CÓMO CONTROLAR LAS EMOCIONES EN EL TRABAJO

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Situaciones complejas, reuniones de tensión con un jefe, discusiones con un empleado, problemas personales o familiares pueden aparecer sin predecirlo en el espacio de trabajo. Como humanos, es una situación inevitable que ocurre en algún momento de la vida, que tiene como resultado el aflore de emociones que sacuden, que influyen directamente en el ánimo y productividad de las personas, pero que con un poco de inteligencia emocional se pueden controlar para saber cómo actuar de manera asertiva.

Enojo, rechazo, frustración, tristeza y rabia, son algunas de las emociones que surgen en el trabajo y debemos controlar con el fin de evitar impulsos conflictivos. Debemos ser capaces de identificarlas, aceptarlas y de ninguna manera reprimirlas o negarlas. Cuando hacemos caso omiso a esas emociones, estamos ignorando información que puede ser beneficiosa para ser mejores en diferentes ámbitos. Lo que debemos hacer es tomar distancia, observar nuestra situación, reflexionar y ver con madurez posibles decisiones que nos pueden ayudar.

En su libro “Inteligencia Emocional” el psicólogo estadounidense Daniel Goleman plantea la importancia, tanto fisiológica como social, de utilizar positivamente nuestras emociones y orientarlas hacia la eficacia del trabajo personal y las relaciones con otras personas.

Igualmente establece algunos planteamientos útiles para el mundo de las organizaciones que aconsejo tener en cuenta:

  • Las normas que gobiernan el mundo laboral están cambiando. En la actualidad no sólo se nos juzga por lo más o menos inteligentes que podamos ser, ni por nuestra formación o experiencia, sino también por el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos o con los demás.
  • Se identifica como competencia blanda el nivel de pericia para relacionarse con los demás. Y resulta paradójico que estas competencias tengan una importancia decisiva para el éxito profesional, en cualquier ámbito de especialidad, o giro empresarial.
  • El éxito profesional depende más de las competencias emocionales que de las
    capacidades cognitivas. Incluso en las profesiones técnicas y científicas, el pensamiento analítico ocupa el tercer lugar como instrumento para el éxito, después de la capacidad de influir sobre los demás y de la motivación de logro.

 

En este orden de ideas, ¿Cuándo debemos controlar las emociones?

  1. Cuando no es oportuno manifestar lo que sentimos.
  2. Cuando somos conscientes de que nuestras emociones interfieren en nuestros pensamientos y conductas.
  3. Cuando las conductas inducidas por nuestras emociones tienen o pueden
    tener consecuencias negativas.

Para Anne Kreamer, ex directora creativa de Nickelodeon y autora del libro – It’s always personal: Navigating Emotion in the New Workplace, (Siempre es personal; navegando las emociones en nuevo espacio de trabajo), sentir emociones como el enojo, frustración, miedo, ansiedad y estrés es absolutamente normal. Sin embargo, la cultura laboral que reina hoy día, impulsa a los trabajadores a reprimir sus emociones y estallar en cualquier otro lugar, menos en la oficina.

La autora, que atravesó por episodios de fuerte tensión y donde tuvo que controlar las emociones en el trabajo, aconseja “reconocer lo que estás sintiendo”; ignorar las emociones evita asumirlas y superarlas. El riesgo es convertirse en una olla a presión y estallar en el momento menos adecuado. Tampoco aconseja actuar por impulso, ya que será contraproducente responder una agresión con otra. Cuando te enfrentes a una situación que te impacta de manera negativa, debes tomarte un tiempo para analizar qué la provoca, qué te hace sentir y cuál es la mejor forma de enfrentarla”.

¿Cómo controlar las emociones en el trabajo?

Decepción

Es importante tener presente que siempre habrá problemas, pero si nos detenemos a analizar la situación, el contexto, las personas involucradas, las posibles causas de esta, podremos encontrar una mejor solución.

Enojo

Si tenemos ira, no es aconsejable hablar, ni tratar de buscar salidas. Es mejor tomarse unos minutos para respirar, salir de la oficina y retomar cuando la calma haya llegado. Cuando estamos enojados somos más impulsivos y decimos cosas sin pensar.

Envidia

Todos somos diferentes. Cada persona tiene cualidades y habilidades que la hacen única y no debemos compararnos con nadie. Esto es clave para no dañar las relaciones con los compañeros de trabajo, y por el contrario ver lo bueno y positivo de cada uno, nos ayudará a inspirarnos y ser mejores en un ambiente colaborativo.

Frustración

¿Has intentado controlar todo? Intenta no hacerlo. No hay nada que podamos controlar, y sólo nos trae frustración al no alcanzar las expectativas esperadas. Te invito a ver las situaciones que pueden no resultar como esperabas, como una oportunidad de mejorar y aprender de los errores.

Rechazo

Una buena actitud es el primer paso para propiciar un buen ambiente de trabajo. Sé tolerante con las personas que te rodean. Si sentimos rechazo por nuestros colegas vale la pena preguntarnos: ¿por qué ha ocurrido? ¿Mi actitud ha influido en ello?

Al reconocer nuestras emociones, podemos reforzar el rendimiento y las relaciones laborales. Al mismo tiempo estamos motivando a nuestro entorno a tomar decisiones teniendo en cuenta la inteligencia emocional, sin dejar que las emociones dominen nuestro comportamiento.

¿Has tenido alguna de estas emociones en tu oficina o espacio de trabajo?

 

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EL LABERINTO DEL ESTRÉS: POR QUÉ SE HA CONVERTIDO EN LA ENFERMEDAD DE ESTE SIGLO

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Uno de cada seis estamos condenados a padecer algún tipo de ansiedad. El estrés ya es la primera enfermedad mental, por delante de la depresión. ¿Es evitable?

La ansiedad se ha convertido a lo largo de la última década en la primera enfermedad mental, por delante de la depresión. ¿Una epidemia del siglo XXI? Sin duda, ya que el diagnóstico de Trastornos de Ansiedad Generalizada (TAG) ha crecido exponencialmente, hasta el punto de que, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada diez habitantes del planeta sufre hoy sus síntomas.

Circunscribiendo el problema a nuestras fronteras, un tercio de los adultos españoles reconoce sentirse estresado con frecuencia y, de ellos, más de la mitad acabará desarrollando alguna enfermedad psíquica o física relacionada con tal padecimiento (ansiedad y estrés no son exactamente sinónimos: la frecuencia y gravedad del segundo puede provocar la primera). Familia y bolsillo son las dos principales causas de una zozobra que afecta particularmente a los menores de 45 años y a las mujeres (que tienen, según una reciente investigación de la Universidad de Cambridge, el doble de probabilidades de padecerla). Otro factor significativo: tener responsabilidades familiares, hijos o parientes a cargo.

La ansiedad es, en gran medida, resultado directo de nuestro estilo de vida, lo que ha hecho que el perfil de afectados por esta enfermedad se haya modificado, abriéndose en los últimos años. Aquel que piense todavía en varones de mediana edad con exitosas carreras profesionales y grandes responsabilidades a sus espaldas yerra, ya que los estudios demuestran que afecta tanto a mujeres como a hombres de distintos grupos de edad y con perfiles profesionales y vitales bien diferenciados.

“La ansiedad –informa la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés– es una emoción natural que comprende las reacciones de los seres humanos ante la amenaza de un resultado negativo o incierto. Este tipo de reacciones se producen ante los exámenes, al hablar en público, al sentirse evaluados, en situaciones sociales, o ante cualquier situación que nos resulte amenazante”. El verdadero problema se produce cuando sus síntomas ensombrecen actividades y momentos que no conllevan motivo aparente para la inquietud. La vida se convierte en una preocupación constante y desproporcionada.

LA ANSIEDAD ES RESULTADO DIRECTO DE NUESTRO ESTILO DE VIDA, LO QUE HA HECHO QUE EL PERFÍL DE AFECTADOS SE AMPLÍE

Rafael Santandreu, psicólogo y autor de best sellers de divulgación científica, como El arte de no amargarse la vida o Ser feliz en Alaska, que ya han vendido un millón de ejemplares, enfoca no tanto al contexto como a nosotros mismos: “El 95% del estrés que sufrimos nos lo provocamos nosotros con nuestros pensamientos. El problema está en que continuamente nos decimos ‘si pasase tal cosa, sería terrible’, pero otras personas en la misma situación sienten emociones diferentes. Y están bien. Ya lo dijo Epicteto en el siglo I: No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”.

Santandreu pone el acento en lo que él mismo, amigo de conceptualizaciones cristalinas, ha denominado necesititis: “Creemos que necesitamos mucho para estar bien. Nuestra sociedad produce más y más necesidades inventadas, que provocan super exigencias. Tener deseos está bien, pero convertirlos en auto exigencias, no. En la actualidad, para ser una persona mínimamente presentable tienes que tener estudios y hablar algún idioma, ser extrovertido y tener una gran vida social y muchos amigos, buena presencia, haber viajado, una casa bonita y ordenada, un buen coche… Al final, nuestra mente está llena de obligaciones, no solo para nosotros, también para los demás, que nos vuelven inflexibles y amargados”.

 

IDENTIFICACIÓN Y TRATAMIENTO
El hecho es que, según las estimaciones de los expertos, al menos una de cada seis personas sufrirá a lo largo de su vida algún tipo de trastorno relacionado con la ansiedad. Pueden ser ataques de pánico más o menos esporádicos; fobia social –el miedo persistente a una o varias situaciones sociales por temor a que resulten conflictivas y/o embarazosas–; quizá sea un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), e incluso un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). La primera clave a la hora de combatir la ansiedad, como cualquier otra enfermedad, es identificarla y tratarla en sus inicios. También normalizarla. Obvio, pero no por ello menos relevante en un país en el que la mitad de los trastornos mentales están infradiagnosticados en el nivel de la atención primaria (y eso que representan casi un tercio del total de consultas en esta área).

Después, dos son los métodos, normalmente combinados, para su tratamiento: el psicoterapéutico, practicado desde los mismos orígenes de la medicina, mucho menos invasivo a nivel físico y que en muchas ocasiones puede ser suficiente para dotar al paciente de las herramientas necesarias para mejorar su experiencia vital, y el farmacológico, con el uso de medicamentos como benzodiazepinas, ansiolíticos o antidepresivos, que juegan un papel importante en los casos (graves) en los que la terapia psicológica no avance, ayudando a reducir la tensión física que produce la ansiedad y relajando el cuerpo y la mente.

Santandreu, cuyos puntos de vista y recomendaciones también pueden leerse en su blog Escuela de felicidad, nos deja un consejo-marco para ayudarnos a prevenir los estragos de este mal tan contemporáneo: “Hay que trabajar cotidianamente para convertirse en una de esas personas que difícilmente sufren ansiedad. No se trata de no experimentar emociones negativas, por supuesto, sino de aprender a dimensionarlas, a darles su justa medida. La clave es no ‘terribilizar’ jamás y mantener un diálogo interno de personas fuertes”.

SÍNTOMAS DE LA ANSIEDAD

El Manual de Diagnóstico de Trastornos Mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) recoge los siguientes síntomas, que aparecen temporalmente –con mayor o menor frecuencia–, se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los 10 primeros minutos:

  1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
    2. Sudoración.
    3. Temblores o sacudidas.
    4.Sensación de ahogo o falta de aliento.
    5. Sensación de atragantarse.
    6. Opresión o malestar torácico.
    7. Náuseas o molestias abdominales.
    8. Inestabilidad, mareo o desmayo.
    9. Desrrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
    10. Miedo a perder el control o volverse loco.
    11. Miedo a morir.
    12. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo).
    13. Variaciones térmicas tales como escalofríos o sofocaciones.

La ansiedad ha acompañado fielmente al hombre desde el comienzo de los tiempos. Durante siglos la hemos padecido, desatendido hasta oscurecerla, estudiado tratando de comprenderla, y combatido. Jamás seremos capacesde desterrarla, luego no nos queda otra que aprender a vivir con ella, del mismo modo que hemos aprendido a vivir con los nubarrones, la oscuridad de la noche o las tormentas con sus rayos y truenos.

“La ansiedad es el vértigo de la libertad”, afirma una de las máximas de Søren Kierkegaard. En ‘El concepto de la ansiedad’, el filósofo y teólogo danés expuso lo que para él era una fuerza dual, entre la destrucción y la creatividad. Así, aquel que aprende a vivir con ella, quien es capaz de servirse de su potencial creativo minimizando la parálisis provocada por lo indefinido, ha aprendido la gran lección vital. Sin embargo, algo más de un siglo después, Marcuse hablaba –en ‘El hombre unidimensional’, uno de los ensayos más emblemáticos del pensamiento de la segunda mitad del siglo XX–, no sin cierta intención utópico-libertaria, del ideal de “vivir sin ansiedad” o, lo que es lo mismo, de la necesidad de una total emancipación del pavor existencial, un sentimiento muy representativo de aquella sociedad moderna.

 

El mapa social ha cambiado mucho desde entonces y hoy, tanto la psicología como la sociología, dibujan un contexto en el que la precariedad laboral –de la sobrecarga de tareas a la incertidumbre que provoca un mercado inestable y ultra competitivo–, la crisis de determinados modelos sociales –tanto la cultura del éxito como la inédita conciliación de trabajo y familia– y unos altos niveles de insatisfacción personal se combinan para disparar nuestra ansiedad.

“Sus causas sociales –señala la psicóloga social María Soria, coordinadora académica del Grado de Psicología de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)– son multifactoriales, pero los trastornos de ansiedad pueden verse favorecidos por estilos de vida cada vez más demandantes o exigentes. Es frecuente que una persona asuma roles que en ocasiones entran en conflicto, lo que genera la percepción de no ser capaz de atender a las demandas por estar en varias situaciones de modo simultáneo o alterno. El estilo a la hora de afrontar estas situaciones y cumplir las expectativas marca la diferencia entre experimentar momentos aislados de incomodidad o disforia del desarrollo de una sintomatología ansiosa clara desde el punto de vista clínico”. ¿Podemos blindarnos de alguna manera ante ella? “Sí, trabajar en adoptar perspectivas propias realistas con nuestras capacidades constituye la mejor protección”.

CONSEJOS PARA COMBATIR LA ANSIEDAD

Los expertos y terapeutas coinciden en señalar una serie de prácticas cotidianas que ayudan a mantener a raya nuestra ansiedad:

  1. Solicitar consejo –y ayuda– a personas de nuestro entorno más cercano, incluyendo nuestro médico de familia.
    2.Practicar ejercicios de relajación y técnicas antiestrés (de la meditación al yoga, entre los que más resultados comprobados dan).
    3. Seguir una dieta más equilibrada que aporte a nuestro sistema nervioso central glucosa y triptófano, imprescindibles para sintetizar serotonina y garantizar su óptimo funcionamiento (frutos secos, pescados azules y carnes blancas, huevos –sobre todo la yema–, frutas y verduras como naranja, kiwi, plátano, piña, aguacate, espinacas, berros o remolacha, y chocolate. Especial atención al desayuno).
    4. Fomentar el denominado positive thinking, empezando con la regla de oro para la Clínica Mayo: no reprocharse uno mismo lo que no se recriminaría a los demás.
    5. Mejorar el sueño (para lo que tanto la relajación como la alimentación son fundamentales).
    6. Practicar al menos 30 minutos de ejercicio físico diario.

RUBÍN DE CELIS

 

LA FÓRMULA DE LA FELICIDAD: ¿AUTOCONTROL O DESPARRAME?

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Para Massimo Pigliucci le respuesta para una vida plena se encuentra en el estoicismo clásico. Para Jules Evans en perder el control y entregarse al éxtasis y el misticismo

Trabajé durante varios años en Casa del Libro. Nunca dejó de sorprenderme la cantidad ingente de clientes que subían a la tercera planta de la librería en busca de tal o cual libro con la fórmula secreta para encontrar la felicidad, no amargarse la vida, atreverse a no gustar, conseguir la autoafirmación o sobreponerse a cientos de angustias existenciales más, algunas de lo más particulares. Frente a las ventas tirando a exiguas de la mayor parte de la narrativa de ficción, los libros de autoayuda se encontraban siempre en las listas de los más comprados, una prueba de que la necesidad de encontrar un rumbo, una guía, un manual de instrucciones sobre cómo actuar en la vidasigue siendo una preocupación capital hoy, más de dos mil años después de que —por poner un ejemplo— Epicteto se plantease en sus ‘Disertaciones’ “¿cuál es la meta de la virtud si no es una vida que fluye con placidez?”.

Precisamente, en su columna de este martesRamón González Férriz también discurre sobre esta preocupación del ser humano insatisfecho y desorientado por adherirse a un relato que le sirva como sostén existencial, una “expresión de que vivimos angustiados, incómodos, perplejos porque no sabemos para qué sirve nuestra existencia ni por qué hay que vivirla si, al final, siempre está la muerte”. Las respuestas han podido encontrarse, a gusto del consumidor, en las religiones, la mística, la ciencia hiperracionalista o la meditación, la política, las drogas o el culto al líder de la clasificación de La Liga Santander .En esta “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman, competitiva, egocéntrica, materialista y mutante, en la que la decadencia de los absolutos deja pocos asideros estables, las preguntas de ¿cómo deberíamos enfrentarnos a la vida? o ¿cómo puedo sobrellevar la deriva al menos de una forma ordenada? nunca ha tenido tantas y tan distintas contestaciones.

El escritor y profesor de Filosofía Massimo Pigliucci propone una solución peculiar —aunque no es el primero que lo hace— en su último libro, ‘Cómo ser un estoico’ (Ariel, 2018): la respuesta a los pesares puede estar en una filosofía nacida 2.600 años atrás. Pigliucci cuenta en su ensayo cómo cuando se reencontró con las reminiscencias de las voces de Epicteto, Marco AurelioZenón de Citio, vio por fin la luz al final de la búsqueda del sentido de su vida. Porque como integrante de una sociedad obsesionada con el control de todos los aspectos de nuestra vida —incluso el paso del tiempo, indómito—, Pigliucci siguió el consejo que desde el siglo I d.C. le enviaba Epicteto y que alivió gran parte de esta carga: “debemos hacer lo mejor con las cosas que están en nuestro poder, y tomar el resto como las presenta la naturaleza” porque “tenemos una tendencia a preocuparnos y concentrar nuestras energías en aquello que no podemos controlar”. ¿Se reconoce?

Epicteto dijo que “tenemos una tendencia a preocuparnos y concentrar nuestras energías en aquello que no podemos controlar”

No es resignación, no se equivoquen. Es aceptar las propias limitaciones. Tras una breve introducción a la historia de la filosofía clásica, Pigliucci ilustra con ejemplos claros y asequibles cómo una corriente de pensamiento milenaria sí puede solucionar problemas del mundo posmoderno. El estoicismo fomenta el pensamiento positivo, el rechazo a las pasiones exaltadas y el apego excesivo a los bienes materiales, promueve las bondades de la reflexión sosegada —si lo que nos diferencia del resto de los animales es la capacidad de raciocinio, deberíamos darle más uso— y de las buenas compañías, mientras censura las actitudes posesivas en las relaciones personales: “debemos disfrutar del amor y la compañía de otros seres humanos mientras podemos, intentando con todas las fuerzas no darlos por supuesto”.

En ‘Cómo ser un estoico’, su autor también expone formas de enfrentarse al miedo a la muerte —”debes sobrellevar bien la enfermedad”, propugna—, como gestionar la ira, la ansiedad y la soledad, y enumera una serie de “ejercicios espirituales prácticos” para acercarse lo más posible a una existencia plena y en armonía con la naturaleza y la sociedad. “No admitas el dueño en tus tiernos párpados hasta que hayas evaluado cada uno de los hechos del día: ¿cómo he errado, qué he hecho o dejado de hacer? Empieza así y revisa tus actos y entonces por los actos infames amonéstate, por los buenos alégrate“, sugiere Epicteto. En resumen: hay que ser un poco más conscientes de nuestros comportamientos e intentar abordar la vida con sabiduría, valor, justicia y templanza. Algo que parece de cajón si uno no se levantara todas las mañanas con las noticias de sucesos del telediario.

Dijo Zygmunt Bauman que la sociedad se encuentra en una “situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista” y es verdad que el pensamiento preponderante prioriza lo que puede sacar el individuo de la sociedad por encima de lo que éste puede aportarla. Una idea que también transpira el libro de Pigliocci, que pone como ejemplo digno de admiración de una estoica contemporánea como, Malala Yousafzai, la joven que recibió tres disparos cuando viajaba en el autobús escolar por criticar abiertamente en un reportaje del ‘New York Times’ la “dura represión de los talibanes contra la educación de la mujer” en Pakistán.

“¿Malala ha marcado la diferencia?”, se pregunta Pigliucci. “Sí, tanto en la práctica como de modelo para otros, un buen ejemplo para los demás”

“Esta experiencia es suficiente para colocarla a nivel de [Helvidio] Prisco [ejecutado por sus críticas a l Gobierno de Vespasiano] y de muchos otros a lo largo de los siglos y en todas las culturas que se han atrevido a oponerse a la represión y la barbarie. Pero resultó que los disparos solo fueron el principio para Malala”. Enfrentándose a las amenazas de muerte, Malala ha seguido reclamando la educación para las niñas, ha conseguido que Pakistán apruebe la primera ley sobre el derecho a la educación y, accesoriamente, ha sido la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz. “¿Malala ha marcado la diferencia?”, se pregunta Pigliucci. “Sí, tanto en la práctica como de modelo para otros, un buen ejemplo para los demás”.

Si no le convence lo que propone Pigliucci —al fin al cabo hay que esforzarse y desprenderse de los vicios para ser un buen estoico—, quizás prefiera una opción más desenfadada, como la que propone el londinense Jules Evans —investigador del Centro para la Historia de las Emociones de la Universidad Queen Mary, uno de los fundadores del London Philosophy Club y ex estoico— en su libro ‘El arte de perder el control: un viaje filosófico en busca del éxtasis‘.

Para Evans el problema y la solución a las tribulaciones del día a día moderno son muy diferentes: “nuestra mente está en constante actividad” por lo que hay que “desprenderse del yo” y entregarse al arrebatamiento. “El estoicismo insiste en que la manera de crecer es a través del autoanálisis racional y el autocontrol” y no ve con buenos ojos “el amor romántico, la embriaguez, la música y la danza, en general, que en todos casos presuponen momentos de rendición extática”.

En ‘El arte de perder el control’, Evans aduce que la sociedad occidental “carece de rituales” que celebren el furor —será que no ha estado nunca en las fiestas de un pueblo— y desprecia “los estados mentales no racionales”. El inglés cuenta desde su propia experiencia cómo protagonizó un avivamiento místico que le hizo plantearse las limitaciones del estoicismo y abrazar el misticismo. “Al tercer día, la atmósfera del lugar [un retiro espiritual en Gales] empezó a hacer mella en mí. Los demás asistentes eran muy amables. Su fe y su esperanza eran fortísimas. […] el sábado por la noche, mientras la música me envolvía, me vino al pensamiento la idea de que quería servir a Dios y no a mis pequeñas ambiciones mundanas. […] De pronto noté que el pecho se me llenaba de una energía poderosa que me empujaba la cabeza para atrás, cada vez más, cada vez más, hasta que casi me dolían los músculos del cuello. […] La cosa duró tres cuartos de hora, durante los cuales las oleadas de dolorosa felicidad se sucedían”.

Jung creía que el inconsciente, la psique es un organismo autorregulado que busca la plenitud y la mejora de forma natural

Evans afirma que el arte puede ser tan catártico como la religión para los no creyentes; el teatro, un espacio de sueño colectivo —los sueños son la experiencia extática más frecuentes en los seres humanos y Freud decía que los sueños son la vía rápida hacia el inconsciente— o la poesía y los videojuegos como vehículos para “perdernos a nosotros mismos durante semanas enteras”. “Jung creía que el inconsciente, la psique es un organismo autorregulado que busca la plenitud y la mejora de forma natural“, sentencia.

También describe cómo las sustancias psicodélicas pueden ayudar a provocar esta “experiencia mística” de disolución del yo para lograr una “conexión con una realidad trascendente (que hay quien la llama dios y hay quien no) o cómo hay que reconectar con el aspecto sagrado de la ecología para reencontrar el amor en la naturaleza. Y defiende Evans el poder del éxtasis para “motivarnos, sanarnos y liberarnos” —ideas que se ha demostrado que, aplicadas de manera literal, pueden llegar a ser muy peligrosas—.

Las propuestas de Pigliucci y Evans para encontrar la felicidad y el sentido de la vida son todo lo opuestas que pueden ser dos polos, pero tan sólo dos muestras de que en los más de 110.000 años de existencia del Homo sapiens sapiens las grandes preguntas no han cambiado demasiado. Y que quizás las respuestas al final se escondan en las anotaciones de un emperador romano del año 170 d.C o en las reflexiones de un antiguo comerciante fenicio antiepicureísta y no en el último modelo de iPhone

MARTA MEDINA

 

EL MISTERIO DE LA VOLUNTAD PERDIDA

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Durante gran parte de la historia, la voluntad era la encargada de dirigir el comportamiento. Pero, a lo largo del siglo XX, el concepto fue expulsado del vocabulario de la psicología

Educadores y terapeutas ponen como objetivo de sus profesiones conseguir que alumnos y clientes alcancen su propia autonomía, es decir, la capacidad de tomar decisiones inteligentes y libres. Ahora somos conscientes de que la función principal de la inteligencia es dirigir la acción, y que todo lo demás —el conocimiento, el mundo emocional, los valores— está a su servicio. Eso hace que el objetivo de la educación a todas las edades sea conocer para comprender, y comprender para tomar buenas decisiones y actuar.

Durante gran parte de nuestra historia cultural, la ‘voluntad’ era la facultad encargada de dirigir el comportamiento. Por eso, durante todo el siglo XIX, los textos de psicología de la educación terminaban dedicando un capítulo a la ‘educación de la voluntad’. Sin embargo, a lo largo del siglo XX, el concepto de ‘voluntad’ fue expulsado del vocabulario de la psicología y sustituido por otro aparentemente más claro: ‘motivación’. La motivación sirve para explicar por qué obramos de una manera y no de otra. Pero mis motivaciones —mis deseos, mis ganas— no dependen de mí, con lo que la psicología metió a la educación en un callejón sin salida porque, en el fondo, negaba el comportamiento libre. ¿Qué puedo hacer si no estoy motivado? Al rechazo de la libertad se unió la neurociencia, a partir sobre todo de los experimentos de Benjamin Libet, quien, simplificando mucho, mostró que unos 200 milisegundos antes de que decidamos hacer un movimiento, ya se han activado las áreas neuronales correspondientes. Nuestro cerebro va por delante de nuestra experiencia consciente. Decide antes que nosotros.

El conductista Skinner mantenía que empeñarnos en defender la libertad había impedido que la humanidad tuviera una historia más pacífica y feliz

John Dylas Haynes y sus colegas han mostrado que la intención de hacer algo puede detectarse en la actividad cerebral más de 10 segundos antes de que llegue a la consciencia. El cerebro decide antes de que una persona sea consciente de ello. Y no solo eso, sino que, “a partir de las imágenes del escáner, se puede predecir lo que esa persona va a hacer”, como explican C.S. Soon, M. Brass, H-J Heinze y J.D. Haynes. Como escribió Marvin Minski en ‘The Society of Mind‘, “libre albedrío es el mito de la volición humana que se basa en una tercera alternativa, distinta de la causalidad y del azar. No hay lugar para esa alternativa porque cualesquiera que sean las acciones que ‘elijamos’, no pueden producir el menor cambio en lo que ya habría sido decidido, puesto que los estados mentales son posteriores a los acontecimientos neuronales de los que proceden”.

La trampa

Era lógico que este desdén por la voluntad y este escepticismo hacia la libertad produzcan problemas educativos. Todos nos obsesionamos en ‘motivar’ a nuestros alumnos, puesto que estamos admitiendo que ellos solos no pueden determinar su comportamiento. El conductismo, la escuela psicológica más influyente durante más de tres décadas, afirmaba que el entorno esculpía la conducta. Su principal defensor, Skinner, consideraba que empeñarnos en defender la libertad había impedido que la humanidad tuviera una historia más pacífica y feliz, sometida a las técnicas de condicionamiento desarrolladas por la psicología.

En ‘El misterio de la voluntad perdida’, escrito hace más de 20 años, auguraba el retorno de la voluntad. Con gran demora, la predicción se está cumpliendo. Vuelve con otro nombre: funciones ejecutivas, una noción formulada por la neurociencia para explicar los comportamientos voluntarios. La gran diferencia estriba en que la voluntad no está al principio, sino que es un fruto —más o menos logrado— de la educación. No es un poder absoluto que impone un comportamiento, sino más bien una inteligente negociación entre motivos, deseos, proyectos, dificultades, reglas, hábitos, astucias, reforzamientos. Conocemos muchos casos de inteligencias fracasadas en esta negociación. Por ejemplo, en el caso de las adicciones. Me llamó la atención leer en un libro de A.M. Washton, un reputado experto en el tratamiento de esos problemas: ”Lo que le impide recuperarse a un adicto es confiar exclusivamente en su voluntad. Recurriendo a la fuerza de voluntad, usted puede apartarse de una adicción… por una semana, un mes, o incluso por más tiempo. Pero tarde o temprano, cuando la vida lo someta a fuertes tensiones, lo más probable es que reincida” (‘Querer no es poder‘, Paidos).

Parece una opinión deprimente, porque creíamos que la fuerza de voluntad era nuestra tabla de salvación. Y lo es, pero de otro modo. Antes de que nos salve, debemos construir la tabla. El mismo Washton lo dice a su manera: ”La voluntad no es suficiente porque surge del mismo modo de pensar que causa la adicción: la creencia de que hay una ‘solución rápida’ para todo y que si ejercemos el debido control podemos evitar todo dolor y malestar. Puesto que hemos crecido en una sociedad que depende en gran medida de las soluciones rápidas, no es de extrañar que cuando tratamos de cortar una adicción utilicemos ese mismo enfoque. Pensamos: tiene que haber un modo fácil de hacerlo” (p. 14).

A quienes tomaban un atajo hasta el mundo de la magia les ha costado mucho aprender a tener paciencia, perseverancia y disciplina

Annie Gottlieb, en su estudio sobre la generación de los años sesenta, titulado ‘Do You Believe in Magic’, escribe: “Es el peor legado que las drogas dejaron a nuestra generación: el deseo de ‘sobrevolar’ por encima de una vida llena de altibajos. Las drogas fueron como un helicóptero que nos depositara en la cima del Himalaya para disfrutar de la vista sin haber tenido que escalar. Esa experiencia nos dejó, durante muchos años, con una avidez de éxtasis, una impaciencia por las cosas terrenas, una desconfianza en la eficacia del estímulo. A quienes tomaban un atajo hasta el mundo de la magia les ha costado mucho aprender a tener paciencia, perseverancia y disciplina, a tolerar el exilio en un mundo común y corriente”. Quienes leyeron mi artículo de la semana pasada, reconocerán aquí uno de esos ‘sistemas ideológicos ocultos’ de que les hablé.

El retorno de la voluntad humilde, que debe ser construida por cada persona, es el tema que vamos a tratar en el Simposio sobre Inteligencia Ejecutiva y Educación que celebraremos en la Universidad Nebrija los próximos días 18-19 de mayo, y al que ya les invité. Creo que es la aportación más valiosa que ha hecho la neurociencia a la educación, y sería estupendo que la educación española fuera pionera en la aplicación pedagógica de estos conocimientos. Por eso, desearía que este simposio fuera un éxito y una herramienta útil para todos. Pueden informarse en Simposio sobre Inteligencia Ejecutiva y Educación

JOSÉ ANTONIO MARINA

 

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LA FÓRMULA 10-10-10, LA MÁS EXITOSA PARA TOMAR DECISIONES DIFÍCILES

En algún momento te vas a encontrar ante una disyuntiva de particular relevancia. Cuando se presente, no olvides la técnica que te vamos contar

Ante un dilema especialmente importante es muy fácil acabar confundido. La ansiedad y el estrés pueden tomar el control, bloqueándonos o haciéndonos cambiar de opinión cada dos por tres, y transformando el problema en una auténtica agonía.

En estos casos, los sentimientos no suelen ser muy buenos consejeros. Cuando la gente recuerda las decisiones de las que más se arrepiente, reconoce que las emociones más viscerales, como la rabia, la ira o la avaricia, fueron las que cogieron las riendas en ese momento. Por otro lado, huir ante uno de estos eventos solo sirve para procrastinar y que la angustia permanezca como un sentimiento en sordina, mitigado, pero siempre presente y dispuesto a estallar con toda su fuerza en el instante más inesperado.

Recientemente hemos visto cómo una gran dificultad puede ser afrontada a partir de la división del problema en aspectos parciales, abordándolos uno a uno. Es lo que se defiende desde la filosofía japonesa del Kaizen.

Los seis principios japoneses para mejorar en la vida y en el trabajo

Ante las dificultades que parecen inabordables hay a veces una solución. Un pequeño paso puede ofrecer el giro definitivo para resolverlas

Hoy te queremos enseñar otro truco para superar un obstáculo que parece insalvable. Suzy Welch, escritora, colaboradora televisiva y periodista, dice haber hallado una receta basada en solo tres preguntas que le ha permitido salir siempre airosa de los colapsos más intrincados. En vista de la utilidad de su método, Welch ha decidido compartir su experiencia en su libro ‘10 minutos, 10 meses, 10 años: una fórmula que transformará tu vida’ (Alienta), todo un éxito superventas en los Estados Unidos.

Pensar en el futuro

La autora explica en qué consiste su propuesta: “Cada vez que me veo en una situación donde no hay una solución a la vista que satisfaga a todos, me hago a mí misma estas tres preguntas: ¿cuáles serán las consecuencias de mi decisión dentro de 10 minutos?, ¿y dentro de 10 meses?, ¿y en 10 años?”.

Al alejarnos del problema, permitimos que otros factores sustituyan a las emociones, como por ejemplo nuestras prioridades de cara al futuro

Lo que se pretende es emplear una estrategia mental que permita soslayar las emociones que se adueñan de nosotros en el más corto plazo, forzándonos a marcar una cierta distancia respecto al problema. “He utilizado el 10-10-10 para tomar algunas de las resoluciones más importantes de mi vida, por ejemplo mi divorcio”, confiesa Welch.

Al alejarnos del dilema, permitimos que otros factores sustituyan a los sentimientos, como por ejemplo nuestras prioridades de cara al futuro. En el caso de que no supiéramos cuáles eran esas preferencias, el método 10-10-10 hará posible entonces que emerjan y queden claras: “El 10-10-10 es una manera de empujar a la gente hacia delante, abandonando la fijación presente. El tercer 10 es una potente manera de mitigar esa tendencia. Nos ayuda a decidir si vale la pena soportar esa agonía a corto plazo, en contra de nuestras metas más profundas y relevantes”.

El 10-10-10 en acción

Los hermanos Chip y Dan Heath, consultores en el mundo de los negocios, cuentan a ‘Fast Company’ revista especializada en este sector, cómo utilizaron la regla de en el caso de Annie, una mujer que les solicitó ayuda ante la relación amorosa que estaba viviendo desde hacía nueve meses. Annie pensaba que su compañero Karl era un hombre maravilloso que se adaptaba como un guante a lo que ella concebía como una óptima pareja, pero tenía muchas dudas respecto a si la cosa podría o no avanzar. Annie tenía 36 años, deseaba tener hijos, y sentía que su vínculo con Karl, de 45, debía aclararse de alguna manera, ya que consideraba que su tiempo estaba limitado.

Para Karl su divorcio fue horroroso, dejándole muy tocado de cara a establecer una nueva relación seria. De hecho, había dejado a su hija, fruto de la pasada relación, al margen de cualquier contacto con su nueva pareja, algo que a Annie le resultaba particularmente triste.

Un análisis como el del 10-10-10 posibilita que los sentimientos no sean los únicos consejeros frente a un importante dilema

En unos días iban a emprender sus primeros viajes juntos. Ella sabía que Karl era muy lento a la hora de tomar decisiones. ¿Debería dar ella el primer paso?

Cuentan estos especialistas cómo se desarrolló la consulta: “Imagina que decides decirle ahora, este fin de semana, que lo quieres. ¿Cómo te sentirías respecto a esta decisión dentro de 10 minutos? ‘Estaría nerviosa, pero orgullosa de mí misma por haber aceptado el riesgo y haberme mostrado clara”.

¿Y dentro de 10 meses? “No creo que me arrepintiera. Me gustaría que la cosa funcionara, él es magnífico, pero quien no arriesga tampoco sale ganando, ¿no?”.

¿Y en 10 años? Para Annie, a pesar de cómo pudiera reaccionar su pareja, la resolución dentro de diez años no sería tan importante. Para entonces estarían juntos, o cada uno se hallaría inmerso en una relación con otra persona.

Con todo, estos especialistas hilan bastante más fino que Welch y reconocen que las emociones no son a veces unas aliadas tan terribles. Por ejemplo, en el caso de una injusticia flagrante que debe quedar en evidencia en el mismo instante en que se produce. El valor de un análisis del tipo 10-10-10 posibilita que se surja otra manera de pensar, que no tiene por qué ser tampoco la correcta y definitiva. Eso sí, una táctica como esta permite que las emociones a corto plazo no parezcan la única alternativa posible.

Gonzalo de Diego Ramos

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ESTA ES LA FORMA MÁS INTELIGENTE DE TOMAR LAS DECISIONES CORRECTAS

Un reciente estudio ha encontrado cómo podemos elegir la mejor opción entre las disponibles. El truco es simple y es muy probable que lo hagas a menudo

Si eres de los que tiene decenas de pestañas abiertas en la pantalla del ordenador o de los que cuando va a comprar algo se hace con un puñado de revistas para informarse, tenemos buenas noticias para ti. Bueno, más que eso, estupendas. Tener toda esa información al mismo tiempo puede ayudarte a tomar decisiones más inteligentes. Lo determina un estudio publicado en la revista ‘Organizational Behavior and Human Decision Processes’. ¿La razón? Las personas tienden a hacer mejores juicios cuando tienen todas las opciones a su disposición, a la vez, en lugar de una en una.

Los autores de la investigación, Shankha Basu y Krishna Savani, explicaron en ‘Harvard Business Review‘ que las personas tienden a hacer mejores juicios cuando tienen todas las opciones a su disposición, a la vez, en lugar de verlas de una en una.

Tener decenas de pestañas abiertas la vez en la pantalla del ordenador al mismo tiempo puede ayudarte a tomar decisiones más inteligentes

Llegaron a tales conclusiones tras realizar una serie de experimentos en los cuales se pidió a voluntarios que identificasen la mejor opción entre varias. Se les dijo que dieran una respuesta objetiva y coherente, es decir, no basada en sus gustos o preferencias personales. En una de las fases se les pidió a los participantes que eligieran la mejor opción entre varios modelos de aparatos electrónicos; en otra, se les requirió que escogiesen el mejor menú de diferentes restaurantes.

A un grupo se le presentó el conjunto de opciones a la vez y al otro, tales alternativas se les fueron enseñando una por una. ¿Qué ocurrió? Las personas que tenían todas las alternativas juntas experimentaban un 22% más de probabilidades de identificar la elección correcta, ya que les permitió llevar a cabo una comparación más completa. Así pues, ya sabes, a la hora de tomar una buena decisión, ponte las opciones delante y juntas.

Este descubrimiento puede ayudarnos en nuestro día a día, pues siempre tomamos decenas de decisiones, o mejor dicho, elegimos decenas de veces. Escogemos porque casi siempre tenemos varias alternativas y nos decantamos por una de ellas, desechando las otras y renunciando, sin apenas pensarlo, a las posibles consecuencias que pudieran derivarse de esa elección.

Aquellos a los que se les presentaban todas las alternativas juntas experimentaban un 22% más de probabilidades de identificar la elección correcta

Asimismo, todos hemos vivido situaciones en las que nos bloqueamos en la toma de decisionesPor alguna razón, escoger entre las alternativas disponibles se vuelve una tarea imposible que nos lleva a aplazar sistemáticamente la acción hasta el punto de llegar a paralizarnos. Generalmente, esto se debe a dos causas: a que la diferencia entre las alternativas sea tan sutil que cuesta posicionarse con seguridad en una de ellas, o a que tengamos un miedo atroz a equivocarnos y no nos atrevamos a reconocer nuestra decisión, aunque ya tengamos una idea de cuál va a ser. Ahora que sabemos que tener todas las opciones visibles ante nuestros ojos es lo óptimo, podemos mitigar este bloqueo.

¿De qué grupo eres?

Las personas se dividen en dos tipos en cuanto a la toma de decisiones: “Los’ maximizadores‘ (maximizers) a los que les gusta tomarse su tiempo y sopesar una amplia gama de opciones antes de elegir, y los satisfactores‘ (satisficers), que prefieren escoger rápidamente la opción que llena los criterios mínimos”, explican en ‘The Wall Street Journal’.

Ambas personalidades fueron establecidas en un estudio realizado por el profesor en Psicología Barry Schwartz en la Universidad de Pensilvania. En sus palabras, “los maximizadores son personas que quieren lo mejor mientras que los satisfactores, quienes solo quieren lo suficientemente bueno”.

Los ‘maximizadores’ sopesan muchas opciones antes de elegir y los ‘satisfactores’ prefieren escoger rápidamente con criterios mínimos

Inconformistas o conformistas, por simplificarlo. El hecho es que su estudio demostró que, en líneas generales, se sentían más felices los satisfactores. “Una de las cosas que la vida te enseña es que ‘lo suficientemente bueno’ es casi siempre lo suficientemente bueno,” dice Schwartz. Tras analizar los resultados del estudio, el profesor concluyó que “uno aprende que puede encontrar la satisfacción en cosas perfectamente maravillosas, pero no perfectas”.

Ya saben, ojos que no ven, corazón que no siente. ¿Nuestro consejo? Una vez que hayas hecho la elección, cierra el capítulo, como harían los ‘satisficers’, pues encontrar una alternativa mejor, que no elegiste, no te servirá de nada en este caso.

  1. PALMERO

5 PASOS PARA CONVERTIR EL FRACASO EN TRIUNFO

Cuando Steve Blank apareció en la portada de la revista Wired hace nueve años, se esperaba que su empresa de aquel entonces, Rocket Science Game, revolucionara la industria de los videojuegos. Y no dejaba que el escepticismo y las críticas le afectaran. “Creía que era un genio”, dice Blank. Tres meses después, cuando llamó a su madre para decirle que estaba a punto de perder USD$35 millones, ya no se sentía tan genio.

“Tuve que tomar muchas decisiones, incluyendo la de tener que renunciar”, afirma. “Aprender de aquel fracaso fue una de las mejores experiencias de mi vida”. Y sí que aprendió. En 1996, Blank fundó la startup E.piphany, que consiguió USD$1,000 millones en inversión.

De acuerdo a Blank, en los últimos 10 años la cultura emprendedora se ha convertido en ‘amiga’ del fracaso. Emprendedores seriales en el Silicon Valley pasan de un negocio fallido al siguiente, y empresarios multimillonarios como Richard Branson expone sus fracasos tanto como sus éxitos. Aun así, “a nadie le gusta fracasar”, dice Blank. “Estamos hechos para el éxito”.

¿Pero y si realmente pudieras usar el fracaso como un escalón para tener éxito? Te compartimos cinco claves para lograrlo:

  1. Llama al fracaso de otra manera
    ¿Cuándo fue la última vez que alguien fue contratado para una posición importante sin experiencia? Para los emprendedores seriales, “experiencia” es otra palabra para decir “fracaso”, según Blank. Al etiquetar un esfuerzo fallido como una oportunidad para aprender, lo estás poniendo bajo una luz positiva que te permite añadir credibilidad como emprendedor.

    2. Usa el fracaso como un escalón
    Con cada fracaso, identifica lo que sabes que hiciste mal y sé consciente de ello para no repetir tus mismos errores. Esto te llevará un paso más cerca del éxito, dice Steve Siebold, consultor que trabaja con emprendedores para crear pensamiento crítico.

“Nunca he escuchado a un empresario millonario diciendo que acertó a la primera”, dice Siebold. “Conforme más grandes son, comúnmente, más han fallado”.

  1. No fracases solo
    A la mayoría de los emprendedores les gusta iniciar su aventura en soledad. Pero si cometes un error tú solo, también será más difícil determinar qué salió mal. Tener un socio al que respetes y en quien confíes puede convertir cada fracaso en una oportunidad para colaborar. “Un buen socio puede ayudarte a determinar qué no hacer la siguiente vez”, dice Karl Baehr, director de la universidad enfocada en el emprendedurismo, Emerson College.
  2. No escondas tus fracasos
    En primer lugar, siéntete orgulloso de haber sido lo suficientemente valiente para tomar el riesgo. Al ser abierto sobre tus errores, te abres a aprender de los demás.

El mentor de Baehr, Walter Hailey, dueño de una aseguradora, tomaba un paseo diario a las cinco de la mañana con un grupo de amigos cercanos para hablar de ideas, éxitos y fracasos. “Para cuando regresaban a sus casas, tenían la solución”, dice Baehr. “Tenían un plan para resto del día”.

  1. Redefine lo que quieres
    Cambia el enfoque y la razón por los que iniciaste el negocio. “Revisa tus motivadores emocionales. Recuerda que somos creaturas emocionales y que la lógica no nos motiva”, afirma Siebold, quien lanzó cinco negocios fallidos seguidos antes de crear su firma consultora actual. Para Siebold, su motivador era llegar a ser millonario un día, meta que alcanzó a los 31 años. “Debes estar claro en lo que quieres”, dice. “La pregunta debe ser: ¿Qué tanto lo quieres”.

Jane Porter

3 FORMAS DE ENTRENAR A SU CEREBRO PARA DEJAR DE PREOCUPARSE

La preocupación es un mal innecesario cuando se trata de su salud mental. Algunos lo consideran simplemente un mal hábito que puede desaprenderse con la práctica. Otros piensan que preocuparse puede servir a un propósito del cerebro que nos ayuda a aprender de las experiencias del pasado y prepararse para las nuevas. Ya sea bueno o malo, preocuparse ocupa nuestro cerebro, centrándose en un futuro incierto que no podemos controlar.

Se dice que la depresión se centra en los acontecimientos pasados ​​que desearía haber podido cambiar, y que la preocupación se centra en los acontecimientos futuros sobre los que no se tienen ningún control. También podría decirse acerca de preocuparse, que usted piensa que no tiene control sobre el futuro, cuando en realidad se puede optar por tomar medidas para ayudar a prepararse para lo que sea que le esté preocupando. En este artículo, vamos a buscar formas activas que pueden ayudar a entrenar su cerebro para dejar de preocuparse.

CÓMO ENTRENAR A SU CEREBRO PARA DEJAR DE PREOCUPARSE

  1. DETENER SU CEREBRO DE LA PREOCUPACIÓN Al ESCRIBIRLO

Cuando se está entrenando a su cerebro para dejar de preocuparse, se dice que ésta técnica es la más importante. Si su cerebro se mantiene alerta durante la noche pensando en algo, póngalo en un papel o en formato electrónico. Si lo hace, permitirá a su cerebro un suspiro mental de alivio por no tener que gastar energía tratando de recordar esos detalles. Si va a preocuparse por lo que va servir en una reunión de amigos, anote ‘¿Qué hay que servir?’

Anotarlo también es una manera de que usted ponga a su cerebro en aviso al decirle: ‘esto es lo suficientemente importante como para escribirlo‘. Su cerebro habrá sido alertado de poner recursos hacia la solución de este problema en lugar de estar preocupado o tener que recordar esa cosa importante que le preocupa.

¿Por qué escribirlo? Los investigadores ahora tienen evidencia de que los individuos con preocupación crónica también pueden ser evasores de problemas crónicos. Los científicos en la revista Anxiety, Stress & Coping dieron a un grupo de personas que se preocupaban la oportunidad de anotar tres resultados posibles para la situación por la que estaban preocupados, a continuación, se analizaron las respuestas buscando soluciones prácticas. Los científicos dijeron: ‘Cuando se observaba el grado de concreción en la elaboración de los problemas de los participantes, mostraban una relación inversa entre el grado de preocupación y el de concreción: los participantes más preocupados acerca de un tema determinado, eran menos concretos en el contenido de la elaboración de las soluciones. Los resultados desafían la opinión de que la preocupación puede promover un mejor análisis de los problemas. En su lugar, se ajustan a la opinión de que la preocupación es una respuesta de evitación cognitiva.

  1. MEDITAR PARA TENER UN CEREBRO SIN PREOCUPACIONES

La meditación puede ayudar a entrenar su cerebro para dejar de preocuparse. Investigadores en la revista Psychosomatic Medicine estudiaron los efectos de la meditación y encontraron que la meditación es especialmente buena para la reducción de la ansiedad cognitiva, o preocupación. Aunque algunas personas creen que no tienen tiempo para meditar, la meditación es tan fácil como elegir cerrar los ojos en este momento durante 30 segundos o más. El acto de elegir no prestar atención a otras fuentes de estrés es un paso activo para entrenar su cerebro para dejar de preocuparse.

Unos pocos momentos en donde se elige conscientemente evitar cualquier ruido no natural en su vida le permitirán conseguir centrarse en torno a lo que es más importante para usted, ahora y en el futuro. Los pensamientos preocupantes pueden venir a usted mientras medita, y esto es normal. Aquellos que han dominado el arte del entrenamiento cerebral para dejar de preocuparse recomiendan observar los pensamientos preocupantes cuando entran en la mente y simplemente observándolos pasan como nubes en un día ventoso.

  1. HAGA EJERCICIO PARA ENTRENAR A SU CUERPO Y SU CEREBRO PARA DEJAR DE PREOCUPARSE

La preocupación es cómo el cerebro aprende a sobrevivir con la decisión de activar el sistema de lucha o huida. Si un puma salta cerca de usted, sentirá algo como una descarga de adrenalina. Esta respuesta de miedo es lo mismo que le que está sucediendo a su cuerpo cuando usted se preocupa, aunque en un nivel mucho más bajo durante un período de tiempo más largo.

El mismo estudio en la revista Psychosomatic Medicine encontró que el ejercicio, por el contrario, es bueno para cuando su cuerpo siente síntomas de ansiedad y nerviosismo. Si su cuerpo siente menos los síntomas físicos del estrés, su mente va a interpretar que debe haber menos de lo qué preocuparse porque el cuerpo no está en un estado de aumento de excitación.

El ejercicio parece dar al cuerpo una razón secundaria para la aceleración del ritmo cardíaco y la transpiración para que lo podamos sentir en un nivel pequeño cuando nos preocupamos. El ejercicio puede ayudar a disminuir la presión arterial, que es otro de los síntomas físicos de estrés en el cuerpo. Si puede identificar que se está preocupando, de un paseo de 5-10 minutos, en el exterior si es posible. Aprecie las vistas y los sonidos de la naturaleza mientras se centra en el movimiento de sus extremidades y las respiraciones que usted toma.

13 CONSEJOS PARA DOMINAR LAS EMOCIONES DESTRUCTIVAS

Las emociones pueden ser difíciles de dominar, irrumpen en nuestra mente y pueden ser muy intensas e incapacitantes. Si no somos capaces de dominarlas podemos tener problemas de salud, conflictos en nuestras relaciones y tomar decisiones equivocadas.

Aquí es donde la inteligencia emocional entra en escena. Vamos a ver cómo podemos dominar las emociones destructivas con estos 13 sencillos consejos:

1) Conoce los factores desencadenantes.

Comienza a prestar atención a lo que te saca de tus casillas. ¿Qué personas, lugares o eventos tienden a desencadenar emociones negativas?

El miedo se puede derrotar con información. Sólo debes identificar claramente lo que te afecta y porqué te afecta.

2) Presta mucha atención cuando estés bajo estrés.

Cuando estamos estresados solemos prestar atención a todo lo que nos rodea menos a nuestras emociones. Es en estos momentos cuando tenemos que prestar más atención a lo que se cuece en nuestra mente… como si fuéramos un observador externo que se asoma al interior de nuestra cabeza.

3) Usa alguna imagen que te transmita paz.

Cuando la tensión sea alta visualiza alguna imagen que te transmita paz y te ayude a recuperar la compostura. Puedes imaginarte de pie frente a una cadena montañosa, flotando en medio de un mar excepcionalmente azul o riéndote con tus amigos o familiares.

4) Respiración profunda.

El uso de la respiración profunda es una maravillosa manera de calmar la mente. Cuando aparezcan los sentimientos difíciles simplemente cierra los ojos e imagina lo que hayas decidido en el punto 3, respira lentamente hasta que los sentimientos se calmen. Inhala y exhala al menos 10 veces hasta que recuperes la compostura.

Te recomiendo este vídeo:

5) Toma el control de tu diálogo interno.

La mayor parte de nuestras emociones provienen de factores desencadenantes internos o de nuestra manera de interpretar una situación o evento. Haz un esfuerzo para centrarte en el diálogo interno que pasa por tu cabeza. Esos pensamientos pesimistas, catastrofistas, destructivos e irreales son los que te están haciendo daño.

Vete atrapándolos uno a uno, cuestiónalos y expúlsalos de tu mente. Sustitúyelos por otros más esperanzadores y positivos.

Si tu conversación interior está repleta de juicios negativos sobre ti mismo, hay que tomar medidas para cambiar tus pensamientos. Céntrate en
tus puntos fuertes y en tu capacidad para asumir las situaciones difíciles.

6) Cuida de ti.

Nuestra salud física tiene un impacto importante en cómo nos sentimos emocionalmente. Es fundamental dormir bien. Modera tu consumo de cafeína y evita las drogas y el alcohol.

La mayoría de la gente tiene que dormir 7-9 horas por noche. Menos de eso puede dar lugar a una intensa respuesta emocional que te perjudique en tu día a día.

Piensa en los niños pequeños. Cuando un niño a dormido poco está más irritable, llora y sufre más. En cambio, si ha descansado lo suficiente se porta mejor, está de buen humor y su día a día es pura felicidad. Lo mismo pasa con los adultos.

Haz ejercicio y come me una dieta bien equilibrada.

Una dieta saludable te hace menos vulnerable a una serie de males, como la falta de control de las emociones. El ejercicio te ayuda a mantener saludable el corazón y también aumenta la producción de endorfinas, las sustancias químicas cerebrales responsables de la felicidad.

7) Tómate un tiempo para resolver problemas.

Considera el problema, cuáles son las soluciones u opciones que tienes y luego sopesa las ventajas y desventajas de cada opción antes de elegir. No vayas corriendo por la vida, aprende a ser reflexivo/a.

El éxito en la solución de problemas es la clave para construir la confianza que necesitas para enfrentar los desafíos sin ceder a la desesperanza
o la impotencia.

8) Implementa el ocio y la diversión a tu rutina diaria.

A veces estamos tan estresados o desanimados que nos olvidamos de que la risa es una medicina maravillosa. Encuentra la diversión y piérdete en el entretenimiento. Busca tiempo para hacer las cosas que te gustan o simplemente disfruta de una buena película cómica.

9) Cultivar emociones positivas.

Saborea cada pequeño momento de la vida, cultiva la gratitud, céntrate en lo que aprecias y agradécelo. Cultiva el optimismo, la bondad hacia los demás (esto te hará realmente feliz) y encuentra el significado a tu vida (haz algo que merezca la pena).

10) Practica la atención plena.

Mediante la meditación aprendemos a ver. Hacemos las cosas sin fijarnos, por pura inercia. La atención plena pretende que seas consciente de cada pequeña acción que realizas y aprendas a saborearla.

11) Habla con personas de confianza.

Tener por lo menos dos o tres personas entre familiares y amigos de confianza con quien compartir sus más íntimos pensamientos y sentimientos.

12) Ayudar a otros en circunstancias similares.

Puedes ayudar a otros a que tomen nuevas perspectivas de sus situaciones problemáticas. Esto te servirá de catarsis y autoaprendizaje para manejar tus propias emociones.

13) Considera la posibilidad de hacer terapia.

Si las emociones negativas interfieren gravemente con tu día a día es señal de que necesitas ayuda de un profesional.