos mientras hacemos frente al virus adoptando medidas de autoprotección que cambian nuestras rutinas de vida.

 

Las autoridades deben no contribuir a empeorar el clima emocional y el estrés en la población sino actuar con responsabilidad

 

Pero las autoridades deben no contribuir a empeorar el clima emocional y el estrés en la población sino actuar con responsabilidad promoviendo estrategias de resiliencia en individuos y comunidades y evitando espectáculos bochornosos de descoordinación institucional, con ruedas de prensa casi simultáneas y contradictorias donde exhiben sin pudor arbitrarios criterios científicos que angustian, desorientan, enloquecen, frustran y estresan a las personas y que, sobre todo, nos hacen a todos más vulnerables e indefensos.

 

Los principios básicos que recoge en la Guía de Intervención Psicológica ante la situación derivada del brote de coronavirus del Colegio de la Psicología de Madrid y la Guía de actuación frente a Crisis y Emergencias escrita por el grupo Disaster Action compuesto por supervivientes y familiares de 29 espeluznantes desastres, recomiendan cuatro actuaciones esenciales destinadas a promover la esperanza, la seguridad, la conectividad, la eficacia y la calma.

 

Cualquier crisis trasforma nuestra visión del mundo y erosiona nuestro sentimiento de seguridad

 

Su fin es reconducir los efectos negativos del estrés extremo y promover la resiliencia en individuos y comunidades. Así como apuntalar nuestra maltrecha confianza de que podemos salir adelante y atravesar esta experiencia trasformados y fortalecidos ante el propio riesgo inherente al vivir.

¿En qué consisten estos principios básicos que fortalecen nuestra resiliencia? ¿Cuáles son las actuaciones comunitarias que hay que mejorar?

Seguridad

Cualquier crisis trasforma nuestra visión del mundo y erosiona nuestro sentimiento de seguridad. En parte por el profundo impacto emocional que la situación tiene sobre las personas lo que nos lleva en numerosas ocasiones a sobreestimar el riesgo vital, avivan miedos atávicos y nos inocula una permanente sensación de falta de control de la situación.

Las actuaciones comunitarias siempre deben llevar emparejadas acciones básicas destinadas a recuperar un mayor sentimiento de seguridad, caracterizándose por:

  1. Promover una sensación de orden y control de la situación.
  2. Proteger a la población de información inexacta y del impacto emocional de noticias sensacionalistas.
  3. Usar un lenguaje apropiado y alentar una comunicación permanente sobre lo sucedido. Todos estamos tensos y nerviosos y lo adecuado es emplear un lenguaje sencillo, honesto en las dificultades y claro en las pautas a seguir.
  4. Así como prevenir y controlar la expansión corrosiva de lacerantes rumores.

Calma

Seguro han observado como su cuerpo responde ante situaciones de estrés agudo tanto física como psicológicamente. Este despliega todo un abanico de coloridas reacciones, serias conductas de hipervigilancia, angustia dolorosa, desconcertantes ataques de pánico, etc. que emergen ante situaciones que interpretamos como amenazantes para nuestra vida.

 

Es importante comprender nuestras reacciones y expresar lo que en ese momento sentimos para regular las emociones

 

No obstante, si estas reacciones se extienden durante largos periodos de tiempo se deteriora nuestra salud psicológica y se compromete nuestro bienestar emocional. Por lo tanto, es muy importante, encontrar la manera de regular las emociones. Ayuda comprender nuestras reacciones, expresar lo que en ese momento sentimos como abrumador para facilitar de ese modo una adecuada elaboración y gestión emocional.

 

¿Qué nos ayuda?

  1. La predictibilidad, es decir, tener un plan de acción o un esquema para poder obtener información y acceder a los recursos asistenciales necesarios.
  2. Mostrarse, por parte de las autoridades, abiertos, sinceros, sensibles y empáticos hacia las necesidades del conjunto de la población y sus dificultades.
  3. Ser claro sobre lo que es posible hacer y ofrecer la oportunidad de considerar y valorar las expectativas propias y ajenas. Como dice Pablo D’ors lo mejor es familiarizarse lo antes posible con lo que haya sea lo que sea.

Sentirnos conectados

Ayuda también sentirnos vinculados unos con otros y capaces de obtener el sostén y el apoyo necesario, así como disponer de los recursos sociales/asistenciales básicos son un poderoso factor protector. Debemos reforzar los nichos naturales de apoyo social mutuo, incluidas las familias de forma presencial u online. Ofrecer apoyo decidido a los demás al tiempo que sentimos que también puede sernos dado y que éste sea accesible y disponible. Todo esto tiene poderosos efectos positivos en nuestro bienestar y en la forma de encarar la situación.

Promover una comunidad eficaz con personas eficaces

Cuando hablamos de “eficacia” aludimos a personas y comunidades que mantienen la firme creencia de que tienen algún control o la capacidad de mejorar una situación e impactar positivamente sobre ella mediante “respuestas útiles” que son las que ayudan.

 

Es decir, aquellas que empoderan a los individuos y a sus comunidades porque les alientan a pensar que aún “pueden hacer” algo sobre todo en los momentos críticos donde no han tenido o sienten que han perdido el control de la situación, y donde su sentido de eficacia se ve seriamente comprometido. Porque, en definitiva, son estas las que nos proporcionan autoestima y capacidad de influencia en el entorno.

Eficacia: capacidad de mejorar una situación e impactar positivamente sobre ella mediante “respuestas útiles”

 

A nivel práctico, se trataría de ir más allá de las diferencias y solucionar de forma efectiva algunos problemas concretos: la creciente inseguridad económica de muchas familias, el acceso a los recursos sanitarios, las soluciones respecto al cuidado de los niños si estos deben ser confinados, la atención de nuestros mayores, etc.

Animar a la esperanza

La esperanza es una de esas emociones reinas que ayudan a vivir mejor la vida porque nos anima a creer en un buen final y en ocasiones, como ya nos recordó Obama, lo más importante y lo más difícil es no rendirse a la tentación de dejar de luchar. Pero si bien la esperanza es un sentimiento que no se puede imponer, sí podemos adquirir una perspectiva positiva orientada hacia el futuro, es decir, tener esperanza en algo mejor.

 

La historia de la humanidad se forjó en la esperanza. Sabemos que hay luz al final del túnel y eso facilita la travesía

 

En medio del caos abrasador, del caótico ojo de la tormenta, debemos esforzarnos en el cultivo fecundo de aquella esperanza que se asienta en la realidad y nos pone en movimiento. Aquella que hunde sus raíces en el presente y nos descubre maravillados que hay muchos motivos para esperar. Aquella que nos alienta a hacer y a tomar medidas de adaptación individuales y colectivas para lograr metas y objetivos que nos proporcionen mejores resultados futuros.

Y, ayuda a ello sortear la tiranía de lo inmediato, cultivar nuestra paciencia y el sentido pleno en cada grano de arena sumado, porque nuestra historia, la de la humanidad se forjó así con confianza y aun cuando no tenemos las circunstancias deseadas sabemos que hay luz al final del túnel y eso facilita la travesía. Porque nosotros tierra de peregrinos y exploradores sabemos mucho de lo que es “estar en camino”, pues ya cantó nuestro poeta Antonio Machado, caminante no hay camino, se hace camino al andar. Un camino que es tierra bajo nuestros pies y un horizonte en lontananza al que otear.

 

 

Raquel Tomé es psicóloga sanitaria y directora del Centro Guía de Psicoterapia de Madrid. Especialista en trauma, estrés, ansiedad, depresión, y trastornos de conducta alimentaria, entre otros.

 

Según los investigadores, no hay apenas diferencias en la edad menos feliz dependiendo de si vivimos en un país rico o pobre
¿Cuál es la edad en la que una persona se siente peor con su vida? Una investigación estadounidense, basándose en datos de medio millón de personas de 145 países, sostiene que son los 48 años.
El estudio, dirigido por Danny Blanchflower para el Dartmouth College, en Estados Unidos, sostiene que la felicidad tiene forma de «U». «Sin peros. El bienestar tiene forma de «U». Ocurre en los países pobres y en los ricos. Lo he encontrado en Europa, en Asia, en América, en Australasia y en África», explica Blanchflower en declaraciones a Daily Mail.

Así, cuando nos acercamos a nuestro medio siglo de existencia, nuestros niveles de felicidad van empeorando progresivamente, nuestros niveles de estrés están en su punto más alto, nuestras finanzas están bajo presión y a los que todavía tienen pelo, se les pone gris.
Felicidad en forma de «U»
No obstante, como nota positiva, a partir de esa edad, la vida comienza a dar un giro y estamos prácticamente llenos de alegrías hasta llegar a los 70.

«Las personas y comunidades vulnerables de todo el mundo serán devastadas por esta pandemia, debido a la pérdida de trabajo e ingresos, pero también por el duelo»

Blanchflower preguntó a más de 500.000 encuestados: «En general, ¿cómo de satisfecho estás con tu vida hoy en día?» y encontró que los que estaban a finales de los 40 dieron las respuestas más negativas.

A pesar de que no hay grandes diferencias entre países pobres y ricos, Blanchflower responsabiliza también a la crisis económica de 2008. «Parece que es normal tener una caída en el bienestar a mitad de la vida, pero para muchos, especialmente los que tienen menos habilidades, con poco apoyo social y pocos ahorros, si es que los tienen, la crisis de 2008 fue algo difícil de soportar».
Un hombre llora en Pánama ante los efectos de la pandemia. Foto: EFE Bienvenido Velasco
El hallazgo de este punto más bajo de felicidad en la mediana edad probablemente añade un importante apoyo a la noción de que estar entre los 40 y 50 años exacerba la vulnerabilidad a las desventajas y las crisis.
Blanchflower, al mismo tiempo, señala que la actual pandemia podría replicar los resultados vistos por última vez después del colapso económico de 2008. «Las personas y comunidades vulnerables de todo el mundo serán devastadas por esta crisis, debido a la pérdida de trabajo e ingresos, pero también por el duelo».

El Confidencial

No eres capaz de dejar atrás los malos hábitos? Este es el motivo

Nadie es perfecto, todos tenemos deficiencias que más o menos nos condicionan a la hora de vivir nuestra vida. Quien esté libre de pecado que tire

Nadie es perfecto, todos tenemos deficiencias que más o menos nos condicionan a la hora de vivir nuestra vida. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, y si crees que deberías dejar ya de una vez el tabaco, o bien perder peso, comer mejor y moverte más, o incluso acostarte más pronto para al día siguiente no estar como un ‘zombie’ en el trabajo, este es tu artículo.

En realidad, si fuéramos máquinas, el razonamiento sería bien sencillo: si lo lógico es que hay que buscar lo mejor para nuestra vida, no seríamos presos de tantas actividades que nos hacen más mal que bien. No es una mera cuestión de inteligencia, ya que hay mentes muy brillantes que tuvieron vidas desordenadas y caóticas. Hay un trasfondo psicológico muy humano por el cual nuestros actos muchas, o la mayoría de las veces, no juegan a nuestro favor.

La recompensa a corto plazo es segura y emocional, mientras que el cálculo a largo plazo es incierto y racional

En algunos casos, estos malos hábitos pueden convertirse en problemas muy serios, como vienen a ser adicciones o comportamientos erráticos que pueden resultar dañinos a los demás. Pero no hace falta irse a los extremos para reconocer que, aunque sean pequeños, muchos de los fallos que cometemos los volveremos a cometer en un futuro.

¿A qué se debe esta persistencia en caer una y otra vez sobre la misma piedra? «Por un lado, nuestra tendencia a repetir estas actitudes revelan el lado oscuro de nuestra tenacidad innata», reflexiona Noam Shpencer, profesor de psicología en la Otterbein University de Ohio, en un interesante artículo publicado en ‘Psychology Today’. «Después de todo, la capacidad humana de perseverancia frente al fracaso tiene beneficios. A menudo, vale la pena para un futuro y suele ser un requisito para el éxito», poniendo de ejemplo a la escritora J. K. Rowling y las numerosas veces que su obra, ‘Harry Potter’, fue rechazada por las editoriales antes de convertirse en best-seller mundial.

Maldito cortoplacismo

Sin embargo, el profesor reconoce que en muchos casos la perseverancia en los malos hábitos se debe al cortoplacismo. «Nuestro cerebro ha evolucionado para privilegiar el corto frente al largo plazo», asegura. «Sé que mi gasto excesivo de dinero me perjudicará mucho a largo plazo, pero ahora mismo estoy aquí yendo de compras y es divertido. Estoy aquí ahora mismo».

Lo que siempre hemos hecho se convierte en lo que hacemos. Lo que hacemos, con el tiempo se convierte en lo que somos

¿Dónde reside la clave para que hagamos esta serie de razonamientos erróneos a lo largo de un día? «La recompensa a corto plazo es segura y plenamente emocional, mientras que el cálculo a largo plazo es incierto y racional», sentencia Shpencer. «Es un gran trabajo para nuestra mente hacer que un proceso estratégico y racional influya en una experiencia inmediata y emocionalmente gratificante. Las patatas fritas huelen muy bien y resultan apetitosas, son una fuente de placer. Pero el ataque cardíaco está todavía a varios años de distancia, y resulta ser solo una probabilidad mínima o máxima de dolor».

Otro de los aspectos a tener en cuenta es que a medida que transitamos en la experiencia, nuestros actos acaban convirtiéndose en automáticos. Podríamos caer en un largo debate filosófico sobre el determinismo, pero al fin y al cabo, cada una de nuestras acciones del día a día están más o menos condicionadas por aquellas que hemos realizado previamente, de tal forma que la única forma de alterarlas sería tomar una postura cien por cien consciente. En otras palabras, deberíamos concienciarnos muchísimo para no realizar una acción que se supone que hemos elegido y que nos resulta familiar. Que tu cerebro se active y se pregunte: ¿por qué no hacer esto?

«Lo que siempre hemos hecho se convierte en lo que hacemos», asevera el profesor. «Lo que hacemos, con el tiempo se convierte en lo que somos. Por tanto, podemos experimentar un cambio de hábito como una especie de ruptura con nuestra identidad, como si fuera un impulso o decisión más difícil de tomar».

Por otro lado, Shpencer concede mucha importancia a nuestras creencias y convicciones. Y, sobre todo, muchos repiten acciones lesivas contra sí mismos debido a un mecanismo inconsciente que tenemos por el cual surgen estas malas prácticas para reclamar algo que creemos que merecemos. Al igual que la típica escena que monta un niño en un supermercado cuando no le quieren comprar sus galletas favoritas, que se pone a berrear armando un escándalo, cuando en el fondo de sí mismo comprende más que nadie que no debe comportarse así o que llorar le hace daño, aunque no sea en el plano emocional y solamente en la garganta.

Una reflexión para enmarcar

Una de las más hermosas frases que recoge el artículo de Shpencer es la del escritor James Baldwin: «Creo que una de las razones por las que las personas se aferran a sus odios con tanta obstinación es porque sienten que, una vez que el odio se ha ido, se verán obligados a lidiar con el dolor». Sin duda, esto nos ofrece una serie de pistas sobre por qué a veces nos obcecamos en pensamientos y comportamientos autodestructivos, o bien por qué no podemos tomar una decisión lógica y definitiva al respecto que nos haga dejarlos de lado.

Como conclusión, todos y cada uno de nosotros tiene aspiraciones que sin duda se ven perjudicadas por las malas costumbres. Manías que, aun dándonos cuenta, nos hacen la vida más difícil y alejan cada vez más de nuestro alcance los objetivos que perseguimos. El progreso vital y emocional de cada uno pasa por derribar estos muros que, en la mayoría de los casos, nos ponemos nosotros mismos. Pero ante todo, no victimizarse demasiado cuando nos meten en problemas. Al fin y al cabo, tomara una postura serena y responsable de todos aquellos demonios internos que nos llevan a repetir conductas que siempre juegan en nuestra contra.

  1. Z.

 

Consejos para desconectar en vacaciones, aunque estemos en plena ...

Los expertos dan las claves para disfrutar de los días libres, entre ellos priorizar la calidad del tiempo, descansar del mundo digital o evitar exponerse a estímulos sobre el trabajo

Las vacaciones es ese periodo de tiempo que la mayoría de los humanos aprovechamos para desconectar de nuestro día a día. Ya sea por culpa del trabajo, de los problemas diarios o, simplemente, por el cansancio acumulado durante meses de trabajo, ese periodo de desconexión es vital para poder continuar con nuestra actividad diaria más adelante.

Sin embargo, el confinamiento provocado por el coronavirus ha hecho que este año sea completamente atípico. A las rutinas diarias se han sumado el estrés de estar encerrado o la ansiedad de tener que usar mascarilla. Y ese confinamiento ha generado problemas laborales y personales en el ámbito familiar que obligan a que, más que nunca, busquemos la desconexión.

Los expertos creen que es posible desconectar, aunque estemos en medio de una pandemia. Así, han generado una serie de consejos y claves para poder disfrutar de unas vacaciones felices, incluso en un contexto tan especial como el de este 2020. Uno de ellos es Miguel Ángel Garabal, psicólogo y miembro de Doctoralia.

Consejos para desconectar en vacaciones

El primero es la importancia de la calidad frente a la cantidad. Es recomendable priorizar la calidad de las vacaciones antes que la cantidad. Según indica Garabal, «de poco sirve tener una gran cantidad de vacaciones si estas son interrumpidas por obligaciones. Por lo tanto, para que las vacaciones tengan su efecto se recomienda priorizar la calidad del tiempo de desconexión y alargarlo el mayor tiempo posible de forma ininterrumpida».

Dedicar el tiempo de vacaciones a desconectar es fundamental para cargar las pilas y volver a ser productivo en el trabajo

También es importante poner límites al mundo digital, según el psicólogo, para olvidarse de correos electrónicos y teléfono tanto como sea posible: «Sobre todo, si tu empresa no tiene en cuenta la salud, el bienestar y la productividad a largo plazo de sus empleados, al menos encárgate tú de cuidar de tus vacaciones. En la mayoría de casos, los compañeros pueden hacerse cargo de las emergencias, mientras estás ausente.

Miguel Ángel Garabal también explica la importancia de olvidarse de las obligaciones laborales por unos días: «Si consideras que no es posible desconectar totalmente, al menos establece un paréntesis concreto en tu día para poder atender dichas necesidades y no tener que estar pendiente a cada momento. La mente tiene una gran capacidad para reactivar estados mentales en función de los estímulos, por lo tanto, si eres de esas personas que tiene a sus compañeros de trabajo en redes sociales, es un buen momento para descansar y evitar exponerse continuamente a estímulos que tengan que ver con el trabajo«.

Olvidarse de los aparatos electrónicos es vital para desconectar (EFE/Manuel Bruque)

Otra forma importante de desconectar es con la satisfacción de las necesidades propias: «Algunas personas pueden necesitar más descansos cortos de forma regular, otros necesitan de un largo periodo antes de reanudar su actividad. Asimismo, es importante no sucumbir ante la necesidad de respuesta inmediata a las demandas existentes, pues en la mayoría de los casos esa necesidad suele estar guiada tan sólo por nuestra ansiedad y por nuestro pensamiento, no por una amenaza auténtica».

La importancia de la desconexión

El psicólogo anima a mirar la parte positiva de la situación ya que, aunque nos encontremos en plena pandemia, «la principal pauta a seguir es tratar de ver todas estas medidas de seguridad con una actitud de reto y no ver las limitaciones derivadas de la situación de crisis sanitaria desde una perspectiva negativa. Es el momento indicado para poder disfrutar de la naturaleza y alejarnos del alboroto de las grandes ciudades, reanudar el ejercicio físico e invertir nuestro tiempo en el desarrollo personal».

Otro factor importante de este 2020 es el teletrabajo. No todos los empleados están acostumbrados a trabajar desde casa, por lo que desconectarse del trabajo ha sido mucho más difícil en los últimos meses. Las vacaciones son fundamentales para conseguirlo y los empresarios deben ofrecer distintas posibilidades a sus trabajadores.

Desconectar es imprescindible para poder seguir adelante en nuestro día a día. Y varios estudios recogidos por Flexjobs han revelado la importancia que tiene para el trabajador el periodo de vacaciones pagadas al que tiene derecho cada año. No solo es bueno para el empleado, sino también para la compañía, por varias razones:

  • El trabajador es más productivo: siempre que se trabaja más de 48 horas a la semana está demostrado que la producción se reduce.
  • Las vacaciones mejoran la salud: se sabe que aquellos que trabajan más de 55 horas a la semana tienen un 33% más de probabilidades de sufrir un derrame cerebral y un 13% más de probabilidades de sufrir un ataque cardíaco.
  • Reducen el estrés: las vacaciones ayudan al cerebro a recuperarse del estrés relacionado con el trabajo. Si no hay vacaciones, no existe esa recuperación.
  • ¿Ayuda a vivir más? Es una teoría que mantienen algunos investigadores según la cual aquellos trabajadores que se cogen unas vacaciones cada cierto tiempo viven más que quienes no lo hacen.

El teletrabajo ha hecho que este año sea aún más importante el poder desconectar de las obligaciones diarias

Una encuesta en más de 70 países revela que los trabajadores creen que tienen derecho a desconectarse, a pesar del teletrabajo. Alex Högback, Director de Profesionales y Gerentes de UNI, explica que «hacer cumplir el derecho a desconectarse es otra forma en que los sindicatos están apoyando a sus colectivos durante la pandemia. El deber de respetar el derecho de los demás a desconectarse a menudo se pasa por alto en horarios regulares, pero es aún más importante ahora, en este período de extrema tensión y perturbación».

EL CONFIDENCIAL

 

Revive el webinar 'Nueva realidad, nuevas emociones: el cuidado de ...

Sin duda, las empresas han puesto ya la salud mental en el foco de sus estrategias de cara a la ‘nueva realidad’ que nos espera una vez recuperemos cierta normalidad, tanto a nivel social como laboral. Hemos pasado de unas semanas en las que lo primordial ha sido la salud física para centrarnos, de nuevo, en el apartado emocional y psicológico de las personas que componen trabajador sano y feliz es mucho más productivo.

Y no es que las empresas no hayan cuidado de la salud mental de sus plantillas durante el confinamiento, al contrario, pero sí que parece que nos hemos olvidado de que, por encima de todo, seguimos siendo personas. Más allá de mascarillas, geles y distancias de seguridad, nuestras emociones son una parte vital de nuestras vidas.

Cinco ideas clave a tener en cuenta a la hora de gestionar la salud mental y emocional de los trabajadores en la ‘nueva realidad’:

La empatía es vital

Sin duda, el punto número uno de nuestras conclusiones debe ser la empatía. Se trata de un aspecto esencial en la vida, no solo a nivel laboral sino también personal, y una soft skill cada vez más requerida en un mundo laboral más tecnológico pero también más humano. La lógica invita a pensar que en los duros momentos vividos ha sido básica. «Hemos vivido momentos de aislamiento en el que muchas personas viven solas y hemos visto personas con dificultad para trasmitir las emociones. Las empresas deben crear un ambiente empático«, comentaba Alicia Calabia.

Y ojo, los duros momentos vividos y los que nos quedan por vivir, con un virus que ni mucho menos está derrotado y con una gran incertidumbre económica en el futuro a corto y medio plazo. «La crisis económica y la incertidumbre en el empleo es una amenaza sostenida«, advertía Carlos Viladrich. En este tipo de situaciones, ponerse en el lugar de los trabajadores, con sus dificultades a nivel familiar y económico es clave.

Aprender y reaprender hábitos

Otro de los básicos de esta crisis: aprender de las dificultades y aprovecharlas para mejorar en el futuro. Lo han reconocido todos y cada uno de los ponentes del webinar. «Varias generaciones se van a ver impactadas por el cambio brutal que estamos teniendo en nuestras vidas cotidianas. Estas experiencias nos han hecho y nos harán aprender mucho», afirmaba Iñaki Ferrando quien insistía en que no hemos vivido una pandemia así desde hace muchísimos años. «Es una oportunidad importante para mejorar la resiliencia», reconocía.

«Es el momento de cuestionarse todo, de reinventar nuestras creencias y es momento de atrevernos a pensar y ver todo con una nueva perspectiva, con la intención de refundar un futuro mejor»

Por su parte, Álvaro Vázquez afirmaba que «el momento de cuestionarse todo, de reinventar nuestras creencias y es momento de atrevernos a pensar y ver todo con una nueva perspectiva, con la intención de refundar un futuro mejor«. En la misma línea, Alicia Calabia hablaba de la adaptación que permiten las nuevas tecnologías. «Estamos ante un desafío complejo pero también podemos aprovechar la situación para acelerar procesos que ya teníamos en marcha en las empresas solo que antes era una elección y ahora es más necesidad. Podemos salir reforzados y poner el foco en las personas, poder acompañarles en su adaptación», asentía con convicción.

Las nuevas oficinas… más allá de cambios físicos

El mundo laboral dará un giro importante después del coronavirus. Pero los cambios principales no serán los elementos de seguridad o las distancias; serán los cambios culturales. El teletrabajo, la flexibilidad laboral, el cuidado de la conciliación… serán más esenciales que antes. «La situación de teletrabajo no es la habitual y tenemos que ir compatibilizando el trabajo con la atención de los niños o familiares. Las empresas tenemos que buscar la forma de que se comparta la responsabilidad de la conciliación», explicaba Luis Moral. En la misma onda, Carlos Viladrich aseveraba que «la inversión express que hemos hecho en el teletrabajo nos ha permitido descubrir muchas cosas y cómo gestionar el trabajo en remoto de forma productiva y cuidando el aspecto emocional, la conciliación…».

«Va a haber repercusiones en los próximos meses, no ya solo vinculados a la pandemia o al efecto económico sino también en la forma de organizar el trabajo tanto en remoto como en las oficinas»

El propio Viladrich aludía a las dos vertientes de los cambios en la oficina: físicos y organizacionales: «En la nueva normalidad es posible que haya cambios relevantes en la forma de organizar el trabajo, cambios en la política de teletrabajo, el layout de las oficinas va a cambiar y se fomente el hot desking con lo que cambia el entorno de trabajo… va a haber repercusiones en los próximos meses, no ya solo vinculados a la pandemia o al efecto económico sino también en la forma de organizar el trabajo tanto en remoto como en las oficinas»

Un liderazgo sereno y responsable

Vital sin duda el liderazgo en estos momentos. Si ya de por sí hablamos de serenidad y responsabilidad, estas cualidades se deben exponenciar en la actualidad. Es básico para mantener a los empleados lo más felices posible en base a la tranquilidad y al sosiego. «Se debe transmitir confianza y serenidad de cara al futuro», afirmaba Alicia Calabia. Y es que es en momentos como los que vivimos cuando puede haber una «sobrereacción o una reacción impulsiva» por lo que la calma y la serenidad son fundamentales.

 

«El llamamiento a la calma y la serenidad que se debe transmitir desde toda la línea de mandos»

Al igual que la responsabilidad, un aspecto que se presupone en todo líder. Pero aquí hablamos de una responsabilidad exponenciada y prodigar con el ejemplo como suele decirse. «Los líderes son los que tienen que dar ejemplo, trasmitir responsabilidad, ponerse la mascarilla, lavarse las manos…«, reconocía Luis Moral. Y siguiendo con la responsabilidad de hacer ese llamamiento a la calma al que antes hacíamos alusión. «El llamamiento a la calma y la serenidad que se debe transmitir desde toda la línea de mandos. La dirección por el ejemplo es fundamental. Desde la posición de liderazgo tienes que asumir puntos de vista de personas que son más sensibles y tu exceso de seguridad puede generar inseguridad a los demás».

Trabajo de equipo y confianza en el futuro

Por último, salir de esta crisis a todos los niveles es una responsabilidad de equipo, de conjunto. Lo ha sido desde el inicio de la pandemia en donde se destacaba la responsabilidad global, el pensar en los demás para que el virus detuviese su propagación. Lo mismo ocurre en el mundo laboral. «La única forma de salir de esta situación es a través de un entorno colaboraitvo y asociativo«, afirmaba Carlos Viladrich.

Por su parte, Alicia Calabia hablaba de un realismo positivo: «Es compatible un mensaje positivo con realista: es como debe ser, con una visión de aprendizaje y de mejora para el futuro». Ese mensaje positivo y confiante es clave para salir adelante de esta complicada situación y hacerlo con una salud plena a nivel físico y, como destacamos en este artículo y en el webinar, a nivel mental.

RRHH Digital

 

Ian Morris: Las sociedades que se cierren al mundo se quedarán atrás

Es el momento de imaginar cómo será el planeta cuando la pandemia pase y, para ello, iniciamos una serie de entrevistas con los pensadores internacionales más importantes

Leer al historiador Ian Morris (Stoke-on-Trent, Reino Unido, 1960), gozar con sus enfoques inéditos y brillantes, es una fiesta. Diseccionó las razones del éxito occidental en ‘¿Por qué manda Occidente… todavía?’ (Ático, 2014) elogió con temeridad la guerra como factor imprescindible de desarrollo humano en ‘Guerra. Para qué sirve’ (2017), y en ‘Cazadores, campesinos y carbón’ se atrevió a practicar algo muy mal visto en las facultades de humanidades: defender la existencia de una moral universal común a todas las culturas cinceladas por la biología durante millones de años de evolución. O como sugirió el biólogo E.O. Wilson hace ya cuarenta años, «ha llegado la hora de que la ética deje de estar en manos de los filósofos y pase a la de los biólogos».

Morris es uno de los más imaginativos, osados y divertidos historiadores actuales. Se doctoró en Cambridge y hoy imparte clases de Arqueología y Cultura Clásica en Stanford. Su gran libro hasta la fecha buscaba respuestas a la omnipresente pregunta de la historiografía actual con un puñado impagable de nuevas ideas con un título sin trampa ni cartón: ‘¿Por qué manda Occidente… por ahora?’

 

Y en ‘Guerra’ realizaba un políticamente muy incorrecto elogio del secular y muy humano hábito de matarnos entre nosotros. Lo hacía cargado de historias, de batallas, de estrategias militares que nacen, vencen y son sustituidas por otras más eficaces, de excursos a la biología evolutiva o la geopolítica de bloques. La tesis podía resumirse así: la guerra que llama «productiva» genera estados más grandes y prósperos con menor propensión a la violencia. Ahora interpelamos a este «experto en transformaciones» para iluminar las zonas de sombra que sobre el futuro alarga la actual pandemia del covid-19.

PREGUNTA. ¿La epidemia del coronavirus ha herido de muerte a la globalización al mostrar que la deslocalización y la ‘piratería’ internacional en la competencia por recursos cruciales son nefastas para los países en momentos de crisis?

RESPUESTA. No. La globalización continuará. Ocurrieron muchos eventos en el pasado que desaceleraron la globalización o incluso la revirtieron, como las dos guerras mundiales en el siglo XX o la Peste Negra en el siglo XIV, pero el patrón a largo plazo aunque retrocedamos hasta los orígenes de los humanos modernos, hace 300.000 años, siempre ha sido que reanudar la globalización. Sospecho que cada nación se esforzará mucho más en la década de 2020 para desarrollar la resiliencia en su economía, y que eso podría ser a expensas del comercio mundial; pero la globalización volverá, porque eso es exactamente lo que la gente siempre ha hecho.

  1. ¿Las identidades nacionales y el estado nación que venían ya reforzándose en los últimos tiempos se radicalizarán más cuando la enfermedad sea al fin controlada?
  2. Sí, creo que el nacionalismo se fortalecerá en la década de 2020. La pandemia es, después de todo, un producto de la globalización; las enfermedades localizadas solo pueden convertirse en pandemias, de hecho, si las personas se mueven alrededor de poblaciones infectadas que no tienen defensas contra sus virus. Sin embargo, a largo plazo, las sociedades que se intentan cerrar al mundo se quedarán atrás respecto a aquellas que combinen el compromiso con el mundo y el reconocimiento de los riesgos que conlleva. Cuanto más se integra una sociedad con el resto del mundo, más vulnerable es a las pandemias; así que en el futuro, cada país debe hacer más para estar listo para combatir las enfermedades.

Si queremos los beneficios del progreso, debemos protegernos de sus riesgos: lo que significa estados más fuertes e intrusivos

  1. Termómetros por todas partes, pasaportes biológicos, geolocalización obligatoria… ¿La radicalización de una sociedad de control en estas circunstancias es inevitable? ¿Cómo protegeremos la libertad individual?
  2. Vivimos en un mundo más interconectado, móvil y complejo que nunca. Esto nos ha traído enormes beneficios. En todo el mundo, la gente de hoy en día suele vivir el doble, gana seis veces más que sus antepasados ​​hace un siglo, come mucho más y es promedio 10 cm más alta. Tan recientemente como en 1960, la mitad de la gente en la tierra no podía leer ni escribir sus propios nombres. El progreso ha sido extraordinario. Sin embargo, estos avances han traído nuevos peligros, desde las armas nucleares, el calentamiento global y las pandemias, por nombrar solo algunos. Sin embargo, si queremos los beneficios del progreso, debemos protegernos de sus riesgos: lo que significa estados más fuertes e intrusivos de lo que estamos acostumbrados en Occidente. Los países de Asia oriental frenaron la propagación de covid-19 más rápido que los de Occidente, porque sus gobiernos estaban dispuestos a emitir órdenes y sus ciudadanos estaban dispuestos a obedecerlas. Deberíamos esperar ver mucha más centralización en el siglo XXI.
  3. Vivimos una situación paradójica. Por un lado, la ciencia nunca ha estado tan avanzada para ayudarnos en situaciones como esta. Por otra lado, nunca se han difundido tantos bulos y mentiras a través de la tecnología y las redes pero también desde prominentes políticos populistas. ¿Por qué?
  4. Este siempre ha sido el camino: a medida que la humanidad resuelve un conjunto de problemas, siempre crea otro conjunto para reemplazarlos. Gracias a Internet, ahora podemos realizar transacciones comerciales en todo el mundo casi al instante; pero, al resolver tantos otros problemas, Internet creó un nuevo problema de ciberseguridad. Gracias a la ciencia médica, ahora tenemos vacunas y antibióticos que han salvado millones de vidas; pero, al resolver esos problemas, la ciencia médica nos dejó con los nuevos problemas de fraudes que venden vacunas falsas y tontos que afirman que las vacunas causan autismo. Así funciona el mundo: el precio del progreso es la vigilancia eterna.

DANIEL ARJONA

 

Arsuaga: La especie va a seguir adelante, pero la sociedad sí que ...

Charlamos con uno de los paleontólogos más destacados del mundo sobre la crisis del Covid-19, la importancia del pasado en esta situación y las teorías apocalípticas, entre otras

Juan Luis Arsuaga (Madrid, 1954) es uno de los paleontólogos más destacados del mundo. El catedrático de la Universidad Complutense es codirector del equipo de investigación del yacimiento de Atapuerca, director científico del Museo de la Evolución Humana en Burgos y ha sido galardonado con el Príncipe de Asturias por sus hallazgos, que cambiaron las teorías sobre los primeros pobladores de Europa.

Arsuaga es un buen conocedor del ser humano y su historia pasada. En las circunstancias que estamos viviendo por la pandemia del coronavirus, El Confidencial charla con el investigador para conocer la importancia del pasado en esta situación, las teorías apocalípticas y qué podemos aprender de la crisis del Covid-19, entre otras cuestiones.

PREGUNTA. ¿Cómo está viviendo esta pandemia a nivel personal y profesional?

RESPUESTA. Quitando que me gustaría salir un ratito a echar unas carreritas de vez en cuando, por lo demás, bastante bien, porque tengo la docencia y la investigación.

Hoy en día, trabajamos casi todo desde el ordenador, tengo hasta los fósiles ahí. Disponemos de herramientas digitales que nos permiten estudiar el material de manera virtual y se puede hacer incluso mejor que en directo.

 

Una temporada, podemos estar sin necesidad de ir al laboratorio. Eso sí, una temporada corta, porque los fósiles hay que estudiarlos, reconstruirlos y hacerles TAC para tener el material para explorar en el ordenador. Y, por supuesto, la ciencia es un trabajo de grupo, por lo que hace falta el elemento humano y el contacto, que ahora es tan peligroso.

El tipo de actividad que desarrollamos nos permite resistir una temporada. Pero ahora lo que nos preocupa es que se acerca la época de las excavaciones y no sabemos qué va a pasar.

  1. ¿Cuándo debería empezar?
  2. El 15 de junio, aunque realmente no lo sabemos, estamos a la expectativa. Esto sí que es insustituible y hay que estar en el campo, ya veremos en qué condiciones.
  3. Para usted, que lleva años desentrañando la historia de nuestra especie, ¿cómo de importante puede ser conocer el pasado aplicado a la situación actual?
  4. Conocer nuestro pasado siempre es básico. Sabemos quiénes somos porque conocemos nuestra historia como especie. Si no sabes quién eres, ante problemas como esta epidemia, puedes reaccionar de una manera incorrecta, como se hacía en el pasado, desde una mentalidad mágica. Saber quién eres es lo que te permite vivir de una manera humana y útil.

La historia de nuestra humanidad son los recuerdos como especie y como sociedad. Necesitamos la historia más que el comer, bueno, es más importante, porque si no te mueres [bromea], pero después de comer prácticamente es lo fundamental.

 

  1. En cuanto al contexto que estamos viviendo ahora mismo…
  2. Esta es una situación nueva para el siglo XXI, pero no es nueva como tal. En el siglo XX, decenas de miles de personas morían por tuberculosisen España, aunque esto no debe servir de consuelo, porque las tragedias no se pueden comparar.

Pero desde la segunda mitad del siglo XX hasta lo que llevamos del XXI, la crisis sanitaria del Covid-19 es la más grave en cuanto al mundo occidental. Eso sí, no en términos de muertes, por ejemplo, enfermedades como el paludismo, la malaria o el propio hambre generan un número de fallecidos atroz.

También hemos superado problemas muy graves como la viruela, que se ha erradicado por completo, pero que aniquiló a buena parte de la población americana. Y para los aztecas o los incas, esto que estamos viviendo no sería nada.

 

  1. Como en cualquier hecho de estas dimensiones, las teorías conspiranoides del fin del mundo están campando por sus anchas. ¿Qué les diría a estos apocalípticos?
  2. El apocalipsis, en el sentido de que vaya a desaparecer la civilización occidental de aquí a 2021, no va a ocurrir; de aquí a 200 años, ya no me atrevo a pronunciarme. Pero sí que creo que va a haber bastantes cambiosen los siguientes siglos, especialmente con el tema de energía y materiales, porque es imposible que cada generación consuma el doble que la anterior.

Yo no creo que vaya a llegar el fin del mundo y la conclusión a la que llego es que debemos vigilar los mercados de animales vivos y controlar las epidemias.

Me gustaría saber si los apocalípticos están haciendo planes para este verano

Las teorías apocalípticas ¿a cuánta gente han salvado? Las vidas las salvan los sanitarios, que no son apocalípticos, los políticos, que consiguen los medios, la sociedad, que se queda en casa, los investigadores, que buscan la vacuna, los científicos, que reflexionan sobre la causa de esta pandemia, esos son los que salvan vidas.

¿Cuántas vidas salvan los discursos tremendistas? Ninguna. Yo abogo por un discurso optimista, que no irresponsable. Creo que somos capaces de abordar este problema buscando las causas.

Además, me gustaría saber si los apocalípticos están haciendo planes para este verano. Puede que haya alguno metido en un búnker, pero si realmente fueran apocalípticos, no les importaría darme su coche o la residencia de la playa. Yo no estoy tan convencido de que haya tantos.

 

  1. Tendremos que decirles a los apocalípticos que huyan de esas ideas de ‘vamos a morir todos’…
  2. No vamos a morir todos, eso es seguro, viendo la tasa de letalidadde esta infección. La especie va a seguir adelante, pero la sociedad sí que se va a ver afectada.

Aunque tenga una tasa de letalidad baja, es suficientemente alta y el virus es suficientemente contagioso para que supere el sistema de salud pública en cualquier país. Por ejemplo, en Reino Unido y en España, no estaban dimensionados para enfermedades como esta. No teníamos una sanidad pública para abordar una emergencia de este tipo, y eso hace que se vea desbordada y parada la economía.

  1. ¿Qué cree que aprenderemos con la crisis del Covid-19?
  2. Como sociedad, hemos aprendido un montón de este tipo de situaciones. Enfermedadescomo esta, para la que parece que habrá vacuna próximamente, han sido como una ola, pero debemos saber que no puedes estar enfrentando constantemente una emergencia detrás de otra, porque la economía no lo resiste.

Si nos fijamos en el origen de este problema, no viene del espacio exterior, sabemos cómo se ha producido. En lugar de recurrir al pensamiento mágico, debemos poner los medios para que este tipo de situación no se repita.

Este me parece un magnífico ejemplo de para qué sirve la política. Los científicos podrán señalar que hay un peligro grave en los mercados de animales vivos, pero los políticos serán los que tendrán que cambiar la sociedad.

La crisis del Covid-19 demuestra que tenemos que dedicar más dinero a la ciencia

  1. ¿Qué deben plantearse ante esta situación los políticos?
  2. Hay que plantearse muchas cosas, entre otras, el porcentaje del PIB que dedicamos a la sanidad y cómo distribuimos el presupuesto nacional. Esta crisis, lo que demuestra es que tenemos que dedicar más a la ciencia.
  3. Más dinero a ciencia y salud…
  4. Son temas esenciales. Si no se acaba el mundo, tendremos que hacer unos Presupuestos Generales del Estado. Si se acaba, no hace falta preocuparse [bromea]. Los partidos políticos tendrán que ponerse de acuerdo para no prorrogar más el Presupuesto de Montoroy hacer unos Presupuestos nacionales en donde veremos si hemos aprendido la lección o no.

Ahí vamos a ver si el porcentaje dedicado a la ciencia y a la salud ha aumentado o no. Si no aumenta, o se reduce, llegaré a la conclusión de que no hemos aprendido nada en España. Aunque estoy seguro de que en otros países sí se aumentará.

 

  1. ¿Qué le diría al presidente del Gobierno si lo tuviera delante una vez haya pasado toda esta situación?
  2. Le diría que hay que ser modernos, en pocas palabras. En un Estado moderno, hay ciencia y una industria científica… Hay que plantearse muchas cosas. No sabemos si vendrá otra crisis como esta, pero si viene, tenemos que tener capacidad de abastecernos en nuestro mercado interior, el europeo.

Ahora es muy fácil decir que hay que dedicar muchos más esfuerzos a investigación, pero estoy esperando a que acabe esta crisis, pase el tiempo y me vuelvas a llamar para ver qué han hecho.

Eso es política. Decidir a qué destino el gasto en función de las demandas de la sociedad. Yo abogo por educación, sanidad, ciencia y medio ambiente, pero también se deben cuidar la industria, transportes… Todo.

FRAN SÁNCHEZ BECERRIL