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Los expertos distinguen dos categorías: las básicas y las superiores. Las últimas se activan dependiendo de nuestra edad, nuestros recursos y nuestra forma de ser.

Los expertos distinguen dos categorías: las básicas y las superiores. Las últimas se activan dependiendo de nuestra edad, nuestros recursos y nuestra forma de ser.

El ser humano ha buscado su felicidad desde tiempos inmemoriales. Lo ha hecho de diferentes maneras, tratando siempre de satisfacer sus necesidades, pero la respuesta sigue siendo un misterio. Propongo un ejercicio al lector: preguntarnos qué es lo que nos mueve en la vida. Para algunos, la respuesta será completar una intensa agenda que le evite sentirse solos; para otros, consistirá en conseguir la estabilidad en el trabajo. Cualquier opción responde a nuestras necesidades de fondo. Es interesante conocerlas para que nos ayuden a entender por qué hacemos lo que hacemos y por qué no siempre nos sentimos felices. Una situación que nos lleva a aguantar en una relación de pareja o a sufrir porque alguien no nos responde como esperamos.

Los psicólogos llevan más de un siglo analizando qué nos mueve en nuestra búsqueda de la felicidad. Han propuesto diversas teorías. Una de las más sencillas es la que sugieren Anthony Robbins y Cloé Madanes, que distinguen seis necesidades agrupadas en dos tipos. A las cuatro primeras las consideraron básicas. A las otras dos, superiores. Estas últimas se activan dependiendo de nuestra edad, de nuestros recursos y de nuestra forma de ser. Veamos cuáles son esas necesidades:

Seguridad. Necesitamos sentirnos protegidos, cómodos e incluso controlar todo aquello que nos rodea. Es una sensación que compartimos con otros mamíferos. El grado de preocupación por estas cuestiones depende de cómo seamos. Unas personas tienen un nivel de exigencia menor y a otras les molesta cualquier cosa que se escape al mundo que conoce. Aquí podemos incluir a las personas quisquillosas o a aquellas que son muy controladoras y que intentan sentirse seguras a toda costa.

Variedad. La curiosidad es innata al ser humano. Hacer siempre lo mismo, llevar la misma ropa o comer lo mismo nos aburre profundamente. Por eso necesitamos romper nuestra monotonía. La búsqueda de la variedad está relacionada con disfrutar de todo aquello que nos resulta novedoso. Esta necesidad se opone a la necesidad de sentirnos seguros, aunque ambas pueden ser complementarias. Una vez más, dependiendo de cómo seamos, un cambio en la empresa nos puede llevar a emocionarnos (necesidad de variedad) o a agobiarnos (de seguridad).

Relevancia. Todos necesitamos sentirnos importantes, únicos y especiales de alguna manera. Es una necesidad básica, pero, una vez más, el grado y la forma en la que la desarrollamos depende de cada uno de nosotros. Para algunas personas, la relevancia social supone una motivación de fondo para acaparar poder a cualquier precio, aunque para ello tenga que pisar a todo aquel que se ponga en su camino. Otros, en cambio, utilizan esta necesidad para alcanzar logros que beneficien a los demás.

ConexiónLas personas necesitamos sentirnos parte de un grupo, ya sea la familia, los amigos o un equipo de fútbol. Es una necesidad básica e íntima: la de pertenencia. La creación de lazos con otras personas es básica en los seres humanos. Esta necesidad es opuesta a la de relevancia. Esta dualidad es el motivo por el que muchas personas, cuando son ascendidas en su trabajo, se enfrentan a un conflicto: asumir poder y dejar de formar parte del grupo.

Desarrollo. Hay quienes luchan por un determinado puesto o por tener cierta situación financiera, pero, cuando lo alcanzan, se dan cuenta de que no les satisface tanto como esperaban. Esto sucede porque no se cumple alguna de las dos necesidades superiores, como el desarrollo o la contribución, que veremos a continuación. El desarrollo no nos hace sentirnos importantes, sino que nos ayuda a progresar, a aprender continuamente y a crecer tanto a título personal como emocional.

Contribución. La última necesidad es la de ayudar. Servir o facilitar que otros se desarrollen. Es la motivación más elevada y responde a la necesidad de contribuir a una causa positiva para terceros. Este punto puede vislumbrarse de formas muy diversas: podemos contribuir como padre o como madre; dedicarnos a la enseñanza para ayudar a los demás; liderar un grupo de personas para que desarrollen todo su potencial; defender un legado o buscar la trascendencia en la conexión con la naturaleza.

La conclusión de Robbins y Madanes es clara: todos, en algún momento, buscamos las cuatro primeras necesidades. Sin embargo, solo las dos últimas, denominadas superiores, nos ayudan a alcanzar la felicidad. Una situación que se traslada también a los jefes y a los líderes, que solo crearán contextos para desarrollar sus equipos y contribuir a una causa superior en la medida en que dediquen su energía a las necesidades superiores, las de desarrollo y contribución. Y si piensas en ti, ¿qué es lo que realmente te mueve?

PILAR JERICÓ.

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Los grandes triunfadores tienen una determinación feroz que actúa de dos maneras

El éxito no proviene del talento, sino de un conjunto de habilidades que hace que determinadas personas no cejen en su objetivo

¿Qué tienen en común las personas que triunfan? Es una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez. Angela Duckworth, profesora de la Universidad de Pennsylvania, también se la formuló. La investigadora estadounidense además intentó responderla. Para eso analizó las características de los triunfadores. Tomó patrones en diversos colectivos: deportistas de élite, empresarios exitosos o estudiantes. Llegó a la conclusión de que, de partida, el éxito no provenía del talento, ni de la educación, ni de la inteligencia, sino de un conjunto de habilidades que hace que determinadas personas no cejen en su objetivo, como les sucede a los cadetes de West Point, la academia militar más antigua de Estados Unidos.

Duckworth estudió a los cadetes que consiguieron terminar sus estudios militares. El proceso de selección para entrar en la institución es rigurosísimo. Cada año se presentan más de 14.000 candidatos para un total de 1.200 plazas. Los elegidos tienen notas extraordinarias y unas actitudes físicas inigualables. Sin embargo, uno de cada cinco cadetes abandona la formación. Este dato evidencia un error en la selección inicial. La mayor parte de las bajas se producen después de las primeras siete semanas de entrenamiento del primer año, llamadas bestiales por su dureza. Muchos psicólogos han intentado explicar qué características compartían ese 20% de alumnos que abandona West Point, con la intención de reducir el porcentaje. No dieron con la clave hasta que Duckworth ofreció una respuesta.

Los grandes triunfadores tienen una determinación feroz que actúa de dos maneras. Por un lado, muestran una fortaleza y una tenacidad extraordinarias. Por otro, saben, a un nivel muy profundo, lo que quieren en la vida. En palabras de Duckworth, “no solo tenían determinación, sino que además sabían adónde querían llegarEsta combinación de pasión y perseverancia era lo que distinguía a los grandes triunfadores. Poseían grit”.

Grit es un concepto que Duckworth puso de moda a partir de 2016 gracias a su magnífico libro El poder de la pasión y la perseverancia. En español, el concepto equivaldría a la determinación, el espíritu de sacrificio, a ponerse el mundo por montera. O a una mezcla de todo ello. Como reconoce la propia autora, es algo más que todos los adjetivos anterioresincluso existe la posibilidad de medir nuestro grit. Duckworth ha desarrollado una escala testada en diversos países y que en la actualidad se emplea en centros formativos en Estados Unidos. La escala se apoya en 10 afirmaciones que miden la pasión y la perseverancia (la encuesta en inglés se puede rellenar en este enlace y se encuentra traducida en su libro).

Nuestro grit no guarda ninguna relación con los genes. Por ejemplo, una investigación realizada en el Reino Unido en pares de gemelos adolescentes determinó que la pasión correspondía a factores genéticos en un 20% y la perseverancia, en un 37%. Este hallazgo significa que la mayor parte de nuestra capacidad grit se debe a experiencias personales, a cómo las hemos vivido o a cómo las expresamos. En definitiva, el grit se puede desarrollar si entrenamos la pasión y la perseverancia.

La pasión no es entusiasmo, que es habitual, sino la obsesión que nos acompaña hasta que alcanzamos un objetivo. En la medida que nos concentremos en nuestros proyectos sin distraernos con nuevas ideas, estaremos entrenando nuestro grit. Mientras que la pasión nos enfoca hacia la meta, la perseverancia y la constancia nos permite acabar aquello que comenzamos a pesar de las dificultades. Si somos capaces de no rendirnos ante los reveses o de despertar nuestra determinación, según la ciencia de la superación personal, tendremos más posibilidades para triunfar en aquello que nos propongamos.

PILAR JERICÓ

 

Resultado de imagen de "TRABAJO EN ALGO QUE NO ME GUSTA Y ALEJADO DE LO QUE ESTUDIÉ. ME SIENTO PERDIDO"

Un lector nos cuenta sus inquietudes acerca del futuro laboral y personal, pues cree que tiene más potencial del que logra aprovechar, pero no sabe por dónde tirar

«Buenas tardes. En primer lugar, agradecerle el trabajo que están realizando con este consultorio. He leído varios posts de este blog, ya que estoy pasando por un momento en el que siento que no consigo enderezar mi vida. Estoy algo perdido, creo que camino sin rumbo, tanto a nivel profesional como a nivel personal.

Normalmente, cuando me posee el desánimo entro en una espiral de pensamientos pesimista, donde veo todo bastante negro y no quiero tener relación con nadie. No acepto consejos, veo a todos como unos traidores. He sido una persona bastante responsable, he seguido el guion. Todo mi entorno me decía: ‘Estudia una licenciatura y conseguirás un buen trabajo’. Tengo 32 años, y actualmente tengo un trabajo que a nivel salarial sería de un diplomado, pero no me gusta y se le aleja bastante de lo que estudié. Pensaba que el logro profesional no era algo importante, de tal forma que realicé varias actividades fuera del trabajo: deporte, baile, conciertos, idiomas, natación… es decir, tenía una vida social para suplir mi deficiencia en el trabajo. Pero luego abandoné todas las actividades y no pude continuar con ninguna de ellas.

Desde que salí de la carrera, no he sabido a qué dedicarme. Estudié economía, pero odiaba un poco el mundo de las empresas, consultorías y bancos. Después de pasar por varias becas formativas, terminé trabajando en el área de encuestas para programar análisis sobre datos. Creo que tengo buenas capacidades analíticas, aunque no me gusta programar, aparte de que avanzo lentamente, amén de que no me veo en este trabajo en los próximos años. Siempre he tenido inquietudes, y creo que las tengo: me gusta estar informado, pero todo aquello que empiezo lo acabo abandonando (me pasa hasta con los libros que leo, muchos de ellos no los termino). Tengo la sensación de saber muchas cosas, pero ninguna de ellas en concreto. Soy bastante difuso, siempre lo he sido.

Me siento abandonado por mis compañeros que no veo desde el final de la carrera, la cual terminé con la mejor nota de toda la facultad. Me voy alejando de las personas que conocí. He intentado empezar de nuevo numerosas veces, pero no sé cómo hacerlo. He pensado volver a estudiar, pero creo que no tiene sentido. He deseado en numerosas ocasiones no haber tenido la libertad de elegir aquello que estudiaba, porque al final creo que he arruinado mi vida. Tengo buenas capacidades y no las estoy utilizando. No sé si mis opiniones políticas han tenido algo que ver en todo esto (mis opciones están escoradas a la izquierda). Me interesan muchas cosas, pero a la sociedad no; solamente quieren que sea bueno en una cosa y que hagas mucho ‘networking‘ de conveniencia y enfocado a las pretensiones de los demás. Me gustaría que me ayudasen. Gracias de antemano».

Hola. Gracias a ti por seguir la sección. Voy a contarte algunas ideas de autores que trabajan en estos temas esperando que te puedan dar algunas pistas.

La primera es recordarte que cuentas con un don que puede resultarte muy útil: tu capacidad de autoanálisis. Hablas de ti mismo con lucidez y valentía, sin ahorrarte críticas. Y no te amilanas ante la conclusión de que no te gusta tu vida actual. El psicólogo Howard Gardner, autor del libro ‘La inteligencia reformulada: Las inteligencias múltiples en el siglo XXI‘, denominaba a la capacidad que tú muestras «inteligencia intrapersonal». Hay personas que pueden comprenderse a sí mismos con lucidez, accediendo a toda su propia gama de sentimientos y pensamientos. Tú eres de esos individuos, y esa inteligencia intrapersonal te va a permitir abordar tus estados de ánimo a calzón quitado, sin esconderte. Y ese es el primer paso para la apertura al cambio.

Hay personas que pueden comprenderse a sí mismos con lucidez, accediendo a toda su propia gama de sentimientos y pensamientos

También creo que hay mucha perspicacia en tus análisis sociales. Por ejemplo, pones sobre la mesa la alienación laboral que supone la presión para especializarnos. Muchos investigadores estudian actualmente las consecuencias de esta tendencia. Hay una evidente, de la que tú te quejas: la falta de estimulación intelectual que supone hacer siempre lo mismo. Un grupo de científicos del University College de Londres publicaron un estudio que «demostraba que el aburrimiento mata» (ese fue al menos el titular amarillista con el que se publicó). Sus autores partieron de una encuesta realizada entre funcionarios en la que se medía los niveles de tedio que estos padecían en el trabajo. Después, averiguaron cuántos estaban vivos una década después. Y llegaron a una sorprendente conclusión: los que se mostraban más aburridos en la encuesta tenían un 37% más de posibilidades de haber fallecido. Los científicos lanzaban la hipótesis de que su monótono trabajo era uno de los factores que les había hecho perder motivación vital.

Para aquellos que (¿quizás como tú?) tienen Motivación de Exploración, el tedio laboral sirve como «sensación de alarma». Ayuda a detectar una desmotivación que, como me cuentas, puede trasmitirse al resto de la vida. Empezar y dejar numerosas actividades es un síntoma característico de no conseguir enganchar con nuestra propia motivación, por eso te aconsejo que le des una vuelta a este tema. Además, parece que también se ha generalizado a las relaciones personales, que asimismo analizas con valentía. Esa sensación de falta de confianza en los demás por culpa de las decepciones («Veo a todos como unos traidores», me dices) ya la hemos tratado en otro post de este Consultorio.

Los efectos de la alienación laboral que estamos viviendo tiene consecuencias: una encuesta reveló que aumenta la mortalidad

En fin, parece que estás ante uno de esos replanteamientos vitales de los que hemos hablado en otros artículos. El psicólogo Erik Erikson te puede dar un contexto para enmarcar tu momento de replanteamiento particular. Según este autor, la vida consiste en ir resolviendo una serie de crisis. Su objetivo es el equilibrio entre dos alternativas. Esos momentos suponen tensiones inevitables porque se corresponden con elecciones que no podemos obviar, pero necesitamos encontrar nuestra opción para avanzar.

Hay dos crisis que son habituales en tu etapa vital. La primera es la de la dicotomía Identidad/Confusión de Roles. Cuando empieza la madurez, nos sentimos desconcertados por los repentinos cambios que sufrimos nosotros y los que nos rodean. Y eso nos hace plantearnos el futuro de nuestra personalidad. Por lo que cuentas en tu email, quizás estés ante esta bifurcación vital. Por una parte, trasmites que eres consciente de que fomentar tu propia identidad te lleva a ser fiel a ti mismo, pero te hace correr el riesgo de quedarte solo. Por otra parte, sabes que adoptar la estrategia de tener diferentes papeles según con quién estés para optimizar tu «networking social» puede tener como coste la falta de una identidad clara. Es posible que necesites tomar una decisión en este sentido y aceptar los pros y los contras de tu opción.

Cuando empieza la madurez, nos sentimos desconcertados por los repentinos cambios que sufrimos nosotros y los que nos rodean

Otra de las crisis nos pide decantarnos entre dos alternativas: capacidad de creación por un lado, estancamiento por el otro. Erikson la denomina crisis de la generatividad, de la necesidad de seguir haciendo cosas frente al impulso rutinario de la búsqueda de seguridad. Por un lado, está tu necesidad de salir del hastío y ser más creativo. Por otra parte, sabes que necesitas cierto grado de estancamiento. La madurez es una etapa en que descubrimos el placer de crear una estructura de vida, construir una arquitectura vital que no necesite ser renovada continuamente. El equilibrio entre estas dos facetas es, según Erikson, fundamental. Y creo que te vendría bien, también, encontrar tu opción en este sentido y avanzar a partir de ella.

Espero que esto ayude en tus análisis. Pero en lo que concuerdan muchos psicólogos es en la necesidad de que empieces a actuar. Es el viejo adagio tantas veces repetido: «¿Qué tomas para ser feliz? Decisiones». Has analizado lo que te sucede, ahora empieza a cambiarlo. Para eso, tienes que recuperar el control interno, la sensación de que tú llevas las riendas de tu vida. Y eso se consigue mediante pequeñas acciones, no con palabras.

Los psicólogos James Prochaska y Carlo Diclemente elaboraron un modelo para explicar cómo se llega realmente a un cambio vital. Según estos autores, pasamos por una serie de etapas. La primera es la «Pre-contemplación», en la que negamos nuestros problemas. La segunda es la «Contemplación»: somos conscientes de nuestra necesidad de cambio y nos planteamos la posibilidad, pero aún sin un compromiso estricto. Después viene la fase de la «Determinación», en la que ya estamos preparados para la acción y empezamos a verla como inminente… ¿Es posible que tú te encuentres en esa etapa?

Habrá altibajos emocionales, y será necesaria una fase de mantenimiento para que tu nueva vida se convierta en un hábito

La siguiente fase, la de la «Acción», supone realizar pequeños actos que nos llevan a recuperar el control interno. Ahí nos reencontramos con la sensación de que variando ciertas cosas conseguimos que nuestras sensaciones de alarma (tristeza, ira, abulia…) empiecen a remitir. Es, por ejemplo, la etapa en la que las personas empiezan a buscar proactivamente otro trabajo enfrentándose a entrevistas de selección, van a psicoterapia, mejoran su casting emocional abriéndose a nuevas amistades tratando de aprender a querer en profundidad, se replantean su sexualidad y se abren a la posibilidad de un compromiso real de pareja o cambian de casa mudándose a otro barrio u otra ciudad.

Prochaska y Diclemente nos recuerdan que esa no es la última etapa del cambio. Después habrá altibajos emocionales, tendrás momentos de recaída en la falta de motivación y será necesaria una fase de mantenimiento para que tu nueva vida se convierta en un hábito. Pero todo camino empieza por un primer paso: hay que empezar por pequeñas acciones que tendrán un efecto alud en tu estado de ánimo. Tu lucidez es un factor necesario para el cambio, pero no suficiente. Como recordaba Eduardo Galeano, «Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos».

Psicoterapeuta y divulgador. Intento echar una mano. A veces ayudando a la persona a cambiar la forma de procesar lo que le está sucediendo. Otras veces ayudándola a cambiar lo que le está sucediendo. Creo que el 90% de lo que nos preocupa no va a suceder nunca; que el humor y la ira son dos grandes recursos psíquicos infravalorados y que es buena táctica hacer un buen “casting” del prójimo antes de que los sentimientos nos atonten. Mi método se basa en que cada persona es (al menos) un mundo. Y en los momentos de crisis, cada persona es muchos mundos. Por eso aunque los síntomas sean universales, hay que buscar problemas y soluciones particulares.

LUIS MUIÑO

 

 

Este proceso psicológico, llamado motivación, nos impulsa a alcanzar una meta y a mantener una conducta determinada para lograrlo. Es como la chispa interna que nos pone en funcionamiento. Nos da fuerzas para buscar, y utilizar, los recursos que necesitamos, hasta alcanzar lo que nos hayamos propuesto.

¿Cómo mantenerte motivado?

La motivación y la disciplina, por lo general, van mano a mano ya que sin la motivación es, casi imposible, llegar a ser disciplinado.

La disciplina es la voluntad y el compromiso de hacer lo que hay que hacer. Sin disciplina nuestra vida estaría en una situación caótica. Piensa en las cosas que haces a diario o semanalmente y que necesitas para mantener tu vida correctamente: hacer las tareas domésticas, tu higiene personal, pagar facturas, dormir… Sin todas estas cosas, ¿qué aspecto tendría tu vida?

Si no tienes autodisciplina tu vida puede llegar a ser un lío colosal. Unos malos hábitos muy arraigados y una mente indisciplinada pueden impedir el logro de tus sueños. Sin algún tipo de motivación interior o exterior es poco probable que desarrolles la disciplina que necesitas.

10 ideas para estar más motivado

1) Sé consciente de tu diálogo interno.

Escucha lo que te dices desde que te despiertas hasta que te acuestas. Los mensajes que nos mandamos a nosotros mismos pueden hacernos sentir capaces de conseguir lo que nos proponemos o echar por tierra todos nuestros planes. Aumentar la confianza en uno mismo, la seguridad y mejorar el estado de ánimo puedes lograrlo teniendo un diálogo interno positivo. ¿Has empezado alguna vez el día diciéndote lo estupendo/a que eres? Prueba.

2) Piensa si lo que has planeado hacer, realmente quieres hacerlo.

Cuando podemos elegir una meta a alcanzar, es conveniente pararse a pensar si esa meta la hemos elegido porque queremos o porque quieren los demás. A veces asumimos tareas que creemos nuestras cuando, realmente, provienen del entorno: “Deberías”, “tienes que”, “haz esto que es lo más conveniente”… Con el tiempo, nos damos cuenta de que nos hemos estado obligando a hacer algo para lo que, ya, no estamos motivados.

Si no has elegido tú la meta pero “tienes” que alcanzarla, lo mejor es que seas consciente de la actitud que tienes hacia ella. Una actitud negativa sería como pisar el freno y el acelerador a la vez…y tener prisa por llegar.

3) Define la meta y desglósala en pequeños objetivos.

Es importante que lo que te propongas sea realista y alcanzable. Ayuda mucho escribir la meta de manera clara y precisa para, después, fijarte tareas (objetivos) que te acerquen a ella.

Divide la meta en pasos pequeños y céntrate en ellos cada día. Recuerda que si no completas los pasos que has creado no cumplirás tu objetivo.

4) Levántate, no te quedes esperando.

Si sabes qué es lo que quieres conseguir y lo que tienes que hacer para ello…actúa. Aunque haya días que no tengas mucha energía y ánimo, muévete. Fíjate en lo que llevas recorrido y no sólo lo en lo que te falta por recorrer. Puedes empezar el día con lo menos costoso, o desglosar las tareas en otras más pequeñas. Eso sí, comprométete a finalizarlas.

5) Equivocarse o caerse en alguno de los obstáculos NO es un fracaso.

Pensar que todo tiene que ir perfecto y que no hay cabida al error es, sin duda, el primer tropiezo de tu camino. Si algo no sale bien, o como esperabas, puedes pensar que todo es horrible o aprender del error para corregirlo y seguir adelante. No somos máquinas, sino personas, y los errores y fallos nos muestran el camino que no hay que coger para poder tomar uno mejor.

6) Felicítate por los logros que vayas consiguiendo.

Parece que tenemos la costumbre de castigarnos cuando hacemos algo “mal” y pasamos por alto todo lo que hacemos “bien” y logramos. Celebra los objetivos que vas dejando atrás y regálate, de vez en cuando, un capricho como premio. Te aseguro que sienta muy bien.

7) Centrarte en los beneficios.

Piensa unos minutos con cada tarea que hagas en el beneficio que recibirás. Es crucial contar con algún tipo de recompensa en mente para obtener y mantener la motivación.

8) Utiliza la visualización.

Imagina una gran pantalla de cine en la que proyectan una película en la que tu eres el protagonista. En la película ya has logrado tu sueño y tu admiras desde tu butaca lo feliz que te sientes y los beneficios que te reporta. Recrea la película con todo lujo de detalles.

9) Inspírate.

Lee libros motivadores de los grandes maestros y ve películas inspiradoras. Intenta relacionarte con aquellas personas que comparten tus objetivos o ya los han logrado.

10) Todos los días revisa tu motivación y tus objetivos.

Sería bueno que empezases un diario y que apuntases todo lo relacionado con tu objetivo. Registra tus esperanzas, sueños, dudas y victorias.

Uno de los factores del éxito es la autodisciplina. Recuerda que la autodisciplina sin motivación es muy difícil.

Nuria Álvarez

Pocas cosas son tan costosas y perjudiciales como el hecho de perder a un buen elemento. Aquí te las contamos.

Es increíble la frecuencia con la que se escucha quejarse a los dueños de una empresa debido a la partida de sus mejores empleados, y bueno, realmente tienen algo de qué quejarse.

Los jefes tienden a justificar sus problemas con el volumen de trabajo en torno a sus negocios, ignorando el verdadero punto en cuestión: la gente no abandona sus puestos de trabajo, abandonan a sus jefes.

Lo más triste es que esta situación puede evitarse fácilmente. Todo lo que se necesita es una nueva perspectiva y un esfuerzo adicional por parte del gestor.

Las organizaciones saben lo importante que es tener a sus empleados motivados y comprometidos, pero la mayoría no logra responsabilizar a los supervisores para que esto se haga realidad.

Cuando no lo hacen, el resultado final se ve afectado.

La investigación de la Universidad de California junto con un estudio del Consejo de Liderazgo Corporativo a más de 50.000 personas, muestra que un empleado motivado es 31% más productivo, tiene más ventas en un 37% y es tres veces más creativo que los empleados que están desmotivados. Además, es menos propenso en un 87% a renunciar.

La investigación de Gallup muestra que el 70% de la motivación de un empleado es influenciada por su líder. Por lo tanto, echemos un vistazo a algunas de las peores cosas que hacen que los buenos empleados empaquen sus maletas y renuncien.

  1. Sobrecarga de trabajo

Nada desequilibra tanto a los buenos empleados como la sobrecarga de trabajo. Es tan tentador dar trabajo extra a aquellos que lo hacen bien, que puede resultar una trampa. El exceso de trabajo es desconcertante para los empleados; les hace sentir como si estuvieran siendo castigados por un gran rendimiento.

El exceso de trabajo incluso es contraproducente. Una investigación reciente de Stanford muestra que la productividad disminuye bruscamente por hora cuando la semana de trabajo excede las 50 horas, y disminuye tanto que después de 55 horas nadie logrará seguir trabajando.

Si aumentas la cantidad de trabajo para tus empleados, también deberías aumentarles el sueldo o subirlos de puesto. Los buenos empleados son capaces de asumir cargas de trabajo más grandes, pero no se quedarán en tu empresa si eso los sofoca durante el proceso.

Los aumentos y ascensos son formas aceptables y justas de aumentar la carga de trabajo. Si lo único que aumenta es el trabajo y nada cambia, buscarán otro empleo que les dé lo que se merecen.

  1. No reconocer las aportaciones del empleado ni recompensar el buen trabajo

Es fácil subestimar el poder de una palmadita en la espalda, especialmente con los que están intrínsecamente motivados. A todos nos gustan los elogios, mucho más a aquellos que trabajan duro y lo dan todo.

Los líderes necesitan comunicarse con su personal para averiguar la cosas que los hace sentir bien (para algunos, puede ser un aumento, para otros, el reconocimiento público) y recompensarlos por su trabajo.

  1. No contribuyen en el desarrollo de las habilidades personales

Cuando se pregunta a los gerentes acerca de la falta de atención a sus empleados, ellos tratan de excusarse, usando palabras como «confianza», «autonomía» y «empoderamiento». Lo que resulta una completa tontería. Los buenos líderes dirigen, no importa que tan talentoso sea el empleado. Ellos prestan atención, están dispuestos a escuchar y ofrecen retroalimentación.

Si tienes un empleado talentoso, tienes la tarea de  buscar áreas en las que ellos puedan mejorar y ampliar su conjunto de habilidades. Los mejores empleados requieren de retroalimentación en comparación con otros menos talentosos, por lo que es tu trabajo que ellos la obtengan. Si no lo haces, se aburrirán y no será suficiente.

  1. No se preocupan por sus empleados

Más de la mitad de las personas que abandonan su trabajo lo hacen debido a la relación con su jefe. Las compañías inteligentes se aseguran de que sus líderes sepan cómo equilibrar el ser profesional con el ser humano.

Estos son los jefes que celebran el éxito de su empleado, son los empáticos con aquellos que pasan por tiempos difíciles y son los que los desafían incluso cuando están tristes.

Los jefes que no cuidan estos aspectos siempre tendrán altas tasas de rotación. Es imposible trabajar para alguien más de ocho horas al día cuando no están involucrados personalmente y no se preocupan por nada más que por su rendimiento y producción.

  1. No cumplen con lo acordado

Hacer promesas a la gente te coloca en la delgada línea que se encuentra entre hacerla muy feliz o verla salir por la puerta. Cuando creas un acuerdo, estás en la mira de tus empleados, con ello demuestras si eres digno de confianza y honorable (dos cualidades muy importantes en un jefe).

Pero cuando evades tu compromiso, quedas como una persona irrespetuosa. Después de todo, si el jefe no honra sus compromisos, ¿por qué deberían hacerlo los demás?

  1. Contratan y promueven a las personas equivocadas

Los buenos empleados quieren trabajar con profesionales que tengan ideas afines a ellos. Cuando los jefes no contratan al personal adecuado, surge un desmotivante para los que trabajarán junto a ellos. Promover a las personas equivocadas es aún peor.

Cuando promueves a alguien sin razón sólo para que esté contento, es un insulto masivo para los demás empleados. No es de extrañar que los buenos elementos se vayan.

  1. No permiten que la gente persiga sus pasiones

Los empleados talentosos son apasionados. Proporcionarles oportunidades para perseguir sus pasiones mejora su productividad y satisfacción en el trabajo. Pero muchos jefes quieren que sus empleados trabajen dentro de una pequeña caja. Temen que disminuya la productividad si permiten que la gente expanda su enfoque y persiga sus pasiones.

Este temor es infundado. Existen estudios que muestran que las personas que son capaces de perseguir sus pasiones, al mismo tiempo que están en el trabajo, logran un estado de ánimo eufórico que es cinco veces más productivo en comparación con la norma.

  1. No propician la creatividad

Los buenos empleados buscan mejorar todo lo que tocan. Si bloqueas su capacidad de cambiar y mejorar las cosas porque lo único que te interesa es su statu quo, lograrás que odien su trabajo. Enjaular su deseo innato de crear no sólo los limita, te limita a ti también.

  1. No desafían a las personas intelectualmente

Los grandes jefes desafían a sus empleados a lograr cosas que al principio parecen inconcebibles. En lugar de establecer objetivos mundanos, o metas de alcance, intenta establecer objetivos elevados que impulsen a la gente a salir de su zona de confort.

Los buenos líderes hacen todo lo que esté en sus manos para ayudarlos a alcanzar sus metas y tener éxito. Cuando las personas talentosas e inteligentes se encuentren haciendo cosas que resulten demasiado fáciles o aburridas, buscarán otros trabajos que desafíen su intelecto.

Hazlo todo

Si quieres trabajar con los mejores y que permanezcan en tu empresa, debes pensar en el trato que les brindas. Los buenos empleados son un hueso duro de roer, y su talento les da múltiples opciones. Debes lograr que quieran trabajar para ti.

Travis Bradberry –

 

Conectar con la misión de la empresa permite fidelizarnos como empleados

Aunque la mayoría de las personas trabajan para ganarse la vida, más de la mitad busca tener un impacto en la sociedad, de acuerdo con los resultados de una encuesta de Adobe. Sin embargo, no es fácil ver cómo está incidiendo nuestro trabajo en el mundo o encontrarle un verdadero sentido, más allá de la repercusión económica que se percibe por él.

Las personas, especialmente los jóvenes, buscan contribuir -con su trabajo- a mejorar la vida de otros. Así lo asegura Valorie Burton, fundadora del Instituto de Coaching and Positive Psychology (CaPP). Pero ¿cómo encontrar ese sentido al trabajo? Un artículo publicado en Fast Company ha recopilado las siete formas que podemos usar para darle sentido a aquello a lo que le dedicamos ocho horas diarias.

  1. ¿A qué le das valor? Elizabeth McCourt, fundadora de McCourt Leadership Group, explica que antes de saber dónde buscar, hay que conocer qué es lo que consideramos importante. «Para algunas personas es aventura, para otras es la libertad, el dinero o la familia», señala. Una vez esté claro lo que es significativo para uno mismo, será más fácil dirigir nuestra motivación hacia ese camino.
  2. Cambia tu modo de pensar. El siguiente paso es modificar la forma en la que afrontamos el trabajo diario, alejando los pensamientos negativos y enfocándose en aquellos aspectos que nos gustan, disfrutamos y de los cuales aprendemos.
  3. Hacer una lista de “a favor y en contra”. Lisa N. Bertrand, coordinadora de la ética jurídica en la Facultad de Derecho de la Universidad de Hofstra, recomienda describir, enumerar y clasificar aquellos aspectos que nos satisfacen, de los que no, en el trabajo. El objetivo es conocer mejor la forma y estrategia que sigue la empresa en cuanto a su misión y saber qué aspectos compartimos con ella.
  4. Trabajar en la pasión. No hay nada más satisfactorio que enfocarse en aquello que se disfruta. La pasión por un trabajo es uno de los componentes más buscados por las empresas, ya que llevan consigo un alto nivel de compromiso, motivación y positividad.
  5. Explorar la filantropía de la empresa. ¿La compañía apoya una causa social? ¿emprende en soluciones que mejoran la calidad de vida de las personas? Conocer estos datos permitirá vincularse a la organización y recrearse en aquellos aspectos que sean importantes para nosotros, como la solidaridad.
  6. Tomar distancia. Reflexionar sobre nuestro bagaje profesional, ver lo que hemos avanzado y aprendido y conocer las distintas formas de trabajo, culturas y ética que siguen las empresas, aunque pertenezcan al mismo sector, permite darse cuenta de detalles que pueden haber sido pasados por alto, en relación a nuestro desarrollo personal.
  7. Celebrar los triunfos. Encadenar varias misiones u objetivos está bien para el avance profesional, sin embargo, hay que tomarse un tiempo para disfrutar de los logros, renovar las energías y encarar los nuevos retos con más ánimo y entusiasmo.