Cómo ser más productivo cuando estás teletrabajando para evitar ...

Con el paso de las semanas y el calor puede que te sientas más aletargado e ineficaz, es fundamental que sigas estas pautas para no sufrir ‘burnout’

Después de más de tres meses teletrabajando podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que parece haber llegado para quedarse. Muchas empresas, antes del confinamiento, ya habían planteado comenzar progresivamente a realizarlo, y el coronavirus obligó a que los planes se adelantaran. Según una encuesta realizada hace poco tiempo por Bain & Company, el 68% de los trabajadores españoles afirma ser igual o más productivo trabajando en remoto. Lo que más gusta de teletrabajar es evitar los desplazamientos (86% de los encuestados en otra muestra), aprovechar más el tiempo (63%) y madrugar menos (51%). La conciliación familiar y laboral (44%), poder comer comida casera (31%) y disfrutar de más tiempo libre (19%) son otros de los aspectos que más les gusta a los empleados de trabajar desde casa.

Aunque empresas como Google y Facebook ya han extendido las políticas del teletrabajo hasta finales de otoño o principios del año que viene, en realidad, algunos expertos aseguran que, lo más probable, es que en el futuro el trabajo sea un modelo híbrido y mixto, con trabajos por turnos y mayor flexibilidad (horaria y espacial, en lo referente al lugar de trabajo). Aquellos que no están tan de acuerdo con trabajar en casa explican que no todo es tan idílico como podría parecer: el intercambio de ideas entre compañeros es fundamental para potenciar la creatividad, así como la sociabilidad, y también aseguran que en algunos casos la productividad puede verse afectada así como los horarios.

Las personas que sufren de ‘burnout’ viven una situación de estrés continuado tal en el trabajo que les desmotiva e incapacita laboral y socialmente

Puede que seas un defensor del teletrabajo porque has conseguido conciliar tu vida familiar y laboral o creas que estás haciendo un gran favor al medioambiente sin usar el coche, pero es innegable que, por mucho que digan las encuestas, la productividad puede verse afectada en algunos momentos. No solamente porque estamos hablando de una situación que no habíamos vivido antes y a la que nos hemos tenido que acostumbrar de la noche a la mañana, sino porque como dicen los expertos, las sinergias y los intercambios de ideas entre compañeros en según qué trabajos parecen muy importantes para poder seguir siendo productivos, y las videoconferencias a veces, simplemente, no son suficientes.

Si ya vas notando que hay semanas en las que no puedes concentrarte en casa (especialmente con el calor) y en las que no te sientes en absoluto productivo, quizá podrías estar experimentando cierta quemazón o ‘burnout’. Las personas que sufren de burnout viven una situación de estrés continuado tal en el trabajo que les desmotiva e incapacita laboral y socialmente. Porque estés en casa no implica que no estés al pie del cañón (en algunas ocasiones incluso puede costarte más desconectar), y si te notas agotado e ineficaz, quizá podrías estar mostrando síntomas.

El intercambio de ideas entre compañeros es fundamental. A veces, el teletrabajo puede afectar la productividad y los horarios

¿Qué hacer entonces? «Hay una serie de pautas que puedes y debes seguir aunque trabajes desde casa», explica la psicóloga María Senra, responsable de Recursos Humanos. Cumplir tus tareas desde tu propio hogar no significa que todo vale, y ella establece unas rutinas necesarias que deberías comenzar desde ya para evitar que la cosa vaya a más.

«Lo más importante es que te organices para cumplir un horario y empezar siempre a tu hora. Debes cumplir esos horarios que te establezcas para conseguir tus objetivos, eso significa que no puedes parar a mitad para ir a tomar un café, salir a comprar o ir a dar un paseo», explica. «También es fundamental ducharse y vestirse, o por lo menos quitarse el pijama para sentir que estás en la oficina. Hemos visto muchos ‘memes’ graciosos de gente teletrabajando desde la cama o con el pijama puesto, pero no es lo ideal».

Despeja la mesa, que la zona de trabajo sea individual, haya buena luz y no haga ni mucho frío ni mucho calor y no trabajes en pijama

Además, la psicóloga insiste en que, dentro de la rutina, también es vital hacer pausas. «Si tienes hijos, intenta mantenerlos entretenidos. Sabemos que este es un momento complicado con los niños en casa y sin poder ir al colegio, pero el entorno es fundamental y debes sentir que tienes un espacio para ti. Despeja la mesa, que la zona de trabajo sea individual, haya buena luz y no haga ni mucho frío ni mucho calor… parecen obviedades, pero hay una gran cantidad de personas que no lo cumplen».

También indica que debes intentar comenzar la mañana, cuando estás más despejado y activo, para quitarte el trabajo que más te cuesta (y lo más urgente) e ir dejando lo menos importante para el final, cuando el paso de las horas te haga estar más aletargado. «Por último pero no menos importante, aprende a desconectar. La gente que teletrabaja tiende a no desconectar porque al final han tenido que convertir su hogar, que estaba concebido para el ocio y el descanso, en su oficina, pero eso es importante intentarlo cuando acabas y distraerte», concluye.

ADA NUÑO

 

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Organizar y planificar son aspectos clave para que el teletrabajo sea posible ya que los niños funcionan con rutinas

La suspensión de la actividad escolar y el reciente estado de alarma, provocados por la irrupción del coronavirus, han obligado a empresas y a autónomos a instaurar la modalidad de teletrabajo.

Si trabajar desde casa tiene sus ventajas, también tiene inconvenientes, como que no es tan fácil centrarse en nuestras obligaciones cuando estamos confinados con niños en casa.

Si en el día a día la organización es fundamental, con niños es imprescindible. Ahora, en estas circunstancias tan especiales, la técnica general es aplicar las mismas medidas para todos, niños y mayores, ya que al fin y al cabo, todos vamos a teletrabajar.

  1. Horario: el mensaje que ha calado estos días entre los escolares es que no están de vacaciones, sino que se enfrentan a una situación nueva en la que tienen que continuar con su estudio. Para el teletrabajo es fundamental estar mentalizado. Por eso, depende de la actividad que se realice, pero tener un horario y hacer un orden del día son herramientas clave.
  2. Espacio de trabajo: destinar un rincón para trabajar es prioritario. No hace falta que sea muy grande, pero a poder ser, que sea luminoso, cálido, y lo más agradable posible, para que invite a trabajar. Es importante que los niños respeten el espacio de trabajo de sus padres, y entiendan que deben comportarse cuando sus padres están en ese espacio. Además, los propios niños han de tener un lugar de estudio, para que entiendan cuándo se está jugando y cuándo “en clase”.
  3. Material a punto: para ponerse manos a la obra, y evitar movimientos y ruidos innecesarios, es imprescindible preparar y tener a mano todo lo que se va a necesitar. Esto no lleva mucho tiempo, pero es importante precisamente para no perderlo. Al final se trata de ser previsor y analizar un poco la tarea o labor que se va a desempeñar durante la jornada. De nuevo, organización mezclada con un poco de responsabilidad y buen hacer.
  4. Ambiente: en la atmósfera debe reinar el silencio. Un entorno relajado y tranquilo hace que se trabaje mejor. Una gran aliada es la música clásica que ayuda a la concentración, y es un truco eficaz para evitar charlas entre unos y otros. Esto no se consigue de un día para otro, y depende mucho de las edades de los niños, pero es importante trabajarlo. Un ambiente adecuado invita al respeto y al silencio, fundamental para la concentración.
  5. Descansos: son fundamentales y deben estar preestablecidos en el horario. Si son recomendables para los adultos, ¡qué decir tiene cuando hay niños! Pausas breves que ayudan a desconectar un poco de lo que se está haciendo y que refrescan la mente para retomar después con más energía el trabajo. Puede ser el momento perfecto para resolver dudas y evitar interrupciones continuas. Una forma de mejorar la productividad, y de nuevo, crecer en respeto hacia el trabajo de los demás.
  6. Paciencia: sabemos que son tiempos difíciles y complicados. Por eso hay que tener una dosis extraordinaria de calma y ánimo mientras esperamos, en casa, a que todo esto acabe.

 

POR RRHHDigital,

 

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Saber optimizar el tiempo permite ‘hacer más con menos’

A pesar de que, a menudo, las personas disponemos de los mismos recursos, algunas, saben a aprovecharlos de una manera más eficiente. Saber gestionar nuestro tiempo, herramientas disponibles y habilidades personales, nos va a permitir destacar en cualquier ámbito de nuestra vida.

Un artículo publicado en Fast Company ha revelado los seis trucos que utilizan las personas que tienen altos niveles de productividad. Y es que eficiente con nuestro tiempo y herramientas permite marcar la diferencia.

  1. Rutina matutina

Del mismo modo que las fábricas que trabajan en cadena usan un sistema de repetición, con el fin de mejorar los rendimientos de tiempo de los empleados, preparar una secuencia durante nuestra rutina diaria va a permitir una mayor optimización de nuestro tiempo.

La consistencia y la rutina son útiles ya que generan proactividad. Así al menos lo reconocen algunos empresarios de éxito como Gary Vaynerchuk, quien recibió el negocio familiar de vinos tras acabar la carrera e hizo que su volumen de negocio aumentara en 50 millones de dólares en 5 años. «Empiezo mi día consumiendo información”, asegura Vaynerchuk quien señala que dedica un tiempo a leer noticias, informes y revisar el correo electrónico y sus redes sociales. Después, acude al gimnasio y regresa a casa para conectar con su familia, antes de que comiencen el día, con la primera reunión.

  1. Priorizar entre taras

Aprender a diferenciar entre las tareas importantes y urgentes permite, por un lado, anticiparse a posibles crisis, y por otro, establecer una jerarquía entre lo que es “delegable” y lo que no.

Una clave que siguen algunos empresarios como Gary Keller, fundador de Keller Williams Realty, es la de identificar la tarea más importante y reservarle las primeras cuatro horas del día para centrarse en ella. «La clave es el tiempo. El éxito se construye secuencialmente. Una cosa detrás de otra«, señala al tiempo que recomienda preguntarse qué tarea es la que, independientemente de su importancia, va a permitir que se agilicen otras.

  1. Crear un planning

Planificar las tareas va a permitir que la sensación de agobio, a primera hora de la mañana, cuando aún queda todo por hacer, desaparezca. Esto implica dar un paso más allá en la jerarquía de las tareas, ya que supone posponer y priorizar trabajos en tiempos más largos.

Crearse un calendario de actuación va a hacer también que nos fijemos plazos de finalización en tareas que pueden ser susceptibles de extenderse en el tiempo.

  1. Pensar en minutos y no en horas

Fijar plazos concretos para determinadas tareas es otra de las cosas que permite aumentar el rendimiento. Las personas productivas eliminan la posibilidad de que el paso del tiempo no esté programado. Por ejemplo, Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal, divide su tiempo en periodos de 15 minutos, lo que permite prescindir de los tiempos en blanco. Vaynerchuk también marca su programación ya que, según explica, “cada minuto cuenta”. De hecho, asegura que ha tenido, y sigue teniendo, “reuniones de tres y cuatro minutos”.

  1. Desconectar el correo

Evitar las distracciones es un punto importante a la hora de mejorar la concentración y el correo es una de ellas. De hecho, un reciente estudio de Adobe encontró que la persona pasa un promedio de 7,4 horas por día laborable en el correo electrónico. Por tanto, hay que evitar la tentación de querer leer un email que acaba de entrar y, para ello, lo más eficaz es desconectar las notificaciones y establecer una rutina de revisión de dos o tres veces al día.

  1. Cuidar la salud

Sin duda, si uno no está sano no puede ser productivo. Por ello, los grandes líderes sacan tiempo para liberar la mente y cuidan el cuerpo haciendo deporte y manteniendo una dieta sana y equilibrada, con el fin de reservar energías suficientes para llevar a cabo su trabajo diario

 

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Antes de que empiece a fallar (aunque seas joven) sigue estas estrategias avaladas por la medicina que demuestran que no hay por qué resignarse a perder recuerdos

El deterioro del hipocampo, una reducción del riego sanguíneo o un déficit hormonal pueden llevar a un desgaste progresivo de la memoria a medida que nos vamos haciendo mayores. El mantenimiento de esta no se basa solo en realizar ejercicios mentales con el objetivo de mejorarla. Para mantener los recuerdos existe también una base fisiológica que hay que cuidar también.

Y es que, es normal que con los años nos vayamos volviendo más despistados. Los lapsus y la dificultad para evocar acciones pasadas son bastante frecuentes. Lo difícil viene cuando estos problemas aumentan de una manera exponencial. Especialmente hay que estar atentos a señales como cambios de comportamiento, confusión, desorientación, disminución de la salud física o incontinencia, según explica la médico especializada en tercera edad Elaine Healy en ‘U.S. News’.

Antes de que tu memoria empiece a fallar -aunque todavía seas joven- existe una serie de estrategias avaladas por la medicina y que demuestran que no hay por qué resignarse a perder recuerdos por culpa de la edad. Cabe destar que si se trata de un problema de demencia, como el alzhéimer, debes recurrir al médico.

Elimina tus problemas

En muchas ocasiones los problemas de memoria tienen que ver con ciertas causas que el médico puede ayudar a paliar. Los principales enemigos de los recuerdos son la depresión y la ansiedad, ya que el estado de ánimo es vital para que queden bien fijados en nuestra mente. De hecho, los estados mentales relacionados con la tristeza acaban impidiendo que la memoria a corto plazo funcione correctamente.

Vigila tu presión arterial

Los problemas relacionados con una presión arterial alta que no ha sido tratada a tiempo están relacionados con la capacidad para almacenar y procesar recuerdos. Algunas demencias y deterioros cognitivos leves tienen, de hecho, su base en esta enfermedad.

Cabe destacar que la hipertensión afecta a casi el 40% de los adultos, y en los ancianos alcanza el 70%, según datos de la Fundación Española del Corazón. Es una dolencia grave que afecta al cerebro, llegando a provocar infartos cerebrales (ictus o accidente vascular cerebral isquémico). También afecta a los riñones, lo que puede desembocar en una insuficiencia renal. Y, por supuesto, al propio corazón, pudiendo producir insuficiencia coronaria y angina de pecho. En el peor de los casos, puede provocar la dilatación (aneurisma) o ruptura de la aorta.

Sal a correr

Hacer ejercicio de manera habitual, en particular deportes aeróbicos (‘running’, ciclismo, natación, remo…), mejora la memoria, según un estudio publicado por la Universidad de British Columbia. Estas actividades parecen tener repercusiones directas sobre el hipocampo, el área del sistema nervioso más comprometida para la memoria verbal y el aprendizaje, pudiendo aumentar su tamaño.

De manera directa, este entrenamiento aumenta el flujo sanguíneo, reduce la resistencia a la insulina y estimula los factores tróficos, un conjunto de sustancias de naturaleza proteica que junto con las hormonas y los neurotransmisores desempeñan una función fundamental en la comunicación interneuronal.

Los problemas de hipertensión -que no han sido tratados a tiempo- están relacionados con la capacidad para almacenar y procesar recuerdos

Además, indirectamente, los deportes aeróbicos mejoran los estados de ánimo, reducen el estrés y mejoran el sueño. Todas ellas son condicionantes para conseguir una memoria óptima, como hemos explicado anteriormente.

La dieta mediterránea

Sea como fuere, la dieta mediterránea está presente en casi todos los consejos de vida saludable. Esta forma de comer que llevamos por bandera en España, Italia y Grecia aumenta la longevidad y hace que se registren menos casos de la enfermedad de Alzheimer.

¿Eres una de esas personas que nunca recuerda los nombres de la gente que te han presentado? Pon atención a estas formas de recordarlo siempre

 

Y no lo decimos nosotros, un estudio llevado a cabo por dos universidades australianas señala que las dosis de frutas, verduras y pescado presentes en esta dieta, combinadas con el consumo moderado de carne roja y azúcares, arrojan evidencias de que la memoria y la atención se ven mejoradas.

Busca nuevos retos

Aunque pueda sonar inservible, tener ‘hobbies’, como jugar a la videoconsola, al dominó o completar pasatiempos, tiene efectos de cara a mantener ciertas habilidades cognitivas pasada una determinada edad.

 

Cualquier momento de la vida es bueno para adquirir un nuevo conocimiento o incluso un segundo idioma. Ya sea desde un punto de vista intelectual o práctico, cuanto más alejada esté la nueva competencia de lo que estamos acostumbrados, más a prueba pondremos a nuestro cerebro y más lo ejercitaremos.

El neurólogo del Vanderbilt Medical Center Allen Sills recomienda en ‘Men´s Health’ realizar actividades como intentar utilizar la mano izquierda si eres diestro y al contrario. “Cuando usas la mano no dominante, activas y conectas diferentes regiones cerebrales que estimulan nuevos recuerdos”, señala.

 

  1. SÁNCHEZ

 

 

 La era digital ha traído consigo multitud de avances, principalmente de tiempo. Los procesos productivos y de trabajo se han agilizado, sin embargo, hay ocasiones en que el tiempo no parece avanzar o resulta insuficiente. Por ello, Edith Gómez, editora en Gananci ha dado con las 9 claves que permiten optimizar los recursos y mejorar los plazos de entrega de proyectos o del tiempo en la realización de tareas.

Son muchas las técnicas que se pueden aprender en Gananci para el manejo del tiempo. Edith Gómez ha revelado algunas de ellas para lograr una mayor eficiencia tiempo laboral.

  1. Repaso de tareas.Gómez recomienda hacer una lista de tareas, con todo lo que se debe hacer durante la semana, y dejarlas reflejadas por escrito para poder revisarlas y reorganizarlas, lo que lleva al segundo paso.

 

  1. Establecer prioridades.Tras haber enumerado las cosas que se debe y quiere hacer, es el momento de priorizarlas. Hay que plantearse, por tanto, cuestiones como «¿Qué es más importante?» «¿Hay algún trabajo cuyo plazo de entrega es corto o que se pueda dejar para el final de la semana?» Al responder estas preguntas, se podrá jerarquizar de una mejor forma esa lista.

 

  1. Planificación semanal.El tiempo es muy valioso y cada cosa requiere un momento. Por ello, Gómez sugiere planificar la semana y establecer el plan de acción, en función de esas prioridades marcadas, calculando el tiempo -de forma estimada- que conllevará su realización. «Procura cumplir estos horarios, pues, de lo contrario, empezará la acumulación de tareas», advierte la editora de Gananci, que señala además que «establecer horarios de acción» traerá también tiempos de descanso.

 

  1. Equilibrio en el tiempo de desconexión.Gómez señala la importancia de «establecer un equilibrio entre la vida laboral y personal» como clave del éxito y aconseja incluir espacios para dedicarse a los «hobbies» personales «y a cualquier otra actividad de crecimiento personal» que se quiera realizar.

 

  1. Bloquear las distracciones.Uno de los principales problemas en cuanto al manejo del tiempo es la gran cantidad de distracciones que se tiene. En consecuencia, hay aprender a evitarlas para no perder tiempo en cosas no productivas. Por ejemplo, el móvil y las distintas redes sociales, aunque son muy provechosas en varias situaciones, pueden ser una gran fuente de distracción, por ello Gómez recomienda apagar las desactivar las notificaciones y silenciar los dispositivos.

 

  1. Organización de recursos.«Para el manejo del tiempo es indispensable ser organizado -explica Gómez- así que, antes de empezar con alguna actividad es importante ordenar el espacio de trabajo y buscar los materiales que se vayan a necesitar».

 

  1. Descubrir el asistente ideal.Existe un sinfín de formas que puedes utilizar para gestionar el tiempo. Hay quienes prefieren métodos tradicionales y optan por una agenda de papel, mientras que hay quienes eligen herramientas digitales. La decisión dependerá de la persona y del método con el que se sienta más a gusto.

 

  1. Evitar el multitasking.Otro de los grandes problemas de la modernidad es el muy conocido multitasking. Esto consiste, en breves palabras, hacer más de una actividad o tarea al mismo tiempo, sin embargo, Gómez advierte que hacerlo reduce la productividad y genera desconcentración.

 

  1. Aprender a decir ‘no’.Dentro de los problemas del manejo del tiempo está aceptar más de lo que se puede manejar. Es fundamental aprender a decir que ‘no’ cuando realmente se esté ocupado. «La idea no es ser grosero o irrespetuoso, sino aprender a establecer límites», concluye la experta.

Desde hace siglos, hemos dividido nuestro tiempo en horas. Sin embargo, cada vez está más de moda desmenuzar los 60 minutos en otras unidades mucho más pequeñas

Hace apenas unos días que se ha publicado, y se ha convertido ya en uno de los grandes virales de la autoorganización de los últimos años. Una breve entrada de la página ‘Wait But Why‘, escrita por Tim Urban, se ha convertido en un fenómeno gracias a su peculiar propuesta para estructurar los horarios diarios. ¿De hora en hora? ¿En bloques de media hora? Nada de eso. Lo que Urban propone es dividir el día en fragmentos de 10 minutos para sacar el máximo partido a cada uno de ellos.

El cálculo es muy sencillo. Si quitamos las siete u ocho horas que dormimos al día (o que, mejor dicho, deberíamos dormir), nos quedan 16 o 17 horas. Es decir, 960 o 1.020 minutos al día, que redondeando se quedan en unos 1.000 minutos por jornada. Esa es la medida de nuestra vida, sugiere la entrada del blog. En lugar de establecer 16 o 17 bloques, lo que debemos hacer es dividir nuestros 1.000 minutos entre 10 y, así, obtendremos unos 100 bloques de 10 minutos. “Eso es de lo que dispones cada día”, explica el autor.

Cocinar requiere tres bloques y pedir comida, ninguno: tú decides en qué empleas tu tiempo

“A lo largo del día, empleas 10 minutos de tu vida en cada bloque, hasta que finalmente te quedas sin ellos y es hora de meterte en la cama”, propone. Es una revolucionaria manera de organizar el tiempo, puesto que desciende a unidades mucho más pequeñas de las que estamos acostumbrados. Es más, el autor anima a que los lectores organicen su tiempo en función de la siguiente cuadrícula, que se puede descargar desde su página web (o desde aquí):

El objetivo de este cuadrante es doble. Por una parte, debe servirnos para colorear cada uno de los cuadrados con aquello que consideremos más importante, como si fuese nuestra nueva agenda. El autor propone varios ejemplos: cocinar suele requerir tres bloques (es decir, una media hora), mientras que pedir comida por teléfono no requiere ninguno (algo discutible). ¿Qué prefieres, perder tiempo en cocinar o dedicar eso a otra cosa? Otro ejemplo: pongamos que tomar una copa con un amigo cuesta alrededor de 10 bloques (una hora y 40 minutos; a alguno le dará tiempo a tomarse dos o tres). La pregunta que debemos hacernos es “¿con qué frecuencia quieres utilizar estos 10 bloques para ese propósito, y con qué amigos?”.

En resumidas cuentas: ¿qué bloques son innegociables y cuáles deberían ser más flexibles? Esta forma de organización nos permite dejar unos cuadrantes vacíos en los que no hagamos nada, y que alivien la estricta organización del resto de la jornada. Según Urban, el cuadrante nos permite separar el grano de la paja y extraer lo mejor del día.

El empleo del tiempo

Como hemos dicho, el cuadro de 10×10 tiene otra función: rellenar uno nuevo una vez el día haya terminado con lo que de verdad hemos hecho y compararlo con aquello que habíamos planeado hacer. De esa manera, podremos ser mucho más realistas la próxima vez que diseñemos nuestro cuadrante. La pregunta que debemos hacernos es: “¿en qué se diferencian los dos cuadros, y por qué?”.

¿No pasa este sistema por alto que somos seres humanos y no robots y, por lo tanto, que nuestro rendimiento fluctúa continuamente?

Esa es la base del sistema propuesto por Urban, que puede verse como una consecuencia más de la imparable aceleración del tiempo propuesta por el profesor Hartmut Rosa. Recordemos que, hasta hace apenas unos siglos, en la sociedad campesina, el tiempo estaba vinculado ante todo a los ciclos de salida y puesta de sol. El amanecer era el momento de ponerse en marcha y el anochecer marcaba el final de la jornada. La sociedad industrial ordenó por primera vez el día en función de las horas, una unidad discreta y necesaria para controlar las incipientes jornadas laborales del nuevo trabajador urbano.

Hoy en día, nuestro tiempo está organizado en horas. La jornada laboral semanal se estipula en horas (40 o 36, pero no 20 horas y media, por ejemplo), las clases universitarias o del colegio suelen durar una hora (aunque sean de 55 minutos y se descanse durante cinco), las agendas del teléfono móvil dividen el día de hora en hora, y los actos oficiales, conferencias u otros eventos suelen organizarse en función a las horas en punto (o, como mucho, a la media hora).

Todo ello tiene un sentido claro: la hora es la medida estándar del día. Sin embargo, propuestas como la de ‘Wait But Why’ muestran que la tendencia es a desmenuzar el día aún más. Seguro que al lector se le han ocurrido una larga serie de reservas respecto a este sistema. Por ejemplo, ¿no tardamos mucho más en organizar nuestro día de 10 minutos en 10 minutos, consiguiendo el efecto completamente opuesto al buscado? ¿No es agobiante que haya tan poco margen de error? ¿No pasa este sistema por alto que somos seres humanos y no robots y, por lo tanto, que nuestro rendimiento fluctúa continuamente, y que pretender que siempre estamos igual de activos es una utopía? ¿No es el mejor estímulo de la creatividad precisamente el no hacer nada, dejar la mente vagar? ¿Qué ocurre con las ocho horas que pasamos en el trabajo?

El primer comentario del artículo, el que más ‘me gusta’ ha recibido, resume bien este problema: “Aunque aprecio el autoanálisis e intentar mejorarse a uno mismo, me preocupa que esta clase de ‘micromanagement‘ sea un reflejo de nuestras inclinaciones capitalistas hacia los productos y la producción”, advierte un usuario llamado Jacob Yu. “Puede haber algo de valor en vaguear sin haberlo planeado, sin analizarlo y sin criticarlo”. Que se lo digan a Andrew Smart, que advirtió en su libro ‘El arte y la ciencia de no hacer nada’ (Clave Intelectual) sobre nuestra ansiedad por hacer cosas continuamente y el culto a la productividad, una de las consecuencias más claras de esa acuciante sensación de que cada vez tenemos menos tiempo para hacer nada.

H.G.B.