Ser listo no es lo mismo que inteligente, y ser inteligente no es lo mismo que parecerlo. Pero puedes engañar a todos. Prepárate para ser el mejor de tu empresa (aunque sea en apariencia)

Vas a muchas reuniones a diario. Demasiadas. Todos sabemos que la mayoría son una pérdida de tiempo absoluta. Te aburres. Y no solo eso: sientes que nadie te toma en serio. Hablan de un tema y comentas, pero es como si hablases con las paredes. Por no hablar de la cara de ya-está-el-tonto-de-turno que pone el de comercial cada vez que abres la boca. Has llegado incluso a pensar que eres poco inteligente y listo. Puede ser, pero no dramatices, nadie tiene por qué darse cuenta.

¿Acaso tu jefe es más listo que tú? Por dios, si no sabe juntar tres frases con sentido seguidas. Y qué decir de la pringada de sistemas operativos. Tú tienes cosas más interesantes e importantes que decir, pero a veces te las reservas para ti mismo. «¿Por qué nadie me escucha ni me tiene en cuenta?«, ¿»por qué carajo no sé de qué están hablando?», piensas. Estás a punto de llorar. No desesperes.

Sarah Cooper, autora del libro ‘100 tricks to appear smart in meetings‘ (100 trucos para parecer inteligente en las reuniones) tiene la solución. Te contamos los 10 mejores. Querido, ahora todos te comentarán sus ideas y estarán ansiosos por escuchar las tuyas. Llega el ‘postureo‘ empresarial.

  1. Dibuja un diagrama de Venn

Estás de pie, dando la espalda a la pizarra. Tienes el rotulador en la mano, pero no tienes nada que ilustrar. No importa. Dibuja un diagrama de Venn. Todos te atenderán y parecerás muy inteligente. No importa si tu diagrama es impreciso, de hecho, cuanto menos claro sea mucho mejor. Les dejarás locos, incluso al imbécil de comercial.

Nadie dirá que no lo entiende por miedo a parecer tonto. Incluso antes de que dejes el rotulador en su sitio, tus compañeros comenzarán a debatir sobre si hay que meter algo en los círculos, o hacer otros. Es justo en ese momento en el que debes volver a tu sitio y seguir jugando al Candy Crush en tu móvil o a la mierda a la que estés enganchado.

Diagrama de Venn

  1. Traduce porcentajes a fracciones

Este es muy importante. Si alguien comenta «cerca del 25% de los clientes consumen…», rápidamente interrumpe y di con seguridad como hablando para ti mismo: «ajá, así que uno de cada cuatro…». Todo ello mientras lo anotas con cara de interesante en tu libreta. Todo el mundo te mirará y asentirá. No dirán nada, están impresionados y celosos de lo bien que se te dan las matemáticas.

  1. Pon orden cuando todo se vaya de las manos

En toda reunión ocurre: la gente comienza a interrumpirse, nadie escucha a nadie y todos hablan por encima de todos. Opiniones, quejas y datos se cruzan. Pero ahí estás tú para destacar. «Chicos, chicos, ¿podemos hablar de uno en uno? ¿En qué estábamos?». Dilo con énfasis. Todo el mundo se girará hacia ti, te mirará. Serás el foco de atención. Tus compañeros se quedarán alucinando con tu habilidad de poner orden en la batalla.

Aprovecha esos segundos de gloria para añadir: «¿Qué problemas estamos intentando resolver realmente?» o «¿hacia dónde queremos ir?». Todos creerán que son unos necios por estar hablando unos encima de otros y tú quedarás como el más inteligente del lugar.

  1. Asiente mientras finges tomar notas

Atento, esto es importante. Siempre, siempre, debes entrar con un cuaderno a las reuniones. Nada de tablets como la plebe. Tu rechazo a la tecnología será alabado por todos. Mientras unos y otros hagan sus presentaciones o hablen, tú toma notas en la libreta. Con gesto serio. No hace falta que sean frases largas, simplemente tienes que apuntar palabras o números que suenen bien. Consejo: si acaban en ‘ing’ apunta siempre. Los porcentajes también. Y, recuerda, siempre debes asentir mientras escribes.

Pasear de un lado a otro de la sala de reuniones te hace parecer sumamente inteligente. Hazlo

Si alguien te pregunta, di que son cosas personales y que tus anotaciones solo las entiendes tú. Si tu interlocutor no es nadie demasiado importante, suéltale que no sabes por qué el resto no apunta nada. Todos se sentirán inútiles a tu lado, don Smart.

  1. Repite (muy lento) lo que diga el experto

En las reuniones siempre hay alguien que maneja más y cuyo puesto es más relevante. Quédate con su nombre. Clávatelo a fuego. Esta persona, normalmente ingeniero, se mantendrá en silencio durante toda la reunión. Le aburren los temas que estáis debatiendo. Él está por encima de todo eso. Tienes que vigilarle, y cuando haga algún comentario, repetirlo.

Te explicamos. Imagina que el ingeniero dice: «yo creo que eso no funcionaría». Tú di: «espera, ¿puedes repetir lo que has dicho? ¿por qué crees que no funcionaría?». Todo ello lentamente. Tus compañeros te idolatrarán. No solo porque tú te has dado cuenta de algo importante y ellos no, sino porque al repetir las palabras del experto, su brillantez se ha transferido a ti. La gente recordará la reunión y, erróneamente, te atribuirán a ti los brillantes comentarios que dijo otro, y que tú solo repetiste.

  1. Pregunta «¿escalará?»

Hay preguntas que nadie sabe lo que significan, y tú menos, pero que según Sarah Cooper funcionan a la perfección en las reuniones. Una de ellas es «¿escalará?». Cuando hablan se habla de escalar una empresa se refieren a si la firma en la empresa conseguirá hacerse más grande, crecer, con la idea que se está debatiendo. Dejarás a todos alucinando.

Aunque te dé palo salir de la reunión por una llamada, debes hacerlo. Curiosamente todos pensarán que eres muy importante y estás superocupado, no como ellos

  1. Pasea por la sala

Cuando alguien se levanta de la mesa y pasea por la sala, de un lado a otro, lo respetas de inmediato. Es puro poderío. Hacen falta muchas agallas para hacerlo, pero una vez de pie, la sala de juntas es tuya. Dobla los brazos y camina alrededor de la mesa. Ve a la esquina y apóyate en la pared. Suspira. «Confía en mí, todo el mundo se cagará en los pantalones al preguntarse qué estarás pensando», apunta la escritora.

  1. Pide volver a la diapositiva anterior

No importa la presentación a la que asistas o de qué estén hablando. En un momento dado, el que quieras, pronuncia estas palabras: «perdona, ¿podrías volver a la diapositiva anterior?».

Inmediatamente parecerás mucho más inteligente que los demás, ya que ellos no se han percatado de lo que estás a punto de apuntar. Una vez hayan vuelto a la diapositiva en cuestión, suelta: «no estoy seguro de que significan esos números». Con cara de interesante, muy serio. De pronto, todos te mirarán como un ser superinteligente.

  1. Sal a atender una llamada de teléfono

Aunque te dé palo salir de la reunión por una llamada, debes hacerlo. No en todas ni cuando esté hablando el jefe supremo. Elige bien el momento. Curiosamente todos pensarán que eres muy importante y estás superocupado. Pensarán: «vaya, esta reunión es importante, así que esa llamada sí que tiene que ser relevante».

  1. Ríete de ti mismo

A la gente le encanta el humor autocrítico. Ríete de ti mismo, pero tampoco te pases. Si estás en una reunión y te preguntan por tu opinión, pero no tienes ni pajolera idea de lo que estaban hablando, tienes que decir: «sinceramente no he escuchado una sola palabra en la última hora» o «tierra trágame». Ellos se reirán, valorarán tu honestidad y valorarán si despedirte o no, pero ante todo pensarán que eres el más inteligente de la sala. ¡Bravo!

  1. Palmero

 

Resultado de imagen de LA PLASTICIDAD CEREBRAL O CÓMO LA EXPERIENCIA CAMBIA EL CEREBRO

¿Qué es la plasticidad cerebral?

La plasticidad del cerebro, también conocida como neuroplasticidad o remapeo cortical, es un término que se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse, como resultado de la experiencia.

Hasta la década de 1960, los investigadores creían que los cambios en el cerebro sólo podían tener lugar durante la infancia y la niñez. En la edad adulta temprana, se creía que la estructura física del cerebro era permanente.

La investigación moderna ha demostrado que el cerebro continúa creando nuevas vías neurales y modificando las ya existentes con el fin de adaptarse a nuevas experiencias, aprender nueva información y crear nuevos recuerdos.

Historia e Investigación sobre Plasticidad Cerebral

El psicólogo William James propuso que el cerebro no era quizá tan inmutable como se creía: “La materia orgánica, especialmente el tejido nervioso, parece dotada de un extraordinario grado de plasticidad”. Sin embargo, esta idea fue ampliamente ignorada durante muchos años.

En la década de 1920, el investigador Karl Lashley proporcionó evidencia de cambios en las vías neurales de los monos rhesus.

En la década de 1960, los investigadores comenzaron a estudiar casos de adultos mayores que habían sufrido accidentes cerebrovasculares graves y que fueron capaces de recuperar el funcionamiento del cerebro, lo que demuestra que el cerebro era mucho más maleable de lo que se creía anteriormente.

Los investigadores modernos han encontrado evidencia de que el cerebro es capaz de reconfigurarse después del daño.

¿Cómo funciona la Plasticidad Cerebral?

El cerebro humano está compuesto de aproximadamente 100 mil millones de neuronas. Los primeros investigadores creían que la neurogénesis, o la creación de nuevas neuronas, se detenían poco después de nacer.

Hoy en día, se entiende que el cerebro posee la notable capacidad para reorganizar las vías, crear nuevas conexiones y, en algunos casos, incluso crear nuevas neuronas.

La plasticidad cerebral puede darse por 2 razones:

1) Como resultado del aprendizaje y la experiencia.

2) El entorno juega un papel esencial en el proceso, pero la genética también puede tener una influencia.

Los primeros años en la vida de un niño son un período de crecimiento rápido del cerebro. Al nacer, cada neurona en la corteza cerebral tiene un estimado de 2.500 sinapsis. En 3 años este número ha crecido hasta la friolera de 15.000 sinapsis por neurona.

El adulto medio, sin embargo, tiene aproximadamente la mitad de ese número de sinapsis. ¿Por qué? Porque a medida que ganamos nuevas experiencias, algunas conexiones se fortalecen mientras otras quedan eliminadas. Este proceso se conoce como la poda sináptica. Las neuronas que se utilizan con frecuencia desarrollan conexiones más fuertes y los que rara vez o nunca se utiliza finalmente mueren.

El cerebro es capaz de adaptarse a los cambios del entorno mediante el desarrollo de nuevas conexiones y la poda de las más débiles.

Tipos de Plasticidad Cerebral

1) Plasticidad funcional: se refiere a la capacidad del cerebro para mover las funciones de un área dañada del cerebro a otras áreas no dañadas.

2) Plasticidad estructural: se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar realmente su estructura física como resultado del aprendizaje.

 

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No solo vale con ejercitar la forma física, también el cerebro. Un neurocirujano experto nos ofrece las tácticas más eficaces para mantenerlo siempre al día

Si quieres estar sano, no solamente vale con ejercitar y mejorar tu forma física; tu cerebro también necesita que lo alimentes y entrenes para llegar a la madurez de la mejor forma posible. Este órgano tan importante y extraordinario del cuerpo humano necesita estar fuerte para hacer frente a todo lo que puede pasar, desde trastornos mentales como ansiedad o depresión a enfermedades degenerativas neurológicas, como el Alzhéimer.

Por todo ello, es necesario que trabajes la mente y realices una serie de ejercicios cada día. Lo mejor será que consultes a un profesional. Como por ejemplo Rahul Jandial, un prestigioso médico neurocirujano estadounidense que acaba de publicar su primera obra, cuya redacción le ha llevado hasta diez años. ‘Neurofitness: a brain surgeon’s secrets to boost performance & unleash creativity‘ (algo así como «Los secretos de un neurocirujano para mejorar el rendimiento mental y la creatividad»), es un libro que aborda los grandes mitos sobre la salud cerebral. En una entrevista con ‘The New York Post’, enumera una serie de prácticas para no dejar que tu tejido neuronal se seque.

La respiración de la meditación puede apaciguar las señales eléctricas de tu mente y ayudar a que tu pensamiento funcione mejor

«La concepción de que algunas personas tienen más desarrollado el hemisferio derecho que el izquierdo o al revés es totalmente falsa», critica Jandial. «Todo se debe a un artículo del ‘New York Times’ de 1973 para trasladar esta creencia a la cultura pop. Pero es algo erróneo, y ya ha sido desmentido tras décadas de investigación». Pero también reconoce que hay ciertas suposiciones que sí son ciertas, como por ejemplo la llamada teoría del «sueño compensatorio», aceptada por un grupo de investigación sueco en 2018. «Los fines de semana sí que funcionan como una forma efectiva de recuperar el sueño perdido y tiene efectos positivos para el cerebro». Ya sabes, no te sientas culpable por levantarte los sábados y domingos a las tantas, ya que es bueno para tu cerebro.

 

«Tu destino no está marcado por lo que ya has hecho», recalca. «Puedes revertir las cosas. Perder peso, dejar de fumar… son acciones que te ayudarán a reducir el riesgo de padecer enfermedades, sin importar en la etapa vital en la que te encuentres. Lo mismo puedes hacer con tu cerebro. Nunca es tarde para entrenarlo, y no es necesario cansarte hasta la extenuación, sino que se puede hacer a través de gestos muy cotidianos». A continuación veremos algunos de estos trucos para mantener siempre la mente despierta, activa y, sobre todo, joven.

Escribe antes de dormir

Minutos antes de caer en los brazos de Morfeo se da el estado hipnagógico, al igual que a los pocos momentos de despertarte. Estos instantes son los más propicios para desarrollar la creatividad. «Si bien todo lo que escribas no va a ser la idea que te haga ganar millones de dólares, seguramente te sorprenderás de lo que se te ha ocurrido», afirma Jandiel. «Son los únicos momentos del día en los que tienes activada la creatividad propia de los sueños y a la vez la conciencia de estar despierto».

Respira profundamente

Si te sientes estresado o tienes ansiedad ante lo muy exigente que puede ser una jornada, lo mejor será que te tomes un descanso para tí mismo, tu mente y tu cuerpo. En este sentido, el neurocirujano sugiere que cinco minutos de respiración lenta y calmada puede ayudar a que te tranquilices ante situaciones muy estresantes. «La respiración meditativa puede apaciguar las señales eléctricas de tu mente», sostiene. «Mucha gente la práctica, desde buceadores a monjes budistas. No tienes por qué estar en tu casa solo, siempre puedes hacerlo en el metro o antes de una reunión importante con tu jefe».

Usa tu mano no dominante

¿Eres zurdo o diestro? Te gustará saber que usar la mano que no dominas para cualquier acto cotidiano (desde abrir la puerta de tu casa con llaves hasta manejar el ratón del ordenador) estimulará la parte del cerebro que se ha mantenido inactiva. Podrías tomártelo como un juego. «Este ejercicio consigue estimular el hemisferio del cerebro que normalmente está en reposo», asegura Jandiel.

Pasea orientándote

¿Qué te parece si sales a pasear y te marcas como meta un sitio determinado, pero renuncias a la posibilidad de buscarlo en tu Google Maps? En cortas palabras, lo que se ha hecho toda la vida antes de la llegada de los smartphones. A decir verdad, llevar contigo un dispositivo que lo sabe todo y te hace mucho más cómoda la existencia también conlleva una serie de desventajas como esta misma: perder tu conciencia espacio-temporal. «De vez en cuando viene bien activar tu GPS interno», observa el neurocirujano. «Mantiene la predisposición del hipocampo a guiarse activada, lo que te ayudará a mantenerte alerta».

Ejercicios de cardio

Al salir a correr o a andar en bici no solo estás mejorando tu forma física, sino también tu capacidad cognitiva. Otro de los consejos que aporta Jandiel es cuidar y ejercitar cuerpo y mente a la vez a través de actividades de resistencia con el objetivo puesto en eliminar el colesterol y reducir la presión arterial. «Lo que haces para prevenir un ataque cardíaco también puede ayudar a tu cerebro», sostiene. «El ejercicio físico abre las arterias cerebrales, no solo las cardiovasculares, y libera el agente BDNF, que mejora la atención, la concentración y el entendimiento de pensamientos complejos».

Omega-3

«Todo lo que comes marca la diferencia», razona el neurocirujano. «No tenemos una píldora para el Alzhéimer, pero sí tenemos resultados científicos que avalan que las dietas mediterráneas basadas en el aceite de oliva reducen mucho las probabilidades de sufrir demencia». Aquí en España tenemos suerte en ese sentido. Este tipo de dietas ricas en ácidos grasos omega-3 se encuentra en el pescado, los frutos secos o las aceitunas. Jandiel también recomienda las verduras de hoja verde para mejorar la conductividad de las señales eléctricas neuronales que se dan en el interior del cerebro.

  1. ZAMORANO

 

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En el día a día, los buenos modales son un factor esencial para relacionarte con los demás. Si no quieres caer mal a nadie, mejor lee atentamente

¿Te consideras una persona educada? ¿Cuáles son los rasgos que definen este tipo de personalidad? Decir los buenos días, dar siempre las gracias o ayudar a los ancianos a cruzar la acera. La educación es una característica esencial en cualquier sociedad democrática que se precie. Un atributo muy importante, ya que siempre debes tener en cuenta los buenos modales; nunca sabes si las personas con las que te cruzas cada día están atravesando un mal momento.

¿Cómo saber si no has metido la pata? Aunque el contexto sea una parte fundamental a la hora de interpretar y entender el discurso, debes tener en cuenta que muchas veces los detalles más pequeños son los que más pesan a la hora de relacionarte con otras personas o un desconocido. Por ello, ‘Best Life’ ha hecho una recopilación con todas estas expresiones verbales que para nada te hacen ser amable, sino al contrario, producirán el rechazo de tu interlocutor.

«¿Has perdido peso?»

A menos que seáis amigos íntimos que siempre se cuentan las cosas, jamás de los jamases puedes destinar esta pregunta a alguien. Si la haces estás dando por hecho que hace relativamente poco tenía un estado físico bastante descuidado. Este cumplido, así como el de «ahora estás más delgada», no hacen ningún bien al humor de tu interlocutor. Hay mejores formas de hacer que una persona se sienta bien consigo misma. Pero esta indudablemente no.

Demasiados halagos

Si te gusta todo lo que lleva puesto una persona puedes ser muy breve y decir un simple «qué guapo o guapa estás». En cambio, si la atosigas a comentarios positivos puede sentir un poco de miedo. «Sin saberlo, podemos hacer que una persona se cohiba al insistir en que su apariencia o peso acabe siendo el tema de la conversación», asegura Anya Shumilina, experta en protocolo.

No presiones a tu interlocutor para que revele aspectos de su vida privada. Si confía en tí, no hace falta que ejerzas de policía

«Las charlas con demasiados cumplidos solo conseguirán que el otro se sienta incómodo», agrega. En pocas palabras: actúa con naturalidad y fluidez, habla breve, sencillo y, sobre todo, de manera sincera.

«Háblame sobre ti y tu vida»

Cuando te encuentras en medio de una conversación interesante en la que por fin estás descubriendo la intimidad de la otra persona, no fuerces la situación ni intentes llevarla a tu terreno. Genera confianza, en vez de inquietud por saber. No hay necesidad de intentar sacar a la fuerza lo que el otro tiene que decirte. No hagas preguntas del tipo: «Bueno, háblame sobre tus padres» o «¿Qué pasó en tu familia para que estés ahora así?». Si ella o él confía en ti, no hace falta que actúes de policía.

«Siento molestarte»

Un oxímoron en toda regla. Si de verdad lo sientes, no se lo dirías, simplemente lo dejarías estar. «Si realmente lamentas algo que no has hecho todavía, ¿por qué a pesar de todo lo dices?», reconoce Barbara Pachter, autora de un libro de éxito sobre el tema, «The Essentials of Business Etiquette’. En lugar de esta expresión, utiliza alguna mucho más educada y agradable, tipo «Perdona, ¿tienes un momento?».

«¿Cuánto ganas?»

Una de las preguntas más incómodas del mundo, sobre todo en el ambiente laboral. «Se considera de mala educación preguntar por el sueldo en un primer encuentro, aunque lo hagas sin querer», explica Darlene Price, presidenta de una empresa de asesoramiento sobre comunicación interpersonal.

Muéstrate seguro y no hagas comentarios sobre los gestos del otro a lo largo de la conversación

«Si realmente tienes tantas ganas de saberlo, en lugar de cometer el error de preguntárselo a la cara, indaga por otros medios». Aun así, tampoco es tan relevante. Hablar de dinero siempre es bastante incómodo, por lo que antes de abrir la boca, mejor piénsatelo dos veces.

«Vi que te fuiste de vacaciones»

En la era virtual es muy común conocer aspectos de la vida personal de alguien. Las vacaciones con sus hijos en la montaña o una gran cena familiar están a la vista de todos. Aunque la otra persona no puede quejarse, ya que para algo publica información sobre su vida privada en las redes, si nada más conocerla en persona le haces comentarios sobre los sitios en los que ha estado o la gente con la que se ha reunido, va a creer que eres un espía que se pasa el día observando vidas ajenas. Si de verdad tienes confianza con él o ella, te lo contará sin ningún problema la próxima vez que os veáis.

«¿Te aburro?»

Evidentemente, se trata de una pregunta fuera de lugar, muy «cortarrollos». Si es tu primera cita y no paras de hablar, seguramente la otra persona esté escuchándote de forma atenta, no la estás aburriendo. Y en caso de ser así, guarda silencio y que arranque ella, ya que si no, el incómodo silencio pasará a ser mucho más molesto. Muéstrate seguro y no hagas comentarios sobre las expresiones faciales del otro o sus supuestas sensaciones a lo largo de la conversación.

  1. ZAMORANO

 

Resultado de imagen de 10 PASOS ESENCIALES PARA DESARROLLAR TU INTELIGENCIA EMOCIONAL

Durante la década de los 90 la inteligencia emocional fue considerada prácticamente un superpoder.

Se suponía que la gente que la poseía  no sólo era capaz de identificar estados emocionales, sino que también podían conectar con la gente, eliminar cualquier atisbo de estrés, y descifrar el lenguaje corporal de aquellos que les rodeaban.

¿Pero es realmente tan maravillosa la inteligencia emocional? ¿De verdad es mucho más importante que el cociente intelectual?

Y si lo es, ¿cuál es la manera más sencilla de desarrollarla?

En este artículo voy a romper varios mitos sobre la inteligencia emocional y enseñarte los 10 pasos que te permitirán empezar a mejorarla. Si es que finalmente consideras que merece la pena.

¿Qué aprenderás en este artículo?

El valor de ser emocionalmente inteligente

La inteligencia emocional puede explicarse en función de cómo gestionas tus emociones y las de los demás.

Con estos dos ejes aparecen los cuadrantes que definen la inteligencia emocional:

  1. Autoconciencia: la habilidad de reconocer e identificar las emociones en ti mismo, así como su origen.
  1. Autocontrol: tu capacidad de controlar los impulsos y retrasar la recompensa inmediata.
  1. Empatía: la habilidad para conectar con las emociones y motivos de los demás.
  2. Habilidades sociales: la capacidad de relacionarte satisfactoriamente con los demás, gestionar conflictos, comunicarte claramente e influir sobre las personas.

Otros autores también añaden la motivación a tu eje emocional.

Pero ¿qué es más importante? ¿Saber gestionar las emociones o ser un genio de las matemáticas?

A finales del siglo XX aparecieron varias investigaciones (culminadas en el bestseller Inteligencia Emocional) que presentaban la inteligencia emocional como el principal motor del éxito y satisfacción personal. Los estudios mostraban que los mejores líderes eran emocionalmente muy inteligentes.

Sin embargo, los más recientes como éste ponen muy en duda esa afirmación.

Quizás los líderes más carismáticos no poseían tanta inteligencia emocional como se creyó inicialmente.

¿Por qué?

Porque la manera de evaluar su inteligencia emocional fue a través de cuestionarios que ellos mismos respondieron. ¿Y qué líder iba a reconocer por escrito que no sabía identificar las emociones de sus trabajadores?

Dime de qué trabajas y te diré qué inteligencia necesitas

Las últimas investigaciones también apuntan que existen profesiones donde un exceso de inteligencia emocional puede ser contraproducente, como por ejemplo mecánicos, científicos, o contables.

Si tu trabajo es interpretar datos o reparar coches, ser especialmente sensible a las expresiones faciales, lenguaje corporal y emociones de aquellos que te rodean puede ser una grave distracción.

Pero tampoco hay que pasar del blanco al negro más absoluto. Existen otras profesiones, como las de comercial, coach o médico donde saber leer y regular las emociones es básico.

En resumen, la inteligencia emocional es importante pero no es la panacea. En ciertas situaciones puede ser muy útil, y en otras el cociente intelectual puro y duro (la capacidad de analizar y sacar conclusiones) puede ser más determinante.

¿Realmente se puede mejorar la inteligencia emocional?

La teoría más generalizada es que incrementar el cociente intelectual es prácticamente imposible. Por eso la mayoría de cursos y coaches han apostado por aumentar la inteligencia emocional, aparentemente mejorable con la práctica.

¿Pero existe alguna evidencia de que sea posible? ¿Y hasta qué punto se puede mejorar?

Se han publicado más de 2.500 artículos desde que apareció el concepto de inteligencia emocional. Y las 4 conclusiones que se pueden extraer son las siguientes:

  1. Puedes cambiar, hasta cierto punto

La capacidad para gestionar nuestras emociones y las de los demás no varía mucho durante nuestra vida. Los factores más determinantes parecen ser la educación recibida, genes, y experiencias infantiles (fuente).

No es que no puedas desarrollar tu inteligencia emocional, pero para hacer cambios profundos deberás dedicarle tiempo y esfuerzo.

Eso sí, la inteligencia emocional mejora con los años, ¡de ahí el dicho de que la gente madura con la edad!

  1. La ayuda profesional sí da resultados

Hay un intenso debate acerca del coaching y la formación en habilidades personales. Personalmente no creo que exista mala fe en los denominados “vendehumo”, pero sí desconocimiento.

Muchos generalizan sus experiencias personales y creen que lo que les ha cambiado la vida a ellos, independientemente de sus circunstancias, funcionará en el resto. Para evitar este tipo de extrapolaciones existen los estudios científicos, realizados en decenas de voluntarios.

En estas condiciones, digan lo que digan los escépticos, los buenos programas de formación sí funcionan:

  • No pueden hacer milagros, pero los últimos metaanálisisdemuestran que son capaces de mejorar la inteligencia emocional un 25% en promedio, y en el caso de las habilidades sociales, hasta un 50%.
  • Gracias a la plasticidad neuronal, el término que los neurólogos usan para referirse a la capacidad del cerebro para cambiar a cualquier edad, es posible aprender empatía y gestión emocional. En este último caso,la mejora puede llegar hasta el 35% (referencia).

Así pues, si no estás obteniendo resultados con tu coach o curso de formación, quizás sea hora de buscar uno mejor.

  1. Es imprescindible que alguien te dé feedback

Resulta que no somos demasiado buenos evaluando nuestro nivel de inteligencia emocional. La estimamos peor que nuestro cociente intelectual, por lo que además de no saber cuán listos somos, tampoco tenemos ni idea de si somos agradables.

Una investigación demostró que la forma en que nos vemos a nosotros mismos tiene poco que ver con la forma en que nos ven los demás. Es un fenómeno muy conocidoque, en muchas competencias, las personas nos creemos mejor de lo que realmente somos.

Por estas razones, además de seguir un buen programa de formación, es importante que alguien te proporcione una visión imparcial de ti mismo.

  1. Cuidado con las técnicas que usas

¿Cuáles son las mejores estrategias para desarrollar la inteligencia emocional?

  • Principalmente, las basadas en la terapia cognitivo-conductual(referencia). Es decir, aprender a cambiar tus pensamientos y las conductas que los acompañan.
  • Mejorar tu capacidad de aceptar y perdonarte (la autocompasión, un concepto que cada vez va a sonar más).

¿Y las que no funcionan?

  • Las autoafirmaciones positivas. Ándate con ojo con aquellos coaches o programas que prometen mejorar tu autoestima con mensajes positivos hacia ti mismo (“yo lo valgo”“soy el mejor”“yo me amo”, etc) ya que a menudo resultan contraproducentes. ¡Y pueden convertirte en un narcisista!

10 pasos necesarios para mejorar tu inteligencia emocional

El objetivo de un estudio controlado realizado en 2009 era ver si con un programa adecuado se podía mejorar la inteligencia emocional en un grupo de voluntarios, en comparación con otro grupo que no recibió entrenamiento alguno.

El resultado fue un notable incremento a corto y medio plazo.

En el programa los participantes recibieron una serie de clases teóricas con ejercicios. A continuación encontrarás las 10 primeras lecciones más importantes para desarrollar una sana inteligencia emocional.

  1. Detecta la emoción que hay detrás de tus actos

Casi todos vivimos desconectados de nuestras emociones. Las experiencias negativas que sufrimos durante nuestra vida nos enseñan a aislarnos de las emociones para protegernos.

No puedes eliminar tus emociones, pero debes ser capaz de conectar con ellas y entender cómo influyen sobre ti. Cuando algo te haga actuar o sentirte de una determinada forma, párate un segundo, reflexiona sobre la emoción que hay detrás, y encuentra su origen.

Al principio quizás no sepas por qué actúas o te sientes como lo haces. No desesperes. No estás entrenado para hacerlo. Pero a medida que vayas centrándote en tus sentimientos empezarás a encontrar las respuestas.

  1. Amplia tu vocabulario (emocional)

Sólo hay cuatro emociones básicas a partir de las cuales se crean todas las demás: alegríatristezaenfado y miedo (aunque algunos autores añaden sorpresa y angustia).

Cuando intentes reconocer tus emociones te quedes sólo con ellas. No basta con decir “Vale, he identificado mi emoción y es la tristeza”. No. Debes ser lo más específico posible.

Los nombres que pongas a tus emociones te ayudarán a entender cómo te estás sintiendo y por qué. No digas “Estoy triste” si las palabras que mejor describirían tu estado emocional serían decepcionado, compungido, melancólico o herido. Sé concreto.

Tener un vocabulario rico con el que describir exactamente tus sentimientos es muy importante. No dominar el lenguaje limita el conocimiento de lo que estás experimentando, creando la sensación de que no sabes lo que te pasa.

  1. No te dejes engañar por las apariencias emocionales

Muchas veces las emociones primarias desencadenan otras emociones, y eso nos lleva al error de creer que lo que realmente estamos sintiendo es la emoción secundaria.

Voy a ponerte un ejemplo.

Imagínate que te sientes traicionado porque descubres por una tercera persona que alguien que considerabas uno de tus mejores amigos no te ha invitado a su fiesta de cumpleaños.

Aparentemente la emoción sería la traición, cuyo componente básico es el enfado.

¿Pero lo es realmente?

Si profundizaras en qué ha provocado tu enfado, probablemente descubrirías que la emoción original causante de tu enfado es la tristeza. Estás enfadado con tu amigo porque te ha causado mucha tristeza comprobar que tu amistad no tiene para él el valor que tú esperabas.

  1. No juzgues la forma en que te sientes

Las emociones tienen una única función: darte información sobre lo que está ocurriendo. Si pudieras reprimirlas estarías a ciegas y no sabrías como reaccionar.

Las emociones negativas te previenen. No luches contra ellas. Debes entenderlas y obtener toda la información posible para enfrentarte al reto del que te están alertando.

  • El miedote avisa de que no tienes recursos para abordar lo que está sucediendo. Refleja una desproporción entre la situación y los recursos con los que cuentas.
  • El enfadolo sientes cuando vulneran tus derechos o necesidades. Te empuja hacia el ataque o la defensa para hacerte respetar.
  • La tristezate indica la pérdida de algo valioso para ti y te prepara para superar esa ausencia.
  • Sientes alegríacuando algo te resulta agradable. Te motiva a experimentarla de nuevo con conductas que vuelvan a generarla.

Considera tus emociones no como algo bueno o malo, sino como la fuente de información que te ayudará a ser más consciente de ti mismo.

  1. Descubre el mensaje oculto de tu lenguaje corporal

Si te cuesta identificar tus emociones, fijarte en tu lenguaje corporal te dará muchas pistas de lo que está ocurriendo en tu interior.

Por ejemplo, hay gente que al inicio de un enfado se cruza de brazos porque empieza a sentirse agredido. Si relacionas este tipo de cambios en el lenguaje corporal con tus emociones serás capaz de detectarlas mucho antes.

Y no sólo se trata de cambios posturales. Las emociones también provocan manifestaciones fisiológicas automáticas como rubor cuando te enojas o presión en el pecho cuando estás triste.

Empieza a encontrar patrones en las sensaciones físicas que experimentas cuando se desencadenan en ti determinadas emociones y te convertirás en un maestro Jedi emocional.

  1. Controla lo que piensas para controlar cómo te comportas

Muchas personas se excusan diciendo que en los momentos emocionales pierden el control y no son dueños de sus actos. Pero sólo tienen razón en parte.

Los sentimientos son el resultado de la emoción y de lo que piensas sobre esa emoción. No puedes evitar la emoción, pero sí que puedes modificar tus pensamientos al respecto.

La próxima vez que sientas una emoción, presta atención porque significa que en breve te va a invadir un pensamiento. Decide entonces qué pensamiento quieres tener y cómo deseas comportante.

Y si todo falla, existen algunas otras técnicas de emergencia que pueden ayudarte:

  1. Si estás muy nervioso o ansioso, refréscate la cara con agua muy fríae intenta que te dé el aire. Se ha demostrado que el frío puede reducir la ansiedad.
  2. Evita las bebidas con cafeína.Los estudios evidencían que incrementan tu nerviosismo y niveles de ansiedad.
  3. ¡Ejercicio!Todo lo que se diga sobre las ventajas de hacer deporte con moderación me parece poco. Se ha demostrado que reduce la ansiedad y mejora la confianza en ti mismo.
  4. Duerme lo necesario.Cuando duermes generas endorfinas y reduces los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Por eso cuando no has dormido bien estás más irritable.
  5. Busca el porqué de los demás

El error que comente casi todo el mundo cuando observa una reacción en alguien es juzgar únicamente la reacción, cuando detrás de ella hay muchísimo más oculto a sus ojos.

Acostúmbrate a pensar en qué sentimientos puede haber detrás de esa reacción. ¿Qué emociones y pensamientos puede estar experimentando esa persona? Si te está insultando, ¿es posible que te tenga miedo y crea que la mejor forma de defenderse sea alterándote?

Buscando el porqué de las reacciones conseguirás entender a las personas. Y te advierto que cuando cojas el hábito de hacerlo te costará enfadarte con la gente, porque comprenderás entonces que casi todo el mundo tiene motivos para hacer lo que hace.

  1. Lleva un diario emocional (el efecto Bridget Jones)

Otra forma muy práctica y eficaz para mejorar tu inteligencia emocional es la de apuntar en una libreta tus sentimientos diarios.

Los escáneres cerebrales han demostrado que escribir tus emociones en una libreta reduce la actividad de la amígdala, responsable de la intensidad emocional.

Este beneficio fue especialmente evidente en el género masculino, y todavía más cuando fueron escritas a mano en lugar de tecleadas en un ordenador.

  1. Expresa tus emociones de forma asertiva

Ahora que ya sabes identificar y poner nombre a tus emociones, el siguiente paso sería aprender a expresarlas sin efectos adversos mediante la asertividad.

La fórmula general es “Me siento X (emoción) cuando haces Y (conducta) en la situación Z”, teniendo en cuenta lo siguiente:

  • Define concretamente la emoción X (oprimido, asustado, eufórico, etc)
  • Expresa tu emoción en primera persona
  • Comunica la conducta Y que te provoca esa emoción, no las intenciones (no juzgues)
  • Termina expresando lo que necesitas
  • Evita usar frases que empiecen por “Tú”y continúen con un juicio o acusación

Un ejemplo sería: “Me siento poco valorado porque llevo 5 años sin aumento de sueldo en esta empresa a pesar de toda mi dedicación”.

  1. ¡Conviértelo todo en conductas prácticas!

No intentes aprenderlo todo a la vez. Céntrate en una única cosa y conviértela en algo práctico para saber exactamente qué hacer y cuándo.

Imagínate por ejemplo que sientes que no le dedicas toda tu atención a la gente. Constantemente estás divagando y soñando despierto, y tienes un montón de distracciones en tu móvil. Y eso en el fondo te preocupa.

Una conducta emocionalmente inteligente sería convertir tu intento de prestar más atención en algo práctico. Por ejemplo apagando tu móvil y dejando de lado tus preocupaciones cada vez que te relacionas con alguien.

Ahora en lugar de hablar de un deseo (prestar más atención) estamos hablando de una conducta concreta a cambiar.

  • Repitiendo la nueva conducta, tu plasticidad neuronal modificará sus conexiones para crear la vía neuronal del nuevo hábito hasta que se convierta en algo automático.
  • Otra forma de reforzar un hábito es la visualización. Imaginarte a ti mismo haciéndolo activa el mismo circuito neuronal que la actividad real. Por eso los atletas olímpicos dedican horas a recrear mentalmente la carrera que harán el día de la competición.

Pau F. Navarro

 

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Javier Espinosa, Premio Nacional de Educación, apuesta por la gamificación en el aula, un proceso de enseñanza-aprendizaje con aspecto de juego pero sin serlo

El fracaso escolar es uno de esos términos injustamente utilizados. Normalmente se refiere a los estudiantes que no demuestran los conocimientos mínimos que exige el sistema educativo y que, por lo tanto, no obtienen su correspondiente título. Supone una preocupación social casi permanente en España y provoca acalorados debates sobre el modelo educativo, la calidad de la enseñanza y la capacidad de maestros y profesores.

Sin embargo, también cabría preguntarse si su expresión opuesta, el éxito escolar, “consiste en que los alumnos y alumnas vomiten lo memorizado en un examen, sin aprendizaje real, pero con una calificación positiva en sus notas”. Con estas palabras, el responsable de proyectos y transformación pedagógica y metodológica de NIUCOJavier Espinosa, hace mención a la necesidad de replantearse el proceso de enseñanza-aprendizaje para hacerlo más eficiente. Para ello, propone aplicar técnicas y metodologías avaladas científicamente por la neurodidáctica, cuya eficiencia ha quedado demostrada de forma empírica.

Reconocido en 2015 con el Premio Nacional de Educación, este docente se mueve entre la enseñanza secundaria y la universidad, donde forma a futuros profesores y les explica cómo la neurociencia pone en evidencia qué estrategias didácticas funcionan y cuáles no.

La visualización de la actividad cerebral a través de las máquinas de neuroimagen ha permitido a los expertos bucear en la masa gris y conocer de forma directa cómo funciona el proceso de aprendizaje. “Ahora sabemos que el cerebro construye la información nueva siempre sobre datos previos o que la atención plena de los estudiantes no perdura más de 15 o 20 minutos”. Para Espinosa esto demuestra que la clase tradicional con instrucción directa, donde el alumnado recibe la información de forma pasiva y a través de un único sentido, no es realmente eficaz “porque el cerebro se aburre y le apetece hacer otras cosas”.

“Aunque la neuroeducación es una ciencia en pañales —destaca Espinosa— y tampoco debe entenderse como una panacea”, sí pone en evidencia que el camino adecuado para conectar con los alumnos y alumnas es “la estimulación multisensorial para avivar su curiosidad”. Todo indica que el objetivo final ha de ser, precisamente, fomentar la motivación de los jóvenes. Por eso el docente debe conseguir transmitir los contenidos de una forma atractiva. “El cerebro necesita emocionarse para aprender” y para ello hay que generar deseo. “Es fundamental producir un neurotransmisor llamado dopamina que es el encargado de activar las funciones ejecutivas”, explica.

“Ahora sabemos que la atención plena de los estudiantes no perdura más de 15 o 20 minutos”

Y es que los senderos ignotos que comienza a recorrer la educación parten de nuevos conceptos, pero de metodologías no tan innovadoras como pudiera parecer. Por un lado, las nociones de inteligencia y aprendizaje han cambiado con la confirmación científica de que no se deja de aprender en toda la vida, ya que siempre se pueden crear nuevas conexiones neuronales. De hecho, términos como plasticidad cerebral, integración sensorial o neuronas espejo comienzan a ser ‘vox pópuli’ entre los docentes.

Por otra parte, técnicas como el aprendizaje basado en proyectos, la clase invertida o la gamificación suponen el camino a seguir, aunque “no son tan novedosas porque realmente se llevan poniendo en práctica toda la vida”. Espinosa aclara que se trata de estrategias docentes “bien conocidas, que ahora se están reorganizando y la neurociencia está poniendo sobre la mesa su eficacia”.

Respecto a las TIC o tecnologías de la información y la comunicación, lo tiene claro: “No suponen la gran revolución que parecían y no implican necesariamente que los alumnos y alumnas aprendan mejor; simplemente la información les llega ahora a través de otros canales, pero los métodos de enseñanza son los mismos”.

Espinosa destaca la importancia del autoaprendizaje en contacto con los compañeros porque desarrollan habilidades y destrezas útiles para la vida

Para conseguir que los estudiantes tengan capacidad y ganas de aprender, Javier Espinosa apuesta por la gamificación como estrategia motivadora. Destaca la importancia del autoaprendizaje de los chicos y chicas en contacto con sus compañeros, “porque sirve para desarrollar habilidades y destrezas realmente útiles en su vida diaria que, de otra forma, pueden quedar relegadas a un segundo plano”. Pero subraya que siempre hay que partir de sus intereses e inquietudes.

El profesor debe ser un facilitador, que domine la materia que imparte, pero también tiene que conocer a su grupo de clase para conectar las dinámicas y mecánicas del juego con los contenidos de una forma más agradable. No obstante, Espinosa puntualiza que “gamificar no es jugar”, y añade que la verdadera gamificación consiste en que el proceso de enseñanza-aprendizaje tenga “aspecto de juego”, sin serlo realmente, con el objetivo de “potenciar los procesos de motivación” a los que hace referencia la neurodidáctica.

Reconoce que no es sencillo aplicar la gamificación, ya que es un proceso complejo que requiere gran esfuerzo y cuyos resultados son difíciles de medir. Para facilitar su correcta utilización, hace cuatro años nació una comunidad de profesores con el propósito de intercambiar conocimientos y experiencias a través de internet. Actualmente, Espinosa preside la asociación Gamifica Tu Aula, donde los integrantes enfocan el juego como una herramienta didáctica más y cada aportación es válida. El colectivo es también el encargado de organizar las Jornadas del Juego, la Gamificación y el Aprendizaje. Este evento reúne anualmente a cientos de profesores “para compartir sus prácticas e ideas entre iguales”, a través de talleres, reuniones y ponencias, con el firme y único objetivo de mejorar el aprendizaje de sus alumnos y alumnas, y minimizar el mal llamado fracaso escolar

Tomás Muñoz M.

 

La autoestima, que varía nuestras experiencias vitales, es difícil de modificar una vez llegados a una determinada edad. Pero no imposible

Azahar quería ser invisible pero no le salía, se esforzaba y se esforzaba en no molestar nunca a los demás, tanto que deseaba envolverse en una gruesa capa que la volviera invisible.

Ese día luminoso, bañado por la luz de un otoño que se anunciaba perezoso en llegar, salió a la calle como casi siempre, con actitud temblorosa y huidiza como un ratoncillo asustado que olfateara con su sensible hocico los obstáculos imaginarios que se avecinaban. Así que Azahar enfrentó ese día como casi siempre, vestida con la certeza de que si no miraba a nadie lograría pasar desapercibida y no existir para la gente.

Mirar a los ojos se había convertido para ella en algo terrible y peligroso porque estaba convencida de que si dejaba que los demás se adentraran en la ventana de sus chispeantes ojos verdes descubrirían un secreto terrible: cuán horriblemente defectuosa era y qué poco digna de ser amada se sentía. Aunque, ¿sabéis?, Azahar desconocía que, vista desde afuera, los demás veían en ella un ratoncillo huidizo que caminaba bordeando los rincones oscuros de la calle.

La manera en que se miraba a sí misma condicionaba la forma en que se relacionaba con los demás. Siempre estaba pidiendo perdón o pidiendo permiso por existir. Carecía de cualquier atisbo de una autoestima saludable y eso la hacía juzgarse todo el tiempo como inferior frente a los demás a quienes imaginaba estupendos y llenos de capacidades.

La raíz profunda de su desvalorización anidaba en una infancia con una madre controladora

La raíz profunda de su desvalorización anidaba en una infancia donde jamás cumplía las expectativas de una madre exigente, a quien por otro lado adoraba, y resultó ajena a un padre incapaz de reivindicar su lugar, desplazado ante su madre quien se mostraba omnipresente y controladora.

Azahar no se sentía con fuerzas para encarar la vida, era como si su energía vital se esfumara y cada vez la resultaba más agotador luchar por dar lo mejor de sí misma. Abandonaba las cosas a la mitad, carente de la energía vital necesaria para finalizarlas, establecía relaciones donde no acababa nunca de sentirse bien tratada y sus sueños parecían tan inalcanzables como pisar la luna.

Le costaba mucho admitir la realidad de que necesitaba ayuda, porque se juzgaba inferior a sí misma y se exigía ser como los demás, a quienes idealizaba. Un buen día, Azahar sintió en lo profundo de su ser la urgencia de recuperar el tiempo perdido y enfrentar el reto de cambiar lo que sucedía en su mundo interior porque solo así, pensaba, lograría sentirse más a gusto en su piel y reconciliarse con la vida. Hasta entonces se sabía dueña de una casa habitada por molestos y ruidosos inquilinos que la trataban de forma descuidada y, como más adelante comprendió, repetían patrones inconscientes que aprendió de niña en sus vínculos tempranos significativos que desconocían la palabra respeto. Pensó que había llegado el momento de que alguien la ayudara si no quería que todo fuera a peor.

Así que comenzó un proceso psicoterapéutico para inaugurar una existencia diferente y eso implicaba formularse preguntas vitales nuevas que inauguraron espacios psíquicos vírgenes, emocionales y afectivos. Jugar a las preguntas era como jugar a los sabores y al responderlas sentía recobrar una dimensión nueva bañada por la luz de la conciencia que la ayudó a crear una amorosa valoración de sí misma. ¿Quién soy yo?, ¿Qué partes de mí misma acepto y cuáles no? ¿Puedo pensar las cuestiones por mí misma y reconocer mis deseos? ¿Qué cualidades poseo?.

Azahar empezó a conocerse y a apreciarse y se sintió como una flor que se despereza y abre sus pétalos a la naciente luz del día. Podía sentir el cosquilleo de los rayos de sol y la frescura del frío amargo del rocío.

Toda existencia es valiosa

Comenzó por apreciar su existencia única y especial. Sin sobreentendidos. Hasta entonces la daba por sentada y que ahora comenzó a darse cuenta, de cuán importante y valiosa era su existencia.

La psicoterapeuta Dorothy Corklille lo expresa alto y claro cuando afirma que la base de una autoestima sólida proviene del hecho de sentirnos queridos y valiosos. De estos dos sentimientos, el sentirnos dignos de amor o de importar simple y llanamente por el mero hecho de existir resulta lo fundamental.

Para disfrutar de una autoestima robusta, sana y equilibrada es importante conocer cómo ha sido nuestra crianza. El psicoanalista Dr. Hugo Bleichmarafirma que los padres aman a sus hijos según dos modalidades, que se entremezclan: una, en la que el amor que profesan a su hijo o hija va más allá de cualquier juicio particular sobre un rasgo, se les ama por el mero hecho de ser tal. Y otra modalidad en la que el amor se entrega o retira, a veces completamente, según se cumpla o no con determinados cánones fijados arbitrariamente. Como vimos en Azahar, esto tiene consecuencias directas en la gestación o no de una autoestima saludable en el niño o la niña.

Cuanto mayor se nos haya profesado un amor por rasgos, es decir, si cumplimentamos determinados estándares, mayor será nuestra tendencia a valorarnos acorde al cumplimiento de estos requerimientos. La consecuencia es que de esta autoobservación constante deviene una imagen fragmentada de uno mismo. Sería así, se abstraen ciertos rasgos y se los separa del conjunto haciendo recaer sobre cada uno de ellos un juicio que se traslada a la representación global de la persona.

Convertirnos en quien queremos ser

La importancia de realizar el esfuerzo de reconstruir la autoestima es que podemos convertirnos en personas que se gustan a sí mismas. Y esto resulta fundamental porque ayuda a encajar de forma saludable la falta de ciertas habilidades o los errores, sin hacer tambalear en exceso la valoración de uno mismo.

Podremos, al encarar nuestras limitaciones, articular mensajes internos compasivos que contrarresten una imagen fragmentada de nosotros mismos: somos eso que no nos sale y mucho más. Por ejemplo, una persona con una autoestima adecuada convivirá con formas de encarar la vida envueltas en mensajes acolchados del tipo:

  • No ajustarme a un ideal (un cuerpo ideal o una manera ideal de ser) no me descalifica en mi propio valor.
  • Me alegro de ser quien soy con mis imperfecciones.
  • Soy humano, puedo asumir mis errores y tratar de corregirlos.
  • Cuando descubro que las cosas no me han salido bien, intento probar de nuevo.
  • Puedo lograr las cosas con un poco más de tiempo si me lo propongo.

Si nos sentimos valiosos podemos hacer cosas que nos resulten significativas e incrementen el sentido del propio valor y también nos ayudará a algo importantísimo, a persistir en la consecución de nuestras propias metas. De esta forma, no nos trataremos de forma tan severa que arrase con una buena disposición para corregir los errores cometidos o para intentar las cosas de nuevo aprendiendo de las experiencias previas.

Otro de los elementos que más enturbian la valoración de uno mismo es partir de expectativas inadecuadas. Identificarlas resulta importantísimo porque disparan rápidamente los juicios negativos. La realidad de lo que sucede es que la persona no se cuestiona acerca de si las metas que se propone soninalcanzables o inadecuadas en un momento en concreto. Lo que hace es cuestionarse a sí misma y es precisamente esto lo que despierta sentimientos de inadecuación y falta de valoración personal.

Debemos ser conscientes de que una vez que se ha forjado en la temprana infancia puede no resultar una tarea fácil modificar la autoestima

Imagínate a un niño pequeño que empieza a andar. De repente alguien le ordena: “¡Que corra!”. ¿Cómo crees que se sentirá? Seguramente se hallará desconcertado, abrumado o llorará porque no comprende por qué le tratan con tanta rudeza y exigencia cuando, por otro lado, él siente alegría y entusiasmo descubriendo las nuevas habilidades de su cuerpo. ¿Verdad que resulta absurdo? Bien, pues esto es justo lo que hace una persona con baja autoestima. Ni qué decir tiene el poder destructivo que ejerce propiciarse un mal trato así.

Otro de los componentes a corregir ocurre cuando la persona pone constantemente el foco en lo que le falta, en donde no llega, en lugar de en lo que tiene y en sus capacidades. Se mira a sí misma como carente de valorporque selecciona tendenciosamente los rasgos negativos y esto le impide reconocer sus fortalezas, su potencia, sus habilidades especiales y sus capacidades únicas y, por lo tanto, tampoco puede aceptarse como incompleta o imperfecta aunque no por ello ausente de estimación.

JOSÉ ANTONIO MARINA

Es necesario elaborar una “superciencia de la educación”, que entre otras cosas someta a crítica los conceptos psicológicos antes de introducirlos en la práctica educativa

 

Sabemos que pese a haber tenido negativas experiencias tempranas, el nivel de autoestima, alta o baja, puede modificarse. Pero debemos ser conscientes de que una vez que se ha forjado en la temprana infancia puede no resultar una tarea fácil modificarla. Saber esto ayuda a comprender la dificultad de la tarea que se acomete cuando una persona inicia un proceso psicoterapéutico y subraya, a su vez, la necesidad de persistir en el proceso de cambio. Empezar una psicoterapia es lo adecuado porque ayuda a sostener el proceso, valorando adecuadamente los logros alcanzados en cada etapa del camino y poniendo el foco en los avances.

Por lo tanto, si queremos tener una buena autoestima, hemos de concienciarnos de que es importante trabajar seriamente en ella. Debemos conocer las raíces que la nutren porque se trata de una fortaleza esencial que embellece la vida y la potencia. Nos ayuda a vivir armonizados con nuestra naturaleza humana imperfecta pero conectados con la riqueza de una profunda, sincera y agradecida estimación propia.

RAQUEL TOMÉ

 

Resultado de imagen de CÓMO CONTROLAR LAS EMOCIONES EN EL TRABAJO

Situaciones complejas, reuniones de tensión con un jefe, discusiones con un empleado, problemas personales o familiares pueden aparecer sin predecirlo en el espacio de trabajo. Como humanos, es una situación inevitable que ocurre en algún momento de la vida, que tiene como resultado el aflore de emociones que sacuden, que influyen directamente en el ánimo y productividad de las personas, pero que con un poco de inteligencia emocional se pueden controlar para saber cómo actuar de manera asertiva.

Enojo, rechazo, frustración, tristeza y rabia, son algunas de las emociones que surgen en el trabajo y debemos controlar con el fin de evitar impulsos conflictivos. Debemos ser capaces de identificarlas, aceptarlas y de ninguna manera reprimirlas o negarlas. Cuando hacemos caso omiso a esas emociones, estamos ignorando información que puede ser beneficiosa para ser mejores en diferentes ámbitos. Lo que debemos hacer es tomar distancia, observar nuestra situación, reflexionar y ver con madurez posibles decisiones que nos pueden ayudar.

En su libro “Inteligencia Emocional” el psicólogo estadounidense Daniel Goleman plantea la importancia, tanto fisiológica como social, de utilizar positivamente nuestras emociones y orientarlas hacia la eficacia del trabajo personal y las relaciones con otras personas.

Igualmente establece algunos planteamientos útiles para el mundo de las organizaciones que aconsejo tener en cuenta:

  • Las normas que gobiernan el mundo laboral están cambiando. En la actualidad no sólo se nos juzga por lo más o menos inteligentes que podamos ser, ni por nuestra formación o experiencia, sino también por el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos o con los demás.
  • Se identifica como competencia blanda el nivel de pericia para relacionarse con los demás. Y resulta paradójico que estas competencias tengan una importancia decisiva para el éxito profesional, en cualquier ámbito de especialidad, o giro empresarial.
  • El éxito profesional depende más de las competencias emocionales que de las
    capacidades cognitivas. Incluso en las profesiones técnicas y científicas, el pensamiento analítico ocupa el tercer lugar como instrumento para el éxito, después de la capacidad de influir sobre los demás y de la motivación de logro.

 

En este orden de ideas, ¿Cuándo debemos controlar las emociones?

  1. Cuando no es oportuno manifestar lo que sentimos.
  2. Cuando somos conscientes de que nuestras emociones interfieren en nuestros pensamientos y conductas.
  3. Cuando las conductas inducidas por nuestras emociones tienen o pueden
    tener consecuencias negativas.

Para Anne Kreamer, ex directora creativa de Nickelodeon y autora del libro – It’s always personal: Navigating Emotion in the New Workplace, (Siempre es personal; navegando las emociones en nuevo espacio de trabajo), sentir emociones como el enojo, frustración, miedo, ansiedad y estrés es absolutamente normal. Sin embargo, la cultura laboral que reina hoy día, impulsa a los trabajadores a reprimir sus emociones y estallar en cualquier otro lugar, menos en la oficina.

La autora, que atravesó por episodios de fuerte tensión y donde tuvo que controlar las emociones en el trabajo, aconseja “reconocer lo que estás sintiendo”; ignorar las emociones evita asumirlas y superarlas. El riesgo es convertirse en una olla a presión y estallar en el momento menos adecuado. Tampoco aconseja actuar por impulso, ya que será contraproducente responder una agresión con otra. Cuando te enfrentes a una situación que te impacta de manera negativa, debes tomarte un tiempo para analizar qué la provoca, qué te hace sentir y cuál es la mejor forma de enfrentarla”.

¿Cómo controlar las emociones en el trabajo?

Decepción

Es importante tener presente que siempre habrá problemas, pero si nos detenemos a analizar la situación, el contexto, las personas involucradas, las posibles causas de esta, podremos encontrar una mejor solución.

Enojo

Si tenemos ira, no es aconsejable hablar, ni tratar de buscar salidas. Es mejor tomarse unos minutos para respirar, salir de la oficina y retomar cuando la calma haya llegado. Cuando estamos enojados somos más impulsivos y decimos cosas sin pensar.

Envidia

Todos somos diferentes. Cada persona tiene cualidades y habilidades que la hacen única y no debemos compararnos con nadie. Esto es clave para no dañar las relaciones con los compañeros de trabajo, y por el contrario ver lo bueno y positivo de cada uno, nos ayudará a inspirarnos y ser mejores en un ambiente colaborativo.

Frustración

¿Has intentado controlar todo? Intenta no hacerlo. No hay nada que podamos controlar, y sólo nos trae frustración al no alcanzar las expectativas esperadas. Te invito a ver las situaciones que pueden no resultar como esperabas, como una oportunidad de mejorar y aprender de los errores.

Rechazo

Una buena actitud es el primer paso para propiciar un buen ambiente de trabajo. Sé tolerante con las personas que te rodean. Si sentimos rechazo por nuestros colegas vale la pena preguntarnos: ¿por qué ha ocurrido? ¿Mi actitud ha influido en ello?

Al reconocer nuestras emociones, podemos reforzar el rendimiento y las relaciones laborales. Al mismo tiempo estamos motivando a nuestro entorno a tomar decisiones teniendo en cuenta la inteligencia emocional, sin dejar que las emociones dominen nuestro comportamiento.

¿Has tenido alguna de estas emociones en tu oficina o espacio de trabajo?

 

Resultado de imagen de EL LABERINTO DEL ESTRÉS: POR QUÉ SE HA CONVERTIDO EN LA ENFERMEDAD DE ESTE SIGLO

Uno de cada seis estamos condenados a padecer algún tipo de ansiedad. El estrés ya es la primera enfermedad mental, por delante de la depresión. ¿Es evitable?

La ansiedad se ha convertido a lo largo de la última década en la primera enfermedad mental, por delante de la depresión. ¿Una epidemia del siglo XXI? Sin duda, ya que el diagnóstico de Trastornos de Ansiedad Generalizada (TAG) ha crecido exponencialmente, hasta el punto de que, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada diez habitantes del planeta sufre hoy sus síntomas.

Circunscribiendo el problema a nuestras fronteras, un tercio de los adultos españoles reconoce sentirse estresado con frecuencia y, de ellos, más de la mitad acabará desarrollando alguna enfermedad psíquica o física relacionada con tal padecimiento (ansiedad y estrés no son exactamente sinónimos: la frecuencia y gravedad del segundo puede provocar la primera). Familia y bolsillo son las dos principales causas de una zozobra que afecta particularmente a los menores de 45 años y a las mujeres (que tienen, según una reciente investigación de la Universidad de Cambridge, el doble de probabilidades de padecerla). Otro factor significativo: tener responsabilidades familiares, hijos o parientes a cargo.

La ansiedad es, en gran medida, resultado directo de nuestro estilo de vida, lo que ha hecho que el perfil de afectados por esta enfermedad se haya modificado, abriéndose en los últimos años. Aquel que piense todavía en varones de mediana edad con exitosas carreras profesionales y grandes responsabilidades a sus espaldas yerra, ya que los estudios demuestran que afecta tanto a mujeres como a hombres de distintos grupos de edad y con perfiles profesionales y vitales bien diferenciados.

“La ansiedad –informa la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés– es una emoción natural que comprende las reacciones de los seres humanos ante la amenaza de un resultado negativo o incierto. Este tipo de reacciones se producen ante los exámenes, al hablar en público, al sentirse evaluados, en situaciones sociales, o ante cualquier situación que nos resulte amenazante”. El verdadero problema se produce cuando sus síntomas ensombrecen actividades y momentos que no conllevan motivo aparente para la inquietud. La vida se convierte en una preocupación constante y desproporcionada.

LA ANSIEDAD ES RESULTADO DIRECTO DE NUESTRO ESTILO DE VIDA, LO QUE HA HECHO QUE EL PERFÍL DE AFECTADOS SE AMPLÍE

Rafael Santandreu, psicólogo y autor de best sellers de divulgación científica, como El arte de no amargarse la vida o Ser feliz en Alaska, que ya han vendido un millón de ejemplares, enfoca no tanto al contexto como a nosotros mismos: “El 95% del estrés que sufrimos nos lo provocamos nosotros con nuestros pensamientos. El problema está en que continuamente nos decimos ‘si pasase tal cosa, sería terrible’, pero otras personas en la misma situación sienten emociones diferentes. Y están bien. Ya lo dijo Epicteto en el siglo I: No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”.

Santandreu pone el acento en lo que él mismo, amigo de conceptualizaciones cristalinas, ha denominado necesititis: “Creemos que necesitamos mucho para estar bien. Nuestra sociedad produce más y más necesidades inventadas, que provocan super exigencias. Tener deseos está bien, pero convertirlos en auto exigencias, no. En la actualidad, para ser una persona mínimamente presentable tienes que tener estudios y hablar algún idioma, ser extrovertido y tener una gran vida social y muchos amigos, buena presencia, haber viajado, una casa bonita y ordenada, un buen coche… Al final, nuestra mente está llena de obligaciones, no solo para nosotros, también para los demás, que nos vuelven inflexibles y amargados”.

 

IDENTIFICACIÓN Y TRATAMIENTO
El hecho es que, según las estimaciones de los expertos, al menos una de cada seis personas sufrirá a lo largo de su vida algún tipo de trastorno relacionado con la ansiedad. Pueden ser ataques de pánico más o menos esporádicos; fobia social –el miedo persistente a una o varias situaciones sociales por temor a que resulten conflictivas y/o embarazosas–; quizá sea un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), e incluso un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). La primera clave a la hora de combatir la ansiedad, como cualquier otra enfermedad, es identificarla y tratarla en sus inicios. También normalizarla. Obvio, pero no por ello menos relevante en un país en el que la mitad de los trastornos mentales están infradiagnosticados en el nivel de la atención primaria (y eso que representan casi un tercio del total de consultas en esta área).

Después, dos son los métodos, normalmente combinados, para su tratamiento: el psicoterapéutico, practicado desde los mismos orígenes de la medicina, mucho menos invasivo a nivel físico y que en muchas ocasiones puede ser suficiente para dotar al paciente de las herramientas necesarias para mejorar su experiencia vital, y el farmacológico, con el uso de medicamentos como benzodiazepinas, ansiolíticos o antidepresivos, que juegan un papel importante en los casos (graves) en los que la terapia psicológica no avance, ayudando a reducir la tensión física que produce la ansiedad y relajando el cuerpo y la mente.

Santandreu, cuyos puntos de vista y recomendaciones también pueden leerse en su blog Escuela de felicidad, nos deja un consejo-marco para ayudarnos a prevenir los estragos de este mal tan contemporáneo: “Hay que trabajar cotidianamente para convertirse en una de esas personas que difícilmente sufren ansiedad. No se trata de no experimentar emociones negativas, por supuesto, sino de aprender a dimensionarlas, a darles su justa medida. La clave es no ‘terribilizar’ jamás y mantener un diálogo interno de personas fuertes”.

SÍNTOMAS DE LA ANSIEDAD

El Manual de Diagnóstico de Trastornos Mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) recoge los siguientes síntomas, que aparecen temporalmente –con mayor o menor frecuencia–, se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los 10 primeros minutos:

  1. Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca.
    2. Sudoración.
    3. Temblores o sacudidas.
    4.Sensación de ahogo o falta de aliento.
    5. Sensación de atragantarse.
    6. Opresión o malestar torácico.
    7. Náuseas o molestias abdominales.
    8. Inestabilidad, mareo o desmayo.
    9. Desrrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo).
    10. Miedo a perder el control o volverse loco.
    11. Miedo a morir.
    12. Parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo).
    13. Variaciones térmicas tales como escalofríos o sofocaciones.

La ansiedad ha acompañado fielmente al hombre desde el comienzo de los tiempos. Durante siglos la hemos padecido, desatendido hasta oscurecerla, estudiado tratando de comprenderla, y combatido. Jamás seremos capacesde desterrarla, luego no nos queda otra que aprender a vivir con ella, del mismo modo que hemos aprendido a vivir con los nubarrones, la oscuridad de la noche o las tormentas con sus rayos y truenos.

“La ansiedad es el vértigo de la libertad”, afirma una de las máximas de Søren Kierkegaard. En ‘El concepto de la ansiedad’, el filósofo y teólogo danés expuso lo que para él era una fuerza dual, entre la destrucción y la creatividad. Así, aquel que aprende a vivir con ella, quien es capaz de servirse de su potencial creativo minimizando la parálisis provocada por lo indefinido, ha aprendido la gran lección vital. Sin embargo, algo más de un siglo después, Marcuse hablaba –en ‘El hombre unidimensional’, uno de los ensayos más emblemáticos del pensamiento de la segunda mitad del siglo XX–, no sin cierta intención utópico-libertaria, del ideal de “vivir sin ansiedad” o, lo que es lo mismo, de la necesidad de una total emancipación del pavor existencial, un sentimiento muy representativo de aquella sociedad moderna.

 

El mapa social ha cambiado mucho desde entonces y hoy, tanto la psicología como la sociología, dibujan un contexto en el que la precariedad laboral –de la sobrecarga de tareas a la incertidumbre que provoca un mercado inestable y ultra competitivo–, la crisis de determinados modelos sociales –tanto la cultura del éxito como la inédita conciliación de trabajo y familia– y unos altos niveles de insatisfacción personal se combinan para disparar nuestra ansiedad.

“Sus causas sociales –señala la psicóloga social María Soria, coordinadora académica del Grado de Psicología de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)– son multifactoriales, pero los trastornos de ansiedad pueden verse favorecidos por estilos de vida cada vez más demandantes o exigentes. Es frecuente que una persona asuma roles que en ocasiones entran en conflicto, lo que genera la percepción de no ser capaz de atender a las demandas por estar en varias situaciones de modo simultáneo o alterno. El estilo a la hora de afrontar estas situaciones y cumplir las expectativas marca la diferencia entre experimentar momentos aislados de incomodidad o disforia del desarrollo de una sintomatología ansiosa clara desde el punto de vista clínico”. ¿Podemos blindarnos de alguna manera ante ella? “Sí, trabajar en adoptar perspectivas propias realistas con nuestras capacidades constituye la mejor protección”.

CONSEJOS PARA COMBATIR LA ANSIEDAD

Los expertos y terapeutas coinciden en señalar una serie de prácticas cotidianas que ayudan a mantener a raya nuestra ansiedad:

  1. Solicitar consejo –y ayuda– a personas de nuestro entorno más cercano, incluyendo nuestro médico de familia.
    2.Practicar ejercicios de relajación y técnicas antiestrés (de la meditación al yoga, entre los que más resultados comprobados dan).
    3. Seguir una dieta más equilibrada que aporte a nuestro sistema nervioso central glucosa y triptófano, imprescindibles para sintetizar serotonina y garantizar su óptimo funcionamiento (frutos secos, pescados azules y carnes blancas, huevos –sobre todo la yema–, frutas y verduras como naranja, kiwi, plátano, piña, aguacate, espinacas, berros o remolacha, y chocolate. Especial atención al desayuno).
    4. Fomentar el denominado positive thinking, empezando con la regla de oro para la Clínica Mayo: no reprocharse uno mismo lo que no se recriminaría a los demás.
    5. Mejorar el sueño (para lo que tanto la relajación como la alimentación son fundamentales).
    6. Practicar al menos 30 minutos de ejercicio físico diario.

RUBÍN DE CELIS

 

Resultado de imagen de LA FÓRMULA DE LA FELICIDAD: ¿AUTOCONTROL O DESPARRAME?

Para Massimo Pigliucci le respuesta para una vida plena se encuentra en el estoicismo clásico. Para Jules Evans en perder el control y entregarse al éxtasis y el misticismo

Trabajé durante varios años en Casa del Libro. Nunca dejó de sorprenderme la cantidad ingente de clientes que subían a la tercera planta de la librería en busca de tal o cual libro con la fórmula secreta para encontrar la felicidad, no amargarse la vida, atreverse a no gustar, conseguir la autoafirmación o sobreponerse a cientos de angustias existenciales más, algunas de lo más particulares. Frente a las ventas tirando a exiguas de la mayor parte de la narrativa de ficción, los libros de autoayuda se encontraban siempre en las listas de los más comprados, una prueba de que la necesidad de encontrar un rumbo, una guía, un manual de instrucciones sobre cómo actuar en la vidasigue siendo una preocupación capital hoy, más de dos mil años después de que —por poner un ejemplo— Epicteto se plantease en sus ‘Disertaciones’ «¿cuál es la meta de la virtud si no es una vida que fluye con placidez?».

Precisamente, en su columna de este martesRamón González Férriz también discurre sobre esta preocupación del ser humano insatisfecho y desorientado por adherirse a un relato que le sirva como sostén existencial, una «expresión de que vivimos angustiados, incómodos, perplejos porque no sabemos para qué sirve nuestra existencia ni por qué hay que vivirla si, al final, siempre está la muerte». Las respuestas han podido encontrarse, a gusto del consumidor, en las religiones, la mística, la ciencia hiperracionalista o la meditación, la política, las drogas o el culto al líder de la clasificación de La Liga Santander .En esta «modernidad líquida» de Zygmunt Bauman, competitiva, egocéntrica, materialista y mutante, en la que la decadencia de los absolutos deja pocos asideros estables, las preguntas de ¿cómo deberíamos enfrentarnos a la vida? o ¿cómo puedo sobrellevar la deriva al menos de una forma ordenada? nunca ha tenido tantas y tan distintas contestaciones.

El escritor y profesor de Filosofía Massimo Pigliucci propone una solución peculiar —aunque no es el primero que lo hace— en su último libro, ‘Cómo ser un estoico’ (Ariel, 2018): la respuesta a los pesares puede estar en una filosofía nacida 2.600 años atrás. Pigliucci cuenta en su ensayo cómo cuando se reencontró con las reminiscencias de las voces de Epicteto, Marco AurelioZenón de Citio, vio por fin la luz al final de la búsqueda del sentido de su vida. Porque como integrante de una sociedad obsesionada con el control de todos los aspectos de nuestra vida —incluso el paso del tiempo, indómito—, Pigliucci siguió el consejo que desde el siglo I d.C. le enviaba Epicteto y que alivió gran parte de esta carga: «debemos hacer lo mejor con las cosas que están en nuestro poder, y tomar el resto como las presenta la naturaleza» porque «tenemos una tendencia a preocuparnos y concentrar nuestras energías en aquello que no podemos controlar». ¿Se reconoce?

Epicteto dijo que «tenemos una tendencia a preocuparnos y concentrar nuestras energías en aquello que no podemos controlar»

No es resignación, no se equivoquen. Es aceptar las propias limitaciones. Tras una breve introducción a la historia de la filosofía clásica, Pigliucci ilustra con ejemplos claros y asequibles cómo una corriente de pensamiento milenaria sí puede solucionar problemas del mundo posmoderno. El estoicismo fomenta el pensamiento positivo, el rechazo a las pasiones exaltadas y el apego excesivo a los bienes materiales, promueve las bondades de la reflexión sosegada —si lo que nos diferencia del resto de los animales es la capacidad de raciocinio, deberíamos darle más uso— y de las buenas compañías, mientras censura las actitudes posesivas en las relaciones personales: «debemos disfrutar del amor y la compañía de otros seres humanos mientras podemos, intentando con todas las fuerzas no darlos por supuesto».

En ‘Cómo ser un estoico’, su autor también expone formas de enfrentarse al miedo a la muerte —»debes sobrellevar bien la enfermedad», propugna—, como gestionar la ira, la ansiedad y la soledad, y enumera una serie de «ejercicios espirituales prácticos» para acercarse lo más posible a una existencia plena y en armonía con la naturaleza y la sociedad. «No admitas el dueño en tus tiernos párpados hasta que hayas evaluado cada uno de los hechos del día: ¿cómo he errado, qué he hecho o dejado de hacer? Empieza así y revisa tus actos y entonces por los actos infames amonéstate, por los buenos alégrate«, sugiere Epicteto. En resumen: hay que ser un poco más conscientes de nuestros comportamientos e intentar abordar la vida con sabiduría, valor, justicia y templanza. Algo que parece de cajón si uno no se levantara todas las mañanas con las noticias de sucesos del telediario.

Dijo Zygmunt Bauman que la sociedad se encuentra en una «situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista» y es verdad que el pensamiento preponderante prioriza lo que puede sacar el individuo de la sociedad por encima de lo que éste puede aportarla. Una idea que también transpira el libro de Pigliocci, que pone como ejemplo digno de admiración de una estoica contemporánea como, Malala Yousafzai, la joven que recibió tres disparos cuando viajaba en el autobús escolar por criticar abiertamente en un reportaje del ‘New York Times’ la «dura represión de los talibanes contra la educación de la mujer» en Pakistán.

«¿Malala ha marcado la diferencia?», se pregunta Pigliucci. «Sí, tanto en la práctica como de modelo para otros, un buen ejemplo para los demás»

«Esta experiencia es suficiente para colocarla a nivel de [Helvidio] Prisco [ejecutado por sus críticas a l Gobierno de Vespasiano] y de muchos otros a lo largo de los siglos y en todas las culturas que se han atrevido a oponerse a la represión y la barbarie. Pero resultó que los disparos solo fueron el principio para Malala». Enfrentándose a las amenazas de muerte, Malala ha seguido reclamando la educación para las niñas, ha conseguido que Pakistán apruebe la primera ley sobre el derecho a la educación y, accesoriamente, ha sido la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz. «¿Malala ha marcado la diferencia?», se pregunta Pigliucci. «Sí, tanto en la práctica como de modelo para otros, un buen ejemplo para los demás».

Si no le convence lo que propone Pigliucci —al fin al cabo hay que esforzarse y desprenderse de los vicios para ser un buen estoico—, quizás prefiera una opción más desenfadada, como la que propone el londinense Jules Evans —investigador del Centro para la Historia de las Emociones de la Universidad Queen Mary, uno de los fundadores del London Philosophy Club y ex estoico— en su libro ‘El arte de perder el control: un viaje filosófico en busca del éxtasis‘.

Para Evans el problema y la solución a las tribulaciones del día a día moderno son muy diferentes: «nuestra mente está en constante actividad» por lo que hay que «desprenderse del yo» y entregarse al arrebatamiento. «El estoicismo insiste en que la manera de crecer es a través del autoanálisis racional y el autocontrol» y no ve con buenos ojos «el amor romántico, la embriaguez, la música y la danza, en general, que en todos casos presuponen momentos de rendición extática».

En ‘El arte de perder el control’, Evans aduce que la sociedad occidental «carece de rituales» que celebren el furor —será que no ha estado nunca en las fiestas de un pueblo— y desprecia «los estados mentales no racionales». El inglés cuenta desde su propia experiencia cómo protagonizó un avivamiento místico que le hizo plantearse las limitaciones del estoicismo y abrazar el misticismo. «Al tercer día, la atmósfera del lugar [un retiro espiritual en Gales] empezó a hacer mella en mí. Los demás asistentes eran muy amables. Su fe y su esperanza eran fortísimas. […] el sábado por la noche, mientras la música me envolvía, me vino al pensamiento la idea de que quería servir a Dios y no a mis pequeñas ambiciones mundanas. […] De pronto noté que el pecho se me llenaba de una energía poderosa que me empujaba la cabeza para atrás, cada vez más, cada vez más, hasta que casi me dolían los músculos del cuello. […] La cosa duró tres cuartos de hora, durante los cuales las oleadas de dolorosa felicidad se sucedían».

Jung creía que el inconsciente, la psique es un organismo autorregulado que busca la plenitud y la mejora de forma natural

Evans afirma que el arte puede ser tan catártico como la religión para los no creyentes; el teatro, un espacio de sueño colectivo —los sueños son la experiencia extática más frecuentes en los seres humanos y Freud decía que los sueños son la vía rápida hacia el inconsciente— o la poesía y los videojuegos como vehículos para «perdernos a nosotros mismos durante semanas enteras». «Jung creía que el inconsciente, la psique es un organismo autorregulado que busca la plenitud y la mejora de forma natural«, sentencia.

También describe cómo las sustancias psicodélicas pueden ayudar a provocar esta «experiencia mística» de disolución del yo para lograr una «conexión con una realidad trascendente (que hay quien la llama dios y hay quien no) o cómo hay que reconectar con el aspecto sagrado de la ecología para reencontrar el amor en la naturaleza. Y defiende Evans el poder del éxtasis para «motivarnos, sanarnos y liberarnos» —ideas que se ha demostrado que, aplicadas de manera literal, pueden llegar a ser muy peligrosas—.

Las propuestas de Pigliucci y Evans para encontrar la felicidad y el sentido de la vida son todo lo opuestas que pueden ser dos polos, pero tan sólo dos muestras de que en los más de 110.000 años de existencia del Homo sapiens sapiens las grandes preguntas no han cambiado demasiado. Y que quizás las respuestas al final se escondan en las anotaciones de un emperador romano del año 170 d.C o en las reflexiones de un antiguo comerciante fenicio antiepicureísta y no en el último modelo de iPhone

MARTA MEDINA