Los trucos más efectivos para concentrarte al máximo en el trabajo

¿Tienes poca capacidad de atención? Recupera la facilidad de enfocarte en las tareas que haces en el día a día con esta serie consejos de distintos expertos

Si hay un rasgo que define a esta época en la cual vivimos es el auge de los trastornos de déficit de atención entre la población. A raíz de la cantidad de estímulos que proliferan a través de los diferentes canales de comunicación, sobre todo de las pantallas que llevamos siempre con nosotros, el hecho de focalizar la atención todo el tiempo en una actividad resulta más y más difícil.

Y en situaciones estresantes o extraordinarias como la que hemos vivido en esta cuarentena, más aún. Son muchos los profesionales de trabajos creativos que han visto cómo, a pesar de tener todo el tiempo del mundo, la inspiración no les venía a visitar. Y mucho menos la concentración. En los primeros días de la pandemia el número de mensajes y llamadas era ingente al estar a las puertas de un problema tan grave a nivel global.

El flujo de atención se mantiene gracias también a los descansos, pero no los lleves muy lejos para no perder la concentración

Pero ahora que poco a poco los esfuerzos apuntan a recuperar la normalidad y a la vez vivir con el virus tomando las máximas precauciones y respetando las medidas de seguridad, debería volver la habilidad para estar concentrados. Si crees que te está costando recuperarla, o directamente tu nivel de despiste ya viene de serie, tal vez te interese leer lo que viene a continuación. La revista ‘Inverse‘ ha recopilado algunos trucos para mantener tu nivel de atención a pesar de las circunstancias o de que te hayas levantado con el pie izquierdo. A fin de cuentas, es un estado mental que se puede entrenar y sacar provecho incluso cuando sientes que no eres capaz.

Bloquea las distracciones

Básicamente, se trata de mantener lo que la psicóloga Mihaly Csikszentmihalyi llama el ‘flow’, un ritmo de trabajo en el que prima un enfoque puro y creativo. Es decir, «un estado en el que las personas están tan involucradas en una actividad que nada más les parece importar». Para ello es importante bloquear las posibles distracciones que pueden romper ese ritmo de trabajo y acondicionar un espacio adecuado para ello.

Planifica

Bien puedes dibujar en una hoja las tareas que vas a realizar, de la primera a la última. «Alcanzo la concentración cuando hago una hoja de ruta visual de cada paso que debo dar para llegar del punto A al punto B antes de comenzar un proyecto», asegura David Morneau, CEO de inBeat Agency. «En mi caso, prefiero que sea visible, la imprimo y la mantengo frente a mí mientras estoy trabajando. Me ayuda a estar al tanto de lo que viene después y mantenerme concentrado y comprometido».

Tómate descansos o haz algo recreativo

«Busca eso que te haga centrarte en tu tarea», aconseja Linda Clark, CEO de una empresa de consultoría. «Yo puedo jugar durante unos minutos y luego abordar un proyecto que requiere cierta creatividad. Puedes correr o meditar. El flujo se mantiene gracias también a los descansos, pero no los lleves muy lejos para no minar tu capacidad de atención. Sal a tomar el aire, toma un refresco y luego regresa a tu puesto. Cuando te dispongas a empezar, crea un espacio que evite cualquier interrupción».

La música adecuada

El hilo musical mientras trabajas o desarrollas alguna actividad suele ayudar bastante a la hora de hacer que captes mejor la atención en aquello que estás haciendo. Claro que, hay infinidad de estilos que a priori pueden servirte mejor o peor a la hora de activar el cerebro. Seguramente con una música pop sea más difícil concentrarte al tener una melodía muy tarareable y pegadiza que hace que te pongas a canturrear, a diferencia de una música más ambiental como el jazz o el techno, que carecen de letra. La elección de la música para concentrarse es muy subjetiva, tan solo debes encontrar cuál es el género que mejor se adapta a ti a la hora de poner tus neuronas a funcionar.

Primero lo más sencillo

Otro método es empezar por tareas más sencillas, fáciles o repetitivas antes que por las más grandes o complicadas. Además, al superarlas liberarás dopamina, lo que fomentará la concentración y la motivación. «Antes de terminar, tómate cinco minutos para crear una lista rápida de los objetivos cumplidos a tener en cuenta en la próxima sesión», asegura Trevor Lohrbeer, fundador de la empresa Day Optimizer. Así sabrás mejor por dónde debes comenzar al día siguiente y gracias a ello trazarás un mapa mental con el desarrollo de la actividad.

Activa las ondas alfa

«Hay pasos muy rápidos para activar las ondas cerebrales alfa y alcanzar ese estado mental óptimo en el que el tiempo vuela y estás concentrado», admite Tessa Hull, entrenadora profesional. «El té verde contiene teanina, un químico neurotransmisor que aumenta de forma significativa este tipo de ondas sin causar somnolencia. También sucede con 30 minutos de ejercicio físico. Si además le añades la meditación, ya estás en el camino ideal para lograr un estado de concentración muchísimo más efectivo».

ACYV

 

La famosa regla por la que acabamos procrastinando y perdiendo el ...

¿Estás agobiado con algún plazo de entrega? A todos nos ha pasado más de una vez. Un intelectual británico encontró la explicación, y posible solución, a esta manía de perezosos

El tiempo pasa y aún no has acabado la tarea. Ese informe, texto o código que tienes que entregar debe estar acabado en menos de 15 minutos. Después de haber desperdiciado la mitad del día, el reloj apremia y tienes que dejarlo todo finiquitado. La última lección del temario que dejaste para estudiar el último día antes del examen es demasiado extensa y acabas prefiriendo repasar lo aprendido en vez de meter nuevos conocimientos en tu cabeza. Y entonces piensas, ansioso, que podías haberlo abordado mejor si hubieras sido diligente cuando debías.

En el contexto histórico que atravesamos, en el que muchos empleos se han visto abocados a adaptarse al teletrabajo, resulta más difícil que nunca concentrarse y sacar nuestros proyectos adelante. Más allá de la preocupaciones originadas por la enfermedad, muchas personas deben compaginar su vida familiar con la laboral. La frase que se repite en todas las casas viene a ser: «Como siempre, mal y tarde». ¿Por qué tendemos a dejarlo todo para el último momento? Luego, cuando llega la hora de la verdad y ya no podemos posponer más nuestras tareas, nos entra el arrepentimiento y acabamos terminándolo todo en mucho menos tiempo del esperado.

Cuando tenemos horas o días para finalizar una tarea, tendemos a ver el plazo como muy grande, de ahí que nos relajemos y procastinemos al inicio

Procrastinar hasta el último segundo es una tentación perezosa que se apodera de muchos trabajadores, estudiantes e investigadores. Lo curioso es que existe una ley sociológica que puede explicar esta tendencia a dejar todo para el último momento. Se llama ley de Parkinson y su ‘leitmotiv’ es el siguiente: «El trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine». Viene formulada por el historiador naval británico Cyril Northcote Parkinson en un ensayo publicado en la revista ‘The Economist’ en 1955.

En dicho ensayo, Parkinson usa el ejemplo de una anciana que escribe una carta a su sobrina. Como está completamente desocupada, la señora dedica el día entero a redactar la misiva. Por supuesto, al emplear tanto tiempo el resultado tendría que ser impecable. Pero más allá de eso, el autor relaciona este hecho con la burocratización de las instituciones británicas. Entre 1914 y 1928, el número de barcos de la marina había disminuido en dos tercios y el personal en un tercio; sin embargo, el número de burócratas contratados se había disparado un 6% en un año, como recoge un artículo sobre el tema de la ‘BBC‘. En definitiva, había menos personas y menos trabajo, pero la administración se estaba expandiendo por razones ajenas a las del propio oficio naval. ¿Por qué?

Menos trabajo, más burocracia

Parkinson identificó que había dos elementos que condujeron a este peculiar escenario. Uno era la ley de multiplicación de subordinados, por la cual los gerentes tendían a contratar a dos o más subordinados para que ninguno de ellos compitiera con el propio gerente. Y la otra razón es el hecho manifiesto de que los burócratas acaban produciendo más trabajo para otros burócratas.

Una explicación más certera de la teoría de Parkison es la que ofrece Stefan Thurner, un profesor de Ciencias de Sistemas Complejos de la Universidad Médica de Viena, en Austria, quien explica que las empresas suelen empezar su actividad con una jerarquía más o menos plana, con dos ingenieros. A medida que la compañía va creciendo, se contratan asistentes para esos productores, que luego acaban consiguiendo un rápido ascenso. Esto a su vez conlleva a que estos mismos acaben contratando a sus propios subordinados de tal modo que la empresa empieza a crecer exponencialmente. Tanto es así que «cuando se vuelve muy grande y costosa, puede llegar a consumir todos los ingresos», avisa Thurner. «Si el cuerpo burocrático no se reduce drásticamente, la empresa quiebra».

Cuando tienes una fecha límite, es como tener una tormenta por delante o un camión a la vuelta de la esquina

¿Cómo se traslada esto a la relación que Parkinson hace del tiempo de trabajo? Básicamente, que cuando tenemos horas o días para finalizar una tarea, tendemos a ver el plazo como bastante grande, de ahí que nos relajemos y procrastinemos al inicio, o bien no nos lo tomemos tan en serio hasta que ya no nos queda otra opción que cumplir de inmediato. Por ello, son muchas las agencias de desarrollo personal y profesional que aconsejan que a la hora de cumplir con unos tiempos de entrega, para hacerlo más diligentemente y no procrastinar tanto, recortemos un tercio o a la mitad del plazo en el que el trabajo debe ser entregado o realizado.

Una de las principales trabas o puntos flacos de esta teoría es que si asignamos menos tiempo a la consecución de una tarea nada nos garantiza de que esta cumpla con los estándares de calidad exigidos. En otras palabras, si por ejemplo debemos estudiar un temario en un mes y lo hacemos en solo 15 o 20 días, aunque vayamos más apretados y por ello seamos menos procrastinadores, el riesgo de no aprenderlo lo suficientemente bien crece debido a la complejidad de la tarea. Por ello, la cuestión no está en el tiempo material que verdaderamente necesitamos para finalizar un proyecto, sino más bien en el grado de atención que debemos poner en él.

Según Eldar Shafir, profesor de la Universidad de Princeton, los humanos tenemos una capacidad limitada de memoria, atención y fatiga. «Debido a que nuestra atención es limitada la dividimos como podemos a medida que avanzamos en la vida cotidiana», asegura, en la ‘BBC‘. Pero a veces, ya sea por necesidad o porque no nos queda otro remedio, debemos enfocarnos en algo.

Si tu fecha límite está demasiado cerca y entras en pánico, podrías trabajar de forma ineficiente y las cosas podrían salir mal de todos modos

«Cuando tienes una fecha límite, es como tener una tormenta por delante o un camión a la vuelta de la esquina», prosigue Shafir. «Te sientes amenazado por aquello que va a venir, por lo que te concentras mucho en la tarea». Desgraciadamente, una excesiva concentración también acarrea efectos negativos, sobre todo en tu entorno más inmediato. «Si te enfocas mucho en un gran proyecto, quizás olvides recoger a tu hijo de la escuela, el cumpleaños de tu madre…». Y, por último, concluye: «Si tu fecha límite está demasiado cerca y entras en pánico, podrías trabajar de forma ineficiente y las cosas podrían salir mal de todos modos».

En conclusión, vivimos en un mundo en el que cada vez cuesta más concentrarse en algo. Los agentes que luchan por nuestra atención nos lo ponen más difícil. El trabajo, al fin y al cabo, requiere tener la mente despejada para funcionar correctamente, y a la vez exige un alto nivel de concentración para hacerla bien y en los tiempos permitidos. Al final, la clave está en saber organizarse y, a la hora de encarar un plazo de entrega, poner toda nuestra actividad cognitiva en lo que estamos haciendo en el menor tiempo posible para no agotarnos y dejar espacio para los demás. Descansar el cerebro es imprescindible para llevar a cabo una tarea que requiera pensamiento y decisión. De ahí que cumplir con el plazo ‘a matacaballo’ después de una aguda procrastinación no sea nada recomendable.

  1. ZAMORANO

 

Resultado de imagen de EL TIMO DE LA PRODUCTIVIDAD: ASÍ TE ENGAÑAN LOS EXPERTOS

Trabajar de la manera más eficiente es una máxima que quieren cumplir todos los empleados pero, ¿y si en realidad tuvieran que ocuparse de ello las empresas?

El aumento de la productividad es una de esas indulgencias que los gurús del siglo XXI pretenden vendernos para que nos convirtamos en trabajadores modelos. «¡Sigue estas 20 formas para conseguir que tú y tu equipo seáis mucho más productivos en el trabajo!», «comer alimentos saludables te ayudará a mantener el cerebro adecuadamente alimentado, mejorará tu capacidad mental e impactará en tu productividad», «conquista la procrastinación con la Regla de los dos minutos».

Los anuncios que anteriormente te prometían que perderías peso o conseguirías a la mujer de tus sueños con solo seguir unos pasos han mutado en webs y libros que te prometen el oro y el moro empresarial.

Dios salve a la productividad

El’ trabajamos para vivir’ es cada vez más un ‘vivimos para trabajar’, en un mundo donde algunos aspiran por una utópica jornada laboral de tan solo cuatro días. El Partido Laborista en Reino Unido y Más País en las pasadas elecciones españolas coincidieron en incluir en su programa electoral la promesa de reducir gradualmente la carga de trabajo (sin que eso repercutiera en el salario) hasta llegar a las 32 horas en un plazo de diez años.

 

Y, mientras tanto, en ese mundo extraño en el que vivimos, el pasado mes de diciembre la empresa británica StandardToilet patentó un retrete inclinado para elevar la productividad. El tiempo es oro, más aún en las empresas, por lo que la solución contra aquel compañero que se pasa media jornada laboral en el excusado es, sin duda, un váter inclinado 13 grados hacia delante, de tal modo que las piernas empiecen a doler si permaneces más de cinco minutos sentado en él.

Esta medida digna de una novela distópica de Orwell se explica con la justificación de la compañía: supuestas encuestas recientes aseguran que muchos empleados invierten hasta 28 minutos en el retrete, lo que supone un coste muy alto para las empresas.

En Noruega, una empresa exigió a las empleadas que usaran pulseras mientras menstruaban para demostrar que tenían que ir al baño con frecuencia

Los británicos no han sido los únicos en mezclar pausas para el baño con productividad. Según explica un artículo recientemente publicado en ‘The Conversation‘, una empresa con sede en Chicago fue noticia cuando un sindicato presentó una queja contra ella por «acoso en el baño». Al parecer, la empresa había introducido tarjetas magnéticas para controlar el uso del inodoro y aconsejaba a los empleados que no pasaran más de seis minutos en el retrete, llegando a entregar tarjetas regalo a los que no sobrepasasen ese tiempo.

En Escocia, por otra parte, se pidió al personal de un centro de atención telefónica que firmara un nuevo contrato que limitaba los descansos para ir al baño a solo dos minutos en un total de cuatro horas. Y en Noruega, una empresa exigió a las empleadas que usaran pulseras rojas mientras menstruaban para demostrar que podían ir al baño con más frecuencia por una razón de peso.

¿Todo el mundo se ha vuelto loco con las pausas para el baño o realmente la productividad se ve afectada por esos pequeños detalles? Nadie puede negar que esta es fundamental para fortalecer la economía de un país. Solo hay dos formas de incrementar la renta per cápita de una sociedad: o aumentando el número de horas totales durante las que se fabrican bienes y servicios o incrementando el número de bienes y servicios fabricados por cada hora trabajada, es decir, o trabajando más o con mayor productividad, y teniendo en cuenta cuánto admiramos a los suecos, es probable que no queramos volver a casa de madrugada después de una jornada infernal.

No son los trabajadores. La falta de productividad tiene que ver más con la escasa inversión en capital humano o la segmentación del mercado laboral

Sin embargo, según los expertos, la productividad en España lleva años estancada y presenta una evolución ‘contracíclica’ desde los años 90. Las razones tienen más que ver con la mala calidad de los equipos directivos así como con el crecimiento de sectores que en realidad son poco productivos. Según un reciente estudio de BBVA Research «la escasa inversión en capital humano específico, la menor formación en el puesto de trabajo, la segmentación en el mercado laboral o la prevalencia de organizaciones de dimensión reducida» también son algunas de las causas.

Por lo tanto, ¿realmente sirve de algo intentar incentivar al trabajador con diversas medidas cuando realmente se trata de un problema más complejo que se escapa a sus competencias? Según una colección de ensayos recientemente publicados por expertos, parece que no. Aseguran que, en lugar de optimizar cada minuto del tiempo de la jornada laboral, los directivos deberían centrarse en mejorar la calidad de vida de sus trabajadores.

Varios de los ensayos sostienen que dar voz a los empleados para que se sientan representados es crucial para aumentar la productividad. Es más probable que las nuevas tecnologías en el lugar de trabajo tengan éxito cuando los trabajadores se sientan involucrados en la toma de decisiones.

En lugar de optimizar cada minuto del tiempo de la jornada laboral, los directivos deberían centrarse en mejorar la calidad de vida de sus trabajadores

En otras palabras, estandarizar las tareas y capacitar al personal ayuda a mejorar la motivación del personal, lo que a su vez se traduce en beneficios para la empresa. No parece un asunto baladí, pues el absentismo laboral marcó un récord histórico en España en 2019.

Es un hecho que las empresas más exitosas son las que están constantemente innovando. Quizá la clave para que realmente mejore la productividad sea que todos esos consejos que podemos leer en webs (planifica tu jornada, levántate temprano, aprende a decir que no) comiencen a centrarse más en las empresas y menos en los trabajadores a título particular

ADA NUÑO