POR QUÉ NECESITAMOS TENER PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

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Es importante ponernos nuevos retos para mejorar. Visualizar el objetivo y ser constante serán las claves principales para conseguirlos, aunque el cerebro tiene ‘trampas’ que lo dificultan

Dejar de fumar, adelgazar, hacer deporte, ir al gimnasio, apuntarse a alguna actividad nueva o ahorrar. Toca hacer balance del viejo año y empezar a pensar en los nuevos propósitos de año nuevo. El 2019 vendrá cargado, quizá al igual que al anterior, de nuevos objetivos, retos e ilusiones. Este tipo de cosas nos hace entrar con más ganas en este nuevo año. Y con él, las ganas de empezar a construir nuevos retos, metas más altas, objetivos más ambiciosos y –por qué no– continuar con todo lo que nos gusta y nos hace felices. De no perder los buenos hábitos que ya alcanzamos el año pasado. Pero todo esto puede quedarse en buenas intenciones que se deslizan con las hojas caídas del calendario. ¿Cómo evitar la frustración? ¿Merece la pena?

No resulta raro que al empezar un nuevo año necesitemos tener en mente nuevos retos y motivaciones que satisfacer. Forma parte de nuestras necesidades como ser humano, como si estuviera escrito de alguna manera en nuestro ADN personal. Uno de los grandes hallazgos de la, todavía, corta historia de la psicología hablaba precisamente de esto.

La necesidad humana de retos y motivaciones es un hallazgo relativamente reciente de la psicología

Hace ya más de 75 años, en 1943, el psicólogo Abraham Maslow creó su popular pirámide de necesidades: La Pirámide de Maslow –que él llamó Jerarquía de necesidades–. Ésta defendía que según los seres humanos iban consiguiendo satisfacer sus necesidades más básicas, luego necesitarían complacer aquellas más elevadas. “Nuestras acciones, que van siempre dirigidas a un objetivo, nacen de la motivación de cubrir ciertas necesidades que tenemos. Y que normalmente suelen ir ordenadas según la importancia que tienen para nuestro bienestar”, explica a El Independiente Giulia de Benito, psicóloga sanitaria en el Instituto Centta (Madrid).

 

Según expone esta profesional, “es importante que las personas tengamos un propósito general en nuestras vidas, ya que se convierte en el motor que nos lleva a enfrentar retos y dificultades para alcanzarlos y mejorar nuestra calidad de vida. Necesitamos marcarnos metas e invertir gran parte de nuestra energía en alcanzarlas ya que esto nos permite evaluar de una forma objetiva en qué punto de nuestra vida nos encontramos, qué cosas nos son importantes y cómo estamos en términos de autoconcepto y autoestima, dos elementos que determinan la forma en la que nos vemos a nosotros mismos e interpretamos nuestra realidad”.

Sin duda, tanto el autoconcepto como la autoestima son dos factores que determinan nuestra forma de ser y estar en el mundo, algo que guiará en todo momento nuestra percepción de nosotros mismos y por tanto nuestra forma y nuestro modo de enfrentarnos a todo lo que nos toque vivir.

El autoconcepto, explica de Benito, es el conjunto de atribuciones que cada uno tiene sobre sí mismo (conocimientos, creencias, actitudes, valores, habilidades, etc.) y la autoestima es la valoración afectiva que hacemos sobre ello y toca todas las áreas de la vida: físico, académico y laboral, social y familiar, etc. “La información con la que construimos nuestro autoconcepto y autoestima viene determinada por nosotros mismos y por el exterior. Si me marco unos objetivos valorados por mí y por otros y me involucro en alcanzarlos, estoy aumentando la percepción sobre mi competencia y sobre lo que los demás piensan de mí”, afirma.

El 80% fracasamos antes de marzo

El hecho de que los nuevos propósitos se planteen al principio de año o al comenzar cada curso escolar no es algo raro. “El inicio de la semana, del mes o del año nos marcan la posibilidad de hacerlo bien desde el principio, de tener una visión completa y positiva de un periodo de tiempo. Los nuevos comienzos nos dan la esperanza de poder ser mejores”, asegura de Benito. Sin embargo, no siempre conseguimos nuestros propósitos y los abandonamos en el intento.

Así, y según informa esta profesional, “las investigaciones nos dicen que casi la mitad de los adultos hacemos propósitos para el año nuevo. Sin embargo, el 80% de nosotros fracasaremos antes de llegar a la segunda mitad del mes de febrero”.

No hay duda de que para conseguir nuestras metas se necesitan esfuerzo, dedicación y mucha paciencia. Por ejemplo, ¿cuánto hace falta invertir para conseguir adquirir la rutina de hacer deporte al menos 3 días a la semana? ¿O para conseguir cumplir con la indicación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de hacer 150 minutos de actividad física a la semana? ¿O para apuntarnos a clases de un idioma y no abandonarlo a los pocos días?

En 2015, el University College de Londres publicó en la revista European Journal of Social Psychology un estudio que afirmaba que para conseguir un hábito hacían falta 66 días -y no tres semanas o un mes como se había dicho hasta entonces-.

Si no entrenamos las habilidades para satisfacer nuestras necesidades nos sumimos en una espiral que hace cada día más difícil la mejora

“El logro de un objetivo implica esfuerzo, dedicación y constancia, elementos en los que necesitamos vernos reflejados para sentirnos bien con nosotros mismos”, afirma de Benito. Si no nos percibimos implicados en la satisfacción de nuestras necesidades y, por lo tanto, no entrenamos las habilidades necesarias para realizarlo, añade, nos sumiremos en un espiral en la que cada vez será más difícil enfrentarnos a un plan de mejora de la calidad de nuestra vida y no desarrollaremos las habilidades necesarias para sentirnos mejor con nosotros.

Claves para conseguir los nuevos propósitos

Merece la pena concentrar los esfuerzos, al menos durante estos primeros meses para conseguir nuestros objetivos marcados. Para ello, uno de los aspectos clave para conseguirlos es lo que en Psicología se llama ‘motivación intrínseca’. Esto es, la motivación que se encuentra en uno mismo, la motivación por querer ser mejores y no por conseguir una recompensa como puede ser por ejemplo, dinero.

Para Pilar Conde, directora técnica de las Clínicas Origen https://clinicasorigen.es/ la motivación intrínseca es “la que nos refuerza y nos prepara para el cambio y nos ayuda, por lo tanto , a cumplir los objetivos que nos propongamos”. Si ya tenemos pensado nuestras metas y objetivos para el nuevo año, Conde nos ofrece 5 claves imprescindibles que nos ayudarán a conseguir nuestros propósitos de 2019.

  1. Fija las metas, defínelas y ponles fecha.
    Siéntate, coge papel y bolígrafo y escríbelas de tu puño y letra. Concreta el propósito y ponle fecha de inicio, así como la periodicidad de cumplimiento, si se trata de una tarea. Por ejemplo: ampliar mis estudios de inglés. Apuntarme a una academia. Comenzar el próximo 1 de febrero. Se trata de evitar las ambigüedades.
  2. Visualiza tu objetivo
    Las emociones positivas son las que nos mueven a la acción, así que visualízate llevando a cabo tus objetivos y sintiendo la felicidad del propósito cumplido. Si tu esfuerzo va a ir encaminado a ahorrar dinero para las vacaciones, imagínate con lo guardado en el mes de junio y sacando un billete de avión a un destino favorito.
  3. No te castigues si fallas 
    Si has incumplido el propósito, continúa esforzándote, no tires todo por la borda. Un fallo puntual no es un fracaso definitivo, a no ser que decidas saltarte las reglas o reinventarlas según tus conveniencias continuamente. El compromiso con tu objetivo te mantendrá en la acción.
  4. Piensa en positivo
    Te será difícil conseguir algo si tu estado general está teñido de negatividad. Tienes que aprender (este consejo es esencial) a mirar en tu interior y a utilizar las herramientas que te ayuden a gestionar tu relación con el entorno de forma positiva.
  5. Crea hábitos para mantener la motivación
    Es muy difícil mantener la motivación, por lo que no hay que confiarse. Los resultados que vayamos obteniendo nos ayudarán a sentirnos optimistas y con ganas de persistir en el empeño. Si nuestro propósito, por ejemplo es guardar la línea, pesarnos y ver que todo marcha correctamente nos va a dar confianza para insistir en el objetivo.

Tu cerebro está marcado por los malos hábitos

Romper con los hábitos adquiridos nunca ha sido fácil. En 2016, un estudio de la Universidad de Duke (EE.UU.) explicaba por qué. Una costumbre deja una marca duradera en circuitos específicos del cerebro, lo que nos prepara para alimentar así nuestros deseos. La investigación profundizaba sobre cómo ciertos vicios –tomar mucha azúcar, fumar o comprar demasiado– se manifiestan en el cerebro, y propone nuevas estrategias para vencerlos.

Los instigadores compararon los cerebros de los ratones que habían adquirido la costumbre de tomar azúcar con los que no lo hicieron. Concretamente, el equipo estudió la actividad eléctrica en los ganglios basales, una compleja estructura neuronal que controla la adicción a las drogas. En los ganglios basales existen dos vías capaces de llevar mensajes opuestos. Tal y como lo explican los investigadores del estudio, uno de esos mensajes es la indicación ‘go’ (en inglés, ‘vamos’), que impulsa una acción; mientras que el otro traslada una especie de señal de ‘stop’ o parada. Los autores observaron que tanto las señales de parada como las de impulso eran más activas en los ratones con el hábito de tomar azúcar.

En los ratones que se habían acostumbrado al azúcar, la señal ‘go’ se encendía antes que la de parada. Sin embargo, en los cerebros libres de hábito, la señal ‘stop’ precedió al ‘go’. Estos cambios en los circuitos cerebrales se mostraban tan duraderos que el grupo de investigadores era capaz de predecir qué ratones habían formado un hábito con solo mirar piezas aisladas de sus cerebros en una placa de Petri.

El independiente.

 

ETIQUETA VS COMPRENSIÓN; LA TOMA DE CONCIENCIA

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¿Quién no ha puesto una etiqueta a otras personas en algún momento? Podría decirse que es algo que hacemos a menudo de manera casi automática. Alguien se tropieza y enseguida le convertimos en “torpe”. Alguien no responde de la manera en que queremos e inmediatamente le tildamos de “egoísta”. Poner una etiqueta significa emitir juicios sobre las personas y actuar con ellas en base a esos juicios.

El liderazgo efectivo consiste en comprender a las personas, en lugar de etiquetarlas.

Edimer Gutierrez Tobar en su libro “Competencias gerenciales” (2010) señala que las organizaciones exitosas no se construyen desde la fuerza, sino desde la confianza. Y confiar significa comprenderse mutuamente. Esto quiere decir responsabilizarse de las relaciones.

¿Cómo comprender en lugar de poner una etiqueta?

No se puede comprender lo que no se conoce. Precisamente por eso utilizamos los Informes Belbin. Porque lejos de colocar una etiqueta a las personas, nos ofrecen una medición científica fiable y validada sobre el patrón de comportamientos de cada persona. La etiqueta se basa en juicios sin fundamento. En cambio, los Informes Belbin se basan en datos objetivos que son analizados a través de un algoritmo. Son el resultado de casi una década de investigación por parte del Dr. Meredith Belbin y su equipo y cuentan con amplio reconocimiento internacional. Los informes Belbin se construyen a partir de la percepción que una persona tiene sobre sí misma. Es decir, el primer paso es escuchar a la persona. Posteriormente el informe queda reforzado por las evaluaciones de los observadores. Es decir, el segundo paso es proporcionar feedback a la persona.

Cada persona es única, su patrón de comportamientos también

Los informes Belbin nos permiten conocer los comportamientos que una persona tiende a desempeñar en su trabajo de manera natural. El Dr. Meredith Belbin y su equipo detectaron 9 tipos de comportamiento. Los denominaron los 9 Roles de Equipo Belbin. Todas las personas manifestamos los 9 roles con mayor o menor intensidad, dando lugar a combinaciones diferentes. Esto no quiere decir que dos personas con el mismo perfil de roles sean iguales. Esto equivaldría a una visión determinista y univoca del comportamiento humano.

Todas las personas somos diferentes. Tenemos una serie de matices particulares que nos hacen únicas. La investigación de Meredith Belbin nos indica que existe un patrón subyacente común que nos ayuda a comprendernos y a comprender a los demás, sin obviar esos matices particulares de cada persona.

Imaginemos dos personas que tienen Cerebro-Impulsor como sus dos roles más altos. Belbin nos da algunas pistas generales sobre el estilo de trabajo que desempeñarán.

Ambas rendirán más en entornos no demasiado estructurados, donde no haya normas estrictas y tengan cierta libertad para dar rienda suelta a su imaginación y generar ideas. Además, se sentirán motivadas si la consecución y el logro de objetivos es un valor importante. Sin embargo, el comportamiento de cada persona es único y cada una de ellas dependiendo de sus roles intermedios y bajos actuará de manera diferente.

Comprendernos es aceptar que nuestras carencias también nos definen

No sólo nuestros roles más altos definen nuestro comportamiento. Los comportamientos que mostramos con menor frecuencia también definen quienes somos. La suma de nuestras fortalezas y nuestras debilidades nos da una imagen completa. Nos define y marca nuestra manera de actuar. Belbin nos ofrece un soplo de aire fresco, nos permite quitarnos una pesada carga para aceptarnos por entero, con nuestra cara y nuestra cruz. Nos alienta a reforzar nuestros puntos fuertes y contener las debilidades asociadas para ser la mejor versión de nosotros mismos.

El cambio es una oportunidad de desarrollo

Decía Heráclito de Éfeso, un filósofo griego de finales del siglo VI A. C. que “todo fluye, todo está en movimiento, nada dura eternamente”. Efectivamente, nuestros comportamientos cambian. Y los Roles de Equipo Belbin también. Existe cierto dinamismo y es natural porque nuestro comportamiento depende de las personas con las que interactuamos, del entorno, de nuestras experiencias, de los conocimientos que vamos adquiriendo y un largo etcétera. Aún y todo, la esencia de ese patrón de comportamientos permanece en el tiempo y los roles más marcados son difíciles de modificar. El cambio es una maravillosa oportunidad. Nos da la flexibilidad necesaria para potenciar nuestras fortalezas y contener nuestras debilidades y también desarrollar nuevos roles.

El valor de comprendernos

Precisamente porque somos diferentes, no podemos tratar a todas las personas igual. Cada persona tiene su manera particular de relacionarse e interactuar con los demás, tiene su particular visión del trabajo, su particular manera de trabajar. Hay personas que trabajan muy bien cuando las tareas están bien definidas y marcadas (Implementador) y sin embargo hay otras que prefieren tener cierta libertad a la hora de desempeñar una tarea (Cerebro). Hay a quienes les motiva alcanzar un resultado (Impulsor) y sin embargo hay otras personas a quienes les motiva más poder ayudar a un compañero (Cohesionador). Necesitamos comprender a las personas con quienes trabajamos para poner en valor la diversidad de contribuciones y desarrollar todo su potencial.

 

Crear un clima donde se comprendan las contribuciones únicas y particulares de cada persona, donde todas las personas sean valoradas, permite dejar a un lado las etiquetas y ser verdaderamente auténticos. Este es el caldo de cultivo donde crece el compromiso, la motivación, la eficiencia y en definitiva la productividad.

 

EL ECONOMISTA QUE DEFINIÓ LAS CINCO LEYES INFALIBLES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA

 

 

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El breve texto en el que Carlo Maria Cipolla recogía los principios que distinguen a aquellos que se perjudican a sí mismos y a los que los rodean es un clásico que no pasa de moda

El perro del hortelano ni comía ni dejaba comer, y los estúpidos perjudican a los demás sin obtener a cambio ningún beneficio. Esa es la regla de oro de la estupidez humana que el economista italiano Carlo Maria Cipolla enunció a mediados de los años setenta, pero que sigue vigente hoy: la estulticia es atemporal. Su breve texto es de las grandes piezas de filosofía satírica de la segunda mitad del siglo XX, que avisaba a los lectores sobre el gran peligro social que suponen los estúpidos. Se entiende, claro está, que ni Cipolla ni el propio lector será uno de ellos, aunque la estadística diga lo contrario.

La historia de ‘Las leyes básicas de la estupidez humana’ tiene su gracia. Fueron escritas en 1976, mientras Cipolla, que había estudiado en la universidad de Pavía en su universidad natal, impartía Historia de la Economía en Berkeley. Al parecer, California y su industria de la banalidad le inspiraron para llevar a cabo su obra magna. En ocasiones, el texto circulaba de forma anónima, hasta que finalmente fue impreso en negro sobre blanco a finales de los 80, en el libro de Cipolla ‘Allegro ma non troppo’, que tuvo edición en castellano. No fue su intención obtener rédito económico del asunto: siempre permitió su reproducción gratuita.

Una de las grandes creaciones de la naturaleza es haber distribuido la estupidez de manera equitativa por todas las clases sociales, razas y condiciones

El texto tiene sus raíces en la filosofía utilitarista de Jeremy Bentham y su máxima “todo acto humano, norma o institución deben ser juzgados según la utilidad que tiene, esto es, según el placer o sufrimiento que producen en las personas”, aunque también pueda relacionarse con la teoría de juegos. Como toda sátira intelectual, ha terminado por convertirse en un lugar común para columnistas necesitados de referencias cultistas, pero puede resultar iluminador también en este 2019 en el que tendremos que enfrentarnos a más de un estúpido. O, peor aún, quizá el estúpido seamos nosotros y aún no lo sepamos.

Regla número 1: “Siempre, e inevitablemente, todo el mundo infravalora el número de estúpidos en circulación”

Poco generoso, ¿verdad?, pregunta al lector Cipolla. La realidad confirma esta tesis. Continuamente nos sorprendemos al descubrir cómo personas que considerábamos racionales se comportan de forma “desvergonzadamente estúpida”, y cómo estos actos de maldad inconscientes afloran “en los peores lugares en los peores momentos”. Cualquier estimación sería tirar por lo bajo, así que el italiano prefería darle un símbolo, el σ. Como un Elvis con tupé.

Regla número 2: “La probabilidad de que determinada persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica”

Yo puedo ser estúpido (es altamente probable), usted puede serlo (por supuesto que no), lo puede ser el rey y lo puede ser el primer niño nacido en España en 2019. Uno de los grandes milagros de la naturaleza es haber distribuido la estupidez de manera equitativa por todas las clases sociales, razas y condiciones sociales.

“Uno es estúpido de la misma forma en que es pelirrojo, o de un grupo sanguíneo determinado”, avisaba el economista. Para demostrarlo, Cipolla se lanzó a escrudiñar a sus compañeros de universidad. Había estúpidos entre los currelas, entre el personal de oficina, entre los estudiantes (esto no le debió de sorprender demasiado) y entre los catedráticos, así que ¿por qué no ir un poco más allá? “Desconcertado por los resultados, extendí mi investigación a un grupo particularmente selecto, a una verdadera élite, los ganadores del premio Nobel”. El resultado confirmó, en sus palabras, los poderes supremos de la naturaleza: “Una parte de los ganadores del Nobel son estúpidos”.

Regla número 3 o de oro: “Un estúpido es una persona que ocasiona pérdidas a otra persona o a un grupo sin que él se lleve nada o incluso salga perdiendo”

El sátiro economista trazaba una taxonomía de las personas según el coste y beneficio de sus actos. El indefenso sale perdiendo mientras los otros ganan; el inteligente sale ganando al mismo tiempo que los demás también lo hacen; y el bandido se beneficia en la medida en que los demás aslen perdiendo. Pero el estúpido, amigos, es el que hace que todos, incluido él mismo, pierda. ¿Cómo es posible que haya gente así?, se pregunta el economista. No hay ninguna explicación. Bueno, sí, hay una: “La persona en cuestión es estúpida”.

Aquí es donde aflora uno de los corolarios más interesante de la teoría de Cipolla. La gente, estúpida o no, no suele ser consistente. Por ejemplo, un bandido perfecto sería aquel que obtuviese continuamente un beneficio exactamente igual a las pérdidas de su víctima; un ladrón de guante blanco y fuertes principios. El profesor utiliza el ejemplo de un robo, en el que cual lo que se sustrae simplemente pasa de un bolsillo a otro (aunque podría argumentarse que causa un coste emocional en este último al haber sido agredido). Sin embargo, la mayoría termina causando más pérdidas a su entorno que beneficios, lo que les hace más cercanos a los estúpidos.

Uno puede intentar ganarle la partida a un estúpido durante un tiempo, pero terminará siendo pulverizado por sus movimientos erráticos

Regla número 4: “Los no estúpidos siempre infravaloran el poder dañino de los estúpidos. En concreto, olvidan constantemente que en todos los momentos y lugares y bajo cualquier circunstancia tratar o asociarse con estúpidos siempre suele ser un error costoso”

La mayor equivocación que comete la gente inteligente es pensar que casi todos son como ellos, y que, incluso aquellos que no lo son, pueden ser manipulados. Nada de intentar engañarlos: terminarás saliendo perdiendo. “Uno puede intentar ganarle la partida a un estúpido y, hasta cierto punto, puede hacerlo”, explica el profesor. “Pero a causa de su comportamiento errático, uno no puede prever todas las acciones y reacciones del estúpido y por lo tanto, terminará siendo pulverizado por sus movimientos impredecibles”. El terreno en el que se encuentran cómodos los idiotas es en el caos. Y ya se sabe, el que se acuesta con niños…

Regla número 5: “Una persona estúpida es lo más peligroso” / Corolario: “Una persona estúpida es más peligrosa que un bandido”

El punto clave de la filosofía de Cipolla, y quizá por ello mismo el más polémico. Veamos: “Después de la actuación de un bandido perfecto este tiene obtiene un beneficio que es exactamente igual a lo que ha perdido la otra persona. La sociedad en su conjunto no sale perdiendo ni ganando. Si todos los miembros fuesen bandidos perfectos, la sociedad permanecería igual y no había grandes problemas”. La diferencia es que los estúpidos no ocasionan ese equilibrio en la sociedad: simplemente, la hacen peor.

La gran pregunta por lo tanto, es si de verdad es preferible una sociedad de bandidos a una de estúpidos. Es lo que se deduce de la (irónica) teoría de Cipolla, con todo lo que ello implica. ¿Es mejor una sociedad donde todo el mundo se robe mutuamente, porque ello causaría un nuevo equilibrio? ¿Se produciría un estado de homeostasis en el que, finalmente, nadie saliese ni ganando ni perdiendo? Hay que entender que la explicación de Cipolla es puramente teórica. Pero también puede verse en esa simpatía por el bandido probablemente denote la verdadera ideología de “tonto el último” que ha caracterizado a la economía ortodoxa de las últimas décadas.

El poder de la estupidez

El profesor italiano presentaba en su divertido razonamiento un apartado en el que resaltaba el poder sin límites de los estúpidos, que como el diablo de ‘Sospechosos habituales’, han convencido a los demás de que no existen. “Son peligrosos y dañinos porque para la gente razonable es difícil imaginar y entender su comportamiento irracional”, recordaba. Alguien inteligente, una vez más, entendería perfectamente comprensible al bandido, pero no al estúpido, lo que los hace particularmente venenosos. Su marco mental es otro: “a) Uno es fácilmente sorprendido por sus ataques, b) Incluso cuando no lo hace, no puede organizar una defensa racional, porque su ataque carece de cualquier estructura”. En otras palabras, apelando a la célebre frase atribuida a Mark Twain, “nunca discutas con un ignorante, te hará descender a tu nivel y ahí te vencerá por experiencia”.

HÉCTOR G. BARNÉS

 

LA GUÍA PARA SOPORTAR UN TRABAJO QUE ODIAS Y LARGARTE CUANTO ANTES

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Podemos afrontar las vicisitudes del destino con pesimismo u optimismo, si lo hacemos de la segunda manera probablemente alcancemos antes nuestras metas

Lo dice un viejo dicho: sabes cuánto odias tu trabajo (y por ende tu vida) en función de cómo te sientas el domingo por la noche. ¿Lo único que te apetece es meterte entre las sábanas porque al despertarte llegará un nuevo día de risas con tus colegas del curro, buenas palabras de tu jefe y miraditas de ese compañero/a que te enloquece? Enhorabuena. Pero si, como la mayoría de los mortales, piensas que el fin de semana debería ser tres días más largo, tenemos una mala noticia para ti, que quizá conocías… no te gusta excesivamente tu empleo.

No nos meteremos en por qué o en él desde cuándo. Lo único claro es que pasamos la mayoría de nuestra vida en el trabajo, es así, y si lo odiamos nuestra vida puede acabar siendo un infierno o, por lo menos, un tedio. Sin embargo, hay una serie de trucos, como señala ‘Medium‘, para poder hacer frente al día a día y también para pensar en realizar la transición hacia algo que realmente nos satisfaga.

Una clave: haz más

Cuando tenemos que acudir cada día a un trabajo que nos desmotiva, acabamos adquiriendo ciertos “vicios” terriblemente perniciosos. Uno de ellos es realizar el mínimo esfuerzo, lo que nos sumerge en el tedio, nos amarga y lo convierte en un ciclo sin fin que ni el de ‘El rey león’: cuanto menos trabajas, menos quieres trabajar, y así sucesivamente. Quizá a primera vista no parezca muy agradable trabajar más de la cuenta, pero es fundamental.

¿Por qué? No tiene nada que ver con el rendimiento de la empresa sino más contigo mismo. ¿Cómo saber que estás preparado para un trabajo más prestigioso si ni siquiera puedes enfrentarte a uno sencillo? Hazlo por ti. Los hábitos que tengas ahora repercutirán en tu futuro.

Piensa que cada trabajo que tengas es una experiencia de vida de la que aprender

Quizá esto suena al manido: “No te vamos a pagar nada por este trabajo pero te servirá para hacer contactos”, pero nada de eso. Simplemente hablamos de aquello del vaso lleno o el vaso vacío. Puedes amargarte hasta la muerte o pensar que cada trabajo que realices es una manera de obtener nuevos conocimientos que te servirán para el futuro. ¿Te toca tratar con clientes? Pues estás adquiriendo valiosas habilidades de comunicación y aprendiendo cómo servir a los demás, lo cual es una calidad de liderazgo, por ejemplo.

 

Seamos claros. Nadie, ni siquiera esas personas que adoran sus trabajos y van con una sonrisa cada día en el metro, trabajan por el solo hecho de hacerlo, como ‘hobby’. Trabajamos porque necesitamos dinero, y eso siempre será una obligación. Si estás pensando por tanto en comenzar un proyecto paralelo es fundamental que tengas en cuenta cuánto de importante es ahorrar en un caso así.

¿Qué te gusta hacer?

Quizá te lo han preguntado alguna vez. No se debe pecar de inocente, muchas veces tenemos sueños que no se cumplen. Sin embargo, también es cierto que hay que tener claro por lo menos qué buscamos en la vida. Párate un momento a pensar. ¿Qué te apasionaría hacer? ¿En qué lugar te sentirías como si no estuvieras trabajando? De esta manera comenzarás a acercarte al fondo de la cuestión.

Puede que no halles el trabajo de tus sueños, pero, al menos, tienes un techo y comida caliente

“Más vale lo malo conocido”… esto suena mal, vale. Es cierto que cuando pensamos que se comete una injusticia con nosotros no solemos suspirar aliviados, mientras decimos: “Bueno, al menos tengo dos piernas”. Pero, oye, no es menos cierto que en el mundo en el que vivimos es difícil encontrar trabajo. Mucha gente acepta trabajos que a nosotros nos parecen indignos. Tener empleo no es un privilegio, pero en los tiempos que corren tampoco parece un derecho.

Pasito a pasito

Lo dicen los italianos, ‘piano piano si arriva lontano’. Poco a poco se llega lejos. Si estás seguro de que quieres dejar tu trabajo y dedicarte, por ejemplo, a la escritura, no te precipites. Cavila todas tus opciones y decide. Puedes continuar trabajando y escribir en tu tiempo libre, por ejemplo, antes de lanzarte de cabeza a la piscina.

Es difícil encontrar tu trabajo soñado o tiempo completo para tu hobby cuando tienes un trabajo de 30 horas que mata todas ilusiones y esperanzas. Lo comprendemos. Pero aun así tienes que encontrar un momento durante el día. Es así. Si quieres vivir la vida de tus sueños, tienes que encontrarlo. Despierta antes, usa cualquier momento de tiempo libre y dedícalo a tu proyecto, incluso si son 30 minutos.

También puede ser una motivación

Odias tu trabajo, vale, pero también puedes encontrar un estímulo. Cada vez que tengas ganas de renunciar a tus sueños, imagínate a ti mismo encerrado en el mismo trabajo que odias por el resto de tu triste y miserable vidaEso te dará alas y motivación. Es todo lo que necesitas. Quizá incluso acabes echando de menos tu mesa de escritorio y tu maceta cuando finalmente digas adiós para no volver jamás.

NUÑO

 

POR QUÉ ELEGIR TUS DEBILIDADES

 

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Cuando elegimos nuestras debilidades, escogimos nuestro enfoque; los genios no se destacan por ser lo mejor en todo, se destacan por ser excepcionales en algunas cosas.

Alrededor nuestro hay un tejido de intereses distintos. Nuestras sociedades y organizaciones ricas en diversidad e ideas innovadoras tienen prioridades diferentes. Sin embargo, a veces con el afán de ser y hacer todo, de complacer inversionistas y clientes, nos quedamos sintiendo mediocres. ¿Por qué será?

Si pensamos en una empresa o individuo excepcional, ellos no sólo se han enfocado en desarrollar un talento o idea que tenían sino también a decir “No” a cosas que les distraían de su visión. Steve Jobs decía que “la gente piensa que enfocarse significa decir “Sí” a aquello en lo que te enfocas, pero no es así. Significa decir no a otros cientos de ideas buenas que hay”.

En este nuevo año, seguramente no nos faltan ideas o proyectos. No nos faltan prioridades o indicadores para mejorar. No obstante, si queremos realmente destacar en algo, la clave es escoger las cosas que vamos a considerar como debilidades. Suena extraño, pero es poderoso reconocer y escoger con sabiduría y conciencia “nuestras debilidades”.

Cuando elegimos nuestras debilidades, ganamos mediación en nuestras vidas y organizaciones porque estamos escogiendo qué hacemos, en que nos enfocamos, en que pensamos que es importante. Sólo reconociendo y eligiendo nuestras debilidades podemos hacer más de lo que nos guste o lo que realmente crea valor en nuestras organizaciones y sociedad. Luego consideramos como mitigar estos elementos que vamos a dejar a un lado: contratando gente o un servicio para encargarse de esto, buscando otras formas de hacer lo mismo, etc.

La gente perdona la imperfección. Lo ha hecho con Steve Jobs y Apple. Sabemos que no era el jefe que todos querían tener. Que tenía sus manías y sus malos días. Sin embargo, los genios no se destacan por ser lo mejor en todo, se destaca por ser lo mejor o excepcionales en algunas cosas. Saben cómo decir “No” o elegir sus debilidades.

Una persona o empresa exitosa escoge que es relevante para sus clientes o personas a su alrededor. Escoger implica no caer en la trampa de mediocridad tratando de ser todo para todos. Por eso que tenemos la diversidad para que nuestras debilidades puedan ser fortalezas de otras personas y nuestras fortalezas se complementen con las debilidades de los demás. Así construimos empresas y los movimientos -productos, servicios, proyectos- del futuro.

 

¿PUEDE USTED AUMENTAR SU INTELIGENCIA?

 

 

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Ciertos programas prometen incrementar la memoria, resolver problemas de hiperactividad, mejorar la eficiencia cognitiva… ¿Son auténticos o fraudulentos?

Sé que usted no va a leer este artículo completo. Ya sabrá por qué. En realidad es un experimento para mostrar que estamos en una era diferente de la difusión cultural y científica. El Confidencial es un diario que cada vez se va alejando más de los objetivos propios del periodismo escrito. El papel imponía unos límites físicos a los contenidos. Un artículo podía tener como máximo 1.200 palabras. Los diarios digitales no están sometidos a esas limitaciones y además permiten distintos niveles de lectura y la utilización de información multimedia. Esto posibilita un nuevo tipo de artículo que me interesa mucho.

Podríamos llamarlos claves para acceder a la información expandida. Su objetivo es proporcionar rutas para que el lector que lo desee pueda navegar en el océano documental. Supone proporcionarle una ventaja competitiva, que es la gran meta. La información de que disponemos está a punto de ahogarnos. Hace unos meses, Eric Schmidt, el director ejecutivo de Google, afirmó que la humanidad había creado hasta el año 2013 una cantidad de información equivalente a cinco exabytes, y añadió que ahora esa cantidad se genera cada dos días. (Un exabyte —10 elevado a 18 bits— contendría 20 veces todos los libros publicados hasta ese año). La mayor parte de esa información será basura o una reduplicación de intrascendencias, pero también la información seria se multiplica, haciendo más complicado saber a qué atenerse.

El lanzamiento de los programas de potenciación cognitiva ha sido prematuro y su interés comercial ha dificultado su utilización en la escuela

Hoy les había prometido hablar de la neurología aplicada al mundo de la educación y de los programas de mejora de la inteligencia. De paso, les contaré los apuros de un investigador que quiere tener las cosas claras. Ha aparecido una floreciente industria del entrenamiento mental (Brain Training Industry) que mueve más de 1.000 millones de dólares en EEUU (Sharpbrains.com). Mediante programas informáticos, promete mejorar la inteligencia, aumentar la memoria, resolver problemas de déficit de atención e hiperactividad, prevenir el alzhéimer, mantener la eficiencia cognitiva en la vejez, etc. Ante la espectacularidad de sus promesas, nos conviene saber si son verdaderas o fraudulentas. Y, en caso de que esos programas sean eficaces, decidir si debemos aplicarlos masivamente en la escuela y en la educación a lo largo de la vida.

¿Ciencia o negocio?

A pesar del éxito comercial, algunas alarmas se han disparado. El pasado año, la empresa Lumo Labs, que comercializa el programa Lumosity, aceptó pagar dos millones de dólares como multa a la Federal Trade Commission, que la acuso de publicidad engañosa, al prometer más de lo que podía dar. (Beth Mole, ‘Billion-dollar brain training industry a sham-nothing but placebo, study suggest’). En octubre de 2014, un grupo de 70 científicos de la Universidad de Stanford y del Max Plank Institute de Berlín publicaron una carta afirmando que esos programas no tenían base científica. Parecía que con tan contundente afirmación ya podía darme por satisfecho, pero, poco después, 120 científicos de diferentes universidades y centros de investigación publicaron otra carta refutando la anterior, y afirmando la eficacia del entrenamiento cognitivo. (Pueden ver ambos documentos en esta página). Esta carta la firman expertos muy destacados, como Michel Merzenich, uno de los más notables investigadores en plasticidad cerebral, que es el fundamento de todo aprendizaje.

Pero no acabo de quedarme satisfecho, porque también es el fundador de la sociedad Posit Science, que comercializa algunos de los programas de ‘entrenamiento mental’ de más éxito, por ejemplo, el BrainHQ, y que entre 2002 y 2011 recibió más de 36 millones de dólares para estos programas. No es el único caso. El programa Fast ForWord, comercializado por Scientific Learning Corporation, que pretende mejorar las habilidades cognitivas de los niños, también se basa en su obra. Algo parecido ocurre con otro de los científicos que más han trabajado en el entrenamiento de la atención, Torkel Klingberg. Es el creador del programa CogMed, que ha sido comprado por el grupo Pearson, la empresa del sector educativo más potente del mundo. La compañía Nintendo, basándose en las investigaciones del Dr. Kawashima, lanzó un juego (Brain Training’ o ‘Brain Age’) que ha tenido enorme éxito. Sin embargo, la evidencia científica respecto a la idea de que dichos juego puedan mejorar el funcionamiento mental todavía es limitada (Nouchi R1, Taki Y, Takeuchi H, Hashizume H, Akitsuki Y, Shigemune Y, Sekiguchi A, Kotozaki Y, Tsukiura T, Yomogida Y, Kawashima R., ‘Brain training game improves executive functions and processing speed in the elderly: a randomized controlled trial’).

Es el sujeto entero y no sus funciones aisladas lo que debe ser entrenado y fortalecido

Daphne Bavelier, de la Universidad de Rochester, defensora de los videojuegos como potenciadores de funciones cognitivas, es cofundadora de Akili Interactive, una compañía que va a invertir 42,4 millones de dólares en el Proyecto Evo, de videojuegos de terapia cognitiva. El futuro comercial de la neurociencia es tan halagüeño que se ha formado la Neurotechnology Industry Organization (NIO) para desarrollarlo. No se me ocurre pensar que esto sea malo. Los avances en la ciencia han sido acelerados por las investigaciones llevadas a cabo por la industria. Lo que sucede es que en el caso de los programas de potenciación cognitiva o entrenamiento cerebral, su lanzamiento me parece prematuro, y su inmediato interés comercial ha dificultado su utilización a través de los canales educativos formales, es decir, de la escuela.

Nadie duda de que el entrenamiento mejora las funciones cognitivas y permite desarrollar talentos extraordinarios. Ya les he hablado de las investigaciones de Anders Ericsson (‘¿Podemos todos ser Mozart?‘). Pero los programas a los que me estoy refiriendo aseguran que desarrollan la inteligencia general o la ‘inteligencia fluida’ (la que permite resolver problemas nuevos), lo que exige un ‘transfer’, una ampliación de habilidades concretas a competencias generales, que es lo que está en tela de juicio. Les pondré un ejemplo: ¿es verdad que el entrenamiento en el juego del ajedrez mejora algo que no sea la capacidad de jugar al ajedrez? Los estudios científicos que tratan del ‘entrenamiento cerebral’ se centran en unas funciones que guardan estrecha relación con la inteligencia general: la capacidad de atención, la memoria de trabajo y la velocidad de transmisión del impulso nervioso. Es aquí donde surgen las discrepancias. Investigaciones como las de María Rosario Rueda, de la Universidad de Granada, muestran que la atención puede mejorarse mediante el entrenamiento (Rueda, M.R., Conejero, A., Guerra, S., ‘Educar la atención desde la neurociencia‘). Otras muestran que el entrenamiento mejora la conectividad neuronal, lo que supone una mejora de la eficiencia cognitiva. Sin embargo, revisiones recientes parecen indicar que esos entrenamientos no mejoran la inteligencia general (Melby-Lervåg M, Redick TS, Hulme C., ‘ Working Memory Training Does Not Improve Performance on Measures of Intelligence or Other Measures of “Far Transfer”: Evidence From a Meta-Analytic Review‘).

El fortalecimiento de las funciones ejecutivas permite mejorar la gestión de la propia inteligencia

Ese vaivén en estudios serios debe obedecer a alguna razón. Y eso es lo que estudiamos en la Cátedra sobre Inteligencia ejecutiva y educación que dirijo en la Universidad Nebrija. Creo que los programas de entrenamiento cerebral son fragmentarios, se refieren a funciones aisladas previamente, se realizan en situaciones poco reales, y son repetitivos. Casi todos esos programas se refieren a funciones ejecutivas, es decir, que ayudan a la ‘autorregulación del sujeto’, y por eso tienen un margen de eficacia, pero no se refieren a todo el sistema de autorregulación, y por eso fracasan en parte. Es como si un tenista perfeccionara cada uno de sus golpes, pero luego no tuviera resistencia física o ganas de ganar.

Una preparación completa

Es el sujeto entero y no sus funciones aisladas lo que debe ser entrenado y fortalecido. Los programas de entrenamiento no suelen tener en cuenta el factor motivador, las actitudes del propio sujeto sobre su capacidad, o la importancia de la metacognición en la eficacia del aprendizaje. Adele Diamond recuerda que hay que educar ‘the whole child’, al niño completo. (Diamond, A., ‘Conclusion about intervention, programs ad approaching‘). Algo parecido recomiendan Moreau y Conway, de la Universidad de Princeton (‘The case for ecological approach to cognitive training‘). Otros investigadores reconocen su pesimismo acerca del ‘brain training’, y su optimismo sobre la aplicación de lo que sabemos acerca de la memoria ( McCabe, J.A., Redick, T.S, Engle, R.W., ‘Brain-training pessimism, but Applied-Memory Optimism‘). Lo demuestra el éxito de programas escolares como Tool of the Mind. El Ministerio de Educación canadiense ha puesto en marcha una iniciativa para introducir la educación de las funciones ejecutivas en los planes de enseñanza. Me parece el buen camino. Heckman, premio Nobel de Economía, ha estudiado las ‘non cognitive skills’ (fundamentalmente, las funciones ejecutivas) como la razón del éxito escolar. Al revisar los historiales de las escuelas Perry, descubrió que sus programas no mejoraban el ‘cociente intelectual’ de los alumnos, pero sí su rendimiento, es decir, la aplicación de su inteligencia en la vida real. Eso es lo importante. (Tough,P.,Cómo triunfan los niños‘).

 

Esta visión integrada de las funciones ejecutivas y de su entrenamiento es lo que centra la investigación de nuestra cátedra. (Marina, J.A., Pellicer, C., ‘La inteligencia que aprende‘). El fortalecimiento de las funciones ejecutivas permite mejorar la gestión de la propia inteligencia. La atención, la memoria de trabajo, la inhibición, la afectividad, la resolución de problemas, etc. resultan transformados cuando se progresa en su gestión, es decir, en su forma de utilizarlas. Más que con un entrenamiento puntual, debe hacerse integrándolo dentro de los currículos normales, con programas más ricos y variados, y todo a lo largo del proceso educativo. No se trata de multiplicar los currículos, sino de enseñarlos de otra manera.

Le dije al principio que usted no leería este artículo por completo. Y no lo habrá hecho aunque haya llegado hasta aquí, porque para hacerlo necesitaría leer todas las referencias que he citado, más las referencias posteriores a que remiten. Son ramificaciones exponenciales casi imposibles de manejar, que hacen imprescindible la existencia de instituciones de referencia que sí las hayan explorado, y que puedan comunicar su experiencia al ciudadano no especializado. Esto es lo que diarios como El Confidencial hacen posible. Y lo que mi equipo y yo desearíamos hacer desde nuestra cátedra, en los temas que son de su competencia.

José Antonio Marina

 

QUÉ HACER CUANDO TU JEFE TIENE MUY POCA INTELIGENCIA EMOCIONAL

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La falta de empatía es una de las principales características en este tipo de jefes

Todos no hemos encontrado alguna vez con individuos que no logran empatizar con las emociones de otras personas. Esta capacidad de entender y comprender al otro se llama inteligencia emocional y abarca aspectos tan claves como la comunicación. En general es un problema importante para el desarrollo personal y profesional, pero ¿qué pasa cuando el afectado es un jefe? ¿Cómo se puede lidiar con él?

Según un artículo publicado en INC, si en nuestras empresas identificamos patrones de conductas ligadas a una falta de inteligencia emocional en puestos de mando, el primer paso para encauzar la situación es “tomarlo con calma”. Pero ¿cómo saber si estamos ante un jefe sin empatía?

Las personas que tienen niveles bajos de inteligencia emocional se muestran ante los demás como personas poco sociables, dados el tono de sus contestaciones en las conversaciones. También poco comprensivas ante las circunstancias de las personas de su alrededor.

Los jefes que no conectan con sus equipos suelen se descritos de “tiranos” y no saben cómo manejar las señales de comunicación no verbal (si es que llegan a verlas), fundamentalmente, por una falta de atención generalizada hacia su entorno. No son conscientes de las señales sociales como la frustración, la pasividad e incluso la hostilidad.

Esta desconexión provoca en los equipos una antipatía que bloquea la motivación y limita la creatividad. No hay confianza porque se tiende a dirigir bajo órdenes mal expresadas y, por tanto, mal entendidas. Entonces, ¿qué hacer ante esta situación como empleado?

Una opción es tratar de ignorar el problema, pero rara vez funciona. Otra, enfrentarse directamente al jefe, que, debido a esta carencia emocional, podría interpretarlo como un ataque o una falta de respeto. Sin embargo, existe una alternativa: “estar por encima de la situación”, es decir, demostrar la profesionalidad y tratar de hacer que las cosas funcionen, en la medida en la que se pueda.

No se trata de pasar por encima del jefe o tratar de compensar su debilidad profesional, si no de tratar de dar el máximo rendimiento personal, colaborar con los compañeros para lograr los objetivos y, en definitiva, ser el profesional que la empresa buscaba cuando te contrató. Todo lo demás, caerá por su propio peso en el momento oportuno.

El enfoque en el trabajo es una tarea difícil pero segura a la hora de lograr llegar a dónde se pretende hacerlo, más allá de la situación que haya en la oficina o el jefe que se tenga. Saber controlarse, apartar lo emocional y centrarse en lo que se está haciendo bien como profesional son las bases que asientan la confianza en uno mismo.

Esta actitud optimista, además, supone un plus a la hora de alcanzar los objetivos y metas personales. De hecho, varios estudios han demostrado que esta capacidad de abstracción, junto a una actitud de felicidad, son claves a la hora de ascender profesionalmente.

Por otro lado, si este refuerzo positivo es expresado, de manera particular, al resto del equipo -independientemente de si se ocupa una posición de dirección- va a facilitar el contagio entre el resto de compañeros y puede que, finalmente, hasta del propio jefe.

Lo importante, en definitiva, es no perder el centro de nuestro propio equilibrio emocional. Tratar de buscar soluciones a los problemas apartando cuestiones que no nos beneficien para llegar a superarlos como el enfado, el estrés, la frustración. Evidentemente, es una tarea difícil y puede que no se logre salir con éxito de estas situaciones todos los días, pero ser constante permitirá crear un hábito positivo en la forma en la que respondemos a ellas.

 

SEIS FORMAS SENCILLAS DE PARECER MÁS INTELIGENTE QUE LOS DEMÁS

 

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Hablar con expresividad, ponerte gafas o sonreír más son algunas de las maneras que tienes para mejorar la percepción que los demás tienen de ti

Cuando tratamos con una audiencia, ya sea en el trabajo o en nuestra vida personal, la percepción es tan importante como la realidad. Si no más. Es la lente que utilizas (y utilizan los que te rodean) para mirar, interpretar y entender. Por supuesto, depende de la cultura y el momento evolutivo de cada sociedad. No obstante, si lo que quieres es brillar en el ahora, tal vez te convenga revisar las seis formas para parecer más inteligente que resumen los expertos de AsapScience. Es todo una cuestión de percepción, dicen…

La inicial en el medio

La creencia de que los nombres tienen poder por sí mismos es un elemento básico de la mitología y la ficción. En ambos casos, el nombre representa la esencia de una persona, su poder como individuo. Hasta cierto punto, se podría decir que los nombres encajan -o tal vez son moldeados- a través de la percepción que los demás tienen de esa persona. “La psicología nos muestra que, en el texto, cuando se utiliza una inicial en el medio, se tiende a pensar mejor sobre el intelecto y las habilidades de la persona en cuestión”, aseguran desde AsapScience.

Cualquier información tiene más probabilidades de ser creída si parece y huele a científico, es decir, introduce unos diagramas con barras y decimales

Esta impresión quedó demostrada por un estudio del ‘European Journal of Social Psycology’, que argumenta que las iniciales medias en los nombres de los autores de papers, artículos o novelas mejoran la evaluación de su escritura, así como la percepción de estatus. Por si te lo estabas preguntando, los nombres de los psicólogos autores del estudio son Wijnand A. P. van Tilburg y Eric R. Igoy, así que habrá que tomarles en serio.

Deja de renegar del segundo nombre que te pusieron tus padres a traición y vive una vida como intelectual de postal sacando a relucir la inicial perdida para destacar como tú mereces. Y, si no tienes, invéntate uno y crea un misterio al nivel de la ‘J’ entre Homer y Simpson.

Utiliza gráficos

Si tratas de convencer a tu jefe de algo específico, asegúrate de mostrarle un gráfico. Según un estudio de la Universidad de Cornell cualquier información tiene más probabilidades de ser creída si parece y huele a científico, y todos sabemos que la mejor manera es introducir unos diagramas, barras y columnas entre números con decimales. Incluso si los gráficos no contienen nueva información, convencerá a la gente simplemente por la virtud de ser presentado con elementos asociados a la ciencia. Cuando a los participantes del estudio se les presentó una información al azar, un 65% de ellos creyeron en su veracidad. Sin embargo, en cuanto se le agregaron las barras con decimales, el porcentaje aumentó al 96%.

Habla con expresividad

No es lo que dices, sino cómo lo dices. En un estudio reciente, se les pidió a los participantes que se presentaran a una hipotética entrevista de trabajo. Aquellos que utilizaron diversos tonos, énfasis y volúmenes fueron percibidos como más reflexivos y dieron una mejor impresión en general. Desde AsapScience lo explican así: “Cuando dos personas dicen lo mismo pero uno modula su voz y mantiene las pausas al mínimo, será percibido como más inteligente y persuasivo”. Por esa misma razón, los youtubers que le hablan a la cámara destilan entusiasmo y no dejan silencios entre frases.

Si un profesor lleva ropa formal y porta gafas, los estudiantes serán menos propensos a portarse mal y más proclives a atender su clase

Ponte gafas

Sí, puede parecerte el típico cliché de que las gafas hacen a cualquiera que las lleve más ‘nerd’, pedante o simplemente aficionado a la lectura. Por fortuna o por desgracia, llevar gafas se asocia a una inteligencia superior. No obstante, no debemos descartarlo porque sea un estereotipo manido. Estudio tras estudio demuestran que estos estereotipos juegan un papel fundamental en cómo la gente percibe a otros y, aunque no se logre disfrazar su capacidad intelectual con una montura, parece que a veces el truco surte efecto. Por ejemplo, existe una correlación clara entre cómo viste un profesor de universidad y qué aprenden sus estudiantes. Si lleva ropa formal y porta gafas, sus alumnos serán menos propensos a portarse mal y más proclives a atender.

Sonríe más

Se ha demostrado que a la hora de juzgar a las personas por su apariencia física, existe una correlación clara entre la inteligencia y la alegría. Un estudio publicado en 2014 en la revista PLoS ONE revela que “las caras de alta inteligencia parecen estar sonriendo más que las de inteligencia baja”. En este sentido, si una persona muestra un rostro enfadado la percepción será radicalmente contraria. En otras palabras, fruncir el ceño te hace parecer más estúpido.

No sostengas alcohol

Todos sabemos a estas alturas que el alcohol afecta a las habilidades de razonamiento de una persona. Sin embargo, los inconvenientes pueden no terminar ahí. Según un estudio de la Universidad de Michigan y la Universidad de Pensilvania las personas que simplemente sostienen una cerveza o una copa de vino son percibidas como menos inteligentes que aquellas que no lo hacen. Va en serio: los científicos lo llaman el ‘sesgo del idiota’. Incluso en los experimentos en los que se utilizaron bebidas alcohólicas falsas, los participantes juzgaron a estos candidatos de peor forma.

Miguel Sola

 

TÚ NO TIENES LA CULPA DE ESTAR DEPRIMIDO: LA TIENEN LOS ESCRITORES DE AUTOAYUDA

 

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Los pensamientos positivos o las ideas autoindulgentes como receta para salir de estados depresivos son un engaño y en muchas ocasiones, contraproducentes

Un lector nos cuenta en su email: “(…) y hace más de un año que me encuentro mal. No tengo ganas ni de levantarme de la cama. No tengo ganas de hablar y cada vez salgo menos de casa. Me siento triste casi todo el tiempo, a veces lloro sin saber por qué

De verdad que he intentado salir de ese estado. He leído muchos libros de autoayuda y sé que todo depende de mí fuerza de voluntad. Sé que ser optimista y usar frases motivadoras me va a funcionar. Pero no lo consigo y cada vez estoy peor. Me siento culpable por no conseguir animarme. ¿Qué hago mal, por qué no logro remontar motivándome y siendo positivo?

A todos nos encantaría que se cumpliera una especie de ‘Ley de Atracción’ y que repitiendo mensajes optimistas todo nos saliera bien

Tú no haces nada mal: los crueles son los escritores de libros de autoayuda que venden la falsa idea de que basta utilizar mensajes positivos para salir de las crisis psicológicas graves. Los que te han contado eso saben que es mentira. De hecho a ellos no les funciona. Ni siquiera predican con el ejemplo: sus métodos no les hacen más felices. Escritores de autoayuda “arrepentidos”, como Michelle Goodman, están empezando a denunciar la discrepancia entre las promesas de felicidad que hacen en sus libros y la triste realidad de su vida cotidiana.

La idea de que “pensar en positivo” cura depresiones es simple pensamiento mágico. El psicólogo Giorgio Nardone, por ejemplo, lo denuncia en su libro ‘Psicotrampas’. A todos nos encantaría que se cumpliera una especie de ‘Ley de Atracción’ y que repitiendo mensajes optimistas todo nos saliera bien. Con esa esperanza los hombres del paleolítico pintaron mamuts y bisontes esperando encontrárselos a la salida de la cueva. Era una idea tierna, pero jamás funcionó.

No fallas tú, falla el método

No te sientas culpable porque no te funcione una táctica ineficaz. Nardone presenta datos de un fenómeno que muchos terapeutas conocemos por experiencia: cuando una persona deprimida intenta pensar de forma optimista la mayoría de las veces acentúa su estado melancólico. Hay una razón para ello: en los momentos de bajón, solemos funcionar por comparación con el resto de seres humanos. Tratar de pensar de forma positiva y no lograrlo cuando creemos que otras personas lo han conseguido usando esa táctica nos entristece. Cuando estamos mal nos agobia nuestra imposibilidad de acceder al ‘país del bienestar’. Por eso es importante que investigues y veas que no es culpa tuya, que es el método el que falla.

Deja de compararte con los que en este momento están felices. Como decía mi abuelo, la vida no es igual para todos. La falacia de estos libros está en que confunden causas y efectos. Nos dicen que nos fijemos en los pensamientos eufóricos que caracterizan a las personas que están bien. Y nos intentan hacer creer que ahora se sienten satisfechos gracias a que en los malos momentos estuvieron alegres y esperanzados. Es una hipótesis ‘comenubes’ falsa: no solemos tener suerte porque mostramos buen estado de ánimo, sino que más bien mostramos buen estado de ánimo porque ahora tenemos suerte. No empieces la casa por el tejado: creer que el optimismo iluso va a hacer que las cosas te vayan bien es como pensar que comprar yates de lujo te va a llevar a hacerte rico. Cambia a la vez tu vida y tu estado de ánimo: después serás feliz.

La melancolía, la rabia, el temor, el cinismo y el comportamiento retador son fenómenos que nos ayudan a cambiar lo que no funciona

Acéptalo: tienes que pasar por emociones desagradables para poder cambiar tu mundo a mejor. La ensayista Barbara Ehrenreich en su obra ‘Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo’ es una de los pensadores que han reivindicado el potencial de estos necesarios sentimientos “negativos”. A todo esto, ¿no te parece inquietante que en los libros de autoayuda se denomine así a las emociones rebeldes que transforman la realidad? Ehrenreich nos recuerda en su libro que la melancolía, la rabia, el temor, el cinismo y el comportamiento retador son fenómenos psicológicos que nos ayudan a cambiar lo que no funciona en nuestras vidas. La negatividad es siempre el principio del cambio. No podemos saltarnos los pasos previos e ir directamente al final feliz, digan lo que digan los autores que estás leyendo.

Enfádate con lo que te está amargando la vida: la cólera es más antidepresiva que la tristeza. La depresión es ira interiorizada. Cuando no somos capaces de enfrentarnos a los que pisan nuestros derechos, nos cabreamos con nosotros mismos y entramos en síndrome de indefensión. Gabriele Oettingen, profesora de Psicología de la Universidad de Nueva York, muestra en sus investigaciones que pensar en positivo y evitar el desasosiego por nuestra situación lleva a las personas a sentirse mejor en el presente, pero también les hace perder motivación para cambiar sus malas circunstancias. La razón es que si disfrutamos de una experiencia que estamos deseando como si ya la hubiéramos conseguido, desaparecen la desazón y el entusiasmo necesario para lograr nuestro objetivo.

Sentimientos transitorios

Alégrate de no conseguir engañarte a ti mismo: solo demuestra que no eres un iluso. Hace unos años, los psicólogos W.Q. PerunovicJ. Wood J. W. Lee realizaron un experimento en el que pedían a un grupo de personas intentar interiorizar una frase clásica del positivismo naif: “Soy una persona encantadora”. Después, evaluaron el estado anímico de los participantes. Y comprobaron que las personas que empezaron el experimento con baja autoestima acabaron sintiéndose mucho peor que al principio. A las personas inseguras que atraviesan momentos difíciles de la vida el pensamiento ‘comenubes’ les hace sentirse más indefensos. Las alabanzas irreales nos suenan a compasión y nos entristecen, da igual que las hagan los demás o que nos las repitamos nosotros mismos.

Sé realista y quítale dramatismo a tus sentimientos: son transitorios. Tus emociones fueron adaptativas, pero la carga de desesperanza que les da la depresión las ha hecho limitadoras. Crees que vas a estar así siempre y no es cierto. El terapeuta Aaron Beck (entre otros psicólogos) nos revela que el sentimiento depresivo se basa en creencias catastróficas irracionales. La enfermedad te hace pensar negativamente acerca de ti mismo (“No valgo para nada”), de lo que te rodea (“Nadie me quiere de verdad”) y del futuro (“Me voy a quedar así para siempre”) Estas elucubraciones no son ciertas, vienen de errores cognitivos que dispara la depresión: te centras solo en lo malo y maximizas sus efectos, anticipas acontecimientos negativos que no han sucedido y muchas veces no ocurrirán pero te hacen caer en el nihilismo, clasificas todo en blanco o negro sin ver los grises,… Analiza estos errores de pensamiento y verás que, poco a poco, tus respuestas son menos melodramáticas. Lo que sientes son reacciones normales ante una circunstancia determinada: la depresión. No te pasa nada extraño, tu salud mental no peligra. Eres una persona sana que está atravesando un mal momento.

La depresión funciona como un “círculo vicioso”, romperlo por cualquier parte es el principio de la curación. Y ponte en manos de un profesional

Deja de preocuparte, ocúpate. Vuelve, poco a poco, a manejar tu propia vida. Procura estar activo, aunque te falte motivación para comenzar actividades. Cuida los aspectos de tu vida que estén en tus manos: higiene y orden, búsqueda de placeres sencillos, ritmos de sueño y alimentación, etc.: la depresión funciona como un “círculo vicioso”, romperlo por cualquier parte es el principio de la curación. Y ponte en manos de un profesional: existen varias técnicas de eficacia probada que sí te ayudarán a dejar atrás ese “perro negro” Así le llamaba a la depresión Winston Churchill, una de las muchas personas famosas (Miguel Ángel, Monet, LincolnBertrand Russell, Steve JobsUma Thurman…) que superaron el problema y siguieron adelante con sus vidas.

Si quieres leer algo sobre este tema que te ayude a salir del círculo vicioso del “Optimismo Iluso” te recomiendo el libro del psicólogo Eparquio Delgado ‘Los libros de autoayuda ¡Vaya timo!’.

LUIS MUIÑO

 

UN EXPERTO EN INNOVACIÓN ASEGURA QUE LA CLAVE DEL ÉXITO EMPRESARIAL RESIDE EN LA HUMANIZACIÓN

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La mutua Umivale ha organizado unas jornadas formativas sobre gestión de personas y liderazgo donde el experto en innovación empresarial, Mario Alonso Puig, pudo dar las claves sobre hábitos de vida saludables, la figura de un líder, la gestión del talento y la consecución de las metas personales a través de un taller.

Mario Alonso Puig, experto en liderazgo e innovación empresarial, ha impartido un taller sobre la gestión de las personas a los mandos intermedios de la mutua Umivale, a través del cual ha abordado conceptos como el liderazgo, el éxito, y los hábitos de vida saludables, desde un punto de vista humanista, e incidiendo desde el principio en la importancia de tener un equilibrio entre la psique y el corazón. Puig ha destacado, además, que el ser humano ha avanzado en tecnología, pero que apenas lo ha hecho en el aspecto psicológico, y que esto a la larga puede ocasionar un problema de ética.

Hábitos de vida saludables

Puig cree que es necesario darse cuenta de la verdadera importancia que supone para las personas y el impacto sobre la propia vida que tienen el llevar a cabo hábitos de vida saludables: como la práctica de deporte o alimentarse de forma sana. Además, ha explicado que la alimentación se debe de asociar a estar mejor, a saber conseguir a través de una dieta sana más energía y menos enfermedades. Por otra parte, sobre el deporte asiente que aún falta más sensibilización sobre sus beneficios, ya que el sedentarismo y sus consecuencias están muy presentes en nuestra sociedad.

Un líder: se nace o se hace

Centrándose en el tema laboral, Puig ha continuado hablando sobre el concepto liderazgo. Para él se debería de utilizar más el verbo “liderar”, ya que esto implicaría que todo el mundo, en algún momento de su vida, podría hacerlo.

Sobre el significado de este término, ha explicado que liderar no debe de ser lo mismo que mandar u ordenar, a su entender “un líder debe de inspirar, movilizar a las personas. Debe de ayudar a otros a crecer su potencial”.

En cuanto a si estas personas están predestinadas o pueden formarse para ello, ha comentado que hay estudios que demuestran que sí que es cierto que hay sujetos que llevan innato el saber influir mejor que otros; sin embargo, también ha explicado que si una persona se “reinventa” y se da cuenta de la importancia que puede suponer el liderar un proyecto, estas cualidades también se pueden desarrollar, como le ocurrió a Gandhi.

Para él un buen líder debe de cumplir cuatro características:

  1. Ser competente para aquella tarea que quiera liderar, tener conocimientos y experiencia.
  2. Tener una visión inspiradora que permita unirse a su equipo.
  3. Tener un carácter que transmita fiabilidad, integridad y coherencia.
  4. Saber conectar con otro ser humano.

En cuanto al término de reinventarse, para él consiste en “abrirse para ver dentro de cada uno los talentos, recursos y posibilidades que no se conocían”. Puig asegura que el descubrir estas nuevas capacidades puede ayudar, además, a mejorar el estado de salud de las personas, y en el ámbito empresarial, permite a las empresas a ser más creativas y por lo tanto más competitivas. Para poder llevarlo a cabo, ha comentado que es muy importante hacer dos acciones: primero dejar de juzgar a los demás y empezar a observar con curiosidad, y el segundo aprender a valorar lo que se está haciendo en el momento sin pensar en el pasado o en el futuro.

Gestión del talento

Sobre la gestión del talento en las empresas ha dicho que, a su parecer, ahora mismo, no se potencia. Para empezar, porque se piensa que el talento está en la cabeza, cuando en realidad se encuentra en el corazón. El Doctor ha recomendado transmitir confianza y seguridad a los empleados, como herramienta para conseguir que estén “apasionados” con los proyectos y que cumplan con los objetivos.

Una actividad que puede ayudar en esta gestión y a aumentar la productividad de las empresas, es el Mindfulness. Mario Alonso Puig explica que su auge es debido a que varios estudios han demostrado que el entrenar la atención puede ayudar a las personas a mejorar su salud, reducir su actividad emocional y a poder ver las cosas con claridad, entre otras. Esto, en un entorno de empresa, significa un descenso en el absentismo laboral y de los niveles de depresión, así como una mejora de las relaciones interpersonales.

El Triunfo

Para concluir el ponente ha hablado sobre uno de los principales objetivos de muchas personas: el triunfo. En su opinión habría que distinguir entre el triunfo (éxito) y la felicidad, ya que el triunfo sólo colma los sentidos, y la felicidad al corazón.

Como principal conclusión ha remarcado la importancia que supone la comunicación positiva en las relaciones interprofesionales y personales. Para Puig debe de abandonarse el tabú que durante mucho tiempo ha existido sobre el tema de los sentimientos, y se debe de empezar a crear estas relaciones basadas en la humanización: entender a la persona con la que estás hablando y quererla, o lo que es lo mismo: tratar con afecto a la gente. Para ello cree que es prioritario abandonar las etiquetas que lo que realmente hacen es reducir la percepción que tenemos de un ser humano al tamaño de la etiqueta que se le ha puesto.