Resultado de imagen de APRENDE A CONTROLAR LO QUE SUEÑAS: LAS TÉCNICAS DEL SOÑADOR LÚCIDO

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha pretendido interferir en el subconsciente. Ahora, hay una serie de trucos que pueden ayudarle a conseguirlo

«Estaba en un campo verde, solo, en medio de la nada, y de repente comencé a ver cómo el paisaje se descomponía, se abrían grietas a mis pies y se alzaban hacia el cielo, subía muy rápido y llegaba hasta las nubes. De repente, fui consciente de que estaba soñando, y como por arte de magia, empecé a sentir una energía que fluía por todo mi cuerpo, separándome del suelo. A mi lado, había seres que volaban y yo quise ir con ellos. Así pues, comencé a flotar por el aire, y aprovechando el impulso que sentía, controlaba la situación. Duró poco, y en cuestión de segundos me desperté sudando en la cama sorprendido después del viaje que acababa de hacer».

Testimonios como este, que parecen emerger de un cuadro de Salvador Dalí,se repiten a lo largo y ancho del globo. Se trata de un sueño lúcido, o lo que es lo mismo, ser consciente de que estás soñando y gracias a ello poder controlar el flujo de imágenes a tu antojo. Este curioso efecto mental ha estado presente en toda la historia, y bien podría ser el responsable de algunos de los delirios más hermosos y alucinantes de la humanidad o una fuente inagotable de relatos divinos que conectan con lo sagrado y que luego fueron reabsorbidos por la religión.

Si antes de dormir repites la frase «la próxima vez que esté soñando, recordaré que estoy soñando», es más probable que lo consigas

Se dice que uno de los primeros en experimentarlos fue San Agustín de Hipona, como relata en su obra ‘De natura et gracia’ publicada en el año 415, en la que relata cómo un ángel lo despertó en sueños para mostrarle que la percepción no dependía del cuerpo sino del espíritu o la conciencia. El primer libro que da fe de una forma científica este tipo de ensoñaciones es ‘Les rêves et les moyens de les diriger‘ («Los sueños y la forma de dirigirlos»), del sinólogo francés Léon d’Harvey de Saint-Denys, quien después de más de 20 años de investigación divide en tres categorías estos estados oníricos: los sueños vivos por sí mismos (no controlados) y los programados (los que sí se pueden alterar al libre albedrío). Más tarde, sería Sigmund Freud quien recogiera estas ideas de Saint-Denys para su famosa obra ‘La interpretación de los sueños’.

«La memoria anticipada»

¿Es posible llegar a tener uno de ellos? En los últimos años se han realizado múltiples estudios que abordan esta pregunta y redactan técnicas para poder disfrutarlos cuando quieras y de forma completamente inducida. Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Adelaida en Australia que reunió a 169 voluntarios para pasar tres pruebas diferentes con un diario en el que anotar todo lo que recordasen de sus sueños durante una semana. Así, el informe resultante, publicado en ‘la revista académica ‘Dreaming’, estableció tres técnicas para poder controlar las imágenes que soñamos.

Hay una rama científica que cree que la meditación es una especie de sueño lúcido guiado o inducido mucho más difícil de controlar

La primera sería acostumbrar al cerebro a identificar qué es un sueño y qué no lo es gracias a trucos personales que nos puedan sacar de dudas para, una vez estemos en los brazos de Morfeo, darnos cuenta inmediatamente de que es un sueño e intervenir en él. La segunda fórmula que patentaron es la de despertarse a las cinco horas después de haber conciliado el sueño y volverse a dormir rápidamente, ya que es en este estado cuando este tipo de ensoñaciones pueden producirse con mayor facilidad.

Por último, el tercer truco sería el que se conoce como MILD («Mnemonic Induction of Lucid Dreams», por sus siglas en inglés) que consiste en repetir la frase que sigue a continuación justo antes de caer rendidos: «La próxima vez que esté soñando, recordaré que estoy soñando». Parece una tontería, pero según el estudio, el 46% de las personas que utilizaron esta técnica consiguió reconocer haber tenido un sueño lúcido. Todo se debe a lo que la ciencia denomina como «memoria anticipada», una curiosa habilidad humana por la que el cerebro recuerda hacer cosas en el futuro.

La técnica de Mary Arnold-Foster

Otra de las estudiosas clásicas de este tipo de ensoñaciones es la británica Mary Arnold-Foster, una de las primeras en hablar de la capacidad de dominar nuestro subconsciente mientras dormirmos. Su obra, ‘Studies In Dreams‘, analiza pormenorizadamente los sueños lúcidos con el objetivo de desarrollaruna técnica beneficiosa que ayude al ser humano a controlar sus peores temores, reflejados en las pesadillas.

Si realizas yoga o meditación de forma frecuente, puedes estar más cerca de tener sueños lúcidos

De esta forma, la investigadora establece cuatro señales, recopiladas por la ‘BBC’, para darte cuenta de que estás soñando y así poder interferir en las imágenes que se presentan: la excitación (no eres un mero observador, sino que lo que estás soñando te afecta fisiológicamente en cierta manera), la agudización de los sentidos (los colores se ven más brillantes y los sonidos se oyen más rotundamente), atención excesiva (las cosas que aparecen están perfectamente enfocadas) y una mayor percepción (la conciencia periférica se expande, por lo que el sueño se vive de una forma mucho más consciente).

Otra de las tácticas para dirigir tus sueños en la que muchos otros expertos coinciden es la de realizar de forma frecuente ejercicios de meditación o yoga.Hay una rama científica que cree que la meditación es una especie de sueño lúcido guiado o inducido que, a diferencia del que surge cuando dormimos, resulta mucho más difícil de controlar. Por tanto, si quieres aprender a disfrutar nada más te vayas a dormir, lo mejor será que te acostumbres a este tipo de entrenamientos mentales.

ZAMORANO

 

Resultado de imagen de SIETE CONSEJOS PARA HABLAR EN PÚBLICO Y NO PERDER LOS NERVIOS

Un hombre de unos 30 años, vestido con chaqueta y corbata, está sentado en mitad de una habitación abandonada con apenas iluminación. Le cuesta respirar y el pánico se refleja en su cara pálida y desmejorada. De repente, la puerta se abre y entran dos personas, que parecen personal sanitario por el pijama verde que llevan como uniforme. El ejecutivo intenta zafarse de ellos. Desesperado, grita en repetidas ocasiones: “No, no, no”, mientras sus captores le sacan de la habitación y le arrastran por un largo pasillo. Le empujan dentro de una sala de reuniones donde hombres y mujeres vestidos de traje le esperan ante una presentación de Powerpoint. Él mira a los lados, todavía atemorizado, y se ajusta la corbata para comenzar su presentación.

Se trata de un vídeo de ficción, pero nada más lejos de la realidad. El 75% de las personas sufren ansiedad a la hora de hablar en público, un miedo que se conoce como globosofobia, según el informe de Adecco 2017. Sin embargo, los expertos aseguran que el 90% del éxito de un buen discurso tiene que ver con el método y solo el 10% es innato. Buenas noticias para los que tienen pánico escénico: dominar las presentaciones es algo que se aprende.

Las ‘soft skills’ tienen una importancia capital en tu día a día. Se trata de habilidades que no aparecen en tu currículum, pero son cruciales para alcanzar el éxito en tu vida profesional. Por eso, Comunica+A en colaboración con El Confidencial, te ofrece una serie de vídeos para desarrollar de manera práctica y dinámica esas habilidades. ¿El objetivo? Potenciar tu éxito laboral.

  1. MAL, MEJOR QUE NADA

Las personas perdonan más nuestros errores de lo que pensamos, así que siempre es mejor enfrentarse a una presentación y olvidar los bloqueos, que no hacerlo nunca.

  1. HAY QUE CONTAR HISTORIAS

Evitar leer constantemente la pantalla o el papel. Es importante jugar con la retórica y sus pausas. Ser un orador, un ‘storyteller’, animará al público a estar atento al discurso.

  1. NO IMPORTA LO QUE DIGAS…

…sino cómo lo digas. El mismo mensaje puede tener un impacto totalmente diferente según el modo de comunicarlo. Ten claro cuál es el tuyo y transmítele pasión y energía.

  1. EN PIE: MANOS, PIES, MIRADA, VOZ

Estar de pie nos tranquiliza y hace que la gente nos perciba cercanos. Además, apoyarse en el lenguaje corporal siempre es importante. Es bueno interactuar con el público a través de la mirada.

  1. SORPRENDE UNA VEZ POR MINUTO

Usar un lenguaje cercano e incluir anécdotas para captar la atención y generar empatía es un buen método para que los oyentes recuerden el ‘speech’ una vez terminada la sesión.

  1. APROVECHA LO INESPERADO

En otras palabras, no tener miedo a cambiar el guión. El público no es un ente estático y reaccionará al discurso. Hay que estar atento y abierto al ‘feedback’ recibido.

  1. EL ALEGATO FINAL

La forma de concluir la presentación marcará la percepción del público. Se puede terminar con una referencia personalizada de un personaje emblemático.

EC BRANDS

 

Resultado de imagen de EL REMORDIMIENTO: POR QUÉ NO NOS PERDONAMOS COSAS QUE HICIMOS HACE TIEMPO

Qué más da. Puedes pasar página de una vez. Si te has quedado atascado en el pasado te contamos cómo seguir adelante

Todo el mundo ha hecho cosas de las que no está orgulloso. Tal vez gastaste la mitad del presupuesto de comida del mes en un modelito para salir de fiesta, no llegaste al cumpleaños de tu mejor amigo, has dejado a tu madre en una residencia de ancianos o, cuando el maullido del gato te molestó, lo dejaste fuera y allí lo atropelló rápidamente un coche.

Perdonarse a uno mismo no es fácil, al igual que creer que amigos y familiares nunca te disculparán si supieran lo que hiciste. ¿Cómo te sientes? ¿Notas esa carga tan pesada que a veces no te deja ni dormir? La culpabilidad te emborracha cada día y te ahoga hasta el fondo de la vergüenza.

 

Seguro que un psicólogo puede ayudarte. Lo primero que debes hacer es ponerte en manos de un especialista para que te ayude a olvidar esa culpa que te está reconcomiendo por dentro. «Perdonarse a uno mismo es muy subjetivo. No es dos más dos son cuatro», asegura el psicólogo Orestes Ots a El Confidencial.

Poco a poco

Equivocarse es humano. Cometer errores es parte fundamental del apredizaje emocional, así que tranaquilo. No existe una persona que jamás haya errrado. Aunque no lo creas, es mucho más fácil hacerlo con los demás; a la hora de perdonarnos a nosotros mismos, estamos solos. Es un proceso interno en el que no hay que dar explicaciones ni justificarse ante nadie. «Nadie te acompaña en este camino, por ello hay que tener muy claro que queremos perdonarnos y dejar a un lado nuestros miedos. Debemos tener en cuenta si sabemos realmente en qué nos hemos equivocado. ¿Cuál ha sido la equivocación?», explica.

«Por otro lado, hay que preguntarse cuáles fueron las circunstancias que nos rodeaban en ese momento. Por supuesto, no vamos a echar balones a los tejados vecinos, pero esto servirá precisamente para lo contrario: para asumir nuestra parte de responsabilidad. No es raro pensar que la siguiente pregunta que debemos atender es el porqué. Cuáles fueron los motivos y cómo nos sentíamos cuando actuamos de una determinada manera. Escucharnos a nosotros mismos nos permite conocer nuestros sentimientos y vivirlos de una forma más consciente. Todas estas preguntas nos llevarán a alcanzar el primer paso: comprender y admitir el error«, añade.

El camino de la vida comienza por saber quién somos y continúa por saber que equivocarse no es más que aprender a vivir y a querernos

No estás solo. A todo el mundo le pasa. Ese sentimiento negativo que utilizas para maltratarte es algo muy común, aunque en cada persona tiene un nivel diferente. Usamos la culpa para castigarnos como consecuencia de algunas malas acciones y entramos en una espiral de maltrato. Es una forma de penitencia, pero hay que dejarlo atrás y responsabilizarse o intentar reparar el daño y no arrastrar esa sensación de miseria toda la vida.

No lo hagas solo por ti, sino por quien está a tu lado porque de no ser así recibirá una paliza emocional cada vez que intente apoyarte. Es inevitable porque serás demasiado crítico, más retraído y menos abierto de lo que deberías. Amigos, pareja, familiares… todos lo sufrirán también. Y esto no es solo mental, tu cuerpo crea muchos compuestos químicos que van a tus órganos vitales y que aumentan la frecuencia cardíaca, la presión arterial, interrumpen la digestión, tensan los músculos, descargan el colesterol en el torrente sanguíneo y reducen la capacidad de pensar con claridad.

No es de extrañar que los estudios sobre el perdón hayan llevado a los científicos a sospechar que aquellos que tienen dificultades para perdonartienen más probabilidades de experimentar ataques cardíacos, hipertensión, depresión y otras afecciones. «No significa que tengas que olvidar. Sufrir y arrepentirse es normal, pero eso tiene un fin y una etapa para avanzar y seguir adelante«, explica Ots.

¿Qué puedes hacer?

Lo primero que debes hacer es categorizar por qué te sientes mal. Los motivos suelen ser casi siempre los mismos: fracaso ante una tarea importante, has hecho algo malo a alguien, eres autodestructivo o no hiciste algo muy importante que debías. Una vez lo has localizado es posible alejarte y empezar a curarte. Después debes saber cómo te hace sentir contárselo a alguien para tener apoyo, atención y consejo. Compratir te hará darte cuenta de que todos cometemos errores y confesarlo evitará que caigas en lo negativo.

No es necesario que te reconcilies con la otra persona (en el caso de que la haya), solo tienes que liberarte de la culpa, deshacerte de la vergüenza y estar tranquilo. Además, hay una serie de reglas que adoptamos cuando somos pequeños que no son realistas. Las aceptamos y creemos que son las correctas, pero solo nos hacen más daño. Intenta ser objetivo.

Identifica el dolor y valora lo que te hace mal. Es tu reacción a eso lo que causa el problema y ese hábito debe desaperecer. Repetirte una y otra vez lo mismo no tiene sentido, así que cuando ese pensamiento se vuelva a presentar, piensa en algo positivo. A veces lo más sencillo es afrontar y pedir disculpas. Cuesta mucho, pero quizá darle un toque de humor ayude a hacerlo.

Equivocarse es humano. Cometer errores es parte fundamental en el aprendizaje emocional, pero recuerda que es un camino en el que estás solo

«Como bien sabemos nuestros actos tienen consecuencias. Ha llegado el momento de afrontarlas, aquí está la clave. No hay que percibirlas como un castigo. Los sentimientos de tristeza, culpabilidad e incluso rabia e impotencia son indicadores. Hemos tomado una decisión y nos ha llevado a este punto. Es el momento de analizar si ese punto nos hace sentir bien. No hay duda de que esto nos ayudará a aprender y conocernos, saber lo que queremos y lo que no. Equivocarse es lícito y debemos asumir la responsabilidad», continúa.

Como es lógico, el pasado no se puede cambiar, pero tienes todo un presente para actuar de manera diferente. Ahora que sabemos lo que queremos y lo que nos lleva a comportarnos así, estamos preparados para intentarlo de nuevo. La vida nos presenta constantemente oportunidades. Aprovéchalas. El camino de la vida comienza por saber quién somos y continúa por saber que equivocarse no es más que aprender a vivir y a querernos, buscando siempre nuestra mejor versión«, concluye Ots.

  1. LÓPEZ

 

Resultado de imagen de LA CLAVE DE LA RELACIÓN ENTRE INTESTINO Y CEREBRO EN LAS ENFERMEDADES

¿Por qué enfermamos? Esta es la pregunta a la que trata de dar respuesta la PNI, una rama de la medicina que estudia la relación entre los distintos sistemas de nuestro organismo

Ya desde el primer día, en Alimente defendimos aquello del ‘somos lo que comemos’. De alguna manera, estábamos aceptando que el modo en que nos alimentamos tiene consecuencias en nosotros más allá de nutrirnos, de saciarnos y de hacernos engordar o adelgazar.

‘Somos lo que comemos’ implica una relación entre dieta, emociones, creencias y estado de salud. Con esta frase, el filósofo alemán Ludwig Feuerbach se anticipaba intuitivamente a una forma de entender nuestra salud como un todo en el que se interrelacionan distintos sistemas de nuestro organismo. Siglo y medio después -y ya con la ciencia sustituyendo a la intuición-, ha surgido la psiconeuroinmunología (PNI), una rama de la medicina que mira al enfermo de forma global y va a las raíces buscando saber por qué enfermamos. Y aunque todavía es mucho más lo que se ignora que lo que se conoce, ya se ha visto que la alimentación y el sistema digestivo -y más concretamente el intestino– están detrás de muchos síntomas y en el origen de enfermedades autoinmunes.

La PNI va a las raíces: mira al enfermo de forma global y busca saber el origen de su enfermedad

El nombrecito -psiconeuroinmunología, aunque algunos lo alargan aún más: psiconeuroendocrinoinmulogía- se las trae. Pero es muy descriptivo. Fue el término que empleó en 1980 el psicólogo Robert Ader para describir las interacciones que se establecen entre los sistemas nervioso, endocrino e inmune y nuestros hábitos de vida. “La PNI busca entender los mecanismos de acción de ciertas patologías, a nivel fisiológico y de biología molecular, para entender por qué el ser humano enferma -explica Xavi Cañellas, máster en PNI y cofundador de Regenera, escuela con 15 años de formación en esta disciplina-. Sabemos que hay un cúmulo de factores implicados en el desarrollo de una enfermedad; se trata de profundizar, de ver tanto cuál es tu predisposición como qué has ido haciendo para generar un determinado escenario”.

Un ejemplo: pongamos que sufrimos de colon irritable. En principio, sabemos que no es una enfermedad, sino un síndrome, un conjunto de síntomas digestivos al que se ha dado en llamar así, ‘colon irritable’. También nos han dicho que es incurable. Un enfoque PNI explicaría al paciente sus causas: por ejemplo, que tiene una proliferación de bacterias en el intestino delgado, que esa proliferación le produce sintomatología como gases, hinchazón, diarrea… y que todo ello está influido por el ritmo de vida, por los hábitos, por el estrés. “Si el paciente entiende eso, a partir de ahí se pueden abordar una serie de actuaciones: modificar la dieta, reparar el desequilibrio intestinal, encarar el estrés…”.

 

Detrás de una enfermedad hay un estilo de vida. Identificar esos factores individuales que han llevado a una persona a desarrollar determinados síntomas es la clave. Y eso requiere tiempo. “Si me dan a elegir entre 15 minutos para estar con un paciente y hacerle un montón de pruebas o estar con él dos horas sin hacer pruebas, escojo la segunda opción”. Quien habla así es Sari Arponen, especialista en Medicina Interna del Hospital de Torrejón y máster en PNI por Natura Foundation, escuela dirigida por el doctor Leo Pruimboom, fundador de la Psiconeuroinmunología Clínica (PNIc). “Constantemente veo a personas que están fatal, a las que se les hace un montón de pruebas que no dan ningún resultado. En cambio, si exploras en profundidad no solo los síntomas físicos, sino también los aspectos biopsicosociales, consigues mucha información. A partir de ahí, puedes ayudarles con medidas de estilo de vida”.

Alimentación y estrés

Entre esas medidas, la alimentación es esencial. Enganchando con la medicina evolucionista, la idea es que cuando comemos ‘porquerías’ que el sistema inmune no reconoce, se produce una respuesta de inflamación mayor que si comemos alimentos que han ido parejos a nuestra evolución. “Comer un ultraprocesado produce el mismo escenario inmunológico que si tuviéramos una infección -asegura Cañellas-. Necesitamos no inflamar el tubo digestivo, alimentarnos a nosotros y alimentar a nuestra microbiota”.

La mejor dieta sería, por tanto, la que no dé mucha guerra a nuestras bacterias intestinales. Porque, continúa Cañellas, “el aparato digestivo no es un mero tubo hueco que va desde la boca al ano -explica Cañellas-. Es un órgano neurológico, endocrino e inmunológico: neurológico porque tiene más número de neuronas que la médula espinal; endocrina porque produce hormonas que tienen que ver con el resto de sistemas corporales, e inmunológico porque el 80% de las células inmunocompetentes reside en el aparato digestivo. Hablar de digestión es hablar de sistema inmune”.

“Comer un ultraprocesado produce el mismo escenario inmunológico que si tuviéramos una infección»

“La intervención en microbiota es muy potente -corrobora Sari Arponen-. Se están estudiando en profundidad todos los ejes que comienzan en el intestino: piel, hígado, riñones… La mayoría de personas tienen permeabilidad de barrera, sobre todo a nivel intestinal. Hay que sanar la barrera intestinal y después intervenir en la microbiota”.

Esa intervención viene a menudo de la mano de suplementos y de probióticos. “Pero hay que recordar -continúa Arponen- que los suplementos por sí mismos no son suficientes si uno no modifica su estilo de vida. Hay que hacer cambios profundos. Tengo a pacientes que me preguntan cuándo podrán volver a comer ‘normal’. Y tienen que entender que ese ‘normal’ -que es la forma en que se come hoy en la sociedad- es lo que les enferma”.

 

El manejo de las hormonas del estrés es también fundamental, ya que “es un factor que puede modular y cambiar el sistema bacteriano -explica Cañellas- Un estrés mal llevado, no gestionado, puede implicar una mayor predisposición a padecer un desorden inmunitario, o que impida que un proceso inflamatorio se cronifique”.

Evidencia científica

Este enfoque global de la PNI puede darse de bruces con la medicina convencional. Pero, atentos, no estamos hablando de pseudociencia, aclara con rotundidad Sari Arponen: “Yo soy médico internista, trabajo en un hospital público y la PNI me ayuda a ser mejor médico. En los últimos años está habiendo un interés creciente por esta disciplina, y el riesgo es que surjan pseudoterapeutas que lo mismo hace PNI que homeopatía o flores de Bach. Ahora estamos luchando contra las pseudoterapias y, aunque es positivo, tiene una parte negativa: la de que todo lo que se salga de la medicina con fármacos entra en el mismo saco. Y no es así: la PNI está bien documentada, con evidencia científica”.

Otro punto de posible controversia es el hecho de que no se requiere ser médicopara estudiar PNI; basta con ser un profesional de la salud (y en algunas escuelas ni siquiera se cumple ese requisito). Curiosamente, cuando uno se asoma a este mundo comprueba que, en este momento, la mayoría de los terapeutas en PNI proceden del mundo de la fisioterapia. “Yo comencé como fisioterapeuta -explica Xavi Cañellas- y después he seguido formándome y ampliando conocimientos. Por ejemplo, soy máster en Biología Molecular y Biomedicina en la Udg, y colaboro como investigador en el grupo de Microbiota y Eumetabolismo del Instituto de Investigación Biomédica de Girona en el Hospital Josep Trueta de Girona”. También codirige formación en PNI y asegura que “cada vez nos llegan más médicos queriendo formarse en esta disciplina”.

Sari Arponen, por su parte, asegura que “a mí no me parece mal que haya profesionales sanitarios no médicos (fisios, psicólogos, nutricionistas, odontólogos…) que estudian y aprovechan la PNI para ayudar a los pacientes en su ámbito profesional. Pienso que a cada uno le puede aportar algo especial desde su perspectiva”.

 

MARÍA CORISCO

 

 

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Varios expertos establecen una serie de pautas que todos podemos seguir si queremos lograr éxito profesional

¿Quién mejor para aconsejarte de algo que tu superior al mando? Ese que dirige tu rumbo y guía tu nave. Si quieres alcanzar muchos éxitos profesionales quizá -según los expertos- debas cambiar el enfoque de tu trabajo, y no nos referimos a comer más sano, dormir más horas o ir al gimnasio ya que lo has pagado. Los SEO de Seek hablan de lo que tienes que hacer para cosechar éxitos (y no vientos ni tempestades).

Desde la importancia de establecer metas si buscas un ascenso a señalar cuándo tienes que elegir tus vacaciones. El inicio de un nuevo año de trabajo es el momento ideal para implementar nuevos comportamientos. Lo fundamental es hacer lo que has estado posponiendo, ya sabes el viejo refrán de «no dejes para mañana», y es que no hay nada como plantear un desafío y lograrlo. 2019 puede ser el año para hacerlo.

Establece objetivos (profesionales)

Llegas del trabajo y te golpea la triste realidad: tienes que seguir adelante en tu carrera pero no sabes exactamente cómo. Bueno, al menos ya sabes que algo hay que cambiar.

Ya sea para buscar un ascenso o porque quieras planificar tus vacaciones, ponerlo por escrito debería ser siempre una máxima

Estos jefes de Seek revelan en ‘Daily Mail‘ que todo el mundo tiene un plan vago sobre cómo les gustaría que progresara su carrera, pero la clave del éxito es establecer metas concretas. Lo que ellos recomiendan es que escribas a dónde te gustaría llegar y -más importante- cuándo.

Planifica tus vacaciones

Tan importante como establecer metas de trabajo viables es tener vacaciones planificadas y tiempo libre. Todos sabemos la importancia de un equilibrio entre la vida laboral y la vida saludable, y ¿qué mejor motivación existe que unas vacaciones soleadas o un tiempo con tus seres queridos? No por pasarte el día a punto de la extenuación, como los japoneses ‘karoshi’, significa que vayas a ser más productivo. Se trata de trabajar de manera más inteligente, y eso significa tomar descansos regulares para recargarse.

Y, por tanto, come y reduce tiempos

Tus compañeros van a comer y a tomarse un café, pero tú no tienes tiempo. En tu contrato laboral dice que a las seis tienes que apagar el monitor y marcharte a casa pero hace mucho tiempo que has olvidado cómo era la luz del sol y salir a tu hora. Basta. Las pausas no son solo para las grandes fiestas, son para todos los días. Y hay una razón por la que la ley los proporciona: el tiempo regular lejos de tu mesa es crucial para tu salud mental y física. Ve a comer con tus compañeros, anda.

 

Si es posible, intenta cumplir con un máximo de 38 horas de trabajo por semana. Trabajar horas extras todo el tiempo puede acarrearte problemas de salud a la larga, e igual ya ni siquiera recuerdas la cara de tus familiares y amigos.Todo el mundo necesita tiempo, asegúrate de tener el tuyo.

Aprende y sé consciente de tus logros

A veces puedes lograr grandes cosas pero estar demasiado ocupado para celebrarlas, o las celebras en el momento y luego los olvidas rápidamente a medida que se acumulan las responsabilidadesPor eso es importante tomarse un momento no solo para celebrar, sino también para realizar un seguimiento de los logros durante todo el año. Una buena idea es agregarlos a tu currículum vitae.

Intenta cumplir con un máximo de 38 horas a la semana pero no te excedas y respeta los momentos de descanso y las comidas

Aprender cosas nuevas también debe ser una máxima. Vivimos en un mundo en el que hay que reciclarse continuamente, por lo tanto, haz un esfuerzo por mantenerte actualizado sobre el software o asistir a charlas en su biblioteca local o incluso inscribirte en una clase de algo que siempre quisiste aprender, ya sea programación, chino o encaje de bolillos. Mientras estés aprendiendo, estás creciendo. Las clases también pueden ser una gran oportunidad para establecer contactos y expandir tu círculo social, señalan los SEO de Seek.

Y… ayuda a los demás

Sacar tiempo regularmente de tu horario para ayudar a otros puede ser extremadamente gratificante, señalan. Puede ser algo tan simple como servir comida en un comedor social o utilizar una habilidad específica, como ayudar a una organización benéfica con sus esfuerzos de recaudación de fondos. Muchos lugares de trabajo también ofrecen tiempo libre pagado para el voluntariado, así que consulta a tu departamento de recursos humanos.

  1. NUÑO

 

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Entre febrero y marzo de 1919 una huelga paralizó Barcelona y provocó la instauración estatal de las ocho horas de jornada laboral, medida pionera en todo el orbe terráqueo

No desprecien la importancia del callejero. Nadie recordará la anécdota, pero en la primavera de 2012 Barcelona se levantó con la noticia de un cambio sutil. El alcalde Trías lo había perpetrado con premeditación, nocturnidad y alevosía, saltándose la ley con demasiada alegría. De la noche a la mañana, el conocido ‘pasaje de la Canadiense’ homenajeaba a Frederick Stark Pearson, fundador el 12 de septiembre de 1911 del holding Barcelona Traction, Light and Power. Starrk Pearson se dedicaba a la producción y distribución de electricidad y a la explotación de tranvías y ferrocarriles eléctricos. Formaban parte del grupo las empresas Riegos y Fuerzas del Ebro, Barcelonesa de Electricidad, Energía Eléctrica de Cataluña, Tranvías de Barcelona y Ferrocarriles de Cataluña. Llegó a controlar el 90% de la distribución comercial de electricidad en el Principado.

La alteración nominal resucitó un lejano recuerdo. Entre febrero y marzo de 1919 la empresa fue la gran protagonista de una huelga de cuarenta y cuatro jornadas que paralizó Barcelona y demostró la inmensa capacidad obrera, que mediante la acción de la CNT logró una gran victoria, hasta el punto de provocar la instauración estatal de las ocho horas de jornada laboral, medida pionera en todo el orbe terráqueo.

Al cabo de pocos días el pasaje recuperó su antigua denominación. Quizá el alcalde de Convergència i Unió tenía miedo, recordemos que el Procés aún no había dado su pistoletazo de salida, de ver cumplida la frase de Mark TwainLa historia no se repite, pero rima.

La rosa de Fuego

En su ensayo ‘Que sean fuego las estrellas’ (Crítica), Paco Ignacio Taibo II justifica su enfoque a partir de la especificidad barcelonesa. El escritor asturiano casi pide disculpas por su osadía, pero lo cierto es que atina en su diagnóstico. La capital catalana ha sido siempre un cuerpo propio, independiente a las dinámicas del país. La Primera Guerra Mundial había agitado el paisaje urbano hasta unas coordenadas previsibles en las que el empresariado aprovechó la neutralidad española para lucrarse mientras el proletariado apenas tocaba con la punta de los dedos todas esas disparatadas ganancias económicas.

La máquina industrial sirvió textiles, química, armamento y materias primas a las potencias enfrentadas. Mientras tanto la calle parecía distraerse con el cambio de rumbo de la ciudad, enfrascada en debates periodísticos sobre los bandos en contienda y noches bien regadas por la legal cocaína, el sorprendente jazz y una animación sin precedentes en todos los barrios, sobre todo en el Distrito V, que al cabo de poco tiempo recibiría su sobrenombre de Barrio Chino por el canallismo imperanteentre drogas, homosexualidad, timbas de juego, sexo fácil y locales que nunca cerraban.

Sirva el párrafo anterior para contextualizar el instante en esa ciudad de setecientas mil almas. La gallina de los huevos de oro dejó de ponerlos con la entrada bélica de Estados Unidos y la situación social fue agriándose, produciéndose las primeras refriegas y atentados entre trabajadores y patrones. La marea subió a lo largo del olvidado verano de 1917, cuando el Parque de la Ciudadela fue protagonista de la asamblea de parlamentarios, protesta de sus señorías ante el cierre de las Cortes y su manifiesta inactividad.

La gallina de los huevos de oro dejó de ponerlos con la entrada bélica de los Estados Unidos de América y la situación social fue agriándose

En agosto llegó el turno de la clase obrera con una huelga general que paralizó la actividad durante casi una semana. Si tuvo tanto impacto fue por la extraña unión, rara era la vez en que conseguían ponerse de acuerdo, entre la UGT y la CNT, los dos sindicatos mayoritarios. Esta última había revolucionado por completo el modus operandi anarquista. Su nacimiento en 1910 supuso abandonar la acción directa y abogar por una vía organizada. El camino estuvo sembrado de minas en forma de múltiples ilegalizaciones, etapas en la clandestinidad y una inmensa dificultad para coordinar todo el caudal asociativo del mundo laboral.

La revolución inspira

1918 se abrió con una espectacular movilización femenina como consecuencia de la inflación en productos básicos como el carbón. Las mujeres marcaron una senda a seguir que sus compañeros masculinos apreciaron por su valentía, pero la clave llegó a finales de junio, con el Congreso de Sants de la Confederació Regional del Treball a Catalunya. Por aquel entonces el impacto en el imaginario de la Revolución Rusa ya era considerable. Acudieron ciento sesenta y cuatro delegados que representaban a más de setenta y tres mil asociados de ciento cincuenta y tres sociedades obreras y sindicatos esparcidos a lo largo y ancho de la geografía catalana.

Salvador Seguí, mucho más que un pintor de brocha gorda, comprendió que esa dispersión dificultaba moverse con eficacia. Propuso la supresión de las federaciones basadas en oficios y la creación de Sindicatos Únicos de industria para agrupar a todos los trabajadores de un único ramo productivo. La medida suscitó un entusiasmo contagioso y, en apenas cuatro meses, durante la celebración en Barcelona de una asamblea regional, pudieron apreciarse sus frutos. El número de adscritos se había incrementado hasta las trescientas cuarenta y cinco mil personas. Por primera vez el anarcosindicalismo se sabía dotado de un arma imparable para la consecución de sus objetivos.

Casi al mismo tiempo, porque cuando hablamos de Barcelona siempre debemos recordar sus dos caras, la Lliga Regionalista aprovechó la coyuntura internacional, o la tergiversación del punto wilsoniano sobre la autodeterminación de los pueblos, para lanzar la campaña para el Estatuto de Autonomía en un fuego breve pero intenso que llegó hasta Madrid, donde se instauró una comisión parlamentaria para abordar el asunto. La propuesta, que guarda ciertas similitudes con los mecanismos que nos han llevado a la situación actual, era una plataforma perfecta para disimular la conflictividad laboral y la crisis que se cernía en el horizonte. Febrero de 1919 supuso un antes y un después. Algunos, con mala sangre, dicen que Cambó prefirió la cartera a la bandera. Es posible. El clima se había enrarecido. Las trifulcas entre catalanistas y miembros de la Unión Monárquica Nacional coparon los titulares de todos los periódicos y no pasaba un día sin incidentes remarcables. Eran fuegos de artificio. Los protagonistas estaban agazapados, a la espera de la mecha que provocara el incendio.

Una ciudad a oscuras

Todo barcelonés reconoce las tres chimeneas del Paralelo. De pequeños las confundimos con las de San Adrià del Besós. Ambas fueron el skyline de los desfavorecidos desde distintas latitudes. Las de la avenida que llegó a considerarse el Montmartre del sur simbolizaban el potencial de la Canadiense, que daba empleo a más de mil doscientos obreros.

En enero de 1919 la situación en la Ciudad Condal estaba algo más que agitada. Se rumoreaba la presencia de Lenin e incluso una agencia de noticias norteamericana aseguraba su presencia. Todo era un bulo producto del pavor a un estallido pese a la represión padecida por la CNT durante todo el invierno. La fábrica de electricidad desencadenó la tormenta. En enero varios oficinistas fueron pasados de eventuales a fijos, reduciéndose su salario mientras en las tertulias de los bares se comentaba que Fraser Lawton, el gerente de la empresa, ganaba treinta mil pesetas oro al mes.

Los oficinistas se levantaron bajo el lema “a trabajo igual salario igual”. El 2 de febrero los ocho trabajadores que encabezaban la protesta, miembros del Sindicato Único, fueron despedidos. Cinco de ellos pertenecían a la sección de facturación. Sus compañeros se declararon en huelga solidaria tres días después. Salieron a calle, hablaron con el gobernador, quien les prometió interceder, y al volver a su puesto se encontraron la policía impidiéndoles acceder a las instalaciones. Estaban despedidos, sin explicaciones.

La CNT movió ficha con varias jugadas magistrales para escalonar la huelga.Su comité se sabía perseguido y hasta llegó a reunirse en un camión de mudanzas del Sindicato de Transportes que recorría la ciudad para recoger a los delegados. El 21 de febrero la huelga fue secundada por todas las empresas del grupo y saltó la alarma. El 27 se unieron los trabajadores de la Sociedad General de Aguas, del Gas Lebon, única empresa extranjera del ramo sita en plaza Universidad, y los de la Catalana de Gas y Electricidad. La ciudad quedó parcialmente a oscuras durante más de una semana, con toda la producción en el dique seco y una progresiva escasez de agua.

La solución pasaba por militarizar las fábricas para restablecer el suministro. Cuando se dio la orden ni uno de los obreros dio el paso para cumplirla

En Madrid el conde de Romanones, primer ministro del gobierno central, ya había anunciado su dimisión una vez se resolviera el desaguisado. La solución pasaba por militarizar las fábricas para restablecer el suministro. Cuando se dio la orden ni uno de los obreros y empleados militarizados dio el paso para cumplirla. Entre ochocientos y cinco mil fueron detenidos, ingresando en el castillo de Montjuic, de lúgubre fama tras los fusilamientos en 1893 del tipógrafo Paulí Pallàs y los acusados por la bomba del Corpus en 1896.

La situación era desesperada y las manecillas del reloj jugaban a favor de los intereses de la CNT que, en otra descarga de alto voltaje, instauró la censura roja para impedir la publicación en la prensa diaria toda noticia relacionada con el asunto de la Canadiense, finalmente desbloqueado gracias a la visión política de Romanones, quien al ver la cerrazón de los mandamases empresariales mandó a Barcelona a José Morote, subsecretario de Presidencia, para mediar. Llegó acompañado de Carlos Montañés y Gerardo Doval, quienes ocuparon respectivamente el cargo de gobernador civil el primero y jefe de policía el segundo. Era una última carta en una mesa ardiendo, con el estado de guerra declarado y un panorama abocado a un bucle de caos.

Este nuevo planteamiento confirió esperanzas entre los trabajadores, quienes no cejaron en su empeño de ir a por lo máximo posible, proponiendo como inamovibles los siete puntos que siguen a continuación: Readmisión de los despedidos, aumento de sueldos, garantías para evitar represalias, jornada de ocho horas, abono de jornal íntegro en caso de accidente, cincuenta mil pesetas por indemnización y salarios caídos durante la huelga. Lawton los aceptó el 17 de marzo de 1919 tras la exigencia de Romanones, quien presionó a Montañés para que resolviera el conflicto en veinticuatro horas, pues planeaba la amenaza de Largo Caballero, entonces dirigente de la UGT, de convocar una huelga general en todo el país sino se solucionaba el conflicto de Barcelona.

Victoria y tragedia

El comité de huelga aceptó levantarla una vez liberaran a todos los trabajadores encarcelados. El 19 de marzo se convocó un mitin con más de veinte mil personas en la plaza de toro de las Arenas de Barcelona para reafirmar el acuerdo. Salvador Seguí logró vencer la reticencia de muchos de los presentes con una grandísima arenga donde desgranó la situación. Lo conseguido era increíble. La revolución completa podía esperar. Se habían plantado los cimientos.

El triunfo fue tan grande que desencadenó la reacción de la patronal. Durante los siguiente cuatro años Barcelona fue la ciudad que se mataba por las calles, un episodio histórico siempre mal explicado y manipulado hasta la extenuación incluso por Eduardo Mendoza, quien tejió una gran novela con ‘La verdad sobre el caso Savolta’, pero sólo, que ya es bastante, recogió la atmósfera, no así la verdad de tan trágicos hechos. Lo mismo puede decirse de ‘La sombra de la ley’, última producción dirigida por Dani de la Torre. Quizá el único capaz de reproducir la intensidad de aquellos años fue Antonio Soler en ‘Apóstoles y Asesinos’ (Galaxia Gutenberg), cuyo único defecto es haber sido tan preciso que tiene más magma de ensayo que de novela.

Desde 1890, con la instauración de la jornada del primero de mayo, la clase trabajadora había reclamado los tres ochos. Ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio, ocho horas de sueño. El 3 de abril de 1919 el conde de Romanones firmaba el decreto que promulgaba a partir de octubre del mismo año la jornada de ocho horas para todos los trabajadores españoles. Dimitió tras estampar su rúbrica.

JORDI COROMINAS I JULIÁN

 

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Es importante ponernos nuevos retos para mejorar. Visualizar el objetivo y ser constante serán las claves principales para conseguirlos, aunque el cerebro tiene ‘trampas’ que lo dificultan

Dejar de fumar, adelgazar, hacer deporte, ir al gimnasio, apuntarse a alguna actividad nueva o ahorrar. Toca hacer balance del viejo año y empezar a pensar en los nuevos propósitos de año nuevo. El 2019 vendrá cargado, quizá al igual que al anterior, de nuevos objetivos, retos e ilusiones. Este tipo de cosas nos hace entrar con más ganas en este nuevo año. Y con él, las ganas de empezar a construir nuevos retos, metas más altas, objetivos más ambiciosos y –por qué no– continuar con todo lo que nos gusta y nos hace felices. De no perder los buenos hábitos que ya alcanzamos el año pasado. Pero todo esto puede quedarse en buenas intenciones que se deslizan con las hojas caídas del calendario. ¿Cómo evitar la frustración? ¿Merece la pena?

No resulta raro que al empezar un nuevo año necesitemos tener en mente nuevos retos y motivaciones que satisfacer. Forma parte de nuestras necesidades como ser humano, como si estuviera escrito de alguna manera en nuestro ADN personal. Uno de los grandes hallazgos de la, todavía, corta historia de la psicología hablaba precisamente de esto.

La necesidad humana de retos y motivaciones es un hallazgo relativamente reciente de la psicología

Hace ya más de 75 años, en 1943, el psicólogo Abraham Maslow creó su popular pirámide de necesidades: La Pirámide de Maslow –que él llamó Jerarquía de necesidades–. Ésta defendía que según los seres humanos iban consiguiendo satisfacer sus necesidades más básicas, luego necesitarían complacer aquellas más elevadas. “Nuestras acciones, que van siempre dirigidas a un objetivo, nacen de la motivación de cubrir ciertas necesidades que tenemos. Y que normalmente suelen ir ordenadas según la importancia que tienen para nuestro bienestar”, explica a El Independiente Giulia de Benito, psicóloga sanitaria en el Instituto Centta (Madrid).

 

Según expone esta profesional, “es importante que las personas tengamos un propósito general en nuestras vidas, ya que se convierte en el motor que nos lleva a enfrentar retos y dificultades para alcanzarlos y mejorar nuestra calidad de vida. Necesitamos marcarnos metas e invertir gran parte de nuestra energía en alcanzarlas ya que esto nos permite evaluar de una forma objetiva en qué punto de nuestra vida nos encontramos, qué cosas nos son importantes y cómo estamos en términos de autoconcepto y autoestima, dos elementos que determinan la forma en la que nos vemos a nosotros mismos e interpretamos nuestra realidad”.

Sin duda, tanto el autoconcepto como la autoestima son dos factores que determinan nuestra forma de ser y estar en el mundo, algo que guiará en todo momento nuestra percepción de nosotros mismos y por tanto nuestra forma y nuestro modo de enfrentarnos a todo lo que nos toque vivir.

El autoconcepto, explica de Benito, es el conjunto de atribuciones que cada uno tiene sobre sí mismo (conocimientos, creencias, actitudes, valores, habilidades, etc.) y la autoestima es la valoración afectiva que hacemos sobre ello y toca todas las áreas de la vida: físico, académico y laboral, social y familiar, etc. “La información con la que construimos nuestro autoconcepto y autoestima viene determinada por nosotros mismos y por el exterior. Si me marco unos objetivos valorados por mí y por otros y me involucro en alcanzarlos, estoy aumentando la percepción sobre mi competencia y sobre lo que los demás piensan de mí”, afirma.

El 80% fracasamos antes de marzo

El hecho de que los nuevos propósitos se planteen al principio de año o al comenzar cada curso escolar no es algo raro. “El inicio de la semana, del mes o del año nos marcan la posibilidad de hacerlo bien desde el principio, de tener una visión completa y positiva de un periodo de tiempo. Los nuevos comienzos nos dan la esperanza de poder ser mejores”, asegura de Benito. Sin embargo, no siempre conseguimos nuestros propósitos y los abandonamos en el intento.

Así, y según informa esta profesional, “las investigaciones nos dicen que casi la mitad de los adultos hacemos propósitos para el año nuevo. Sin embargo, el 80% de nosotros fracasaremos antes de llegar a la segunda mitad del mes de febrero”.

No hay duda de que para conseguir nuestras metas se necesitan esfuerzo, dedicación y mucha paciencia. Por ejemplo, ¿cuánto hace falta invertir para conseguir adquirir la rutina de hacer deporte al menos 3 días a la semana? ¿O para conseguir cumplir con la indicación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de hacer 150 minutos de actividad física a la semana? ¿O para apuntarnos a clases de un idioma y no abandonarlo a los pocos días?

En 2015, el University College de Londres publicó en la revista European Journal of Social Psychology un estudio que afirmaba que para conseguir un hábito hacían falta 66 días -y no tres semanas o un mes como se había dicho hasta entonces-.

Si no entrenamos las habilidades para satisfacer nuestras necesidades nos sumimos en una espiral que hace cada día más difícil la mejora

“El logro de un objetivo implica esfuerzo, dedicación y constancia, elementos en los que necesitamos vernos reflejados para sentirnos bien con nosotros mismos”, afirma de Benito. Si no nos percibimos implicados en la satisfacción de nuestras necesidades y, por lo tanto, no entrenamos las habilidades necesarias para realizarlo, añade, nos sumiremos en un espiral en la que cada vez será más difícil enfrentarnos a un plan de mejora de la calidad de nuestra vida y no desarrollaremos las habilidades necesarias para sentirnos mejor con nosotros.

Claves para conseguir los nuevos propósitos

Merece la pena concentrar los esfuerzos, al menos durante estos primeros meses para conseguir nuestros objetivos marcados. Para ello, uno de los aspectos clave para conseguirlos es lo que en Psicología se llama ‘motivación intrínseca’. Esto es, la motivación que se encuentra en uno mismo, la motivación por querer ser mejores y no por conseguir una recompensa como puede ser por ejemplo, dinero.

Para Pilar Conde, directora técnica de las Clínicas Origen https://clinicasorigen.es/ la motivación intrínseca es “la que nos refuerza y nos prepara para el cambio y nos ayuda, por lo tanto , a cumplir los objetivos que nos propongamos”. Si ya tenemos pensado nuestras metas y objetivos para el nuevo año, Conde nos ofrece 5 claves imprescindibles que nos ayudarán a conseguir nuestros propósitos de 2019.

  1. Fija las metas, defínelas y ponles fecha.
    Siéntate, coge papel y bolígrafo y escríbelas de tu puño y letra. Concreta el propósito y ponle fecha de inicio, así como la periodicidad de cumplimiento, si se trata de una tarea. Por ejemplo: ampliar mis estudios de inglés. Apuntarme a una academia. Comenzar el próximo 1 de febrero. Se trata de evitar las ambigüedades.
  2. Visualiza tu objetivo
    Las emociones positivas son las que nos mueven a la acción, así que visualízate llevando a cabo tus objetivos y sintiendo la felicidad del propósito cumplido. Si tu esfuerzo va a ir encaminado a ahorrar dinero para las vacaciones, imagínate con lo guardado en el mes de junio y sacando un billete de avión a un destino favorito.
  3. No te castigues si fallas 
    Si has incumplido el propósito, continúa esforzándote, no tires todo por la borda. Un fallo puntual no es un fracaso definitivo, a no ser que decidas saltarte las reglas o reinventarlas según tus conveniencias continuamente. El compromiso con tu objetivo te mantendrá en la acción.
  4. Piensa en positivo
    Te será difícil conseguir algo si tu estado general está teñido de negatividad. Tienes que aprender (este consejo es esencial) a mirar en tu interior y a utilizar las herramientas que te ayuden a gestionar tu relación con el entorno de forma positiva.
  5. Crea hábitos para mantener la motivación
    Es muy difícil mantener la motivación, por lo que no hay que confiarse. Los resultados que vayamos obteniendo nos ayudarán a sentirnos optimistas y con ganas de persistir en el empeño. Si nuestro propósito, por ejemplo es guardar la línea, pesarnos y ver que todo marcha correctamente nos va a dar confianza para insistir en el objetivo.

Tu cerebro está marcado por los malos hábitos

Romper con los hábitos adquiridos nunca ha sido fácil. En 2016, un estudio de la Universidad de Duke (EE.UU.) explicaba por qué. Una costumbre deja una marca duradera en circuitos específicos del cerebro, lo que nos prepara para alimentar así nuestros deseos. La investigación profundizaba sobre cómo ciertos vicios –tomar mucha azúcar, fumar o comprar demasiado– se manifiestan en el cerebro, y propone nuevas estrategias para vencerlos.

Los instigadores compararon los cerebros de los ratones que habían adquirido la costumbre de tomar azúcar con los que no lo hicieron. Concretamente, el equipo estudió la actividad eléctrica en los ganglios basales, una compleja estructura neuronal que controla la adicción a las drogas. En los ganglios basales existen dos vías capaces de llevar mensajes opuestos. Tal y como lo explican los investigadores del estudio, uno de esos mensajes es la indicación ‘go’ (en inglés, ‘vamos’), que impulsa una acción; mientras que el otro traslada una especie de señal de ‘stop’ o parada. Los autores observaron que tanto las señales de parada como las de impulso eran más activas en los ratones con el hábito de tomar azúcar.

En los ratones que se habían acostumbrado al azúcar, la señal ‘go’ se encendía antes que la de parada. Sin embargo, en los cerebros libres de hábito, la señal ‘stop’ precedió al ‘go’. Estos cambios en los circuitos cerebrales se mostraban tan duraderos que el grupo de investigadores era capaz de predecir qué ratones habían formado un hábito con solo mirar piezas aisladas de sus cerebros en una placa de Petri.

El independiente.

 

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¿Quién no ha puesto una etiqueta a otras personas en algún momento? Podría decirse que es algo que hacemos a menudo de manera casi automática. Alguien se tropieza y enseguida le convertimos en “torpe”. Alguien no responde de la manera en que queremos e inmediatamente le tildamos de “egoísta”. Poner una etiqueta significa emitir juicios sobre las personas y actuar con ellas en base a esos juicios.

El liderazgo efectivo consiste en comprender a las personas, en lugar de etiquetarlas.

Edimer Gutierrez Tobar en su libro “Competencias gerenciales” (2010) señala que las organizaciones exitosas no se construyen desde la fuerza, sino desde la confianza. Y confiar significa comprenderse mutuamente. Esto quiere decir responsabilizarse de las relaciones.

¿Cómo comprender en lugar de poner una etiqueta?

No se puede comprender lo que no se conoce. Precisamente por eso utilizamos los Informes Belbin. Porque lejos de colocar una etiqueta a las personas, nos ofrecen una medición científica fiable y validada sobre el patrón de comportamientos de cada persona. La etiqueta se basa en juicios sin fundamento. En cambio, los Informes Belbin se basan en datos objetivos que son analizados a través de un algoritmo. Son el resultado de casi una década de investigación por parte del Dr. Meredith Belbin y su equipo y cuentan con amplio reconocimiento internacional. Los informes Belbin se construyen a partir de la percepción que una persona tiene sobre sí misma. Es decir, el primer paso es escuchar a la persona. Posteriormente el informe queda reforzado por las evaluaciones de los observadores. Es decir, el segundo paso es proporcionar feedback a la persona.

Cada persona es única, su patrón de comportamientos también

Los informes Belbin nos permiten conocer los comportamientos que una persona tiende a desempeñar en su trabajo de manera natural. El Dr. Meredith Belbin y su equipo detectaron 9 tipos de comportamiento. Los denominaron los 9 Roles de Equipo Belbin. Todas las personas manifestamos los 9 roles con mayor o menor intensidad, dando lugar a combinaciones diferentes. Esto no quiere decir que dos personas con el mismo perfil de roles sean iguales. Esto equivaldría a una visión determinista y univoca del comportamiento humano.

Todas las personas somos diferentes. Tenemos una serie de matices particulares que nos hacen únicas. La investigación de Meredith Belbin nos indica que existe un patrón subyacente común que nos ayuda a comprendernos y a comprender a los demás, sin obviar esos matices particulares de cada persona.

Imaginemos dos personas que tienen Cerebro-Impulsor como sus dos roles más altos. Belbin nos da algunas pistas generales sobre el estilo de trabajo que desempeñarán.

Ambas rendirán más en entornos no demasiado estructurados, donde no haya normas estrictas y tengan cierta libertad para dar rienda suelta a su imaginación y generar ideas. Además, se sentirán motivadas si la consecución y el logro de objetivos es un valor importante. Sin embargo, el comportamiento de cada persona es único y cada una de ellas dependiendo de sus roles intermedios y bajos actuará de manera diferente.

Comprendernos es aceptar que nuestras carencias también nos definen

No sólo nuestros roles más altos definen nuestro comportamiento. Los comportamientos que mostramos con menor frecuencia también definen quienes somos. La suma de nuestras fortalezas y nuestras debilidades nos da una imagen completa. Nos define y marca nuestra manera de actuar. Belbin nos ofrece un soplo de aire fresco, nos permite quitarnos una pesada carga para aceptarnos por entero, con nuestra cara y nuestra cruz. Nos alienta a reforzar nuestros puntos fuertes y contener las debilidades asociadas para ser la mejor versión de nosotros mismos.

El cambio es una oportunidad de desarrollo

Decía Heráclito de Éfeso, un filósofo griego de finales del siglo VI A. C. que “todo fluye, todo está en movimiento, nada dura eternamente”. Efectivamente, nuestros comportamientos cambian. Y los Roles de Equipo Belbin también. Existe cierto dinamismo y es natural porque nuestro comportamiento depende de las personas con las que interactuamos, del entorno, de nuestras experiencias, de los conocimientos que vamos adquiriendo y un largo etcétera. Aún y todo, la esencia de ese patrón de comportamientos permanece en el tiempo y los roles más marcados son difíciles de modificar. El cambio es una maravillosa oportunidad. Nos da la flexibilidad necesaria para potenciar nuestras fortalezas y contener nuestras debilidades y también desarrollar nuevos roles.

El valor de comprendernos

Precisamente porque somos diferentes, no podemos tratar a todas las personas igual. Cada persona tiene su manera particular de relacionarse e interactuar con los demás, tiene su particular visión del trabajo, su particular manera de trabajar. Hay personas que trabajan muy bien cuando las tareas están bien definidas y marcadas (Implementador) y sin embargo hay otras que prefieren tener cierta libertad a la hora de desempeñar una tarea (Cerebro). Hay a quienes les motiva alcanzar un resultado (Impulsor) y sin embargo hay otras personas a quienes les motiva más poder ayudar a un compañero (Cohesionador). Necesitamos comprender a las personas con quienes trabajamos para poner en valor la diversidad de contribuciones y desarrollar todo su potencial.

 

Crear un clima donde se comprendan las contribuciones únicas y particulares de cada persona, donde todas las personas sean valoradas, permite dejar a un lado las etiquetas y ser verdaderamente auténticos. Este es el caldo de cultivo donde crece el compromiso, la motivación, la eficiencia y en definitiva la productividad.

 

 

 

Resultado de imagen de EL ECONOMISTA QUE DEFINIÓ LAS CINCO LEYES INFALIBLES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

El breve texto en el que Carlo Maria Cipolla recogía los principios que distinguen a aquellos que se perjudican a sí mismos y a los que los rodean es un clásico que no pasa de moda

El perro del hortelano ni comía ni dejaba comer, y los estúpidos perjudican a los demás sin obtener a cambio ningún beneficio. Esa es la regla de oro de la estupidez humana que el economista italiano Carlo Maria Cipolla enunció a mediados de los años setenta, pero que sigue vigente hoy: la estulticia es atemporal. Su breve texto es de las grandes piezas de filosofía satírica de la segunda mitad del siglo XX, que avisaba a los lectores sobre el gran peligro social que suponen los estúpidos. Se entiende, claro está, que ni Cipolla ni el propio lector será uno de ellos, aunque la estadística diga lo contrario.

La historia de ‘Las leyes básicas de la estupidez humana’ tiene su gracia. Fueron escritas en 1976, mientras Cipolla, que había estudiado en la universidad de Pavía en su universidad natal, impartía Historia de la Economía en Berkeley. Al parecer, California y su industria de la banalidad le inspiraron para llevar a cabo su obra magna. En ocasiones, el texto circulaba de forma anónima, hasta que finalmente fue impreso en negro sobre blanco a finales de los 80, en el libro de Cipolla ‘Allegro ma non troppo’, que tuvo edición en castellano. No fue su intención obtener rédito económico del asunto: siempre permitió su reproducción gratuita.

Una de las grandes creaciones de la naturaleza es haber distribuido la estupidez de manera equitativa por todas las clases sociales, razas y condiciones

El texto tiene sus raíces en la filosofía utilitarista de Jeremy Bentham y su máxima “todo acto humano, norma o institución deben ser juzgados según la utilidad que tiene, esto es, según el placer o sufrimiento que producen en las personas”, aunque también pueda relacionarse con la teoría de juegos. Como toda sátira intelectual, ha terminado por convertirse en un lugar común para columnistas necesitados de referencias cultistas, pero puede resultar iluminador también en este 2019 en el que tendremos que enfrentarnos a más de un estúpido. O, peor aún, quizá el estúpido seamos nosotros y aún no lo sepamos.

Regla número 1: “Siempre, e inevitablemente, todo el mundo infravalora el número de estúpidos en circulación”

Poco generoso, ¿verdad?, pregunta al lector Cipolla. La realidad confirma esta tesis. Continuamente nos sorprendemos al descubrir cómo personas que considerábamos racionales se comportan de forma “desvergonzadamente estúpida”, y cómo estos actos de maldad inconscientes afloran “en los peores lugares en los peores momentos”. Cualquier estimación sería tirar por lo bajo, así que el italiano prefería darle un símbolo, el σ. Como un Elvis con tupé.

Regla número 2: “La probabilidad de que determinada persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica”

Yo puedo ser estúpido (es altamente probable), usted puede serlo (por supuesto que no), lo puede ser el rey y lo puede ser el primer niño nacido en España en 2019. Uno de los grandes milagros de la naturaleza es haber distribuido la estupidez de manera equitativa por todas las clases sociales, razas y condiciones sociales.

“Uno es estúpido de la misma forma en que es pelirrojo, o de un grupo sanguíneo determinado”, avisaba el economista. Para demostrarlo, Cipolla se lanzó a escrudiñar a sus compañeros de universidad. Había estúpidos entre los currelas, entre el personal de oficina, entre los estudiantes (esto no le debió de sorprender demasiado) y entre los catedráticos, así que ¿por qué no ir un poco más allá? “Desconcertado por los resultados, extendí mi investigación a un grupo particularmente selecto, a una verdadera élite, los ganadores del premio Nobel”. El resultado confirmó, en sus palabras, los poderes supremos de la naturaleza: “Una parte de los ganadores del Nobel son estúpidos”.

Regla número 3 o de oro: “Un estúpido es una persona que ocasiona pérdidas a otra persona o a un grupo sin que él se lleve nada o incluso salga perdiendo”

El sátiro economista trazaba una taxonomía de las personas según el coste y beneficio de sus actos. El indefenso sale perdiendo mientras los otros ganan; el inteligente sale ganando al mismo tiempo que los demás también lo hacen; y el bandido se beneficia en la medida en que los demás aslen perdiendo. Pero el estúpido, amigos, es el que hace que todos, incluido él mismo, pierda. ¿Cómo es posible que haya gente así?, se pregunta el economista. No hay ninguna explicación. Bueno, sí, hay una: “La persona en cuestión es estúpida”.

Aquí es donde aflora uno de los corolarios más interesante de la teoría de Cipolla. La gente, estúpida o no, no suele ser consistente. Por ejemplo, un bandido perfecto sería aquel que obtuviese continuamente un beneficio exactamente igual a las pérdidas de su víctima; un ladrón de guante blanco y fuertes principios. El profesor utiliza el ejemplo de un robo, en el que cual lo que se sustrae simplemente pasa de un bolsillo a otro (aunque podría argumentarse que causa un coste emocional en este último al haber sido agredido). Sin embargo, la mayoría termina causando más pérdidas a su entorno que beneficios, lo que les hace más cercanos a los estúpidos.

Uno puede intentar ganarle la partida a un estúpido durante un tiempo, pero terminará siendo pulverizado por sus movimientos erráticos

Regla número 4: “Los no estúpidos siempre infravaloran el poder dañino de los estúpidos. En concreto, olvidan constantemente que en todos los momentos y lugares y bajo cualquier circunstancia tratar o asociarse con estúpidos siempre suele ser un error costoso”

La mayor equivocación que comete la gente inteligente es pensar que casi todos son como ellos, y que, incluso aquellos que no lo son, pueden ser manipulados. Nada de intentar engañarlos: terminarás saliendo perdiendo. “Uno puede intentar ganarle la partida a un estúpido y, hasta cierto punto, puede hacerlo”, explica el profesor. “Pero a causa de su comportamiento errático, uno no puede prever todas las acciones y reacciones del estúpido y por lo tanto, terminará siendo pulverizado por sus movimientos impredecibles”. El terreno en el que se encuentran cómodos los idiotas es en el caos. Y ya se sabe, el que se acuesta con niños…

Regla número 5: “Una persona estúpida es lo más peligroso” / Corolario: “Una persona estúpida es más peligrosa que un bandido”

El punto clave de la filosofía de Cipolla, y quizá por ello mismo el más polémico. Veamos: “Después de la actuación de un bandido perfecto este tiene obtiene un beneficio que es exactamente igual a lo que ha perdido la otra persona. La sociedad en su conjunto no sale perdiendo ni ganando. Si todos los miembros fuesen bandidos perfectos, la sociedad permanecería igual y no había grandes problemas”. La diferencia es que los estúpidos no ocasionan ese equilibrio en la sociedad: simplemente, la hacen peor.

La gran pregunta por lo tanto, es si de verdad es preferible una sociedad de bandidos a una de estúpidos. Es lo que se deduce de la (irónica) teoría de Cipolla, con todo lo que ello implica. ¿Es mejor una sociedad donde todo el mundo se robe mutuamente, porque ello causaría un nuevo equilibrio? ¿Se produciría un estado de homeostasis en el que, finalmente, nadie saliese ni ganando ni perdiendo? Hay que entender que la explicación de Cipolla es puramente teórica. Pero también puede verse en esa simpatía por el bandido probablemente denote la verdadera ideología de “tonto el último” que ha caracterizado a la economía ortodoxa de las últimas décadas.

El poder de la estupidez

El profesor italiano presentaba en su divertido razonamiento un apartado en el que resaltaba el poder sin límites de los estúpidos, que como el diablo de ‘Sospechosos habituales’, han convencido a los demás de que no existen. “Son peligrosos y dañinos porque para la gente razonable es difícil imaginar y entender su comportamiento irracional”, recordaba. Alguien inteligente, una vez más, entendería perfectamente comprensible al bandido, pero no al estúpido, lo que los hace particularmente venenosos. Su marco mental es otro: “a) Uno es fácilmente sorprendido por sus ataques, b) Incluso cuando no lo hace, no puede organizar una defensa racional, porque su ataque carece de cualquier estructura”. En otras palabras, apelando a la célebre frase atribuida a Mark Twain, “nunca discutas con un ignorante, te hará descender a tu nivel y ahí te vencerá por experiencia”.

HÉCTOR G. BARNÉS

 

Resultado de imagen de LA GUÍA PARA SOPORTAR UN TRABAJO QUE ODIAS Y LARGARTE CUANTO ANTES

Podemos afrontar las vicisitudes del destino con pesimismo u optimismo, si lo hacemos de la segunda manera probablemente alcancemos antes nuestras metas

Lo dice un viejo dicho: sabes cuánto odias tu trabajo (y por ende tu vida) en función de cómo te sientas el domingo por la noche. ¿Lo único que te apetece es meterte entre las sábanas porque al despertarte llegará un nuevo día de risas con tus colegas del curro, buenas palabras de tu jefe y miraditas de ese compañero/a que te enloquece? Enhorabuena. Pero si, como la mayoría de los mortales, piensas que el fin de semana debería ser tres días más largo, tenemos una mala noticia para ti, que quizá conocías… no te gusta excesivamente tu empleo.

No nos meteremos en por qué o en él desde cuándo. Lo único claro es que pasamos la mayoría de nuestra vida en el trabajo, es así, y si lo odiamos nuestra vida puede acabar siendo un infierno o, por lo menos, un tedio. Sin embargo, hay una serie de trucos, como señala ‘Medium‘, para poder hacer frente al día a día y también para pensar en realizar la transición hacia algo que realmente nos satisfaga.

Una clave: haz más

Cuando tenemos que acudir cada día a un trabajo que nos desmotiva, acabamos adquiriendo ciertos «vicios» terriblemente perniciosos. Uno de ellos es realizar el mínimo esfuerzo, lo que nos sumerge en el tedio, nos amarga y lo convierte en un ciclo sin fin que ni el de ‘El rey león’: cuanto menos trabajas, menos quieres trabajar, y así sucesivamente. Quizá a primera vista no parezca muy agradable trabajar más de la cuenta, pero es fundamental.

¿Por qué? No tiene nada que ver con el rendimiento de la empresa sino más contigo mismo. ¿Cómo saber que estás preparado para un trabajo más prestigioso si ni siquiera puedes enfrentarte a uno sencillo? Hazlo por ti. Los hábitos que tengas ahora repercutirán en tu futuro.

Piensa que cada trabajo que tengas es una experiencia de vida de la que aprender

Quizá esto suena al manido: «No te vamos a pagar nada por este trabajo pero te servirá para hacer contactos», pero nada de eso. Simplemente hablamos de aquello del vaso lleno o el vaso vacío. Puedes amargarte hasta la muerte o pensar que cada trabajo que realices es una manera de obtener nuevos conocimientos que te servirán para el futuro. ¿Te toca tratar con clientes? Pues estás adquiriendo valiosas habilidades de comunicación y aprendiendo cómo servir a los demás, lo cual es una calidad de liderazgo, por ejemplo.

 

Seamos claros. Nadie, ni siquiera esas personas que adoran sus trabajos y van con una sonrisa cada día en el metro, trabajan por el solo hecho de hacerlo, como ‘hobby’. Trabajamos porque necesitamos dinero, y eso siempre será una obligación. Si estás pensando por tanto en comenzar un proyecto paralelo es fundamental que tengas en cuenta cuánto de importante es ahorrar en un caso así.

¿Qué te gusta hacer?

Quizá te lo han preguntado alguna vez. No se debe pecar de inocente, muchas veces tenemos sueños que no se cumplen. Sin embargo, también es cierto que hay que tener claro por lo menos qué buscamos en la vida. Párate un momento a pensar. ¿Qué te apasionaría hacer? ¿En qué lugar te sentirías como si no estuvieras trabajando? De esta manera comenzarás a acercarte al fondo de la cuestión.

Puede que no halles el trabajo de tus sueños, pero, al menos, tienes un techo y comida caliente

«Más vale lo malo conocido»… esto suena mal, vale. Es cierto que cuando pensamos que se comete una injusticia con nosotros no solemos suspirar aliviados, mientras decimos: «Bueno, al menos tengo dos piernas». Pero, oye, no es menos cierto que en el mundo en el que vivimos es difícil encontrar trabajo. Mucha gente acepta trabajos que a nosotros nos parecen indignos. Tener empleo no es un privilegio, pero en los tiempos que corren tampoco parece un derecho.

Pasito a pasito

Lo dicen los italianos, ‘piano piano si arriva lontano’. Poco a poco se llega lejos. Si estás seguro de que quieres dejar tu trabajo y dedicarte, por ejemplo, a la escritura, no te precipites. Cavila todas tus opciones y decide. Puedes continuar trabajando y escribir en tu tiempo libre, por ejemplo, antes de lanzarte de cabeza a la piscina.

Es difícil encontrar tu trabajo soñado o tiempo completo para tu hobby cuando tienes un trabajo de 30 horas que mata todas ilusiones y esperanzas. Lo comprendemos. Pero aun así tienes que encontrar un momento durante el día. Es así. Si quieres vivir la vida de tus sueños, tienes que encontrarlo. Despierta antes, usa cualquier momento de tiempo libre y dedícalo a tu proyecto, incluso si son 30 minutos.

También puede ser una motivación

Odias tu trabajo, vale, pero también puedes encontrar un estímulo. Cada vez que tengas ganas de renunciar a tus sueños, imagínate a ti mismo encerrado en el mismo trabajo que odias por el resto de tu triste y miserable vidaEso te dará alas y motivación. Es todo lo que necesitas. Quizá incluso acabes echando de menos tu mesa de escritorio y tu maceta cuando finalmente digas adiós para no volver jamás.

NUÑO