Resultado de imagen de LA IDEA DE QUE NUESTROS GENES NOS DEFINEN ES ENGAÑOSA Y PELIGROSA

Es uno de los mejores divulgadores científicos actuales y tiene nuevo libro sobre cómo un óvulo fecundado se convierte en un ser humano: la respuesta es más asombrosa de lo que parece

 

¿Y si ‘Frankenstein’ hubiera sido sutilmente malinterpretado, también por Mary Shelley? Es lo que parece si comparamos las dos introducciones que escribió para el clásico, la de su primera edición anónima de 1818 y la publicada ya con la firma de su autora en 1831, tras el tremendo éxito de la novela. Las numerosas referencias que en la segunda introducción mencionan los peligros de «jugar a ser Dios» -moraleja canónica del libro hasta hoy- están prácticamente ausentes en la primera. Es como si Shelley hubiera alineado años después su obra con la opinión general, a la manera en la que la sociedad la había entendido gracias en gran parte a las simplistas y muy populares adaptaciones escénicas. Defiende Philip Ball que «la idea de que ‘Frankenstein’ es el texto fundamental contra la arrogancia científica es, en gran medida, una visión del siglo XX. Esto no significa que ‘entendiéramos mal’ ‘Frankenstein’, o al menos, no simplemente eso. Significa más bien que necesitábamos una historia admonitoria para lidiar con nuestras confusiones y ansiedades sobre la vida y sobre cómo crearla y cambiarla«.

El británico Philip Ball (1962) es uno de los mejores, y más prolíficos, divulgadores científicos de la actualidad. Químico en el University College de Londres, fue editor de Nature, colabora en New Scientist y ha firmado una decena de títulos que demuestran su curiosidad insaciable y ecléctica, desde una biografía del agua a la historia del color pasando por las veleidades nazis de grandes prohombres de la física cuántica (todos ellos publicados en nuestro país por Turner). Su último libro es ‘Cómo crear un ser humano’, traducido por Irene de la Torre, un fascinante recorrido por todo lo que ocurre desde que el espermatozoide y el óvulo se encuentran y que solemos resumir prosaicamente perdiéndonos así las maravillas de ciencia ficción que se suceden a continuación. También resume y discute los últimos avances científicos sobre las posibilidades reales de crear ser humanos en laboratorios o acerca de la inmortalidad. Y todo atravesado por una crítica tan implacable como irónica a las historias que los científicos cuentan sobre su tarea. Historias que pueden, como le ocurrió a ‘Fankenstein’, fijar injustamente explicaciones pueriles, limitadas o directamente falsas.

Le enviamos a Ball unas preguntas por correo electrónico una mañana… ¡y nos responde la misma tarde no precisamente con brevedad! «Seguro que al mismo tiempo ha escrito un par de artículos y tuiteado sin parar», nos dicen desde su editorial.

PREGUNTA. Tengo 42 años. ¿Lograré vivir eternamente (más o menos) gracias a la ingeniería biológica? ¿Podré al menos descargar mi conciencia en una máquina antes de morir? Y si yo no llego a tiempo… ¿lo conseguirán al menos mis hijas mellizas de tres años?

RESPUESTA. Lo siento, pero la respuesta en todos los casos es «no». Creo que la capacidad de desarrollar nuevos tejidos y órganos sí extenderá la vida humana. Entre los hechos más difíciles de superar se encuentran los debidos al cáncer y a las enfermedades neurodegenerativas, pero no hay impedimentos fundamentales que no puedan superarse. Por lo tanto, podría ser posible extender la vida humana significativamente más allá de sus límites actuales, tal vez hasta los 200 años, algo que no es absurdo imaginar. Pero si podemos hacer eso mientras conservamos una buena calidad de vida en la vejez es otra cuestión. Y algunos investigadores creen que puede haber aspectos del proceso de envejecimiento que son bastante fundamentales para nuestra biología y muy difíciles de evitar. En cualquier caso, dudo sinceramente que podamos extender la esperanza de vida indefinidamente tampoco para las vidas de sus hijas.

En cuanto a «descargar» su conciencia en algún tipo de dispositivo computacional… la verdad es que, a pesar de las afirmaciones que a veces se hacen sobre esto, no sé si entendemos bien lo que queremos decir. No existe una teoría científica de la conciencia, y en este momento estamos lejos de tener una. Y no hay absolutamente ninguna razón para creer que nuestra «conciencia» es algo que se puede traducir de manera obvia a bits en una computadora, o que se puede caracterizar completamente por alguna configuración de bits lógicos (unos y ceros). Decir esto no es afirmar que hay algo místico o «no físico» en la conciencia, es solo aceptar que no entendemos lo que es. ¡La idea de que «usted» desaparecerá de su cerebro y se despertará en una computadora es mística y poco científica!

  1. Su libro ataca los relatos que los científicos se cuentan a sí mismos sobre lo que hacen como por ejemplo, el influyente sobre ‘el gen egoísta’. Nuestra especie cuenta relatos, es inevitable, pero esos relatos a veces impiden la llegada de nuevas ideas. ¿Cuál cree que es el relato más nefasto ahora mismo en biología?
  2. Interpretaré «nefasto» como «peligrosamente engañoso», y luego diría que es la idea de que nuestros genes son «la esencia de nosotros», lo que nos define como seres humanos. Este mensaje es impulsado por compañías comerciales de secuenciación del genoma como 23andMe, y también por algunos investigadores en genética: el reciente libro ‘Blueprint’ de Robert Plomin es un ejemplo. Es una visión muy imperfecta. El hecho de que nuestra composición genética influye en nuestra salud, en nuestra personalidad y rasgos cognitivos, es innegable. Pero sugerir que es lo único, o incluso lo principal, es mala ciencia y es peligroso. En el peor de los casos, puede llevarnos a descuidar cualquier consideración de los roles del medio ambiente en nuestras circunstancias y en nuestro futuro: puede convertirse en una receta para decir «bueno, de todos modos, no podemos cambiar nada». Está muy claro, por ejemplo, que el desarrollo del cerebro y los resultados conductuales no están predeterminados por nuestros genes y, por lo tanto, no son predecibles a partir de ellos de forma individual. Sin embargo, me temo que vamos a ver cada vez más sugerencias de que lo son: pruebas genéticas de IQ, por ejemplo, tal vez incluso para su uso en la concepción asistida (FIV). Esto es científico y éticamente incorrecto.

Mi libro se propone demostrar, entre otras cosas, que el desarrollo humano es un proceso complejo que implica mucha contingencia y oportunidad, aunque indudablemente está guiado por la genética.

El desarrollo del cerebro y los resultados conductuales no están predeterminados por nuestros genes

  1. La sombra de la eugenesia planea sobre la biología. ¿Cómo podemos evitar que, en un mundo tan desigual como el nuestro, la posibilidad de crear bebes de diseño superinteligentes sea sólo accesible a los ricos y abra una brecha insalvable con el resto de la población?
  2. No creo que veamos bebés de diseño superinteligentes. Eso se basa en la idea errónea sobre la genética que mencioné en la pregunta anterior. Mi mayor temor es que asistamos a equivocados intentos de diseñar tales cosas, por ejemplo, mediante la selección de embriones después de pruebas genéticas, o incluso a la edición de genes. Pero debido a que la inteligencia está (a) influenciada por muchos genes, cada uno de los cuales tiene una influencia insignificante por sí misma, y ​​(b) de todos modos no del todo bajo influencia genética (quizás alrededor del 50% heredable), es difícil ver cómo podríamos diseñar de manera confiable la inteligencia de un niño. De todos modos, la eugenesia es una preocupación real. Existen problemas difíciles que surgen de los esfuerzos para evitar enfermedades genéticas y disfunciones. Creo que, en general, es muy bueno que tengamos métodos como el diagnóstico genético previo a la implantación de embriones FIV para evitar algunas enfermedades genéticas raras pero desagradables, pero el asunto se vuelve muy complejo una vez que comenzamos a preguntarnos si tales métodos deberían usarse para enfermedades o discapacidades que no amenazan la vida. Entiendo la preocupación de las personas que viven con tales condiciones de que las vean como «indeseables» o que la investigación sobre su condición se marchite.

Y también es una preocupación genuina que algunas de estas tecnologías puedan estar disponibles solo para personas o países ricos. Ya ocurre, por supuesto, con las tecnologías médicas, pero la situación podría empeorar. Creo que necesitamos pautas y regulaciones internacionales claras que busquen un equilibrio entre los derechos de las personas a elegir los tratamientos, y lo que necesitamos para mantener sociedades saludables. Y esto necesariamente implicará compromisos.

No entendemos la conciencia pero eso no significa que sea una ilusión

  1. Critica el protagonismo del gen y reivindica el de la célula. Somos solo una montaña de células y, en principio, de cada célula individual podría surgir otro como yo. ¿La unidad de la conciencia es sólo una ilusión y nada tiene sentido?
  2. Como mencioné antes, simplemente no entendemos la conciencia, y una gran parte de lo que no entendemos es cómo surge como una experiencia unificada de muchos fenómenos cognitivos diferentes. Pero no le veo sentido a llamar a eso una «ilusión». Es lo que todos (casi) parecemos experimentar: ¿cómo puede ser una ilusión el dolor? Sí, somos una colección de células, y creo que esto representa una forma mucho mejor de pensar sobre nuestro ser físico que como una «colección de genes». El yo, me parece, es el resultado de un proceso que involucra genes, desarrollo y cognición, y está cambiando continuamente. Pero eso no quiere decir que sea un concepto sin sentido.

Pero sí, me parece fascinante y alucinante que cualquiera de nuestras células pueda (en principio, ¡no podemos hacer esto en la práctica todavía!) crecer como otro ser. Absolutamente no sería «otro yo», como tampoco lo son los gemelos idénticos. Habría seguido su propio camino de desarrollo, y no menos importante, su cerebro no estaría idénticamente conectado, por lo que ni siquiera sería una «copia exacta». Lo que demuestra otra vez por qué no es una buena práctica identificarnos con nuestro genoma.

  1. «No nos sentimos a gusto en nuestra propia carne”, escribe. ¿Nos conduce eso a buscar en la biología una trascendencia, digamos, religiosa?
  2. No estoy seguro. Para mí, las nociones y sentimientos de trascendencia se relacionan con lo que podemos crear en comunidad unos con otros, para algunos, eso se experimenta a través de la fe religiosa, pero para mí proviene del arte (¡especialmente de la música!). Creo que es un error buscar esas cosas en nuestro ser físico. Aquí hay una conexión con viejos debates sobre el materialismo y si poseemos algo así como un alma inmaterial: estos fueron temas explorados por Mary Shelley en ‘Frankenstein’. No estoy seguro de por qué siempre nos hemos sentido incómodos en nuestra carne, pero creo que se deriva de la misma consideración: ¿cómo puede ser que estas cosas blandas y carnosas sean todo lo que somos? ¿Cómo, de esto, pueden surgir nuestros sentimientos de espiritualidad? Siento cada vez más que es incorrecto ubicar todas esas preguntas en el cerebro: somos la cognición y la conciencia encarnadas, y nuestros cuerpos constituyen un componente profundo de cómo experimentamos el mundo.

Las fantasías del transhumanismo están desconectadas de lo que realmente sabemos sobre el cuerpo humano

  1. La semana pasada se anunció la creación de una “maquina biológica”, un xenorobot. Precisamente, el transhumanismo promete que en unas pocas décadas los seres humanos se fusionarán con las máquinas, tal vez a tiempo de que Trump y Johnson no lo destruyan todo… ¿Esto es ciencia o religión?
  2. Estoy en la afortunada posición de haber conocido de antemano ese trabajo después de haber visitado a los científicos involucrados el verano pasado. El verdadero mensaje de lo que están haciendo aún no se ha hecho evidente, pero estoy ya escribiendo la historia real. ¡Estén atentos! En mi libro me burlo suavemente de algunas de las fantasías del transhumanismo, que me parecen desconectadas de lo que realmente sabemos y estamos intentando hacer con el cuerpo humano. Creo que muchos de los sueños del transhumanismo en realidad se relacionan con impulsos más profundos y casi míticos: la inmortalidad, la trascendencia del sexo, etc. El transhumanismo es un interesante y revelador fenómeno sociológico, incluso si a veces tiene una relación muy tenue con lo que podría ser tecnológicamente posible.

De todos modos, sí creo que vamos a fusionarnos con las máquinas en un grado aún mayor del actual, y también que cada vez vamos a cohabitar más el mundo junto a las máquinas. No temo esa perspectiva en sí misma, aunque ya podemos observar nuevos peligros (en términos de cómo nos comportamos) que pueden surgir de nuestra interacción con las máquinas. Mi sospecha (eso es todo lo que puede ser) es que, dentro de 500 años, lo que significa ser «humano» (si todavía significa algo) será muy diferente. También espero ver algunos cambios profundos y tal vez impactantes a este respecto, incluso en los próximos 30 años, si tengo la suerte de vivir tanto tiempo, y si, como usted dice, nuestros terribles líderes políticos, o el cambio climático, no nos han borrado para entonces.

  1. Si finalmente logramos crear cerebros en tarros… ¿por qué no los enchufamos al modo de Matrix y los dejamos ser felices en paraísos artificiales sin ocuparnos del resto?
  2. Algunas personas sospechan que ya podríamos estar en Matrix, en el sentido, tal vez, de que podríamos ser seres «vivos» en las simulaciones de una computadora súper avanzada. No encuentro sus argumentos convincentes, pero en cualquier caso no me preocupa, no altera lo que pienso, siento y encuentro significativo, y si un súper-ser decide terminar la simulación, ¡No lo sabremos! Me parece muy interesante que el «cerebro en un tarro» se haya convertido en un ícono en la filosofía (a los filósofos les encanta The Matrix). Como señalo en el libro, este es en realidad un viejo debate, que se remonta al menos hasta Descartes.

Pero es sorprendente para mí, y también éticamente desafiante, saber que este escenario se está convirtiendo en algo más que filosófico o de ciencia ficción. Como sabrá por mi libro, he tenido mi propio «mini-cerebro» cultivado de mis propias células en un plato. Era, estoy bastante seguro, no una entidad que tenía alguna conciencia o incluso experiencia, pero era más que una masa aleatoria de neuronas y tenía los inicios crudos de una estructura similar al cerebro. A medida que estos llamados organoides cerebrales se vuelven más complejos, es posible que necesitemos preguntar cómo pensar en ellos como entidades morales, y si realmente experimentan algo. Esta es una de las ilustraciones más sorprendentes del poder y la complejidad de las nuevas tecnologías que nos permiten transformar y controlar el destino de nuestras células

DANIEL ARJONA

 

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La ARHGAP11B se encuentra ubicada en las mitocondrias e induce una vía metabólica en las células madre del cerebro, comportándose de manera similar a las células cancerosas

Hasta ahora se sabía que el tamaño del cerebro humano aumentó durante la evolución de manera muy importante, un hecho que ha llamado la atención de los científicos a lo largo de los años, pero del que se desconocía la causa. Ahora, un grupo de investigadores del Instituto Max Planck de Biología Celular Molecular y Genética ha dado con la solución.

La ‘culpa’ es de una proteína llamada ARHGAP11B y que está ubicada en las mitocondrias. Se trata de un gen que solo se encuentra en los humanos y que provoca que las células madre del cerebro se multipliquen, formando un grupo más grande del que pueden surgir más neuronas, lo que a la larga permitiría que el tamaño del cerebro se haga más grande.

Pero, ¿cómo lo hace? Los investigadores han descubierto que la proteína ARHGAP11B induce una vía metabólica en las células madre del cerebro; es decir, se comporta de la misma manera que lo hacen las células cancerosas y lo hace desde el centro neurálgico de la célula, la mitocondria. Así consiguen expandirse y que aumente la producción de neuronas.

Actúan como las células cancerosas

Takashi Namba, un científico posdoctoral del grupo de investigación del Instituto Max Planck, ha explicado a Neuroscience News que descubrieron que la proteína ARHGAP11B se encuentra ubicada en las mitocondrias, los orgánulos que generan la mayor parte de la energía de la célula.

ARHGAP11B habría contribuido a la expansión evolutiva del cerebro al inducir un metabolismo similar al cáncer en las células madre del cerebro

Según Namba, «la ARHGAP11B interactúa con una proteína en la membrana de las mitocondrias que regula un poro de la membrana. Como consecuencia de esta interacción, los poros de la membrana se están cerrando, evitando la fuga de calcio de las mitocondrias. La mayor concentración de calcio resultante hace que las mitocondrias generen energía química mediante una vía metabólica llamada glutaminólisis. De esta manera, ARHGAP11B puede provocar que las células madre cerebrales basales formen un grupo más grande de células madre».

Para el profesor Wieland Huttner, que supervisó el estudio, «un aumento en la glutaminólisis es un sello distintivo de las células altamente proliferantes, especialmente las células tumorales. Por lo tanto, ARHGAP11B puede haber contribuido a la expansión evolutiva del cerebro humano al inducir un metabolismo similar al cáncer en las células madre del cerebro basal durante un período limitado durante el desarrollo del cerebro».

 

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Comienzan a dibujarse las líneas esenciales de ese negocio: los sistemas educativos, la educación a lo largo de toda la vida o los productos potenciadores del cerebro

Intento mantenerme al día en temas de neurociencia y educación, cosa que me resulta cada vez más difícil. En un archivo especial, voy acumulando las nuevas publicaciones, a la espera de poder estudiarlas, cosa que hago periódicamente. Estos días me dedico a ello con más intensidad. Acabo de participar en unas jornadas sobre ‘Neurociencia y liderazgo’, participaré en otras sobre ‘Neurociencia y educación’ en el mes de abril, organizadas por el Ministerio de Educación, y preparo el prólogo a un libro sobre este tema escrito por Tomás Ortiz, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Los temas neurológicos están de moda.

Me produce gran incomodidad que la ciencia se utilice retóricamente. La teoría de la relatividad o la física del caos se emplean para explicar cualquier cosa, desde las infidelidades matrimoniales a las oscilaciones de la bolsa, cuando en realidad no tienen ningún sentido fuera de las ecuaciones matemáticas en que se expresan. Con la neurología sucede lo mismo. Se habla de neuroeconomía, neuromarketing, neuropolítica y, por supuesto, de neuroeducación. ¿Es pura retórica? Muchos científicos se quejan de que se haya producido una industria de la ‘brain-based-education’, basada en neuromitos y no en datos científicos (Ansari Coch, De Smeth 2011). En España, ha sido especialmente crítico con este deslumbramiento por todo lo que comience por ‘neuro’ Marino Pérez Alvárez, catedrático de la Universidad de Oviedo, que niega que la neurología esté en estos momentos en condiciones de proporcionar conocimientos a la psicología (‘Frente al cerebrocentrismo, psicología sin complejos‘).

Líneas esenciales del negocio

La ‘educación basada en el cerebro’ ha dado origen a una pujante industria basada en el ‘brain-training’, que forma parte a su vez de una ‘industria del IQ’. En el mundo empresarial se empieza a hablar de que el próximo gran negocio será el del IQ, el del cociente intelectual. La revista ‘Forbes’ dedica su portada del 19.11.2012 a “The $ Trillion opportunity”: la educación. Comienzan a dibujarse las líneas esenciales de ese negocio: los sistemas educativos, la educación a lo largo de toda la vida, los productos potenciadores del cerebro, las interacciones cerebro-tecnologías de la información, la selección genética de la inteligencia. Por eso, voy a dedicar tres artículos a estos temas. El de hoy, para mencionar lo que sabemos acerca de las relaciones entre neurología y educación. Los próximos, el negocio del ‘entrenamiento cerebral’ y a la ‘industria de la educación’.

Empieza a resolverse el gran obstáculo que impedía la aplicación de la neurología a la escuela. La neurología ha progresado mucho

¿Qué descubrimientos neurológicos podemos provechar en educación? Los fundamentales son los siguientes:

  1. 1. Los estudios sobre plasticidad del cerebro muestran que nuestra capacidad de aprender a cualquier edad es mayor de la que pensábamos.
  2. Empieza a resolverse el gran obstáculo que impedía la aplicación de la neurología a la escuela. La neurología ha progresado mucho en el estudio de la ‘sintaxis’ neuronal, es decir, en cómo se originan y se transmiten los impulsos nerviosos, en la estructura de las redes, pero menos en cómo esos impulsos se convierten en significados (semántica) y en significados conscientes. Estos son, sin embargo, los que manejamos en la escuela. El estudio del reconocimiento de patrones está sirviendo de nexo entre la sintaxis neuronal y la semántica.
  3. Estamos conociendo los cambios que se dan en el cerebro adolescente, lo que nos va a permitir aprovechar esa ‘segunda edad de oro’ del aprendizaje.
  4. 4. Progresamos en el conocimiento de la memoria, que es el órgano del aprendizaje y, por lo tanto, el fundamento de la educación. Dos temas destacan por su relevancia educativa. En primer lugar, la neurología de la formación de hábitos, que son el núcleo del aprendizaje. En segundo lugar, los estudios sobre la memoria en acción (‘working memory’), que nos dicen que la inteligencia es fundamentalmente gestión de la memoria. Un concepto, pues, revolucionario.

Progresamos en el conocimiento de la memoria, que es el órgano del aprendizaje y, por lo tanto, el fundamento de la educación

  1. 5. Pero, sin duda, el tema estrella de la neuroeducación es el descubrimiento de las ‘funciones ejecutivas’ del cerebro, que nos brinda un nuevo concepto de la inteligencia y del aprendizaje. Espero no dejarme llevar por un error de perspectiva, ya que es lo que estudiamos en la cátedra ‘Inteligencia ejecutiva y educación’, que dirijo en la Universidad Nebrija, de Madrid. El cerebro tiene una estructura dual: un nivel generador de ideas y un nivel que dirige ese mecanismo hacia metas elegidas. Es una estructura que descubrimos en el cerebro, en la inteligencia humana, en la arquitectura de los ordenadores, y en la inteligencia de las organizaciones. Es, pues, una teoría integrada de la inteligencia. La estructura básica está formada por sistemas neuronales que trabajan con gran autonomía, fuera del control de la conciencia. Se denomina ‘inconsciente neuronal’ o ‘nuevo inconsciente’, pero prefiero llamarlo ‘inteligencia generadora’ (Marina, J. A. ‘La inteligencia ejecutiva‘). En él tienen un protagonismo especial los hábitos intelectuales, emocionales y conductuales. Es lo que el premio Nobel Daniel Kahneman denomina ‘sistema 1’. Una pequeña parte de la información manejada por él pasa a estado consciente. Asciende al sistema 2, al que denominamos ‘sistema ejecutivo’. Desde él, el sujeto elige sus metas, da órdenes al sistema 1, y evalúa sus resultados. Dicho así, debe sonar muy críptico, pero así funcionamos. La inteligencia ejecutiva organiza y gestiona la actividad de la inteligencia generadora. La educación tiene como finalidad la construcción de ambos niveles.

Creo sinceramente que comprender y aprovechar estos conocimientos puede permitirnos un salto de gigante en la educación. La próxima semana les contaré si los métodos de entrenamiento del cerebro sirven para esto

José Antonio Marina

 

Resultado de imagen de LAS CUATRO SEÑALES DE QUE TIENES UNA ALTA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Se aprende sobre historia o matemáticas pero nadie nos enseña a identificar o tratar con las emociones. Te contamos cuáles son estas habilidades y cómo manejarlas

Mucho se ha hablado sobre la inteligencia emocional pero pocos saben detectarla en sí mismos. No es fácil definir en qué consiste, y más complicado aún resulta transmitir conocimientos sobre ella, ya que estos se suelen basar en la experiencia. Siempre hay trucos, sin embargo, que nos permiten acercarnos a estos aspectos intangibles y complicados. Es un atajo que los investigadores psicológicos utilizan para describir lo bien que los individuos pueden gestionar sus propias emociones y reaccionar a las de los demás.

Las personas que la presentan tienen las habilidades necesarias menos obvias para salir adelante en la vida, tales como la gestión de la resolución de conflictos, leer y responder a las necesidades de los demás, empatía y evitar que sus propias emociones se desborden e interrumpan su vida. Es muy importante porque cuanto más se entiendan estos aspectos, se tendrá mejor salud mental y comportamiento social.

Cuando la inteligencia emocional fue estudiada por primera vez, sirvió como el eslabón perdido en lo que al éxito se refiere. Hasta entonces se pensaba que el coeficiente intelectual era la única forma de triunfo. Pero un hallazgo bastante peculiar lo cambió todo: el 70% de las veces, las personas con un coeficiente intelectual medio superan a los que tienen coeficientes más altos.

Si no reconoces ninguna señal, no te preocupes. Este tipo de inteligencia es una habiliad cognitiva que puedes mejorar a través de tu vida diaria

Décadas de investigación apuntan ahora que la IE es un factor crítico para que alguien sobresalga del resto. La conexión es tan fuerte que el 90% de los artistas tienen una gran inteligenia emocional.

Podrían ser cosas que haces sin pensar realmente o simples habilidades que utilizas para trabajar. De cualquier manera, la mejora de la inteligencia emocional puede ser muy útil en todo tipo de circunstancias, ya sea en el trabajo, en casa o a la hora de socializar.

Piensas tus reacciones

Una de las características de la IE puede ser la diferencia entre una buena y una mala reacción a las circunstancias que nos rodean. Las emociones pueden tener información importante y ser útiles para el funcionamiento personal y social, aunque a veces nos sintamos abrumados y actuemos de manera inadeacuada. Las personas que carecen ella son más pasionales y no piensan los pros y los contras de una situación.

Tienen una capacidad más baja de regular sus sentimientos negativos y son más propensos a tener dificultades para reaccionar ante diferentes situaciones. Además de tener dificultades para gestionar y entener sus emociones, la investigación ha demostrado que este tipo de personas tienen una mayor facilidad para sufrir depresión, incluso si no están deprimidos clínicamente.

Desafíos

Si eres capaz de reconocer tus propias emociones negativas y ver una mala situación como un desafío centrándote en los aspectos positivos y siendo perseverante, lo más probable es que tu índice emocional sea muy elevado.

Imagina que has perdido tu trabajo. Una persona emocionalmente inteligente podría percibir sus emociones como señales para tomar medidas, tanto para hacer frente a los retos como para controlar sus pensamientos y sentimientos. Si por el contratio, no lo eres, no pararías de pensar sobre la pérdida de trabajo, entrando en una espiral sin salida que lleva hacia la depresión.

Modificar emociones

Claro que hay momentos en que tus sentimientos pueden apoderarse de ti, pero si eres una persona emocionalmente inteligente, es probable que puedas modificar tus emociones fácilmente.

Esto implica ser capaz de mantenerlas bajo control cuando se convierten en perjudiciales. La autogestión implica ser capaz de controlar los arrebatos con calma, discutir los desacuerdos y evitar actividades que conducen a la autocompasión o al pánico. Es la clave y la razón por la que este tipo de personas tienen los niveles más bajos de ansiedad.

Empatía

Mientras las otras tres categorías anteriores se refieren a las emociones internas de una persona, esta se ocupa de las de los demás. La empatía es la habilidad y la práctica de la lectura de los sentimientos de otros y la habilidad de saber responder adecuadamente ante ellos. Incluye, además, la búsqueda de puntos en común y el dominio de la persuasión.

El 70% de las veces, las personas con un coeficiente intelectual medio superan a los que tienen coeficientes más altos

Esta capacidad está relacionada con el ámbito laboral, ya que es muy importante saber manejarse y controlarse para estar de acuerdo a las normas de la organización. Sobre todo afecta a trabajos donde los trabajadores necesitan simpatizar con los clientes, aunque estos les estén gritando. Por eso en los últimos años se está desarrollando la formación de la inteligencia emocional en el trabajo, centrado en la gestión y expresión de las emociones, relacionados con la comunicación y el rendimiento en el trabajo.

Pero no te preocupes, este tipo de inteligencia es una habilidad cognitiva que puedes mejorar a través de tu vida diaria. Así que si todo lo que has leído te suena a chino y no has reconocido ningún tipo de estas señales,debes saber que aún puedes puedes trabajarla y adquirirla

Adrián López

 

Resultado de imagen de LOS CINCO TRUCOS PARA TENER UNA VIDA MÁS FELIZ Y DISFRUTAR MÁS

Si crees que has cometido errores o no estás contento con la vida que llevas actualmente, apunta estos consejos de la mano de dos expertos psicólogos

En la actualidad, parece que estemos inmersos en una gran carrera para llegar a una única meta: la felicidad. Un concepto que obsesiona a miles de personas en el mundo y cuya imposibilidad de alcanzar o siquiera de atisbar conlleva dolor y sufrimiento. En realidad, los seres humanos parece que nos enfocamos siempre en los detalles más negativos.

Existe un relato muy bonito que ilustra esta paradoja: una vez un payaso subió al escenario y contó un chiste. Nada más acabar, todos los espectadores se rieron. A continuación, lo volvió a relatar, y la carcajada volvió a oírse en toda la sala. Lo repitió una tercera y cuarta vez, hasta que ya solo se rieron muy pocas personas. Al parecer, a la mayoría del público les había dejado de hacer gracia de tanto repetirlo. Entonces, el payaso se dirigió una vez más y aseguró a los asistentes: «si ya te ha dejado de hacer gracia lo que acabo de contar ¿por qué no dejas de atormentarte una y otra vez por lo mismo?».

 

¿Tiene esto alguna explicación científica? Para Roy Baumeister, profesor de psicología social en la Universidad Estatal de Florida, sí. Según él, quien ha estudiado el tema a fondo, los humanos nos vemos afectados por un «sesgo negativo» que nos lleva a mirar siempre el vaso medio vacío o a dar más importancia a lo malo frente a lo bueno. Esto, de acuerdo a su teoría, tiene una explicación genética: el cerebro humano lleva evolucionando desde hace milenios, cuando el peligro estaba por todas partes y la muerte era un asunto mucho más familiar que ahora.

Este «sesgo negativo» que servía de cara a la supervivencia en el pasado ahora, que llevamos una vida más segura y cómoda, nos hace sentir una cantidad de estrés innecesaria. John Tierney, coautor del libro ‘The Power of Bad‘ junto con Baumeister en el que se trata este tema, asegura que este sesgo negativo nos da una visión deformada del mundo. «Nos centramos solamente en lo que está mal (el presente) y asumimos que seguirá siendo así (el futuro)», afirma en un artículo de ‘Men’s Health’. «Nos desesperamos y tendemos a aceptar que las cosas no cambiarán». Los psicólogos han recopilado cinco sencillos trucos para evitar caer en estos pensamientos negativos.

La regla «five to one»

John Mordecai Gottman, un reputado psicólogo, tiene una regla llamada «five to one» (cinco a uno) para predecir el grado de felicidad de las parejas cuando están juntas. Consiste en que estas tienen más probabilidades de gozar de una relación duradera cuando sus miembros tienen cinco veces más experiencias positivas que negativas. Baumeister recoge esta regla y la aplica a todas las esferas de la vida cotidiana, sea la relación con los hijos o con tus jefes.

Hay que recordar el pasado desde un punto de vista constructivo y no quedarse en el lamento

Aun así, el psicólogo estrecha un poco más el cerco, ya que no hay que ser tan optimistas (por paradójico que suene), y la deja en un cuatro a uno. ¿Cómo aplicarla a nuestra vida diaria? Según el psicólogo, cada vez que te venga a la cabeza un pensamiento negativo, siéntete en la obligación de recordar otros cuatro positivos.

Una nostalgia positiva

La concepción que tenemos de la palabra «nostalgia» siempre tiende a ser negativa. Una persona nostálgica es típicamente una persona negativa o pesimista. Pero esto parece estar cambiando. En este sentido, vale la pena recordar momentos del pasado desde un punto de vista constructivo y no quedarte en el lamento. Incluso los malos momentos que de repente un día recuerdas también sirven para tomar conciencia de la situación en la que estás ahora y cómo conseguiste superar el conflicto. Aunque lo mejor sería, evidentemente, que te dejases guiar por los buenos recuerdos. Para ello, cuando te venga uno a la cabeza, los psicólogos recomiendan apuntar cuatro palabras clave que sirvan para describirlo.

Comunica lo bueno a los demás

No hace falta decir que una de las claves de la felicidad es el hecho de sentirte arropado por las personas queridas o de tu entorno más inmediato. Nadie es una isla aislada en medio del océano, así que aunque ahora puede que lo veas todo negro y creas que estás solo, es falso. «Cuando te sucede algo bueno, si lo compartes con los demás hace que la buena noticia te lo parezca aún más, te genere un impacto positivo mayor y te haga desarrollar un fuerte vínculo con la persona a la que se lo has contado», argumenta Tierney. Recuerda que debe ser recíproco y debes escuchar tú también a los demás.

 

  1. ZAMORANO

 

Muchos interpretan esta sensación como una recompensa reservada a personas tocadas por Dios, pero lo cierto es que todos podemos llegar a ella si no nos boicoteamos

¿Qué es ser feliz? Es una pregunta que casi todo el mundo se ha hecho alguna vez. Aspiramos a serlo e intentamos descubrir cómo lograrla. Sin embargo, cada persona tiene una respuesta diferente y la disparidad de opiniones es tan amplia que a veces es imposible dar con una definición concreta.

Todo el mundo quiere saber qué puede hacer para conseguir un ápice de felicidad. Anhelamos una combinación de lecciones, trucos, inspiraciones, objetivos, estrategias, trucos, píldoras o incluso aplicaciones que añadan un poco más a nuestras vidas.

 

Pero quizá hay cosas que deberíamos quitar de nuestro día a día para llegar a ese punto. ¿Qué pasa si la forma más inteligente es concentrarte en eliminar una serie de hábitos que te están convirtiendo en alguien infeliz? Según el psicólogo Nick Wignall, «la clave es tener menos y no más». «Todos deberíamos ser conscientes de las cosas que nos hacen sentir miserables y hacer todo lo posible para deshacernos de ellas», añade a ‘Medium‘.

Deja de preocuparte

Estar pensando continuamente en tu futuro o en las opiniones que los demás tienen de ti es el hábito mental que trata de resolver problemas que no se pueden cambiar o que ni siquiera existen. Es fácil caer en él porque te sientes productivo, entretenido en algo. La preocupación nos da la ilusión de control, pero nos produce impotencia. A veces las cosas son malas, dolorosas o aterradoras y no hay nada que podamos hacer al respecto.

Tu voz interior está en continuo diálogo interno negativo. Solo hace que te sientas deprimido y culpable: actualízate y empieza a valorarte

Sí, es posible que te pasen cosas malas a ti o a personas que quieres y seguramente haya gente a la que no le gustas absolutamente ni un poco, pero sentirte mal por ello o preocuparte es negar la realidad. No puedes abarcar todo lo que sucede y hacerlo no cambiará nada. Sé más consciente de tus pensamientos negativos y pregúntate si realmente tienen solución, qué funciones tienen y qué beneficios te reportan. Aprende a aceptar el dolor y olvida toda esa ansiedad que genera.

No te aísles

Si estás deprimido, deja de querer estar solo. No es la solución. ¿Por qué te disculpas por sentir y expresar tristeza? Todos estamos entrenados desde niños para enmascarar nuestras emociones y no mostrarlas en público, pero déjate llevar y no ocultes tus sentimientos.

No debes sentir vergüenza. Tus lágrimas son valiosas porque lo que sientes es importante. Tener miedo, estar frustrado o triste es algo normal y mostrarlo ayuda a los que nos rodean a saber que necesitamos apoyo. Deja de pensar que precisas una estrategia para afrontar algo, lo que realmente te hace falta es que alguien te abrace, te comprenda y escuche lo que quieras compartir.

No te calles ni sigas la corriente

Es una realidad que a nadie le gusta tener un conflicto, pero eso es porque la mayoría no sabe cómo enfrentarlo. Casi todos dudamos en dar un paso atrás y defendernos porque no queremos parecer agresivo, intrigante o groseros. Así que preferimos ser pasivos y aceptar y callar. ¿Lo mejor? Un camino intermedio: ser asertivo. ¿Qué es? Significa defender tus propios deseos, necesidades y valores pidiendo lo que quieres y decir no de una manera clara, respetuosa y honesta.

Sé más consciente de tus pensamientos negativos y pregúntate si realmente tienen solución, qué funciones tienen y qué beneficios te reportan

Cualquiera puede aprender a ser así. El camino hacia la autoestima, la confianza y el respeto a uno mismo es la asertividad y puedes lograrla a través de la voluntad de alinear tus acciones con tus valores sin importar las circunstancias.

Deja de autocastigarte

Cuando piensas en tus cosas y hablas contigo mismo, tu voz interior está en continuo diálogo interno negativo. Piénsalo bien, si dijeras a otras personas lo mismo que te dices a ti mismo, no tendrías amigos ni trabajo. La razón por la que esto ocurre es porque desde pequeños nos enseñan a ser duros. Se suponía que era motivador y la mejor manera de ser disciplinado, pero la verdad es que solo hace que te sientas deprimido, ansioso, desesperado y culpable. Lo mejor que puedes hacer es actualizarte y cambiar el chip: empieza a valorarte.

Adiós al estrés

Una de las mentiras más grandes que nos han dicho a todos es que necesitamos mejorar el estrés crónico. Su manejo es bastante terrible porque señalar lo obvio te hace padecerlo más. Como último recurso es posible que esté bien, pero es una mala estrategia porque nos distrae sobre las verdaderas causas. Si continuamente te sientes así lo mejor es mirar el origen del problema.

Todos deberíamos ser conscientes de las cosas que nos hacen sentir miserables y hacer lo posible para deshacernos de ellas

Si te pasa en el trabajo, intenta respirar profundamente o escribe sobre las cosas por las que estás agradecido. No asumas más proyectos de los que razonablemente puedas manejar. El estrés no es el problema. Es la inundación constante de lo que creemos que nos afecta lo que nos hace miserables.

Lo que piensas no es incondicional

¿Qué tiene de especial algo que solo está en tu cabeza? ¿Por qué le das tanto respecto, autoridad y significado a lo que se te viene a la mente? El hecho de que tú creas algo no tiene por qué ser verdad. Deja de prestar atención a todo lo que se te ocurre o siempre le darás una importancia que no es real.

Muchas de las cosas que piensas son perjudiciales si las prestas demasiada atención. Deberías cultivar un poco de escepticismo saludable y aprender a dejarlos ser. Sé consciente y serás libre

  1. LÓPEZ

 

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La psicóloga de la prestigiosa universidad estadounidense, Emma Seppälä, ha publicado un libro que recoge las últimas investigaciones sobre el bienestar

Todos ansiamos ser felices, pero lo cierto es que la mayor parte de las cosas que nos gustan no dan dinero. Y sin dinero, es difícil ser feliz. Cuántas veces hemos dicho aquello de “voy a dejar el trabajo para vivir la vida” para darnos cuenta de que, como mucho, podríamos acabar haciendo el ‘hippie’ en un pueblo de la sierra, para volver en un par de años a la ciudad sin un duro, sin trabajo y con el rabo entre las piernas (y, por supuesto, sin haber logrado que crezca un triste nabo en tu huerto).

Por lo general, tendemos a pensar que en la vida debemos elegir entre ser felices o exitosos o, como mucho, lograr un equilibrio entre el ocio y el trabajo que no sea especialmente deprimente. Pero como explica la doctora Emma Seppälä, directora del Centro para la Investigación y la Educación de la Compasión y el Altruismo de la Universidad de Stanford, “buscar la felicidad y nuestra realización personal es lo más productivo que podemos hacer para prosperar profesionalmente”.

En su nuevo libro ‘The Happiness Track: How to Apply the Science of Happiness to Accelerate Your Success’ (Piatkus), la psicóloga revisa decenas de investigaciones sobre la felicidad para llegar a la conclusión de que el bienestar y el éxito no son incompatibles sino complementarios.

Muchos vivimos en una suerte de “exitismo”, tratando de cumplir un objetivo tras otro, pensando que, en algún momento, lograremos ser felices

“Algunas de las falsas teorías sobre el éxito que el libro desmantela son aquellas que aseguran que no puedes triunfar sin estrés, que no debes parar de cumplir metas, trabajando hasta la extenuación y estando constantemente concentrado”, explicaba la autora en una entrevista con CBS News. “Somos de hecho más creativos cuando no estamos concentrados, y es algo que ha comprobado la neurociencia. La gente realmente exitosa e imaginativa es aquella que tiene más tiempo que perder”.

Hoy en día, asegura Seppälä, muchos vivimos en una suerte de “exitismo”, tratando de cumplir un objetivo tras otro, pesando que, en algún momento, lograremos ser felices. El problema es que la felicidad no es una carrera de fondo, es un estado, y no vamos a alcanzarlo por correr más y más. Lo que debemos hacer es seguir estos seis consejos:

  1. Deja de pensar en el futuro

La única manera de hacer cambios efectivos en nuestras vidas reside en centrarnos en el ahora, asegura Seppälä. Una suerte de ‘carpe diem’ actualizado en el que lo que importa es lo que estamos viviendo en nuestro día a día y no lo que esperamos alcanzar en el futuro.

Con la intención de cumplir las metas que nos hemos impuesto, nos sometemos a una inmensa presión, siempre tenemos que estar haciendo algo, y eso hace que estemos cansados, tanto física como emocionalmente. “Si tienes siempre la mente un paso por delante de lo que estás haciendo, nunca estarás disfrutando de los éxitos logrados”, explica la profesora. Cuando estes haciendo algo, sumérgete en ello y víve el momento.

  1. Deja de estresarte

“Todo el mundo trabaja con la quinta marcha puesta, porque creemos que es la única forma de ser exitosos”, explica Seppälä. Cierto es que la ansiedad y el miedo son reacciones naturales en los seres humanos, recursos que nos ha otorgado la evolución para sobrevivir a las amenazas, pues nos permiten aumentar nuestra sensibilidad. El estrés, en definitiva, nos mantiene vivos, pero se convierte en un peligro cuando lo experimentamos de forma continua.

Si bien no podemos cambiar ciertas situaciones de nuestro trabajo o nuestra vida personal, podemos aprender a ser más resilientes, esto es, básicamente, nuestra capacidad para superar situaciones dolorosas de toda índole, saliendo fortalecidos de ellas.

  1. Aprende a calmarte

No es ningún secreto: cuantas más cosas hacemos más cansados estamos. “Cuando estás constantemente saturado, puedes acabar quemándote, algo que le ocurre a la mitad de los trabajadores en América”, explica Seppälä. Aprender a calmarnos es básico para gestionar nuestra energía, y es algo que nos permitirá ser más felices.

Los ejercicios de respiración y meditación son una estupenda manera de lograr eliminar gran parte del estrés de nuestro día a día.

  1. Haz más haciendo nada

Un estudio de 2011, llegó a la conclusión de que las personas somos mejores resolviendo problemas en los momentos más inesperados: cuando estamos más relajados.

Como bien saben la mayor parte de artistas, el aburrimiento es parte indispensable del proceso creativo, pues es la fuerza que nos empuja a hacer cosas distintas. Y, es algo que resulta beneficioso para nuestro estado de ánimo. “Todos sabemos que es importante que nuestro cuerpo descanse (durmiendo), pero a menudo olvidamos que es igual de importnate que descanse nuestra mente”, explica la investigadora.

  1. Sé bueno contigo mismo

En el libro, Seppälä explica que podemos dificultar nuestra búsqueda de la felicidad si somos demasiado críticos con nosotros mismos. “La investigación muestra que cuando somos demasiado autocríticos y duros con nosotros mismos dañamos nuestra resiliencia”, aseguró la doctora a ‘The Huffington Post’.

Cuando nuestra autoestima descansa en nuestra habilidad para competir con la gente que nos rodea nos volvemos más inseguros y ansiosos, algo que desde luego no conduce a la felicidad ni al éxito. “Cuando estás motivado por la autocompasión, entiendes los fracasos no como un doloroso indicador de derrota, sino como una oportunidad para aprender”, asegura la profesora.

  1. Sé amable y compasivo

La mayoría de nosotros creemos que para tener éxito debemos ser los “números uno”, pero Seppälä cree que ocurre justo lo contrario. La compasión hacia los demás, y el espíritu colaborativo (no competitivo) no sólo ayuda a la gente que nos rodea, además beneficia a nuestra salud, física y mental.

“Si tienes un modo más altruista de interactuar con las personas y convertirte en un lídero que conoce a sus empleados, tendrás un lugar de trabajo más positivo y productivo”, explicó Seppälä a CBS News. “El éxito viene de cuidar, interesarse y ser responsable de nuestros colegas y amigos”.

Una idea muy similar a la del profesor de Wharton Adam Grant, que asegura que la generosidad es la clave del éxito en el trabajo

Miguel Ayuso

 

Resultado de imagen de CUÁNDO DESCUBRIRÁS EL SENTIDO DE LA VIDA, SEGÚN LOS CIENTÍFICOS

Tienes una crisis existencial. No sabes para qué estás aquí o cuál es tu propósito en este camino tan difícil. Según los expertos hay una edad exacta en la que todo se aclara

Es una pregunta quizá demasiado complicada, pero la mayoría de las personas se la ha hecho alguna vez a lo largo de su pequeña existencia: ¿cuál es el verdadero sentido de la vida? Aunque en muchos casos estas cuestiones aparecen en momentos de crisis personal, a muchos les asusta no poder descubrir nunca una respuesta que les satisfaga.

Ya sea que las personas encuentren la felicidad en la familia, en los amigos, en su carrera o en cualquier otra cosa completamente diferente, según un nuevo estudio es posible que nadie pudiera encontrar cuál es este sentido hasta pasada la mediana edad.

Numerosos expertos han intentado responder a esta difícil cuestión, pero el significado para cada uno no tiene nada que ver con el otro. Con el objetivo de ayudarnos en nuestra búsqueda de la trascendencia, el profesor Michael F. Steger publicó en 2005 el Cuestionario del Sentido de la Vida, una encuesta con diez preguntas que arroja una puntuación final que nos ayudará a descubrir si nos encontramos en el camino indicado.

Las diez cuestiones ayudan a la persona a tomar conciencia sobre su propia percepción sobre la vida y averiguar en otro documento qué significa el resultado obtenido. Cuanta más alta sea la puntuación que obtengamos, más nos preocuparemos por otorgar a nuestra vida sentido, y mostraremos que consideramos esta búsqueda como un proceso incluso en el que nos estamos siempre inmersos.

¿En qué momento?

Un nuevo estudio sugiere que las personas que buscan el significado de la vida tienen más probabilidades de encontrarlo a los 60. Los investigadores encuestaron a más de 1.000 personas de EEUU de entre 25 y 99 años y descubrieron que a mitad del camino la mayoría estaba contenta con sus vidas. Sentir que tenían un propósito también hizo que fueran saludables física y mentalmente y significaba que tenían menor probabilidad de morir jóvenes.

Aquellos sin un propósito de vida tienen el doble de probabilidades de morir durante un período de cinco años en comparación con aquellos que sí

«La salud y el sentido de la vida teniendo un propósito están íntimamente vinculados», aseguran los expertos en ‘The Daily Mail‘. Investigadores de la Universidad de California, San Diego, explican que «no estar seguro acerca de hacia dónde se dirige tu existencia podría quitarte años». «Muchos piensan sobre el significado desde una perspectiva filosófica, pero la realidad es que está asociado con una mejor salud, bienestar y mayor longevidad. Los que lo tienen claro son más felices y saludables que aquellos sin él», añaden.

El análisis, publicado en el ‘Journal of Clinical Psychiatry’, quiso determinar si los adultos estaban o habían encontrado su propósito pidiéndoles que lo calificaran. Los que lo habían descubierto tenían una salud física y mental mucho mejor mientras que los que seguían en la búsqueda estaban relacionados con un peor bienestar y funcionamiento cognitivo.

Cuidado con el trabajo

«Cuando llegas a los treinta, cuarenta y cincuenta, tienes relaciones más establecidas, tal vez estás casado y tienes una familia y te has forjado una carrera. La búsqueda disminuye y el significado en la vida aumenta», asegura el doctor Jeste, autor principal del estudio. «Después de los 60 todo cambia, la estabilidad es mayor a no ser que dejen su trabajo, lo que puede tener un efecto contrario«, comenta.

Las personas que han descubierto el sentido de la vida tienen una salud física y mental mucho mejor que los que continúan con la búsqueda

Además, a principios de este año, un estudio publicado en ‘JAMA’ con casi 7.000 estadounidenses de mediana edad descubrió que aquellos sin un propósito de vida fuerte tenían más del doble de probabilidades de morir durante un período de cinco años en comparación con aquellos que tenían uno, principalmente por enfermedades cardiovasculares.

La asociación se mantuvo a pesar de cuán ricos o pobres eran los participantes e independientemente del sexo, la raza o el nivel de educación. Era tan poderoso que tener un motivo claro parecía ser más importante para disminuir el riesgo de muerte que beber, fumar o hacer ejercicio regularmente.

  1. LÓPEZ

 

Resultado de imagen de TUS REGLAS PERSONALES EN LA VIDA

¿Qué perseguimos todos los seres humanos sin excepción? ¿Qué es lo que todos queremos conseguir? hay una cosa que todo el mundo, independientemente de su país de origen, de su condición social, quiere lograr y ese algo es la felicidad. Todo el mundo quiere ser feliz. Algunos dirán que quieren un coche, una casa, pero ¿por qué? La consecuencia final es porque queremos ser felices. Queremos estar satisfechos con nuestra vida, ser felices, sentirnos realizados. Esa es la realidad de la vida.

¿Cómo crear una vida de una felicidad extraordinaria?

¿Cuáles son las claves para conseguir la verdadera felicidad? Es un tema que a todos nos interesa. Os invito a que reflexionemos sobre una pregunta. ¿Alguna vez te has preguntado qué tiene que suceder para que te sientas feliz en la vida?

La respuesta a esa pregunta es lo que se llama tus reglas personales en la vida. Este es un concepto tremendamente poderoso y es lo que determina que algunas personas que aparentemente lo tienen todo son infelices y otras personas que tienen poco son muy felices. La diferencia está en la respuesta que están dando en su cabecita a esta pregunta ¿qué tiene que suceder para que yo me sienta feliz en mi vida?

Hazte esta pregunta por un instante, ¿qué tiene que pasar para que tú te sientas feliz en tu vida? Hay personas que ante esa pregunta tienen una respuesta tremendamente compleja y exigente. Comienzan a responderse: “pues para que yo sea feliz en la vida tengo que estar ganando un millón de euros al año, tengo que pesar 70 kilos, que mis hijos me hagan siempre caso, etc.” Se ponen unas condiciones tan exigentes de cumplirse que nunca terminan de ser felices. Esa respuesta es tan compleja que nunca se va a cumplir.

Respuestas sencillas

Esta es la causa de por qué hay personas que son gente inteligente, han tenido una educación extraordinaria, se han criado en un ambiente en el que nunca les ha faltado de nada, tienen una gran riqueza financiera; tienen todo lo necesario para ser felices pero en el fondo son unos desgraciados. ¿Por qué sucede todo esto? Porque a pesar de tener todo lo que tienen se están enfocando en todo lo que les falta para cumplir esas reglas tan estrictas que tienen para ser felices.

Sin embargo hay personas que están justo en el polo opuesto. Podrían ser las personas más infelices del mundo porque quizá no tengan una buena salud, no tienen unas circunstancias económicas extraordinarias, han pasado muchas dificultades en sus relaciones y son personas felices. ¿Por qué esa paradoja? Precisamente está en las reglas personales que se han marcado en su vida.

Si hay un consejo fundamental en la vida para conseguir la felicidad es que a la pregunta de ¿qué tiene que suceder para que yo me sienta feliz? búscale la respuesta más sencilla posible.

Mi caso por ejemplo: mi regla para conseguir la felicidad es la siguiente, si estoy vivo soy feliz. Limpia. Con lo cual yo ya soy feliz. Lo que venga será por añadidura. Puedo ser feliz con más dinero, con mejores relaciones y con una mejor salud. Pero independientemente de que esto suceda yo ya soy feliz.

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Si lo eres, sabrás de sobra que te juzgan generalmente de manera negativa pero, ¿y si realmente tuvieras una serie de virtudes a las que sacar provecho?

La película francesa ‘Tímidos anónimos’ cuenta en clave de humor la historia de una pareja con tanto terror social que tienen que acudir a un grupo de terapia, al más puro estilo Alcohólicos anónimos, para poder superar ese miedo a meter la pata en público. Todos hemos sentido vergüenza al exponernos alguna vez a los demás, e incluso hemos sentido enrojecer nuestra cara en momentos particulares, pero la timidez extrema puede acarrear problemas verdaderamente graves de ansiedad.

Generalmente, este rasgo de la personalidad se ve como algo negativo. Con solo echar un vistazo a internet encontraremos miles de páginas que nos dan trucos para perder ese miedo a ser juzgados por los demás. Sin embargo, ¿podría ser una ventaja evolutiva? Así lo defiende la profesora Thalia Eley, genetista condectual en Kings College en Londres en ‘BBC’. Ha decidido analizar las cualidades positivas de las personas tranquilas, que a menudo se infravaloran por la sociedad.

Tímidos del mundo, uníos

«Desde un punto de vista meramente evolutivo es sin duda útil tener gente en tu grupo que quiera vivir aventuras y se atreva a conocer y descubrir cosas nuevas», explica. «Pero de la misma manera también es una gran idea tener a alguien que sea más precavido y temeroso, en otras palabras, que en lugar de buscar nuevas cosas se quede cuidando y protegiendo lo que ya tenemos». Asegura que hay un beneficio en ambos patrones de comportamiento. «Alguien más tímido brillará en esos ambientes en los que no tiene que estar rodeado de gente para poder sacar lo mejor de sí mismo y triunfar«.

Cada personalidad tiene sus cosas buenas y, justamente por ello, Eley cree que cuando llegamos a la adultez todos tenemos la capacidad de encontrar el mejor camino. Las personas tímidas no suelen moverse por impulsos, sino que analizan mucho las situaciones antes de actuar y se sienten más cómodas escuchando que hablando. Eso tiene algo positivo: sus opiniones, al ser muy pensadas, suelen tenerse más en cuenta. No solo eso, trasladándonos al mundo animal, se sabe que los ejemplares más osados consiguen las mejores presas pero los especímenes más tímidos, por decirlo de alguna manera, suelen sobrevivir más a los enfrentamientos.

Las personas tímidas analizan mucho las situaciones y se sienten más cómodas escuchando que hablando, por lo que sus opiniones se valoran

Pero no todos son ventajas. Hay una pequeña anécdota sobre Agatha Christie, que era otra tímida extrema: la escritora acudió a una fiesta de honor para celebrar un récord increíble; su obra de teatro ‘La ratonera’ se había convertido en la producción con más funciones en la historia de Reino Unido. Cuando llegó, vestida de manera elegante, el portero no la reconoció e impidió que entrara. Ella, en lugar de explicar quién era, se dio la vuelta de manera dócil y se marchó, sola, mientras los demás celebraban el éxito. Tenía 67 años.

El doctor Henry Heimlich (que dio nombre a la popular maniobra con la que se ha salvado la vida del atragantamiento a muchas personas), explicó en una ocasión que muchas personas preferían salir de la habitación cuando sentían que se ahogaban para no incomodar a nadie. «Al no ser atendidos perdían el conocimiento y podían morir o sufrir daño cerebral irreparable», indicó.

Tímidos vs. introvertidos

No obstante, hay que hacer una puntualización: la timidez y la introversión no son lo mismo, por mucho que la gente no sepa muy bien distinguirlos. Según la escritora Susan Cain el introvertido es aquel que necesita tiempo a solas y no le importa lo que piensen los demás. El tímido, sin embargo, necesita compañía pero a la vez está nervioso y preocupado por cómo le juzgarán.

¿Y tú, lector? ¿Te consideras tímido o introvertido? ¿Crees que hay alguna ventaja en serlo o todo te parecen factores negativos? ¿Tienes algún truco para «curarlo»? Cuéntanoslo en los comentarios.

ADA NUÑO