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¿Qué perseguimos todos los seres humanos sin excepción? ¿Qué es lo que todos queremos conseguir? hay una cosa que todo el mundo, independientemente de su país de origen, de su condición social, quiere lograr y ese algo es la felicidad. Todo el mundo quiere ser feliz. Algunos dirán que quieren un coche, una casa, pero ¿por qué? La consecuencia final es porque queremos ser felices. Queremos estar satisfechos con nuestra vida, ser felices, sentirnos realizados. Esa es la realidad de la vida.

¿Cómo crear una vida de una felicidad extraordinaria?

¿Cuáles son las claves para conseguir la verdadera felicidad? Es un tema que a todos nos interesa. Os invito a que reflexionemos sobre una pregunta. ¿Alguna vez te has preguntado qué tiene que suceder para que te sientas feliz en la vida?

La respuesta a esa pregunta es lo que se llama tus reglas personales en la vida. Este es un concepto tremendamente poderoso y es lo que determina que algunas personas que aparentemente lo tienen todo son infelices y otras personas que tienen poco son muy felices. La diferencia está en la respuesta que están dando en su cabecita a esta pregunta ¿qué tiene que suceder para que yo me sienta feliz en mi vida?

Hazte esta pregunta por un instante, ¿qué tiene que pasar para que tú te sientas feliz en tu vida? Hay personas que ante esa pregunta tienen una respuesta tremendamente compleja y exigente. Comienzan a responderse: “pues para que yo sea feliz en la vida tengo que estar ganando un millón de euros al año, tengo que pesar 70 kilos, que mis hijos me hagan siempre caso, etc.” Se ponen unas condiciones tan exigentes de cumplirse que nunca terminan de ser felices. Esa respuesta es tan compleja que nunca se va a cumplir.

Respuestas sencillas

Esta es la causa de por qué hay personas que son gente inteligente, han tenido una educación extraordinaria, se han criado en un ambiente en el que nunca les ha faltado de nada, tienen una gran riqueza financiera; tienen todo lo necesario para ser felices pero en el fondo son unos desgraciados. ¿Por qué sucede todo esto? Porque a pesar de tener todo lo que tienen se están enfocando en todo lo que les falta para cumplir esas reglas tan estrictas que tienen para ser felices.

Sin embargo hay personas que están justo en el polo opuesto. Podrían ser las personas más infelices del mundo porque quizá no tengan una buena salud, no tienen unas circunstancias económicas extraordinarias, han pasado muchas dificultades en sus relaciones y son personas felices. ¿Por qué esa paradoja? Precisamente está en las reglas personales que se han marcado en su vida.

Si hay un consejo fundamental en la vida para conseguir la felicidad es que a la pregunta de ¿qué tiene que suceder para que yo me sienta feliz? búscale la respuesta más sencilla posible.

Mi caso por ejemplo: mi regla para conseguir la felicidad es la siguiente, si estoy vivo soy feliz. Limpia. Con lo cual yo ya soy feliz. Lo que venga será por añadidura. Puedo ser feliz con más dinero, con mejores relaciones y con una mejor salud. Pero independientemente de que esto suceda yo ya soy feliz.

Resultado de imagen de LA VENTAJA EVOLUTIVA DE SER TÍMIDO

Si lo eres, sabrás de sobra que te juzgan generalmente de manera negativa pero, ¿y si realmente tuvieras una serie de virtudes a las que sacar provecho?

La película francesa ‘Tímidos anónimos’ cuenta en clave de humor la historia de una pareja con tanto terror social que tienen que acudir a un grupo de terapia, al más puro estilo Alcohólicos anónimos, para poder superar ese miedo a meter la pata en público. Todos hemos sentido vergüenza al exponernos alguna vez a los demás, e incluso hemos sentido enrojecer nuestra cara en momentos particulares, pero la timidez extrema puede acarrear problemas verdaderamente graves de ansiedad.

Generalmente, este rasgo de la personalidad se ve como algo negativo. Con solo echar un vistazo a internet encontraremos miles de páginas que nos dan trucos para perder ese miedo a ser juzgados por los demás. Sin embargo, ¿podría ser una ventaja evolutiva? Así lo defiende la profesora Thalia Eley, genetista condectual en Kings College en Londres en ‘BBC’. Ha decidido analizar las cualidades positivas de las personas tranquilas, que a menudo se infravaloran por la sociedad.

Tímidos del mundo, uníos

«Desde un punto de vista meramente evolutivo es sin duda útil tener gente en tu grupo que quiera vivir aventuras y se atreva a conocer y descubrir cosas nuevas», explica. «Pero de la misma manera también es una gran idea tener a alguien que sea más precavido y temeroso, en otras palabras, que en lugar de buscar nuevas cosas se quede cuidando y protegiendo lo que ya tenemos». Asegura que hay un beneficio en ambos patrones de comportamiento. «Alguien más tímido brillará en esos ambientes en los que no tiene que estar rodeado de gente para poder sacar lo mejor de sí mismo y triunfar«.

Cada personalidad tiene sus cosas buenas y, justamente por ello, Eley cree que cuando llegamos a la adultez todos tenemos la capacidad de encontrar el mejor camino. Las personas tímidas no suelen moverse por impulsos, sino que analizan mucho las situaciones antes de actuar y se sienten más cómodas escuchando que hablando. Eso tiene algo positivo: sus opiniones, al ser muy pensadas, suelen tenerse más en cuenta. No solo eso, trasladándonos al mundo animal, se sabe que los ejemplares más osados consiguen las mejores presas pero los especímenes más tímidos, por decirlo de alguna manera, suelen sobrevivir más a los enfrentamientos.

Las personas tímidas analizan mucho las situaciones y se sienten más cómodas escuchando que hablando, por lo que sus opiniones se valoran

Pero no todos son ventajas. Hay una pequeña anécdota sobre Agatha Christie, que era otra tímida extrema: la escritora acudió a una fiesta de honor para celebrar un récord increíble; su obra de teatro ‘La ratonera’ se había convertido en la producción con más funciones en la historia de Reino Unido. Cuando llegó, vestida de manera elegante, el portero no la reconoció e impidió que entrara. Ella, en lugar de explicar quién era, se dio la vuelta de manera dócil y se marchó, sola, mientras los demás celebraban el éxito. Tenía 67 años.

El doctor Henry Heimlich (que dio nombre a la popular maniobra con la que se ha salvado la vida del atragantamiento a muchas personas), explicó en una ocasión que muchas personas preferían salir de la habitación cuando sentían que se ahogaban para no incomodar a nadie. «Al no ser atendidos perdían el conocimiento y podían morir o sufrir daño cerebral irreparable», indicó.

Tímidos vs. introvertidos

No obstante, hay que hacer una puntualización: la timidez y la introversión no son lo mismo, por mucho que la gente no sepa muy bien distinguirlos. Según la escritora Susan Cain el introvertido es aquel que necesita tiempo a solas y no le importa lo que piensen los demás. El tímido, sin embargo, necesita compañía pero a la vez está nervioso y preocupado por cómo le juzgarán.

¿Y tú, lector? ¿Te consideras tímido o introvertido? ¿Crees que hay alguna ventaja en serlo o todo te parecen factores negativos? ¿Tienes algún truco para «curarlo»? Cuéntanoslo en los comentarios.

ADA NUÑO

 

Resultado de imagen de LA DEPRESIÓN POSTVACACIONAL ‘NO EXISTE’: SÓLO HAY QUE SABER CÓMO VOLVER AL TRABAJO

 

Muchos españoles madrugan estos días por primera vez tras varias semanas de descanso. Despertadores cuyo sonido ya habíamos olvidado vuelven a proyectarse directamente en el cerebro junto a la voz del jefe, el sonido de la impresora o el del cliente al teléfono. Es fácil creer entonces que estamos sufriendo una depresión postvacacional. Pero cuidado, porque es fácil hacerse la víctima y no tan difícil cambiar de estrategia.

 

No tomar vacaciones perjudica seriamente tu salud

“Deberíamos darle menos importancia a la depresión postvacacional. Se habla mucho de ella, pero realmente solo existe cuando uno vuelve a enfrentarse a problemas que ya estaban ahí: si el trabajo es demasiado estresante, si el clima laboral es negativo… ahí sí se puede hablar de verdadero estrés o depresión, pero no es postvacacional”, indica Montserrat Amorós, directora del Departamento de Psicología de la Educación en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

Para volver a la rutina, la experta propone una serie de consejos que empiezan ya desde el último día de vacaciones y que son fáciles de seguir.

  • Pensar la vuelta

“Si ayer nos bajamos del avión y hoy trabajamos, no nos da tiempo a prepararnos. Es necesario llegar con un margen de tiempo, al menos deshacer las maletas y organizar un poco nuestra vuelta a la rutina”, explica Amorós, que añade a esta preparación un buen sueño la noche anterior.

  • El mundo no se acaba el 1 de septiembre

“Aunque se acaben las vacaciones no se acaba el verano, se puede disfrutar en pequeñas dosis, o también puentes…”, apunta la docente, “mejor si compartimos los recuerdos del verano con los compañeros, eso ayuda a seguir disfrutando de ellas y no olvidar tan rápido las emociones positivas.

  • Vivan los propósitos…

Ponerse metas o propósitos realistas también puede animar la vuelta a la rutina.  “Si en transporte público tardamos una hora y media y en coche 30 minutos, mejor no proponerse ir en metro. Quizás sea mejor buscar algún compañero para compartir gastos y gasolina”, ejemplifica Amorós, “llevar una vida menos sedentaria, mirar menos el email del trabajo a deshoras o estrechar las relaciones con los compañeros de trabajo también son buenas ideas para empezar en septiembre”.

  • … Pero con flexibilidad

Si nos habíamos propuesto comer de tupper saludable y un día comemos pizza, no pasa nada. Esta experta considera que hay que “ser flexible con uno mismo, porque lo importante es la constancia”. “Todos los propósitos no van a salir bien, nos costarán más o menos y podremos dejarlos de lado uno o varios días, pero lo importante es tener clara la meta para ser constante… entonces seguro que al final lo conseguiremos”, explica la psicóloga.

  • Concedernos tiempo para reflexionar

El mindfulness está de moda, con razón a juzgar por lo que dice Amorós: “Las cosas nos afectan demasiado porque las emociones las tenemos a flor de piel. Todo va demasiado rápido y no da tiempo a bajar la tensión emocional y así a veces es imposible tomar decisiones razonables”. Así, la experta recomienda respirar y, tal como dice la técnica del “pensamiento consciente”, “ser consciente del aquí y el ahora” para tomar mejores decisiones.

 

CRISTINA CASTRO

 

Resultado de imagen de DE LA RISA AL GEMIDO: EL PRIMER ATLAS SONORO DE LAS EMOCIONES

Catalogan 24 emociones básicas que se expresan universalmente a través de sonidos como la risa o el gemido, interpretables por máquinas

 

En un tiempo en que nos reímos por escrito en clave de “jajaja”; en un tiempo en que hasta la RAE debe precisar la grafía concreta de nuestras emociones, un equipo estadounidense de psicólogos y lingüistas ha radiografiado un catálogo de más de más de 2.000 exclamaciones no verbales conocidas como “explosiones vocales”. Han descubierto que transmiten al menos 24 tipos de emociones, casi el doble de los matices vocales detectados hasta la fecha. Y han subido todos esos sonidos a internet, mostrándolos en un atlas de interjecciones sonoras, agrupadas por sentimientos análogos y dotando a cada cual del porcentaje exacto que hay en ella de matices como tristeza, distracción o culpa.

“Las vocalizaciones emocionales son fundamentales para la vida social humana”, explica desde la Universidad de California-Berkeley el psicólogo Dacher Keltner a El Independiente. “Antes se consideraba que manejábamos 13 emociones en vocalizaciones breves y de 10 a 12 con movimientos musculares faciales”. Kelner fue asesor de Pixar para la película Del revés (Pete Docter, 2015) y autor de varios estudios sobre los ricos y su empatía.

Esta capacidad surge muy pronto en el desarrollo del bebé, se conserva de alguna forma en todas las culturas y da “información de cómo las personas responden emocionalmente a los tonos”. Aquí están las 2.032 ráfagas recopiladas y catalogadas. Al pasar el cursor o tocar en cada una, escucharás el sonido. [Ojo con los altavoces, empieza a sonar una vez pulsas continue]:

 

El equipo aplicó “técnicas de análisis y recopilación de datos a gran escala en 2.032 ráfagas vocales producidas en entornos de laboratorio y 48 encontradas en el mundo real por hablantes de inglés estadounidense”.

“Lo que se entiende poco es cómo se estructura el reconocimiento de las emociones a partir de la vocalización en lo que llamamos un espacio semántico: ¿Cuántas clases distintas de emociones se pueden expresar? ¿Las expresiones transmiten categorías de emoción o evaluaciones afectivas (es decir, hilando más fino, explicando los matices de cada emoción)? ¿El reconocimiento de las expresiones emocionales es discreto (o gradual?”

El estudio se publica en la American Psycologist y se suma a otro de 2015 en que comparaban las tonalidades vinculadas a emociones en la cultura de Estados Unidos, con las expresiones orales espontáneas en Bután.

Un código sonoro universal

En contraste con las teorías de la emoción discreta –que dicen que cada sonido expresa inequívocamente un sentimiento en un momento concreto– , las categorías como simpatía, temor… transmitidas por las ráfagas vocales están unidas por gradientes suaves con un significado que varía continuamente. Es decir, un gemido termina en risa o llanto gradualmente.

La cuestión es que este experimento ha tenido una metodología muy singular para que sus resultados sean aplicables a casi toda la humanidad, y no quede circunscrita a la cultura de la costa oeste norteamericana.

El equipo registró las más de 2.000 ráfagas vocales en boca de 56 actores masculinos y femeninos profesionales y de no actores de los Estados Unidos, India, Kenia y Singapur, al pedirles que respondieran a escenarios emocionalmente evocadores.

A continuación, más de 1.000 adultos (reclutados a través de Mechanical Turk de Amazon) escucharon los estallidos vocales y los evaluaron en función de las emociones y el significado que transmitían. “Esto es lo que es realmente único acerca de este estudio”, con categorías (enfado, vergüenza, simpatía…) y sus matices de evaluación (por ejemplo, si una risa es agradable, excitada, nerviosa…), explica el autor. “Alan y yo reunimos ambos tipos de calificaciones, lo que nos permitió, de la manera más completa, identificar cómo se expresan las emociones en la voz, y lo que impulsa la forma en que percibimos la emoción en la voz, categorías o dimensiones.

Un análisis estadístico de sus respuestas encontró que los estallidos vocales encajan en al menos dos docenas de categorías distintas que incluyen diversión, enojo, temor, confusión, desprecio, satisfacción, deseo, decepción, disgusto, angustia, éxtasis, euforia, vergüenza, miedo, interés, Dolor, realización, alivio, tristeza, sorpresa (positiva) sorpresa (negativa), simpatía y triunfo.

Las exclamaciones vocales son bastante antiguas en nuestra evolución, son anteriores a la palabra hablada y universal

Aproximadamente una docena de ráfagas vocales se reconocen de manera clara en diferentes culturas, incluidas culturas antiguas, conforme al estudio de 2015. “Se observan explosiones vocales en una amplia variedad de mamíferos, lo que sugiere que hay una profunda universalidad en estas formas de comunicación. Son bastante antiguas en nuestra evolución y anteriores a la palabra hablada, por lo que son una forma muy antigua de comunicación humana universal”.

Esto… ¿para qué sirve?

El algoritmo es capaz de representar porcentualmente los matices. Y ahí es donde está el interés de las empresas tecnológicas. En pleno boom de los asistentes virtuales y el reconocimiento de voz, Keltner reconoce que Google Empathy Lab se ha interesado en su estudio. Para estas empresas, reconocer patrones de emoción en las voces de sus usuarios aporta una valiosísima información a la hora de perfilarlos y pronosticar patrones de comportamiento.

Google Empathy, en concreto, es el laboratorio encargado de entrenar a sus inteligencias artificiales en sus relaciones con humanos y la interpretación de sus mensajes y los matices no literales de la comunicación tanto verbal como no verbal. Es decir, la división de Google que trata de hacer un poco más humanas –o que lo parezcan– a sus redes neuronales artificiales.

Google Empathy, que enseña a las máquinas a relacionarse con humanos, se ha interesado en este proyecto

En cuanto a los usos clínicos, el mapa podría, en teoría, guiar a los profesionales médicos e investigadores que trabajan con personas con demencia, autismo y otros trastornos del procesamiento emocional para que se centren en los déficits específicos relacionados con la expresión de ciertos sentimientos.

Para Cowen, “sería posible contrastar los sonidos para ver si el paciente está reconociendo diferencias de matices entre, por ejemplo, asombro y confusión”.

¿Cómo sería tu casa bombardeada? Llega la máquina de la empatía

El estudio sugiere que los humanos están tan en sintonía con las señales no verbales, como los “gugugú” que se entablan entre padres y bebés, y que podemos detectar las diferencias sutiles entre sorpresa y alarma, o una risa divertida o una risa nerviosa.

De hecho, el de las risas es un territorio muy interesante: “Un recorrido a través de la diversión revela el rico vocabulario de la risa, pero también da una vuelta a los sonidos de la adoración, la simpatía, el éxtasis y el deseo; pueden decirte más sobre la vida romántica de lo que podrías esperar”, apunta Keltner. Los matices de la diversión. Los sutiles grados de la pasión. Ahora, también los manejan las máquinas.

 

MARIO VICIOSA

 

Ser listo no es lo mismo que inteligente, y ser inteligente no es lo mismo que parecerlo. Pero puedes engañar a todos. Prepárate para ser el mejor de tu empresa (aunque sea en apariencia)

Vas a muchas reuniones a diario. Demasiadas. Todos sabemos que la mayoría son una pérdida de tiempo absoluta. Te aburres. Y no solo eso: sientes que nadie te toma en serio. Hablan de un tema y comentas, pero es como si hablases con las paredes. Por no hablar de la cara de ya-está-el-tonto-de-turno que pone el de comercial cada vez que abres la boca. Has llegado incluso a pensar que eres poco inteligente y listo. Puede ser, pero no dramatices, nadie tiene por qué darse cuenta.

¿Acaso tu jefe es más listo que tú? Por dios, si no sabe juntar tres frases con sentido seguidas. Y qué decir de la pringada de sistemas operativos. Tú tienes cosas más interesantes e importantes que decir, pero a veces te las reservas para ti mismo. «¿Por qué nadie me escucha ni me tiene en cuenta?«, ¿»por qué carajo no sé de qué están hablando?», piensas. Estás a punto de llorar. No desesperes.

Sarah Cooper, autora del libro ‘100 tricks to appear smart in meetings‘ (100 trucos para parecer inteligente en las reuniones) tiene la solución. Te contamos los 10 mejores. Querido, ahora todos te comentarán sus ideas y estarán ansiosos por escuchar las tuyas. Llega el ‘postureo‘ empresarial.

  1. Dibuja un diagrama de Venn

Estás de pie, dando la espalda a la pizarra. Tienes el rotulador en la mano, pero no tienes nada que ilustrar. No importa. Dibuja un diagrama de Venn. Todos te atenderán y parecerás muy inteligente. No importa si tu diagrama es impreciso, de hecho, cuanto menos claro sea mucho mejor. Les dejarás locos, incluso al imbécil de comercial.

Nadie dirá que no lo entiende por miedo a parecer tonto. Incluso antes de que dejes el rotulador en su sitio, tus compañeros comenzarán a debatir sobre si hay que meter algo en los círculos, o hacer otros. Es justo en ese momento en el que debes volver a tu sitio y seguir jugando al Candy Crush en tu móvil o a la mierda a la que estés enganchado.

Diagrama de Venn

  1. Traduce porcentajes a fracciones

Este es muy importante. Si alguien comenta «cerca del 25% de los clientes consumen…», rápidamente interrumpe y di con seguridad como hablando para ti mismo: «ajá, así que uno de cada cuatro…». Todo ello mientras lo anotas con cara de interesante en tu libreta. Todo el mundo te mirará y asentirá. No dirán nada, están impresionados y celosos de lo bien que se te dan las matemáticas.

  1. Pon orden cuando todo se vaya de las manos

En toda reunión ocurre: la gente comienza a interrumpirse, nadie escucha a nadie y todos hablan por encima de todos. Opiniones, quejas y datos se cruzan. Pero ahí estás tú para destacar. «Chicos, chicos, ¿podemos hablar de uno en uno? ¿En qué estábamos?». Dilo con énfasis. Todo el mundo se girará hacia ti, te mirará. Serás el foco de atención. Tus compañeros se quedarán alucinando con tu habilidad de poner orden en la batalla.

Aprovecha esos segundos de gloria para añadir: «¿Qué problemas estamos intentando resolver realmente?» o «¿hacia dónde queremos ir?». Todos creerán que son unos necios por estar hablando unos encima de otros y tú quedarás como el más inteligente del lugar.

  1. Asiente mientras finges tomar notas

Atento, esto es importante. Siempre, siempre, debes entrar con un cuaderno a las reuniones. Nada de tablets como la plebe. Tu rechazo a la tecnología será alabado por todos. Mientras unos y otros hagan sus presentaciones o hablen, tú toma notas en la libreta. Con gesto serio. No hace falta que sean frases largas, simplemente tienes que apuntar palabras o números que suenen bien. Consejo: si acaban en ‘ing’ apunta siempre. Los porcentajes también. Y, recuerda, siempre debes asentir mientras escribes.

Pasear de un lado a otro de la sala de reuniones te hace parecer sumamente inteligente. Hazlo

Si alguien te pregunta, di que son cosas personales y que tus anotaciones solo las entiendes tú. Si tu interlocutor no es nadie demasiado importante, suéltale que no sabes por qué el resto no apunta nada. Todos se sentirán inútiles a tu lado, don Smart.

  1. Repite (muy lento) lo que diga el experto

En las reuniones siempre hay alguien que maneja más y cuyo puesto es más relevante. Quédate con su nombre. Clávatelo a fuego. Esta persona, normalmente ingeniero, se mantendrá en silencio durante toda la reunión. Le aburren los temas que estáis debatiendo. Él está por encima de todo eso. Tienes que vigilarle, y cuando haga algún comentario, repetirlo.

Te explicamos. Imagina que el ingeniero dice: «yo creo que eso no funcionaría». Tú di: «espera, ¿puedes repetir lo que has dicho? ¿por qué crees que no funcionaría?». Todo ello lentamente. Tus compañeros te idolatrarán. No solo porque tú te has dado cuenta de algo importante y ellos no, sino porque al repetir las palabras del experto, su brillantez se ha transferido a ti. La gente recordará la reunión y, erróneamente, te atribuirán a ti los brillantes comentarios que dijo otro, y que tú solo repetiste.

  1. Pregunta «¿escalará?»

Hay preguntas que nadie sabe lo que significan, y tú menos, pero que según Sarah Cooper funcionan a la perfección en las reuniones. Una de ellas es «¿escalará?». Cuando hablan se habla de escalar una empresa se refieren a si la firma en la empresa conseguirá hacerse más grande, crecer, con la idea que se está debatiendo. Dejarás a todos alucinando.

Aunque te dé palo salir de la reunión por una llamada, debes hacerlo. Curiosamente todos pensarán que eres muy importante y estás superocupado, no como ellos

  1. Pasea por la sala

Cuando alguien se levanta de la mesa y pasea por la sala, de un lado a otro, lo respetas de inmediato. Es puro poderío. Hacen falta muchas agallas para hacerlo, pero una vez de pie, la sala de juntas es tuya. Dobla los brazos y camina alrededor de la mesa. Ve a la esquina y apóyate en la pared. Suspira. «Confía en mí, todo el mundo se cagará en los pantalones al preguntarse qué estarás pensando», apunta la escritora.

  1. Pide volver a la diapositiva anterior

No importa la presentación a la que asistas o de qué estén hablando. En un momento dado, el que quieras, pronuncia estas palabras: «perdona, ¿podrías volver a la diapositiva anterior?».

Inmediatamente parecerás mucho más inteligente que los demás, ya que ellos no se han percatado de lo que estás a punto de apuntar. Una vez hayan vuelto a la diapositiva en cuestión, suelta: «no estoy seguro de que significan esos números». Con cara de interesante, muy serio. De pronto, todos te mirarán como un ser superinteligente.

  1. Sal a atender una llamada de teléfono

Aunque te dé palo salir de la reunión por una llamada, debes hacerlo. No en todas ni cuando esté hablando el jefe supremo. Elige bien el momento. Curiosamente todos pensarán que eres muy importante y estás superocupado. Pensarán: «vaya, esta reunión es importante, así que esa llamada sí que tiene que ser relevante».

  1. Ríete de ti mismo

A la gente le encanta el humor autocrítico. Ríete de ti mismo, pero tampoco te pases. Si estás en una reunión y te preguntan por tu opinión, pero no tienes ni pajolera idea de lo que estaban hablando, tienes que decir: «sinceramente no he escuchado una sola palabra en la última hora» o «tierra trágame». Ellos se reirán, valorarán tu honestidad y valorarán si despedirte o no, pero ante todo pensarán que eres el más inteligente de la sala. ¡Bravo!

  1. Palmero

 

Resultado de imagen de LA PLASTICIDAD CEREBRAL O CÓMO LA EXPERIENCIA CAMBIA EL CEREBRO

¿Qué es la plasticidad cerebral?

La plasticidad del cerebro, también conocida como neuroplasticidad o remapeo cortical, es un término que se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse, como resultado de la experiencia.

Hasta la década de 1960, los investigadores creían que los cambios en el cerebro sólo podían tener lugar durante la infancia y la niñez. En la edad adulta temprana, se creía que la estructura física del cerebro era permanente.

La investigación moderna ha demostrado que el cerebro continúa creando nuevas vías neurales y modificando las ya existentes con el fin de adaptarse a nuevas experiencias, aprender nueva información y crear nuevos recuerdos.

Historia e Investigación sobre Plasticidad Cerebral

El psicólogo William James propuso que el cerebro no era quizá tan inmutable como se creía: “La materia orgánica, especialmente el tejido nervioso, parece dotada de un extraordinario grado de plasticidad”. Sin embargo, esta idea fue ampliamente ignorada durante muchos años.

En la década de 1920, el investigador Karl Lashley proporcionó evidencia de cambios en las vías neurales de los monos rhesus.

En la década de 1960, los investigadores comenzaron a estudiar casos de adultos mayores que habían sufrido accidentes cerebrovasculares graves y que fueron capaces de recuperar el funcionamiento del cerebro, lo que demuestra que el cerebro era mucho más maleable de lo que se creía anteriormente.

Los investigadores modernos han encontrado evidencia de que el cerebro es capaz de reconfigurarse después del daño.

¿Cómo funciona la Plasticidad Cerebral?

El cerebro humano está compuesto de aproximadamente 100 mil millones de neuronas. Los primeros investigadores creían que la neurogénesis, o la creación de nuevas neuronas, se detenían poco después de nacer.

Hoy en día, se entiende que el cerebro posee la notable capacidad para reorganizar las vías, crear nuevas conexiones y, en algunos casos, incluso crear nuevas neuronas.

La plasticidad cerebral puede darse por 2 razones:

1) Como resultado del aprendizaje y la experiencia.

2) El entorno juega un papel esencial en el proceso, pero la genética también puede tener una influencia.

Los primeros años en la vida de un niño son un período de crecimiento rápido del cerebro. Al nacer, cada neurona en la corteza cerebral tiene un estimado de 2.500 sinapsis. En 3 años este número ha crecido hasta la friolera de 15.000 sinapsis por neurona.

El adulto medio, sin embargo, tiene aproximadamente la mitad de ese número de sinapsis. ¿Por qué? Porque a medida que ganamos nuevas experiencias, algunas conexiones se fortalecen mientras otras quedan eliminadas. Este proceso se conoce como la poda sináptica. Las neuronas que se utilizan con frecuencia desarrollan conexiones más fuertes y los que rara vez o nunca se utiliza finalmente mueren.

El cerebro es capaz de adaptarse a los cambios del entorno mediante el desarrollo de nuevas conexiones y la poda de las más débiles.

Tipos de Plasticidad Cerebral

1) Plasticidad funcional: se refiere a la capacidad del cerebro para mover las funciones de un área dañada del cerebro a otras áreas no dañadas.

2) Plasticidad estructural: se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar realmente su estructura física como resultado del aprendizaje.

 

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No solo vale con ejercitar la forma física, también el cerebro. Un neurocirujano experto nos ofrece las tácticas más eficaces para mantenerlo siempre al día

Si quieres estar sano, no solamente vale con ejercitar y mejorar tu forma física; tu cerebro también necesita que lo alimentes y entrenes para llegar a la madurez de la mejor forma posible. Este órgano tan importante y extraordinario del cuerpo humano necesita estar fuerte para hacer frente a todo lo que puede pasar, desde trastornos mentales como ansiedad o depresión a enfermedades degenerativas neurológicas, como el Alzhéimer.

Por todo ello, es necesario que trabajes la mente y realices una serie de ejercicios cada día. Lo mejor será que consultes a un profesional. Como por ejemplo Rahul Jandial, un prestigioso médico neurocirujano estadounidense que acaba de publicar su primera obra, cuya redacción le ha llevado hasta diez años. ‘Neurofitness: a brain surgeon’s secrets to boost performance & unleash creativity‘ (algo así como «Los secretos de un neurocirujano para mejorar el rendimiento mental y la creatividad»), es un libro que aborda los grandes mitos sobre la salud cerebral. En una entrevista con ‘The New York Post’, enumera una serie de prácticas para no dejar que tu tejido neuronal se seque.

La respiración de la meditación puede apaciguar las señales eléctricas de tu mente y ayudar a que tu pensamiento funcione mejor

«La concepción de que algunas personas tienen más desarrollado el hemisferio derecho que el izquierdo o al revés es totalmente falsa», critica Jandial. «Todo se debe a un artículo del ‘New York Times’ de 1973 para trasladar esta creencia a la cultura pop. Pero es algo erróneo, y ya ha sido desmentido tras décadas de investigación». Pero también reconoce que hay ciertas suposiciones que sí son ciertas, como por ejemplo la llamada teoría del «sueño compensatorio», aceptada por un grupo de investigación sueco en 2018. «Los fines de semana sí que funcionan como una forma efectiva de recuperar el sueño perdido y tiene efectos positivos para el cerebro». Ya sabes, no te sientas culpable por levantarte los sábados y domingos a las tantas, ya que es bueno para tu cerebro.

 

«Tu destino no está marcado por lo que ya has hecho», recalca. «Puedes revertir las cosas. Perder peso, dejar de fumar… son acciones que te ayudarán a reducir el riesgo de padecer enfermedades, sin importar en la etapa vital en la que te encuentres. Lo mismo puedes hacer con tu cerebro. Nunca es tarde para entrenarlo, y no es necesario cansarte hasta la extenuación, sino que se puede hacer a través de gestos muy cotidianos». A continuación veremos algunos de estos trucos para mantener siempre la mente despierta, activa y, sobre todo, joven.

Escribe antes de dormir

Minutos antes de caer en los brazos de Morfeo se da el estado hipnagógico, al igual que a los pocos momentos de despertarte. Estos instantes son los más propicios para desarrollar la creatividad. «Si bien todo lo que escribas no va a ser la idea que te haga ganar millones de dólares, seguramente te sorprenderás de lo que se te ha ocurrido», afirma Jandiel. «Son los únicos momentos del día en los que tienes activada la creatividad propia de los sueños y a la vez la conciencia de estar despierto».

Respira profundamente

Si te sientes estresado o tienes ansiedad ante lo muy exigente que puede ser una jornada, lo mejor será que te tomes un descanso para tí mismo, tu mente y tu cuerpo. En este sentido, el neurocirujano sugiere que cinco minutos de respiración lenta y calmada puede ayudar a que te tranquilices ante situaciones muy estresantes. «La respiración meditativa puede apaciguar las señales eléctricas de tu mente», sostiene. «Mucha gente la práctica, desde buceadores a monjes budistas. No tienes por qué estar en tu casa solo, siempre puedes hacerlo en el metro o antes de una reunión importante con tu jefe».

Usa tu mano no dominante

¿Eres zurdo o diestro? Te gustará saber que usar la mano que no dominas para cualquier acto cotidiano (desde abrir la puerta de tu casa con llaves hasta manejar el ratón del ordenador) estimulará la parte del cerebro que se ha mantenido inactiva. Podrías tomártelo como un juego. «Este ejercicio consigue estimular el hemisferio del cerebro que normalmente está en reposo», asegura Jandiel.

Pasea orientándote

¿Qué te parece si sales a pasear y te marcas como meta un sitio determinado, pero renuncias a la posibilidad de buscarlo en tu Google Maps? En cortas palabras, lo que se ha hecho toda la vida antes de la llegada de los smartphones. A decir verdad, llevar contigo un dispositivo que lo sabe todo y te hace mucho más cómoda la existencia también conlleva una serie de desventajas como esta misma: perder tu conciencia espacio-temporal. «De vez en cuando viene bien activar tu GPS interno», observa el neurocirujano. «Mantiene la predisposición del hipocampo a guiarse activada, lo que te ayudará a mantenerte alerta».

Ejercicios de cardio

Al salir a correr o a andar en bici no solo estás mejorando tu forma física, sino también tu capacidad cognitiva. Otro de los consejos que aporta Jandiel es cuidar y ejercitar cuerpo y mente a la vez a través de actividades de resistencia con el objetivo puesto en eliminar el colesterol y reducir la presión arterial. «Lo que haces para prevenir un ataque cardíaco también puede ayudar a tu cerebro», sostiene. «El ejercicio físico abre las arterias cerebrales, no solo las cardiovasculares, y libera el agente BDNF, que mejora la atención, la concentración y el entendimiento de pensamientos complejos».

Omega-3

«Todo lo que comes marca la diferencia», razona el neurocirujano. «No tenemos una píldora para el Alzhéimer, pero sí tenemos resultados científicos que avalan que las dietas mediterráneas basadas en el aceite de oliva reducen mucho las probabilidades de sufrir demencia». Aquí en España tenemos suerte en ese sentido. Este tipo de dietas ricas en ácidos grasos omega-3 se encuentra en el pescado, los frutos secos o las aceitunas. Jandiel también recomienda las verduras de hoja verde para mejorar la conductividad de las señales eléctricas neuronales que se dan en el interior del cerebro.

  1. ZAMORANO

 

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En el día a día, los buenos modales son un factor esencial para relacionarte con los demás. Si no quieres caer mal a nadie, mejor lee atentamente

¿Te consideras una persona educada? ¿Cuáles son los rasgos que definen este tipo de personalidad? Decir los buenos días, dar siempre las gracias o ayudar a los ancianos a cruzar la acera. La educación es una característica esencial en cualquier sociedad democrática que se precie. Un atributo muy importante, ya que siempre debes tener en cuenta los buenos modales; nunca sabes si las personas con las que te cruzas cada día están atravesando un mal momento.

¿Cómo saber si no has metido la pata? Aunque el contexto sea una parte fundamental a la hora de interpretar y entender el discurso, debes tener en cuenta que muchas veces los detalles más pequeños son los que más pesan a la hora de relacionarte con otras personas o un desconocido. Por ello, ‘Best Life’ ha hecho una recopilación con todas estas expresiones verbales que para nada te hacen ser amable, sino al contrario, producirán el rechazo de tu interlocutor.

«¿Has perdido peso?»

A menos que seáis amigos íntimos que siempre se cuentan las cosas, jamás de los jamases puedes destinar esta pregunta a alguien. Si la haces estás dando por hecho que hace relativamente poco tenía un estado físico bastante descuidado. Este cumplido, así como el de «ahora estás más delgada», no hacen ningún bien al humor de tu interlocutor. Hay mejores formas de hacer que una persona se sienta bien consigo misma. Pero esta indudablemente no.

Demasiados halagos

Si te gusta todo lo que lleva puesto una persona puedes ser muy breve y decir un simple «qué guapo o guapa estás». En cambio, si la atosigas a comentarios positivos puede sentir un poco de miedo. «Sin saberlo, podemos hacer que una persona se cohiba al insistir en que su apariencia o peso acabe siendo el tema de la conversación», asegura Anya Shumilina, experta en protocolo.

No presiones a tu interlocutor para que revele aspectos de su vida privada. Si confía en tí, no hace falta que ejerzas de policía

«Las charlas con demasiados cumplidos solo conseguirán que el otro se sienta incómodo», agrega. En pocas palabras: actúa con naturalidad y fluidez, habla breve, sencillo y, sobre todo, de manera sincera.

«Háblame sobre ti y tu vida»

Cuando te encuentras en medio de una conversación interesante en la que por fin estás descubriendo la intimidad de la otra persona, no fuerces la situación ni intentes llevarla a tu terreno. Genera confianza, en vez de inquietud por saber. No hay necesidad de intentar sacar a la fuerza lo que el otro tiene que decirte. No hagas preguntas del tipo: «Bueno, háblame sobre tus padres» o «¿Qué pasó en tu familia para que estés ahora así?». Si ella o él confía en ti, no hace falta que actúes de policía.

«Siento molestarte»

Un oxímoron en toda regla. Si de verdad lo sientes, no se lo dirías, simplemente lo dejarías estar. «Si realmente lamentas algo que no has hecho todavía, ¿por qué a pesar de todo lo dices?», reconoce Barbara Pachter, autora de un libro de éxito sobre el tema, «The Essentials of Business Etiquette’. En lugar de esta expresión, utiliza alguna mucho más educada y agradable, tipo «Perdona, ¿tienes un momento?».

«¿Cuánto ganas?»

Una de las preguntas más incómodas del mundo, sobre todo en el ambiente laboral. «Se considera de mala educación preguntar por el sueldo en un primer encuentro, aunque lo hagas sin querer», explica Darlene Price, presidenta de una empresa de asesoramiento sobre comunicación interpersonal.

Muéstrate seguro y no hagas comentarios sobre los gestos del otro a lo largo de la conversación

«Si realmente tienes tantas ganas de saberlo, en lugar de cometer el error de preguntárselo a la cara, indaga por otros medios». Aun así, tampoco es tan relevante. Hablar de dinero siempre es bastante incómodo, por lo que antes de abrir la boca, mejor piénsatelo dos veces.

«Vi que te fuiste de vacaciones»

En la era virtual es muy común conocer aspectos de la vida personal de alguien. Las vacaciones con sus hijos en la montaña o una gran cena familiar están a la vista de todos. Aunque la otra persona no puede quejarse, ya que para algo publica información sobre su vida privada en las redes, si nada más conocerla en persona le haces comentarios sobre los sitios en los que ha estado o la gente con la que se ha reunido, va a creer que eres un espía que se pasa el día observando vidas ajenas. Si de verdad tienes confianza con él o ella, te lo contará sin ningún problema la próxima vez que os veáis.

«¿Te aburro?»

Evidentemente, se trata de una pregunta fuera de lugar, muy «cortarrollos». Si es tu primera cita y no paras de hablar, seguramente la otra persona esté escuchándote de forma atenta, no la estás aburriendo. Y en caso de ser así, guarda silencio y que arranque ella, ya que si no, el incómodo silencio pasará a ser mucho más molesto. Muéstrate seguro y no hagas comentarios sobre las expresiones faciales del otro o sus supuestas sensaciones a lo largo de la conversación.

  1. ZAMORANO

 

Resultado de imagen de 10 PASOS ESENCIALES PARA DESARROLLAR TU INTELIGENCIA EMOCIONAL

Durante la década de los 90 la inteligencia emocional fue considerada prácticamente un superpoder.

Se suponía que la gente que la poseía  no sólo era capaz de identificar estados emocionales, sino que también podían conectar con la gente, eliminar cualquier atisbo de estrés, y descifrar el lenguaje corporal de aquellos que les rodeaban.

¿Pero es realmente tan maravillosa la inteligencia emocional? ¿De verdad es mucho más importante que el cociente intelectual?

Y si lo es, ¿cuál es la manera más sencilla de desarrollarla?

En este artículo voy a romper varios mitos sobre la inteligencia emocional y enseñarte los 10 pasos que te permitirán empezar a mejorarla. Si es que finalmente consideras que merece la pena.

¿Qué aprenderás en este artículo?

El valor de ser emocionalmente inteligente

La inteligencia emocional puede explicarse en función de cómo gestionas tus emociones y las de los demás.

Con estos dos ejes aparecen los cuadrantes que definen la inteligencia emocional:

  1. Autoconciencia: la habilidad de reconocer e identificar las emociones en ti mismo, así como su origen.
  1. Autocontrol: tu capacidad de controlar los impulsos y retrasar la recompensa inmediata.
  1. Empatía: la habilidad para conectar con las emociones y motivos de los demás.
  2. Habilidades sociales: la capacidad de relacionarte satisfactoriamente con los demás, gestionar conflictos, comunicarte claramente e influir sobre las personas.

Otros autores también añaden la motivación a tu eje emocional.

Pero ¿qué es más importante? ¿Saber gestionar las emociones o ser un genio de las matemáticas?

A finales del siglo XX aparecieron varias investigaciones (culminadas en el bestseller Inteligencia Emocional) que presentaban la inteligencia emocional como el principal motor del éxito y satisfacción personal. Los estudios mostraban que los mejores líderes eran emocionalmente muy inteligentes.

Sin embargo, los más recientes como éste ponen muy en duda esa afirmación.

Quizás los líderes más carismáticos no poseían tanta inteligencia emocional como se creyó inicialmente.

¿Por qué?

Porque la manera de evaluar su inteligencia emocional fue a través de cuestionarios que ellos mismos respondieron. ¿Y qué líder iba a reconocer por escrito que no sabía identificar las emociones de sus trabajadores?

Dime de qué trabajas y te diré qué inteligencia necesitas

Las últimas investigaciones también apuntan que existen profesiones donde un exceso de inteligencia emocional puede ser contraproducente, como por ejemplo mecánicos, científicos, o contables.

Si tu trabajo es interpretar datos o reparar coches, ser especialmente sensible a las expresiones faciales, lenguaje corporal y emociones de aquellos que te rodean puede ser una grave distracción.

Pero tampoco hay que pasar del blanco al negro más absoluto. Existen otras profesiones, como las de comercial, coach o médico donde saber leer y regular las emociones es básico.

En resumen, la inteligencia emocional es importante pero no es la panacea. En ciertas situaciones puede ser muy útil, y en otras el cociente intelectual puro y duro (la capacidad de analizar y sacar conclusiones) puede ser más determinante.

¿Realmente se puede mejorar la inteligencia emocional?

La teoría más generalizada es que incrementar el cociente intelectual es prácticamente imposible. Por eso la mayoría de cursos y coaches han apostado por aumentar la inteligencia emocional, aparentemente mejorable con la práctica.

¿Pero existe alguna evidencia de que sea posible? ¿Y hasta qué punto se puede mejorar?

Se han publicado más de 2.500 artículos desde que apareció el concepto de inteligencia emocional. Y las 4 conclusiones que se pueden extraer son las siguientes:

  1. Puedes cambiar, hasta cierto punto

La capacidad para gestionar nuestras emociones y las de los demás no varía mucho durante nuestra vida. Los factores más determinantes parecen ser la educación recibida, genes, y experiencias infantiles (fuente).

No es que no puedas desarrollar tu inteligencia emocional, pero para hacer cambios profundos deberás dedicarle tiempo y esfuerzo.

Eso sí, la inteligencia emocional mejora con los años, ¡de ahí el dicho de que la gente madura con la edad!

  1. La ayuda profesional sí da resultados

Hay un intenso debate acerca del coaching y la formación en habilidades personales. Personalmente no creo que exista mala fe en los denominados “vendehumo”, pero sí desconocimiento.

Muchos generalizan sus experiencias personales y creen que lo que les ha cambiado la vida a ellos, independientemente de sus circunstancias, funcionará en el resto. Para evitar este tipo de extrapolaciones existen los estudios científicos, realizados en decenas de voluntarios.

En estas condiciones, digan lo que digan los escépticos, los buenos programas de formación sí funcionan:

  • No pueden hacer milagros, pero los últimos metaanálisisdemuestran que son capaces de mejorar la inteligencia emocional un 25% en promedio, y en el caso de las habilidades sociales, hasta un 50%.
  • Gracias a la plasticidad neuronal, el término que los neurólogos usan para referirse a la capacidad del cerebro para cambiar a cualquier edad, es posible aprender empatía y gestión emocional. En este último caso,la mejora puede llegar hasta el 35% (referencia).

Así pues, si no estás obteniendo resultados con tu coach o curso de formación, quizás sea hora de buscar uno mejor.

  1. Es imprescindible que alguien te dé feedback

Resulta que no somos demasiado buenos evaluando nuestro nivel de inteligencia emocional. La estimamos peor que nuestro cociente intelectual, por lo que además de no saber cuán listos somos, tampoco tenemos ni idea de si somos agradables.

Una investigación demostró que la forma en que nos vemos a nosotros mismos tiene poco que ver con la forma en que nos ven los demás. Es un fenómeno muy conocidoque, en muchas competencias, las personas nos creemos mejor de lo que realmente somos.

Por estas razones, además de seguir un buen programa de formación, es importante que alguien te proporcione una visión imparcial de ti mismo.

  1. Cuidado con las técnicas que usas

¿Cuáles son las mejores estrategias para desarrollar la inteligencia emocional?

  • Principalmente, las basadas en la terapia cognitivo-conductual(referencia). Es decir, aprender a cambiar tus pensamientos y las conductas que los acompañan.
  • Mejorar tu capacidad de aceptar y perdonarte (la autocompasión, un concepto que cada vez va a sonar más).

¿Y las que no funcionan?

  • Las autoafirmaciones positivas. Ándate con ojo con aquellos coaches o programas que prometen mejorar tu autoestima con mensajes positivos hacia ti mismo (“yo lo valgo”“soy el mejor”“yo me amo”, etc) ya que a menudo resultan contraproducentes. ¡Y pueden convertirte en un narcisista!

10 pasos necesarios para mejorar tu inteligencia emocional

El objetivo de un estudio controlado realizado en 2009 era ver si con un programa adecuado se podía mejorar la inteligencia emocional en un grupo de voluntarios, en comparación con otro grupo que no recibió entrenamiento alguno.

El resultado fue un notable incremento a corto y medio plazo.

En el programa los participantes recibieron una serie de clases teóricas con ejercicios. A continuación encontrarás las 10 primeras lecciones más importantes para desarrollar una sana inteligencia emocional.

  1. Detecta la emoción que hay detrás de tus actos

Casi todos vivimos desconectados de nuestras emociones. Las experiencias negativas que sufrimos durante nuestra vida nos enseñan a aislarnos de las emociones para protegernos.

No puedes eliminar tus emociones, pero debes ser capaz de conectar con ellas y entender cómo influyen sobre ti. Cuando algo te haga actuar o sentirte de una determinada forma, párate un segundo, reflexiona sobre la emoción que hay detrás, y encuentra su origen.

Al principio quizás no sepas por qué actúas o te sientes como lo haces. No desesperes. No estás entrenado para hacerlo. Pero a medida que vayas centrándote en tus sentimientos empezarás a encontrar las respuestas.

  1. Amplia tu vocabulario (emocional)

Sólo hay cuatro emociones básicas a partir de las cuales se crean todas las demás: alegríatristezaenfado y miedo (aunque algunos autores añaden sorpresa y angustia).

Cuando intentes reconocer tus emociones te quedes sólo con ellas. No basta con decir “Vale, he identificado mi emoción y es la tristeza”. No. Debes ser lo más específico posible.

Los nombres que pongas a tus emociones te ayudarán a entender cómo te estás sintiendo y por qué. No digas “Estoy triste” si las palabras que mejor describirían tu estado emocional serían decepcionado, compungido, melancólico o herido. Sé concreto.

Tener un vocabulario rico con el que describir exactamente tus sentimientos es muy importante. No dominar el lenguaje limita el conocimiento de lo que estás experimentando, creando la sensación de que no sabes lo que te pasa.

  1. No te dejes engañar por las apariencias emocionales

Muchas veces las emociones primarias desencadenan otras emociones, y eso nos lleva al error de creer que lo que realmente estamos sintiendo es la emoción secundaria.

Voy a ponerte un ejemplo.

Imagínate que te sientes traicionado porque descubres por una tercera persona que alguien que considerabas uno de tus mejores amigos no te ha invitado a su fiesta de cumpleaños.

Aparentemente la emoción sería la traición, cuyo componente básico es el enfado.

¿Pero lo es realmente?

Si profundizaras en qué ha provocado tu enfado, probablemente descubrirías que la emoción original causante de tu enfado es la tristeza. Estás enfadado con tu amigo porque te ha causado mucha tristeza comprobar que tu amistad no tiene para él el valor que tú esperabas.

  1. No juzgues la forma en que te sientes

Las emociones tienen una única función: darte información sobre lo que está ocurriendo. Si pudieras reprimirlas estarías a ciegas y no sabrías como reaccionar.

Las emociones negativas te previenen. No luches contra ellas. Debes entenderlas y obtener toda la información posible para enfrentarte al reto del que te están alertando.

  • El miedote avisa de que no tienes recursos para abordar lo que está sucediendo. Refleja una desproporción entre la situación y los recursos con los que cuentas.
  • El enfadolo sientes cuando vulneran tus derechos o necesidades. Te empuja hacia el ataque o la defensa para hacerte respetar.
  • La tristezate indica la pérdida de algo valioso para ti y te prepara para superar esa ausencia.
  • Sientes alegríacuando algo te resulta agradable. Te motiva a experimentarla de nuevo con conductas que vuelvan a generarla.

Considera tus emociones no como algo bueno o malo, sino como la fuente de información que te ayudará a ser más consciente de ti mismo.

  1. Descubre el mensaje oculto de tu lenguaje corporal

Si te cuesta identificar tus emociones, fijarte en tu lenguaje corporal te dará muchas pistas de lo que está ocurriendo en tu interior.

Por ejemplo, hay gente que al inicio de un enfado se cruza de brazos porque empieza a sentirse agredido. Si relacionas este tipo de cambios en el lenguaje corporal con tus emociones serás capaz de detectarlas mucho antes.

Y no sólo se trata de cambios posturales. Las emociones también provocan manifestaciones fisiológicas automáticas como rubor cuando te enojas o presión en el pecho cuando estás triste.

Empieza a encontrar patrones en las sensaciones físicas que experimentas cuando se desencadenan en ti determinadas emociones y te convertirás en un maestro Jedi emocional.

  1. Controla lo que piensas para controlar cómo te comportas

Muchas personas se excusan diciendo que en los momentos emocionales pierden el control y no son dueños de sus actos. Pero sólo tienen razón en parte.

Los sentimientos son el resultado de la emoción y de lo que piensas sobre esa emoción. No puedes evitar la emoción, pero sí que puedes modificar tus pensamientos al respecto.

La próxima vez que sientas una emoción, presta atención porque significa que en breve te va a invadir un pensamiento. Decide entonces qué pensamiento quieres tener y cómo deseas comportante.

Y si todo falla, existen algunas otras técnicas de emergencia que pueden ayudarte:

  1. Si estás muy nervioso o ansioso, refréscate la cara con agua muy fríae intenta que te dé el aire. Se ha demostrado que el frío puede reducir la ansiedad.
  2. Evita las bebidas con cafeína.Los estudios evidencían que incrementan tu nerviosismo y niveles de ansiedad.
  3. ¡Ejercicio!Todo lo que se diga sobre las ventajas de hacer deporte con moderación me parece poco. Se ha demostrado que reduce la ansiedad y mejora la confianza en ti mismo.
  4. Duerme lo necesario.Cuando duermes generas endorfinas y reduces los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Por eso cuando no has dormido bien estás más irritable.
  5. Busca el porqué de los demás

El error que comente casi todo el mundo cuando observa una reacción en alguien es juzgar únicamente la reacción, cuando detrás de ella hay muchísimo más oculto a sus ojos.

Acostúmbrate a pensar en qué sentimientos puede haber detrás de esa reacción. ¿Qué emociones y pensamientos puede estar experimentando esa persona? Si te está insultando, ¿es posible que te tenga miedo y crea que la mejor forma de defenderse sea alterándote?

Buscando el porqué de las reacciones conseguirás entender a las personas. Y te advierto que cuando cojas el hábito de hacerlo te costará enfadarte con la gente, porque comprenderás entonces que casi todo el mundo tiene motivos para hacer lo que hace.

  1. Lleva un diario emocional (el efecto Bridget Jones)

Otra forma muy práctica y eficaz para mejorar tu inteligencia emocional es la de apuntar en una libreta tus sentimientos diarios.

Los escáneres cerebrales han demostrado que escribir tus emociones en una libreta reduce la actividad de la amígdala, responsable de la intensidad emocional.

Este beneficio fue especialmente evidente en el género masculino, y todavía más cuando fueron escritas a mano en lugar de tecleadas en un ordenador.

  1. Expresa tus emociones de forma asertiva

Ahora que ya sabes identificar y poner nombre a tus emociones, el siguiente paso sería aprender a expresarlas sin efectos adversos mediante la asertividad.

La fórmula general es “Me siento X (emoción) cuando haces Y (conducta) en la situación Z”, teniendo en cuenta lo siguiente:

  • Define concretamente la emoción X (oprimido, asustado, eufórico, etc)
  • Expresa tu emoción en primera persona
  • Comunica la conducta Y que te provoca esa emoción, no las intenciones (no juzgues)
  • Termina expresando lo que necesitas
  • Evita usar frases que empiecen por “Tú”y continúen con un juicio o acusación

Un ejemplo sería: “Me siento poco valorado porque llevo 5 años sin aumento de sueldo en esta empresa a pesar de toda mi dedicación”.

  1. ¡Conviértelo todo en conductas prácticas!

No intentes aprenderlo todo a la vez. Céntrate en una única cosa y conviértela en algo práctico para saber exactamente qué hacer y cuándo.

Imagínate por ejemplo que sientes que no le dedicas toda tu atención a la gente. Constantemente estás divagando y soñando despierto, y tienes un montón de distracciones en tu móvil. Y eso en el fondo te preocupa.

Una conducta emocionalmente inteligente sería convertir tu intento de prestar más atención en algo práctico. Por ejemplo apagando tu móvil y dejando de lado tus preocupaciones cada vez que te relacionas con alguien.

Ahora en lugar de hablar de un deseo (prestar más atención) estamos hablando de una conducta concreta a cambiar.

  • Repitiendo la nueva conducta, tu plasticidad neuronal modificará sus conexiones para crear la vía neuronal del nuevo hábito hasta que se convierta en algo automático.
  • Otra forma de reforzar un hábito es la visualización. Imaginarte a ti mismo haciéndolo activa el mismo circuito neuronal que la actividad real. Por eso los atletas olímpicos dedican horas a recrear mentalmente la carrera que harán el día de la competición.

Pau F. Navarro

 

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Javier Espinosa, Premio Nacional de Educación, apuesta por la gamificación en el aula, un proceso de enseñanza-aprendizaje con aspecto de juego pero sin serlo

El fracaso escolar es uno de esos términos injustamente utilizados. Normalmente se refiere a los estudiantes que no demuestran los conocimientos mínimos que exige el sistema educativo y que, por lo tanto, no obtienen su correspondiente título. Supone una preocupación social casi permanente en España y provoca acalorados debates sobre el modelo educativo, la calidad de la enseñanza y la capacidad de maestros y profesores.

Sin embargo, también cabría preguntarse si su expresión opuesta, el éxito escolar, “consiste en que los alumnos y alumnas vomiten lo memorizado en un examen, sin aprendizaje real, pero con una calificación positiva en sus notas”. Con estas palabras, el responsable de proyectos y transformación pedagógica y metodológica de NIUCOJavier Espinosa, hace mención a la necesidad de replantearse el proceso de enseñanza-aprendizaje para hacerlo más eficiente. Para ello, propone aplicar técnicas y metodologías avaladas científicamente por la neurodidáctica, cuya eficiencia ha quedado demostrada de forma empírica.

Reconocido en 2015 con el Premio Nacional de Educación, este docente se mueve entre la enseñanza secundaria y la universidad, donde forma a futuros profesores y les explica cómo la neurociencia pone en evidencia qué estrategias didácticas funcionan y cuáles no.

La visualización de la actividad cerebral a través de las máquinas de neuroimagen ha permitido a los expertos bucear en la masa gris y conocer de forma directa cómo funciona el proceso de aprendizaje. “Ahora sabemos que el cerebro construye la información nueva siempre sobre datos previos o que la atención plena de los estudiantes no perdura más de 15 o 20 minutos”. Para Espinosa esto demuestra que la clase tradicional con instrucción directa, donde el alumnado recibe la información de forma pasiva y a través de un único sentido, no es realmente eficaz “porque el cerebro se aburre y le apetece hacer otras cosas”.

“Aunque la neuroeducación es una ciencia en pañales —destaca Espinosa— y tampoco debe entenderse como una panacea”, sí pone en evidencia que el camino adecuado para conectar con los alumnos y alumnas es “la estimulación multisensorial para avivar su curiosidad”. Todo indica que el objetivo final ha de ser, precisamente, fomentar la motivación de los jóvenes. Por eso el docente debe conseguir transmitir los contenidos de una forma atractiva. “El cerebro necesita emocionarse para aprender” y para ello hay que generar deseo. “Es fundamental producir un neurotransmisor llamado dopamina que es el encargado de activar las funciones ejecutivas”, explica.

“Ahora sabemos que la atención plena de los estudiantes no perdura más de 15 o 20 minutos”

Y es que los senderos ignotos que comienza a recorrer la educación parten de nuevos conceptos, pero de metodologías no tan innovadoras como pudiera parecer. Por un lado, las nociones de inteligencia y aprendizaje han cambiado con la confirmación científica de que no se deja de aprender en toda la vida, ya que siempre se pueden crear nuevas conexiones neuronales. De hecho, términos como plasticidad cerebral, integración sensorial o neuronas espejo comienzan a ser ‘vox pópuli’ entre los docentes.

Por otra parte, técnicas como el aprendizaje basado en proyectos, la clase invertida o la gamificación suponen el camino a seguir, aunque “no son tan novedosas porque realmente se llevan poniendo en práctica toda la vida”. Espinosa aclara que se trata de estrategias docentes “bien conocidas, que ahora se están reorganizando y la neurociencia está poniendo sobre la mesa su eficacia”.

Respecto a las TIC o tecnologías de la información y la comunicación, lo tiene claro: “No suponen la gran revolución que parecían y no implican necesariamente que los alumnos y alumnas aprendan mejor; simplemente la información les llega ahora a través de otros canales, pero los métodos de enseñanza son los mismos”.

Espinosa destaca la importancia del autoaprendizaje en contacto con los compañeros porque desarrollan habilidades y destrezas útiles para la vida

Para conseguir que los estudiantes tengan capacidad y ganas de aprender, Javier Espinosa apuesta por la gamificación como estrategia motivadora. Destaca la importancia del autoaprendizaje de los chicos y chicas en contacto con sus compañeros, “porque sirve para desarrollar habilidades y destrezas realmente útiles en su vida diaria que, de otra forma, pueden quedar relegadas a un segundo plano”. Pero subraya que siempre hay que partir de sus intereses e inquietudes.

El profesor debe ser un facilitador, que domine la materia que imparte, pero también tiene que conocer a su grupo de clase para conectar las dinámicas y mecánicas del juego con los contenidos de una forma más agradable. No obstante, Espinosa puntualiza que “gamificar no es jugar”, y añade que la verdadera gamificación consiste en que el proceso de enseñanza-aprendizaje tenga “aspecto de juego”, sin serlo realmente, con el objetivo de “potenciar los procesos de motivación” a los que hace referencia la neurodidáctica.

Reconoce que no es sencillo aplicar la gamificación, ya que es un proceso complejo que requiere gran esfuerzo y cuyos resultados son difíciles de medir. Para facilitar su correcta utilización, hace cuatro años nació una comunidad de profesores con el propósito de intercambiar conocimientos y experiencias a través de internet. Actualmente, Espinosa preside la asociación Gamifica Tu Aula, donde los integrantes enfocan el juego como una herramienta didáctica más y cada aportación es válida. El colectivo es también el encargado de organizar las Jornadas del Juego, la Gamificación y el Aprendizaje. Este evento reúne anualmente a cientos de profesores “para compartir sus prácticas e ideas entre iguales”, a través de talleres, reuniones y ponencias, con el firme y único objetivo de mejorar el aprendizaje de sus alumnos y alumnas, y minimizar el mal llamado fracaso escolar

Tomás Muñoz M.