Un reciente estudio ha encontrado cómo podemos elegir la mejor opción entre las disponibles. El truco es simple y es muy probable que lo hagas a menudo

Si eres de los que tiene decenas de pestañas abiertas en la pantalla del ordenador o de los que cuando va a comprar algo se hace con un puñado de revistas para informarse, tenemos buenas noticias para ti. Bueno, más que eso, estupendas. Tener toda esa información al mismo tiempo puede ayudarte a tomar decisiones más inteligentes. Lo determina un estudio publicado en la revista ‘Organizational Behavior and Human Decision Processes’. ¿La razón? Las personas tienden a hacer mejores juicios cuando tienen todas las opciones a su disposición, a la vez, en lugar de una en una.

Los autores de la investigación, Shankha Basu y Krishna Savani, explicaron en ‘Harvard Business Review‘ que las personas tienden a hacer mejores juicios cuando tienen todas las opciones a su disposición, a la vez, en lugar de verlas de una en una.

Tener decenas de pestañas abiertas la vez en la pantalla del ordenador al mismo tiempo puede ayudarte a tomar decisiones más inteligentes

Llegaron a tales conclusiones tras realizar una serie de experimentos en los cuales se pidió a voluntarios que identificasen la mejor opción entre varias. Se les dijo que dieran una respuesta objetiva y coherente, es decir, no basada en sus gustos o preferencias personales. En una de las fases se les pidió a los participantes que eligieran la mejor opción entre varios modelos de aparatos electrónicos; en otra, se les requirió que escogiesen el mejor menú de diferentes restaurantes.

A un grupo se le presentó el conjunto de opciones a la vez y al otro, tales alternativas se les fueron enseñando una por una. ¿Qué ocurrió? Las personas que tenían todas las alternativas juntas experimentaban un 22% más de probabilidades de identificar la elección correcta, ya que les permitió llevar a cabo una comparación más completa. Así pues, ya sabes, a la hora de tomar una buena decisión, ponte las opciones delante y juntas.

Este descubrimiento puede ayudarnos en nuestro día a día, pues siempre tomamos decenas de decisiones, o mejor dicho, elegimos decenas de veces. Escogemos porque casi siempre tenemos varias alternativas y nos decantamos por una de ellas, desechando las otras y renunciando, sin apenas pensarlo, a las posibles consecuencias que pudieran derivarse de esa elección.

Aquellos a los que se les presentaban todas las alternativas juntas experimentaban un 22% más de probabilidades de identificar la elección correcta

Asimismo, todos hemos vivido situaciones en las que nos bloqueamos en la toma de decisionesPor alguna razón, escoger entre las alternativas disponibles se vuelve una tarea imposible que nos lleva a aplazar sistemáticamente la acción hasta el punto de llegar a paralizarnos. Generalmente, esto se debe a dos causas: a que la diferencia entre las alternativas sea tan sutil que cuesta posicionarse con seguridad en una de ellas, o a que tengamos un miedo atroz a equivocarnos y no nos atrevamos a reconocer nuestra decisión, aunque ya tengamos una idea de cuál va a ser. Ahora que sabemos que tener todas las opciones visibles ante nuestros ojos es lo óptimo, podemos mitigar este bloqueo.

¿De qué grupo eres?

Las personas se dividen en dos tipos en cuanto a la toma de decisiones: “Los’ maximizadores‘ (maximizers) a los que les gusta tomarse su tiempo y sopesar una amplia gama de opciones antes de elegir, y los satisfactores‘ (satisficers), que prefieren escoger rápidamente la opción que llena los criterios mínimos», explican en ‘The Wall Street Journal’.

Ambas personalidades fueron establecidas en un estudio realizado por el profesor en Psicología Barry Schwartz en la Universidad de Pensilvania. En sus palabras, “los maximizadores son personas que quieren lo mejor mientras que los satisfactores, quienes solo quieren lo suficientemente bueno».

Los ‘maximizadores’ sopesan muchas opciones antes de elegir y los ‘satisfactores’ prefieren escoger rápidamente con criterios mínimos

Inconformistas o conformistas, por simplificarlo. El hecho es que su estudio demostró que, en líneas generales, se sentían más felices los satisfactores. «Una de las cosas que la vida te enseña es que ‘lo suficientemente bueno’ es casi siempre lo suficientemente bueno,» dice Schwartz. Tras analizar los resultados del estudio, el profesor concluyó que «uno aprende que puede encontrar la satisfacción en cosas perfectamente maravillosas, pero no perfectas».

Ya saben, ojos que no ven, corazón que no siente. ¿Nuestro consejo? Una vez que hayas hecho la elección, cierra el capítulo, como harían los ‘satisficers’, pues encontrar una alternativa mejor, que no elegiste, no te servirá de nada en este caso.

  1. PALMERO

Cuando Steve Blank apareció en la portada de la revista Wired hace nueve años, se esperaba que su empresa de aquel entonces, Rocket Science Game, revolucionara la industria de los videojuegos. Y no dejaba que el escepticismo y las críticas le afectaran. “Creía que era un genio”, dice Blank. Tres meses después, cuando llamó a su madre para decirle que estaba a punto de perder USD$35 millones, ya no se sentía tan genio.

“Tuve que tomar muchas decisiones, incluyendo la de tener que renunciar”, afirma. “Aprender de aquel fracaso fue una de las mejores experiencias de mi vida”. Y sí que aprendió. En 1996, Blank fundó la startup E.piphany, que consiguió USD$1,000 millones en inversión.

De acuerdo a Blank, en los últimos 10 años la cultura emprendedora se ha convertido en ‘amiga’ del fracaso. Emprendedores seriales en el Silicon Valley pasan de un negocio fallido al siguiente, y empresarios multimillonarios como Richard Branson expone sus fracasos tanto como sus éxitos. Aun así, “a nadie le gusta fracasar”, dice Blank. “Estamos hechos para el éxito”.

¿Pero y si realmente pudieras usar el fracaso como un escalón para tener éxito? Te compartimos cinco claves para lograrlo:

  1. Llama al fracaso de otra manera
    ¿Cuándo fue la última vez que alguien fue contratado para una posición importante sin experiencia? Para los emprendedores seriales, “experiencia” es otra palabra para decir “fracaso”, según Blank. Al etiquetar un esfuerzo fallido como una oportunidad para aprender, lo estás poniendo bajo una luz positiva que te permite añadir credibilidad como emprendedor.

    2. Usa el fracaso como un escalón
    Con cada fracaso, identifica lo que sabes que hiciste mal y sé consciente de ello para no repetir tus mismos errores. Esto te llevará un paso más cerca del éxito, dice Steve Siebold, consultor que trabaja con emprendedores para crear pensamiento crítico.

“Nunca he escuchado a un empresario millonario diciendo que acertó a la primera”, dice Siebold. “Conforme más grandes son, comúnmente, más han fallado”.

  1. No fracases solo
    A la mayoría de los emprendedores les gusta iniciar su aventura en soledad. Pero si cometes un error tú solo, también será más difícil determinar qué salió mal. Tener un socio al que respetes y en quien confíes puede convertir cada fracaso en una oportunidad para colaborar. “Un buen socio puede ayudarte a determinar qué no hacer la siguiente vez”, dice Karl Baehr, director de la universidad enfocada en el emprendedurismo, Emerson College.
  2. No escondas tus fracasos
    En primer lugar, siéntete orgulloso de haber sido lo suficientemente valiente para tomar el riesgo. Al ser abierto sobre tus errores, te abres a aprender de los demás.

El mentor de Baehr, Walter Hailey, dueño de una aseguradora, tomaba un paseo diario a las cinco de la mañana con un grupo de amigos cercanos para hablar de ideas, éxitos y fracasos. “Para cuando regresaban a sus casas, tenían la solución”, dice Baehr. “Tenían un plan para resto del día”.

  1. Redefine lo que quieres
    Cambia el enfoque y la razón por los que iniciaste el negocio. “Revisa tus motivadores emocionales. Recuerda que somos creaturas emocionales y que la lógica no nos motiva”, afirma Siebold, quien lanzó cinco negocios fallidos seguidos antes de crear su firma consultora actual. Para Siebold, su motivador era llegar a ser millonario un día, meta que alcanzó a los 31 años. “Debes estar claro en lo que quieres”, dice. “La pregunta debe ser: ¿Qué tanto lo quieres”.

Jane Porter

La preocupación es un mal innecesario cuando se trata de su salud mental. Algunos lo consideran simplemente un mal hábito que puede desaprenderse con la práctica. Otros piensan que preocuparse puede servir a un propósito del cerebro que nos ayuda a aprender de las experiencias del pasado y prepararse para las nuevas. Ya sea bueno o malo, preocuparse ocupa nuestro cerebro, centrándose en un futuro incierto que no podemos controlar.

Se dice que la depresión se centra en los acontecimientos pasados ​​que desearía haber podido cambiar, y que la preocupación se centra en los acontecimientos futuros sobre los que no se tienen ningún control. También podría decirse acerca de preocuparse, que usted piensa que no tiene control sobre el futuro, cuando en realidad se puede optar por tomar medidas para ayudar a prepararse para lo que sea que le esté preocupando. En este artículo, vamos a buscar formas activas que pueden ayudar a entrenar su cerebro para dejar de preocuparse.

CÓMO ENTRENAR A SU CEREBRO PARA DEJAR DE PREOCUPARSE

  1. DETENER SU CEREBRO DE LA PREOCUPACIÓN Al ESCRIBIRLO

Cuando se está entrenando a su cerebro para dejar de preocuparse, se dice que ésta técnica es la más importante. Si su cerebro se mantiene alerta durante la noche pensando en algo, póngalo en un papel o en formato electrónico. Si lo hace, permitirá a su cerebro un suspiro mental de alivio por no tener que gastar energía tratando de recordar esos detalles. Si va a preocuparse por lo que va servir en una reunión de amigos, anote ‘¿Qué hay que servir?’

Anotarlo también es una manera de que usted ponga a su cerebro en aviso al decirle: ‘esto es lo suficientemente importante como para escribirlo‘. Su cerebro habrá sido alertado de poner recursos hacia la solución de este problema en lugar de estar preocupado o tener que recordar esa cosa importante que le preocupa.

¿Por qué escribirlo? Los investigadores ahora tienen evidencia de que los individuos con preocupación crónica también pueden ser evasores de problemas crónicos. Los científicos en la revista Anxiety, Stress & Coping dieron a un grupo de personas que se preocupaban la oportunidad de anotar tres resultados posibles para la situación por la que estaban preocupados, a continuación, se analizaron las respuestas buscando soluciones prácticas. Los científicos dijeron: ‘Cuando se observaba el grado de concreción en la elaboración de los problemas de los participantes, mostraban una relación inversa entre el grado de preocupación y el de concreción: los participantes más preocupados acerca de un tema determinado, eran menos concretos en el contenido de la elaboración de las soluciones. Los resultados desafían la opinión de que la preocupación puede promover un mejor análisis de los problemas. En su lugar, se ajustan a la opinión de que la preocupación es una respuesta de evitación cognitiva.

  1. MEDITAR PARA TENER UN CEREBRO SIN PREOCUPACIONES

La meditación puede ayudar a entrenar su cerebro para dejar de preocuparse. Investigadores en la revista Psychosomatic Medicine estudiaron los efectos de la meditación y encontraron que la meditación es especialmente buena para la reducción de la ansiedad cognitiva, o preocupación. Aunque algunas personas creen que no tienen tiempo para meditar, la meditación es tan fácil como elegir cerrar los ojos en este momento durante 30 segundos o más. El acto de elegir no prestar atención a otras fuentes de estrés es un paso activo para entrenar su cerebro para dejar de preocuparse.

Unos pocos momentos en donde se elige conscientemente evitar cualquier ruido no natural en su vida le permitirán conseguir centrarse en torno a lo que es más importante para usted, ahora y en el futuro. Los pensamientos preocupantes pueden venir a usted mientras medita, y esto es normal. Aquellos que han dominado el arte del entrenamiento cerebral para dejar de preocuparse recomiendan observar los pensamientos preocupantes cuando entran en la mente y simplemente observándolos pasan como nubes en un día ventoso.

  1. HAGA EJERCICIO PARA ENTRENAR A SU CUERPO Y SU CEREBRO PARA DEJAR DE PREOCUPARSE

La preocupación es cómo el cerebro aprende a sobrevivir con la decisión de activar el sistema de lucha o huida. Si un puma salta cerca de usted, sentirá algo como una descarga de adrenalina. Esta respuesta de miedo es lo mismo que le que está sucediendo a su cuerpo cuando usted se preocupa, aunque en un nivel mucho más bajo durante un período de tiempo más largo.

El mismo estudio en la revista Psychosomatic Medicine encontró que el ejercicio, por el contrario, es bueno para cuando su cuerpo siente síntomas de ansiedad y nerviosismo. Si su cuerpo siente menos los síntomas físicos del estrés, su mente va a interpretar que debe haber menos de lo qué preocuparse porque el cuerpo no está en un estado de aumento de excitación.

El ejercicio parece dar al cuerpo una razón secundaria para la aceleración del ritmo cardíaco y la transpiración para que lo podamos sentir en un nivel pequeño cuando nos preocupamos. El ejercicio puede ayudar a disminuir la presión arterial, que es otro de los síntomas físicos de estrés en el cuerpo. Si puede identificar que se está preocupando, de un paseo de 5-10 minutos, en el exterior si es posible. Aprecie las vistas y los sonidos de la naturaleza mientras se centra en el movimiento de sus extremidades y las respiraciones que usted toma.

Las emociones pueden ser difíciles de dominar, irrumpen en nuestra mente y pueden ser muy intensas e incapacitantes. Si no somos capaces de dominarlas podemos tener problemas de salud, conflictos en nuestras relaciones y tomar decisiones equivocadas.

Aquí es donde la inteligencia emocional entra en escena. Vamos a ver cómo podemos dominar las emociones destructivas con estos 13 sencillos consejos:

1) Conoce los factores desencadenantes.

Comienza a prestar atención a lo que te saca de tus casillas. ¿Qué personas, lugares o eventos tienden a desencadenar emociones negativas?

El miedo se puede derrotar con información. Sólo debes identificar claramente lo que te afecta y porqué te afecta.

2) Presta mucha atención cuando estés bajo estrés.

Cuando estamos estresados solemos prestar atención a todo lo que nos rodea menos a nuestras emociones. Es en estos momentos cuando tenemos que prestar más atención a lo que se cuece en nuestra mente… como si fuéramos un observador externo que se asoma al interior de nuestra cabeza.

3) Usa alguna imagen que te transmita paz.

Cuando la tensión sea alta visualiza alguna imagen que te transmita paz y te ayude a recuperar la compostura. Puedes imaginarte de pie frente a una cadena montañosa, flotando en medio de un mar excepcionalmente azul o riéndote con tus amigos o familiares.

4) Respiración profunda.

El uso de la respiración profunda es una maravillosa manera de calmar la mente. Cuando aparezcan los sentimientos difíciles simplemente cierra los ojos e imagina lo que hayas decidido en el punto 3, respira lentamente hasta que los sentimientos se calmen. Inhala y exhala al menos 10 veces hasta que recuperes la compostura.

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5) Toma el control de tu diálogo interno.

La mayor parte de nuestras emociones provienen de factores desencadenantes internos o de nuestra manera de interpretar una situación o evento. Haz un esfuerzo para centrarte en el diálogo interno que pasa por tu cabeza. Esos pensamientos pesimistas, catastrofistas, destructivos e irreales son los que te están haciendo daño.

Vete atrapándolos uno a uno, cuestiónalos y expúlsalos de tu mente. Sustitúyelos por otros más esperanzadores y positivos.

Si tu conversación interior está repleta de juicios negativos sobre ti mismo, hay que tomar medidas para cambiar tus pensamientos. Céntrate en
tus puntos fuertes y en tu capacidad para asumir las situaciones difíciles.

6) Cuida de ti.

Nuestra salud física tiene un impacto importante en cómo nos sentimos emocionalmente. Es fundamental dormir bien. Modera tu consumo de cafeína y evita las drogas y el alcohol.

La mayoría de la gente tiene que dormir 7-9 horas por noche. Menos de eso puede dar lugar a una intensa respuesta emocional que te perjudique en tu día a día.

Piensa en los niños pequeños. Cuando un niño a dormido poco está más irritable, llora y sufre más. En cambio, si ha descansado lo suficiente se porta mejor, está de buen humor y su día a día es pura felicidad. Lo mismo pasa con los adultos.

Haz ejercicio y come me una dieta bien equilibrada.

Una dieta saludable te hace menos vulnerable a una serie de males, como la falta de control de las emociones. El ejercicio te ayuda a mantener saludable el corazón y también aumenta la producción de endorfinas, las sustancias químicas cerebrales responsables de la felicidad.

7) Tómate un tiempo para resolver problemas.

Considera el problema, cuáles son las soluciones u opciones que tienes y luego sopesa las ventajas y desventajas de cada opción antes de elegir. No vayas corriendo por la vida, aprende a ser reflexivo/a.

El éxito en la solución de problemas es la clave para construir la confianza que necesitas para enfrentar los desafíos sin ceder a la desesperanza
o la impotencia.

8) Implementa el ocio y la diversión a tu rutina diaria.

A veces estamos tan estresados o desanimados que nos olvidamos de que la risa es una medicina maravillosa. Encuentra la diversión y piérdete en el entretenimiento. Busca tiempo para hacer las cosas que te gustan o simplemente disfruta de una buena película cómica.

9) Cultivar emociones positivas.

Saborea cada pequeño momento de la vida, cultiva la gratitud, céntrate en lo que aprecias y agradécelo. Cultiva el optimismo, la bondad hacia los demás (esto te hará realmente feliz) y encuentra el significado a tu vida (haz algo que merezca la pena).

10) Practica la atención plena.

Mediante la meditación aprendemos a ver. Hacemos las cosas sin fijarnos, por pura inercia. La atención plena pretende que seas consciente de cada pequeña acción que realizas y aprendas a saborearla.

11) Habla con personas de confianza.

Tener por lo menos dos o tres personas entre familiares y amigos de confianza con quien compartir sus más íntimos pensamientos y sentimientos.

12) Ayudar a otros en circunstancias similares.

Puedes ayudar a otros a que tomen nuevas perspectivas de sus situaciones problemáticas. Esto te servirá de catarsis y autoaprendizaje para manejar tus propias emociones.

13) Considera la posibilidad de hacer terapia.

Si las emociones negativas interfieren gravemente con tu día a día es señal de que necesitas ayuda de un profesional.