Cómo detectar que alguien te está mintiendo, según un nuevo estudio

¿Te has percatado en los movimientos corporales que hace una persona cuando te promete que te contará la verdad? Tal vez ahí resida la clave para saber si es cierto lo que dice

Aunque el refrán diga «se coge antes a un mentiroso que a un cojo» en verdad nos habríamos librado de muchos disgustos si fuera tan fácil interpretar la mentira. Hay muchos trucos para saber si lo que alguien te está diciendo es verdad y cada uno tendrá el suyo. Al igual que maniobras para hacer pasar por verdad auténticas falsedades. Y no, por mucho que te mire a los ojos, la persona que miente sabe cómo hacerlo y siempre buscará uno de tus puntos débiles para colártela. Un nuevo estudio, publicado en la revista ‘Open Society‘, ha encontrado un método para juzgar si lo que te están contando es verdad o mentira: tan solo observa su lenguaje corporal y si repite sistemáticamente lo que estás haciendo tú, es perfectamente posible de que lo que te esté diciendo es falso.

«Los mentirosos a menudo suelen cambiar su comportamiento de forma deliberada para hacerte creer que dicen la verdad, pero a veces incluso al intentar imitar cierta actitud no te van a poder mentir al no darse cuenta de que lo están haciendo», asegura Sophie Van der Zee, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad Erasmus de Rotterdam de los Países Bajos. «Esto podría convertirlo en una pista interesante para detectar el engaño», recalcó a ‘The New York Post’.

 

A la hora de mentir, nuestros cerebros están tan ocupados en elaborar el engaño que desatienden los movimientos corporales

 

Lo que Van der Zee quiere decir es que muchas veces el comportamiento de aquel que te está lanzando una mentira no le juega una buena pasada, pudiendo detectar su engaño con tal solo ver cómo se mueve. Demasiado listo y atrevido para intentarlo, pero si se pone delante de un espejo sabrá a la primera de cambio que le van a pillar. Dicho estudio reunió a varios estudiantes universitarios y les pidió que resolvieran un acertijo asegurándoles que era muy fácil y que debían hacerlo en cinco minutos o incluso menos. En realidad, dicha prueba de agudeza mental era bastante difícil como para responderla en tan poco tiempo. Además, la investigadora les ofreció pistas, haciendo como que no se había dado cuenta y pidiendo a los alumnos que no informaran de ello a su supervisor.

Los participantes, a los que se les colocó monitores de movimiento corporal altamente sensibles (acelerómetros inalámbricos), no sospecharon que lo que los científicos esperaban de ellos no era que resolvieran el acertijo, sino analizar su capacidad e ingenio para mentir a los supervisores sobre cómo habían resuelto el rompecabezas sin reconocer que habían usado las pistas ofrecidas por Van der Zee.

A la hora de la verdad, la máquina de monitoreo corporal reflejó que cuando mintieron al respecto de cómo habían resuelto el acertijo la amplia mayoría realizó los mismos movimientos que su interlocutor, el supervisor. En cambio, aquellos que fueron francamente honestos movieron el cuerpo de una manera totalmente diferente, sintiéndose libres de reconocer que habían hecho trampas.

Demasiada carga cognitiva

Según la investigadora, esto sucede porque a la hora de mentir, ya sea descarada o no tan directamente, nuestros cerebros están tan ocupados en elaborar el engaño que desatienden los movimientos corporales, de ahí que por regla general o natural tiendan a imitar la forma de moverse en el espacio que su interlocutor. Desafortunadamente, estos cambios son demasiado sutiles como para detectarlos en la vida cotidiana sin las herramientas de laboratorio.

«Se trata de un estudio fascinante que proporciona una buena teoría de investigación básica para un posible uso futuro en los juzgados si consigue validarse en estudios posteriores más profundos», agrega por su parte Tim Brennen de la Universidad de Oslo en Noruega, a la revista ‘New Scientist’. La parte negativa es que los acelerómetros no detectan quién es el que realmente está imitando al otro, por lo que tampoco es posible determinar quién está mintiendo y quién diciendo la verdad. «Es muy interesante en lo que se refiere a la psicología social, pero estos son solo los primeros hallazgos para realizar pruebas de detección de mentiras más fiables». Siempre quedará el polígrafo.

ACyV

 

Los mejores métodos para detectar a un mentiroso en segundos

Un psicólogo explica que, pese a que la mayoría de las personas tienden a salirse con la suya cuando mienten, no es difícil descubrir un engaño

Sin duda, aquel que decide mentir debe tener memoria suficiente para recordar con pelos y señales su mentira, no vaya a ser que se venga abajo. Como parece imposible ir a todas partes con un polígrafo, a veces tenemos que confiar en alguien si no hay pruebas suficientes de lo contrario, pues eso de que la nariz crece al más puro estilo Pinocho está reservado exclusivamente para los cuentos de hadas.

¿Por qué miente la gente? La mentira parece estar en la naturaleza del ser humano, y puede darse por distintas razones: para evitar un castigo, para ganarse el reconocimiento de los demás, para mantener la privacidad sobre un asunto concreto o para escapar de una situación complicada. Por supuesto, es mucho más difícil entender a un mentiroso compulsivo, cuando una persona miente sin un propósito claro y con mentiras fáciles de refutar. Según los expertos, en el caso de estas personas puede darse el hecho de que realmente su memoria falle y estén tan acostumbrados a mentir que ya no distingan la verdad de la mentira. En otras palabras, la persona que miente puede desear tanto que la mentira sea la verdad que la mentira se convierte en su verdad real.

 

¿Es fácil detectar a un mentiroso? Algunos expertos asegurarán que, sin duda, lo es. Maurice Schweitzer, profesor de la Wharton School de la Universidad de Pensilvania indicaba en ‘Prevention’ algunos gestos que, también, por romper una lanza a favor del mentiroso, podrían querer decir otra cosa: cuando los ojos de alguien se desplazan hacia la puerta o el reloj, puede ser un indicador de que desea poder escapar de una situación, tal vez porque te está mintiendo, pero también podría significar que quiere irse. El psicólogo advierte que cuando alguien miente tarda mucho en responder porque está haciendo malabares con las dos historias, pero quizá podría significar que es lento y se piensa mucho las respuestas para no meter la pata. Y así con todo.

 

«Algunas personas se sonrojan, otras abren sus fosas nasales ligeramente, se muerden los labios, transpiran un poco o parpadean muy rápido»

 

El psicólogo Gregory L. Jantz asegura en ‘Psychology Today‘ que hay maneras infalibles de pillar a un mentiroso: «Aunque las personas tienden a salirse con la suya al mentir, la mayoría de las mentiras son bastante fáciles de detectar si sabes cómo leer las señales». Estas son:

 

Empieza con preguntas neutrales

Pregunta sobre el clima, sus planes para el fin de semana o cualquier cosa que provocaría una respuesta normal y cómoda. Cuando respondan, observa su lenguaje corporal y movimiento de los ojos, así puedes saber cómo actúan cuando están diciendo la verdad. ¿Cambian de postura? ¿Miran hacia una dirección específica? ¿O te miran directo a los ojos? Asegúrate que haces suficientes preguntas para observar el patrón.

Encuentra el foco de atención

El experto asegura que, una vez que te mueves del territorio neutral hacia la “zona de mentiras”, deberías ser capaz de observar un cambio en el lenguaje corporal.

Observa el lenguaje corporal

Los mentirosos suelen encoger su cuerpo al mentir para sentirse más pequeños y llamar menos la atención, también, según indica Jantz, retroceden y ocultan sus manos.

Observa las expresiones microfaciales

«Las personas con frecuencia revelan una mentira con su expresión facial, pero algunas de estas expresiones suelen ser sutiles y difíciles de notar. Algunas personas se sonrojan, otras abren sus fosas nasales ligeramente, se muerden los labios, transpiran un poco o parpadean muy rápido. Cada uno de estos cambios en expresiones faciales significa un incremento en la actividad cerebral conforme comienzan las mentiras», explica el psicólogo.

Observa cuando dejan de hablar de sí mismos

Las personas que están mintiendo también pueden empezar a alejarse de la historia y empezar a dirigir la atención hacia alguien más. Escucharás menos yo y a mí conforme intentan distanciarse psicológicamente de la mentira que están componiendo.

Ten en cuenta, de todas formas, que cada persona es un mundo y estas no son reglas universales, pero los pequeños y sutiles signos corporales o el movimiento ocular pueden, según los expertos, ayudarnos en lo referente a este tema. Por lo menos hasta que podamos acudir a todas partes con un polígrafo bajo el brazo.

 

  1. N.

 

 

Qué nos dicen las personas cuando no dicen nada. Claves de la comunicación  no verbalQué nos dicen las personas cuando no dicen nada. Claves de la comunicación  no verbal

Podemos llegar a la fácil conclusión de que más del 90% de los problemas que acontecen en las empresas – sean del tamaño que sean – tienen que ver con la manida palabra: ¡COMUNICACIÓN!, en concreto, con la incorrecta, inadecuada, interesada, retorcida, inexacta, defectuosa, equivocada, falsa, tosca, inoportuna, desatenta… y otra serie de adjetivos que podríamos seguir añadiendo a la lista.

Cuando hablamos en estos términos, normalmente estamos haciendo referencia a un tipo de comunicación, la verbal, he indudablemente soy un convencido de que las palabras, literalmente, crean realidades.

Pero no solemos ser conscientes del otro aspecto, también fundamental, de la comunicación, el CÓMO, al que también son aplicables los adjetivos anteriormente mencionados.

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase “no me importa tanto qué me has dicho, sino cómo me los has dicho”? – es más, cuántas veces no la hemos escuchado pero la hemos sentido.

La Comunicación No Verbal Científica ha sido, es y tiene que ser indispensable, necesaria, ineludible, útil para hacer de nuestra comunicación una herramienta, coherente, de ahí, potente y por tanto, absolutamente persuasiva.

Es por ello que necesitamos empezar a tomar cartas en el asunto, haciéndonos conscientes de su importancia, de su poder, formarnos en sus conocimientos, en sus distintas disciplinas.

Nuestra mirada, nuestra expresión facial y nuestras manos son pilares esenciales en la correcta interpretación de los gestos y por tanto para interpretar pensamientos y actitudes y es aquí donde está la otra gran diferencia con la comunicación verbal que únicamente lo que nos da es simple información.

Como siempre una de las maneras directas que tenemos para llegar al final de ese camino es la lectura de libros y aquí es donde conectamos con la lectura del libro QUE NOS DICEN LAS PERSONAS CUANDO NO DICEN NADA.

La nueva intimidad: la importancia de la háptica en tus relaciones

¿Por qué los emoticonos de Facebook ya pueden abrazarse mientras que en nosotros todavía impera el miedo la cercanía física y el tacto? ¿Cuándo podremos definitivamente hacerlo?

En abril de este mismo año ocurrió algo que ha podido pasar inadvertido para muchos, pero que sirve como perfecta introducción a la hora de pensar el contexto social en el que nos encontramos desde que la pandemia del coronavirus inició su expansión en las ciudades occidentales. Una de las redes sociales más usadas del mundo, Facebook, incluía en su campo de reacciones a los posts un nuevo emoticono. Se trataba de una cara en movimiento a la que le crecen dos brazos que abrazan a un corazón. Esta nueva modalidad de mostrar afecto, bautizada como «Me importas», dista mucho de aquel simple y rudimentario dedo apuntando hacia arriba que significa “Me gusta”. Lo más curioso de este emoticono es que es el único que tiene brazos. Y en un irrefrenable impulso, estos se tienden hacia un corazón diminuto que la cara recoge en su regazo.

No es casualidad que la red social haya estrenado esta nueva forma de comunicar sentimientos durante la cuarentena. Aquí, en España, hemos vivido uno de los confinamientos más severos de todo el mundo, teniendo que suspender el contacto social con nuestros amigos y familiares. Para paliar el aislamiento, nos hemos tenido que conformar con el recurso de las videollamadas. En cuestión de días, las parejas y los amigos quedaron reducidos a la extensión de nuestra pantalla de ordenador, cuando antes su presencia física nos ofrecía paz, tranquilidad y seguridad. Ahora, tras haber levantado ciertas restricciones sociales, y a pesar de que la inmensa mayoría ya han podido volver ver a sus seres queridos, son muchos los que todavía se muestran reticentes al contacto físico. Como es lógico, las medidas de prevención siguen siendo imprescindibles y necesarias para evitar un nuevo rebrote.

El tacto es el primer sentido que se activa en el embrión, ya que la piel se forma alrededor de la octava semana de gestación

De ahora en adelante, los expertos presagian varios meses de interacción social sin cercanía física ni tacto, ya que el miedo al abrazo o al apretón de manos sigue ahí, por no hablar de nuevos trastornos psicológicos a los que ya se las está poniendo nombre y que vienen a definir el temor de salir a la calle, retomar nuestra vida cotidiana, coger el transporte público o relacionarnos con desconocidos. Por tanto, es cuando menos curioso que a los emoticonos les hayan salido brazos y manos, y que a la vez nosotros sintamos tanto recelo al contacto con el otro. ¿Qué podemos esperar de una sociedad cuya capacidad para comunicarse y sentir emociones a través del tacto se ha visto mermada o se percibe como algo malo?

Al fin y al cabo, el tacto es el sentido que más pasamos por alto. Olemos fragancias, escuchamos música y sonidos, vemos paisajes y rostros, degustamos platos, pero en ningún momento nos paramos a pensar en aquello que tocamos, salvo obvias excepciones. Pablo Maurette, profesor de literatura comparada en la Florida State University, es uno de los pensadores actuales que más han reflexionado sobre el papel del tacto en la evolución y la historia de la humanidad. Autor de un libro titulado ‘El sentido olvidado’, asevera en una conversación telefónica que “es el único sentido que no podemos perder, de ahí la enorme complejidad de clasificar”.

A decir verdad, el tacto no solo comprende lo que Maurette denomina “la extrocepción”, que consiste en la información sensorial que capta nuestra piel al tocar distintos objetos, sino también la háptica, es decir, la ciencia que estudia el tacto incluyendo la intracepción (capacidad de sentir el interior del cuerpo), la propiocepción (la posición de los músculos o del cuerpo) y la cinestesia (la sensación de movimiento o velocidad). En definitiva, este sentido tan completo nos permite situarnos en el aquí y en el ahora, orientarnos en un entorno cambiante y gracias a eso proyectarnos hacia el futuro inmediato. “Es el primer sentido que se activa en el embrión, ya que la piel se forma alrededor de la octava semana de gestación”, explica Maurette. “Las emociones fuertes también se expresan a través del tacto, como por ejemplo el miedo o los nervios que hacen que se nos revuelva el estómago o que al estar tristes rompamos a llorar”.

La era de la videollamada

David Foster Wallace, en su voluminosa novela ‘La broma infinita’, incluye un episodio en el que habla de la crisis que sufre una empresa que diseña aparatos de videofonía que estaban llamados a sustituir al teléfono. En una larga digresión, el autor aduce algunas razones por las que la gente rechaza tal producto, como por ejemplo “el estrés emocional” que supone que tu interlocutor te vea durante la conversación impidiendo así que te muestres distraído o ajeno a lo que dice, o también la “vanidad física” de estar impecable en todo momento y resultar agradable a la vista. A lo largo de estos meses hemos sentido la necesidad de arreglarnos antes de realizar una videollamada, ya fuera con amigos o por motivos laborales. Y, de igual modo, hemos paliado la necesidad de contacto en largas conversaciones en las que el debate volvía una y otra vez al momento en el que finalmente nos pudiéramos volver a abrazar.

La inmediatez de la imagen y el sonido es muy valiosa a la hora de mantener una relación con alguien, tanto o igual que el tacto

Es evidente que mucha gente ya ha vuelto a colocar el adhesivo de la cámara del ordenador que quitaron en su momento al haber visitado a aquellas personas que estaban al otro lado de la pantalla. Pero también son muchos los que han preferido continuar con la cuarentena, sobre todo aquellos que conviven con personas de riesgo, para no arriesgarse a contraer el temido virus por parte de su pareja o un amigo. Es así como, poco a poco y de manera progresiva, estamos creando una nueva noción de intimidad ante la situación que nos ha tocado vivir.

Los psicólogos coinciden a la hora de señalar el cambio profundo en nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos que se está produciendo, que antes venía caracterizada por una vida mediterránea muy dada al tacto. ¿Cómo se ha visto reflejado este cambio de actitud hacia nuestra manera de relacionarnos? “Hemos descubierto que la inmediatez de la imagen y el sonido ofrecida por las nuevas tecnologías es muy valiosas a la hora de mantener una relación con alguien, al igual que el tacto”, recalca Maurette. “Las videollamadas con los seres queridos han ayudado mucho a sobrellevar el aislamiento”.

Por otro lado, “el sexo virtual ha sustituido en algunos casos a las relaciones íntimas presenciales, y en el caso de los solteros, muchos se han dado cuenta del valor de explorar su sexualidad por sí mismos gracias a la pornografía”. Así lo confirma Lara Ferreiro, psicóloga española, quien asegura que la venta de juguetes sexuales ha aumentado un 74% durante la cuarentena. Mientras tanto, muchos de sus pacientes han preferido continuar con sus relaciones íntimas de pareja bajo el formato de la videollamada. “Evidentemente, a no ser que exista una patología mental grave, la intensidad del tacto físico no puede ser sustituida por una pantalla o la imaginación”, reconoce a El Confidencial. “Pero hay casos de gente que ha preferido continuar con la cuarentena y seguir relacionándose a distancia a través del ordenador”.

Amor sin besos

Ferreiro asegura que el miedo al contacto físico se muestra en las relaciones íntimas de algunas parejas de tal forma que los besos quedan anulados. “Está habiendo un gran cambio de paradigma en las relaciones afectivas”, recalca. “Vamos a exigir una mayor vinculación emocional a las personas con las que nos acostamos. Eso se resume en que la gente busca seguridad y protección, lo que quiere decir que vamos a vivir una explosión de las parejas frente a las relaciones sexuales esporádicas”. En lo que también coincide Maurette, que piensa que “va a estar socialmente mal visto tener relaciones pasajeras o la promiscuidad”.

El contacto físico va a seguir viéndose como algo malo, depende del tiempo que tardemos en encontrar una vacuna o tratamiento

La psicóloga admite que muchas parejas estables sienten tanto miedo a poder contagiarse que han desechado de sus relaciones íntimas los besos o cualquier manifestación de cariño a través de la vía oral. “Es obvio que la saliva es el fluido más susceptible de contener virus o bacterias, de ahí que muchos hayan optado por una comunicación sexual basada solo en posiciones que no involucren estar frente al otro, como ‘la cucharita’ o el ‘perrito’”, explica, poniendo el ejemplo de parejas reales que acuden a su consulta. Algunas de ellas llevan sin darse un beso en la boca desde principios de marzo.

Una cabaña para cada ser humano

A lo largo del encierro hemos tenido mucho tiempo para pensar en lo que era nuestra vida antes de la pandemia. “Se trata de un hecho histórico sin precedentes que ha afectado de lleno a toda la sociedad”, reconoce Ferreiro. “Mucha gente ha perdido sus reforzadores positivos, como puede ser un trabajo o su vida social. Esto va a hacer que, después de la crisis sanitaria y económica, le siga una mental, ya que la sociedad está emocionalmente muy herida”. En el plano relacional, ha servido como prueba de fuego para muchas parejas. “Esta situación ha unido aún más a muchas parejas, mientras que a otras les pasará factura. Es lo que yo llamo ‘el coronababy’ o el ‘covidivorcio’. En los próximos meses veremos ambas cosas en nuestros grupos de amigos, de gente que acaba apostando por relaciones serias y basadas en el compromiso a separaciones matrimoniales”.

Esta nueva intimidad, por tanto, la sentiremos más necesaria que nunca debido a la urgencia de reparar nuestras emociones, pero de una forma menos intensa, ya que “el contacto físico va a seguir viéndose como algo malo”. Todo depende del tiempo que tardemos en encontrar una vacuna o tratamiento contra la enfermedad. “Un ejemplo muy interesante es una carta que manda Erasmo de Rotterdam a un amigo desde Londres en 1499 en la que comenta con sorpresa lo táctiles que son los ingleses, lo mucho que se besan en público”, concluye Maurette. “¿Qué ha cambiado en Inglaterra desde entonces hasta hoy para que ya no sea así? Muchas cosas: la reforma protestante, el triunfo de los puritanos en la guerra civil… pero también una historia muy larga y acuciante de epidemias que produjeron cambios en las costumbres”.

ENRIQUE ZAMORANO

 

Coronavirus: síntomas en personas mayores

El coronavirus nos obligará a prescindir, al menos por un tiempo, de besos, abrazos y apretones de manos

 

Hace muy poco tiempo, antes de estar confinados por la pandemia del Covid 19, podíamos ver gente abrazándose en cualquier lugar de nuestro entorno. Era un saludo normal entre amigos y familiares e, incluso, podíamos diferenciar el abrazo que se daba con emoción del puramente formal y no por su duración, sino por el lado por el que se producía.

Tel y como nos explica nuestro director, Javier Torregrosa, investigador y formador en comunicación no verbal científica, un abrazo por la derecha siempre se ha considerado como meramente formal, protocolario, pero por la izquierda llevaba consigo una alta carga de espontaneidad y de emoción. Lo mismo ocurría con los besos.

¿Alguna vez os habéis fijado en que en España y en la mayor parte de países del mundo, salvo alguna excepción como Italia, cuando besamos a alguien en la mejilla normalmente damos el primer beso en el lado derecho?

Como sucede con los abrazos, también podemos saber cuándo un par de besos son formales o por el contrario más espontáneos y emocionales, solo con identificar por qué lado comienzan. Y, en porcentaje total estimado, el 85% de los besos y abrazos que damos comienzan por el lado derecho, salvo en momentos intensos, muy espontáneos, y con carga emocional, en cuyo caso escogemos el lado izquierdo.

Hasta ahora, y gracias a estos ítems de comunicación no verbal científica, éramos capaces de extraer valiosísima información observando estos saludos, pero ¿qué ocurrirá, por ejemplo, a partir de ahora con los apretones de manos?

Hasta la fecha, si en un saludo entre dos personas una de ellas ofrecía sus nudillos por arriba en pronación, sabíamos que se trataba de alguien dominante e impositivo. Por el contrario, aquellos que ofrecían la palma de su mano nos mostraban que eran más sumisos.

 

El distanciamiento social lo cambia todo

En la actualidad, por el miedo a contagios por coronavirus, se impone un distanciamiento social, de al menos dos metros, en cualquier espacio en el que coincidamos con otras personas. Por esta razón, prescindiremos de los saludos tal y como los hemos conocido hasta ahora. Debo indicar que desaparecerán los apretones de manos y desconfiaremos de incumplir esa distancia mínima por riesgo personal, incluso llevando guantes, un complemento que va a ser esencial en los próximos meses o incluso años.

En este contexto los profesionales de la comunicación no verbal científica estamos determinando cómo nos vamos a saludar a partir de ahora y si se impondrán las nuevas formas de saludos desplazando a las que conocíamos.

¿Ya no nos abrazaremos? ¿No nos besaremos? ¿No nos daremos la mano?

Es posible que, después de muchos meses, cuando todo esto pase, todo vuelva a la normalidad, pero ¿cómo nos saludamos mientras tanto, con el pie, con el codo? Rotundamente no.

En líneas generales nuestra proxémica – se refiere al empleo y a la percepción que el ser humano hace de su espacio físico, de su intimidad personal y de cómo y con quién lo utiliza – requerirá de más espacio y tendremos que acostumbrarnos a mantener una distancia de seguridad superior a un metro, además de no tener contacto físico.

Así que lo más probable será saludar con nuestra cabeza, al estilo occidental, pero sin tanta reverencia.

Por ello, el movimiento de nuestro eje de cabeza nos permitirá saber si alguien nos está saludando, pero, además, nos enriquecerá dando una extra y valiosa información del grado de relación que esa persona tiene con nosotros.

Si nuestro interlocutor asiente con la cabeza, será un saludo de acercamiento, amable y amistoso. En cambio, si eleva la cabeza sagitalmente, es decir, levanta el mentón para saludar, nos indicará de manera no consciente su altivez y un cierto distanciamiento en el saludo. Este gesto nos confirmará que no se quiere involucrar demasiado con nosotros. Y si, además, ladea la cabeza hacia el lado derecho, podremos deducir un cierto malestar añadido.

La sonrisa seguirá siendo un valor seguro

Por último, apunta Torregrosa, “siempre hemos oído que una sonrisa viste más que un buen traje y en cierta medida estoy de acuerdo”.

Es muy probable que la utilicemos, conjuntamente, con nuestro eje de cabeza para saludar.

Aquí, apunta, tendremos que fijarnos en si se trata de una sonrisa verdadera o falsa.

Para identificar con claridad una sonrisa falsa nos fijaremos en la elevación de la comisura derecha de la boca, ya que este gesto se ve en esa zona de forma unilateral.

Por el contrario, la sonrisa verdadera se suele reconocer observando el ascenso de la comisura izquierda o de las dos comisuras a la vez, pero claro, esta lectura tan aprovechada anteriormente, desaparece en muchos casos al utilizar mascarilla, y a partir de ahora debemos fijarnos sobre todo si se produce una elevación y engrosamiento de la parte superior de las mejillas, arrugas en las comisuras de los ojos y un doble párpado inferior, estos también son indicadores de una sonrisa verdadera.

 

Este artículo se publicó en el Diario Información.

 

Resultado de imagen de CÓMO DETECTAR QUE ALGUIEN TE MIENTE: UN AGENTE DEL FBI CUENTA TODOS LOS TRUCOS

¿Consideras que siempre dices la verdad? ¿Eres un experto a la hora de pillar las falacias más escondidas? Seguramente haya cosas que se te escapan

«Hay que tener buena memoria después de haber mentido», decía el poeta y dramaturgo francés Pierre Corneille. Vivimos en un mundo de verdades a medias en el que, como dice el refrán, «se pilla antes a un mentiroso que a un cojo». Pero muchas veces, y sobre todo en los casos policiales o en las investigaciones judiciales, resulta más que difícil saber si alguien está mintiendo o bien siendo sincero. Desgraciadamente, en las cárceles también pagan justos por pecadores y hay más de una persona inocente dentro.

Por lo general, existen un montón de mitos sobre trucos de detección de mentiras: no mirar a los ojos o esquivar la vista, tocarse demasiado el pelo… Pero aquellos que más conocen de este mundo son sin duda los agentes de inteligencia estadounidenses. Ellos están acostumbrados a resolver casos de suma importancia para la seguridad del país o del estado para el que trabajan. Personas como Clemente, un agente especializado en recabar información en criminales, pueden vanagloriarse de nunca haber sido engañado. A través de un vídeo producido por la prestigiosa revista ‘WIred‘, ha desvelado las técnicas más infalibles para detectar a mentirosos compulsivos y a los culpables de homicidios y actividades ilícitas.

Un mentiroso siempre procura usar la menor cantidad de palabras para no contradecirse o dar un detalle que cambie su versión de los hechos

Clemente asegura en primer lugar que él y su equipo usan un enfoque holístico teniendo en cuenta diversos factores e indicadores que delatan cuando alguien está mintiendo. El objetivo, más que saber toda la verdad sobre un hecho, es conseguir información que sea fiable y valiosa. A veces son detalles sin importancia que ocurren en un microsegundo, pero que si se saben interpretar correctamente, pueden llevar a grandes descubrimientos en una investigación.

«Lucha o huye»

Uno de estos indicadores es lo que él llama el «fight or flight» (que en español podría traducirse como «lucha o huye»). Este comportamiento afecta directamente a la actitud que tiene el sujeto frente al interlocutor. Se basa en la sensación que emerge cuando te muestras incómodo en la conversación a raíz de tus mentiras y solo piensas en dos cosas: en acabar con la otra persona usando malos argumentos descalificativos o en salir corriendo sin mirar hacia atrás.

Esta forma de mentir también deja rastro a nivel físico: si un individuo traga demasiada saliva o mueve demasiado los brazos o las piernas es porque el «cerebro primitivo», como ilustra Clemente, «está debatiéndose entre quedarse a luchar para salir de la situación y defender su posición o bien escapar de la escena lo más rápido posible».

Demasiada concreción

Cuando la gente miente, procura siempre usar la menor cantidad de palabras para no contradecirse o arrojar un detalle imprevisto que descoloque toda su versión. A veces, incluso, tienden a usar solo dos sentidos: el oído y la vista. Se muestran asépticos, imperturbables, como si le hecho del que estás hablando no fuera nada con ellos. Hacen el mínimo movimiento corporal posible para no delatarse.

Si estás tan seguro de una cosa, no tendrías por qué repetir una y otra vez que vas a decir la verdad y nada más que la verdad, ya que siembra dudas

¿Cómo pillarles y conseguir que no les quede otra opción que decir la verdad? Tan solo una cosa muy sencilla: preguntándoles por los pormenores. ¿Qué estaban viendo en la televisión en el momento en cuestión? ¿Qué se prepararon para cenar cuando ocurrió aquello que te ocultan? Esta fórmula tiene más peso y éxito cuando cuentas con testigos y te ofrecen distintas respuestas.

El tono, el volumen o la velocidad

Si en el discurso de repente pone demasiado énfasis en sus palabras o está hablando a un volumen pausado y de repente acelera, deberías sospechar. Si incrementa el ritmo o lo ralentiza, es porque no quiere que sus palabras se escuchen demasiado o al contrario: quiere aclarar las cosas (que son evidentemente mentira). «Otro de los indicadores es mostrar demasiada emoción o coraje a la hora de afirmar», incide Clemente. «Cuando algo es verdad no hace falta exaltarse tanto».

El ejemplo más rotundo de esta forma de mentira es cuando el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, tuvo que salir a dar explicaciones públicas por su infidelidad con Mónica Lewinsky. Sus palabras textuales fueron: «Quiero decir algo a los ciudadanos norteamericanos, quiero que me escuchéis, lo diré otra vez: no he tenido relaciones sexuales con esa mujer». Aquí podemos ver el momento:

Al margen de la pausa y claridad con la que expresa las palabras, hay dos detalles clave que le delatan: en primer lugar, repetir tres veces que está dispuesto a contar la verdad. Afianzar tanto una posible verdad por la sospecha de que es mentira consigue el efecto opuesto. Si estás tan seguro de una cosa, no deberías tener que repetir más de una vez que vas a decir toda la verdad y nada más que la verdad, ya que siembra dudas o desconfianza en tus interlocutores.

El segundo punto que delata la mentira de Clinton es el modo de referirse a Lewinsky como «esa mujer», lo que confiere la intención manifiesta del expresidente de tomar distancia respecto a ella, como si no la conociera o estuviera claramente enemistado. Al fin y al cabo, se nota más que estás mintiendo cuanto más pretendas ocultar algo. De algún modo, el caso de Clinton es bastante paradigmático, ya que hemos visto miles de veces a los políticos dar ruedas de prensa sobre asuntos comprometidos en las que usaron una forma de discurso similar a la que emplea el expresidente.

Las muletillas

Aunque las usan muchísimas personas a diario, construcciones lingüísticas como «en plan…», «casi…», «del tipo…» (sobre todo si las siguen puntos suspensivos) denotan que la información que estás transmitiendo es vaga, inconsistente o que directamente te la estás inventando. En las escenas de pareja hay una muy típica que desmantela cualquier mentira bien contada. Se trata de los «buenos». Si le pides que te cuente la verdad sobre un asunto y lo que te contesta es un «bueno…», eso quiere decir que te está engañando, ocultando información o directamente no sabe de lo que hablas y querrá decir algo que a ti te guste escuchar.

En cambio, si comienza la oración con un «bien…» eso denota que tu interlocutor está pensando contarte algo que no esperas (y que tampoco confía que te vayas a tomar con filosofía). En este caso, esta fórmula es muy convincente, por lo que si quieres mentir a alguien será una forma muy eficaz de hacer que cuele. Si combinas esta fórmula con una mirada penetrante a los ojos no solo te creerá de los pies a la cabeza en todo lo que digas, sino que también se sentirá intimidado.

  1. ZAMORANO