Qué es la resiliencia y por qué debemos fijarnos en Japón

El país nipón tiene una filosofía de vida que explica que, frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices

Corría el mes de marzo del año 2011. Un tsunami y un terremoto habían asolado Japón dejando a su paso 15.893 muertos y más de 2.000 desaparecidos. Las imágenes en televisión mostraban a un pueblo herido que no se permitía llorar, todo el mundo habló de la capacidad de los japoneses de mantener sus sentimientos a raya, enterrados en la superficie, y en la capacidad de no quedarse fijos y estancados, sino de moverse como el agua. La resiliencia, dirían ahora.

Es una de las palabras de moda, y sin duda si has tenido recientemente una entrevista de trabajo, los ‘gurús’ y los expertos te habrán recomendado fomentarla y desarrollarla si era necesario. La resiliencia es, según la psicología, la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido o un accidente. Una manera de adaptarse positivamente a las situaciones adversas.

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido o un accidente

En un mundo competitivo como el que nos ha tocado vivir, sin duda parece algo fundamental: la capacidad de salir victorioso mientras los demás se hunden en el fango. Ver oportunidades y estrategias allá donde los demás solo ven desgracias y confusión. Por supuesto, la resiliencia puede practicarse y desarrollarse, y por ello si indagas un poco en internet encontrarás miles de consejos de cómo actúan las personas con estas características.

Pero, volviendo a los japoneses, ¿por qué son considerados en general un pueblo con este don? El daruma, amuleto japonés que podemos encontrar en muchos templos, es un buen ejemplo de ello. Se trata de un amuleto motivador que muestra a la perfección el carácter de un pueblo que ha sido llevado a su límite en muchas ocasiones y que, sin embargo, siempre cae de pie. Podría tratarse de un objeto que nos trajese suerte cuando lo portaramos, sin embargo, no funciona así: nos obliga, en cierta manera, a buscarnos nuestra suerte para conseguir nuestro objetivo; nos motiva y nos da fuerzas para trabajar duro y conseguir nuestros propósitos.

La técnica centenaria del Kintsugi explica que, frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices

No es nada raro intentar buscar tu propia suerte en un país superpoblado, donde el trabajo duro es fundamental si quieres destacar en la vida. Al ser altamente sísmico, pues se ubica en el cinturón de fuego del Pacífico, ha vivido terremotos memorables como el mencionado en 2011 o el Gran Terremoto de Kanto de 1923, que dejó una cifra total de 105.385 personas muertas. Así se entiende, quizá, que continúen practicando la técnica centenaria del Kintsugi: reparar las piezas de cerámica rotas en lugar de tirarlas. Una filosofía de vida que explica que, frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices.

Quizá suene extremo, pero de nuevo no hay que olvidar que se trata de un pueblo que no quiere lamerse sus heridas sino aceptarlas, a menos que lamerlas sirva para volverse más fuerte. En un discurso de radio de 1945 realizado por el emperador Hirohito, (que luego se llegó a considerar algo así como una deidad viviente) llamó a los japoneses a «soportar lo insoportable y sufrir lo que no es soportable» mientras la nación se preparaba para la humillación de la rendición incondicional y el colapso económico al final de la Segunda Guerra Mundial. Y por supuesto, se trata de algo cultural que se enseña a los niños desde bien pequeños: Nana korobi ya oki, dice la frase, o “siete veces te caes, ocho veces te levantas”. Es importante volver a intentarlo y no rendirse. Un mensaje muy ‘Disney’ que, en algunas ocasiones, puede crear cierto estrés o frustración en los individuos (no hay que olvidar que el país tiene una tasa de suicidio elevada en comparación con otras naciones y está entre las más altas del mundo).

El emperador Hirohito en 1945 llamó a los japoneses a «soportar lo insoportable y sufrir lo que no es soportable»

No obstante, pese al fatalismo implícito en su carácter, es importante mencionar que la resiliencia les ha ayudado siempre a evolucionar. Por poner unos ejemplos: la reconstrucción de Tokio después del terremoto de 1923, y nuevamente después del bombardeo de 1945 por la Fuerza Aérea estadounidense, la transformó en una ciudad moderna, e Hiroshima no solo se reconstruyó, sino que se reinventó por completo. Y tras el desastre de Fukushima en 2011 se detuvieron todas las plantas de energía nuclear y se aumentó la inversión en energía solar.

La filosofía budista viene a explicar que hay una serie de desastres y triunfos inevitables en el ciclo de la vida, que son más grandes que el propio individuo. Desde hace algunos años, el turismo de ‘desastre’ se está poniendo de moda en el país nipón, y Rikuzentakata, una pequeña ciudad en el noreste de Japón que quedó casi borrada por el tsunami en 2011, es destino frecuente para los viajeros. Según cuenta en un reciente artículo en ‘BBC‘ , Akehiro Okamoto, que organiza ‘turismo de esperanza’ (una especie de antónimo de ese turismo del desastre) es importante tener ambos, como el ying y el yang: «Los japoneses aceptamos con resiliencia lo que nos sucede y los golpes que nos da la vida, y quizá por eso olvidamos fácilmente. Las experiencias nos han ayudado a estar unidos, pero es importante ver las dos caras: el desastre y cómo hemos resurgido de nuestras cenizas. Si olvidamos rápido, corremos el riesgo de volver a caer en los mismos errores», concluye.

  1. N.

 

Los síntomas más raros de padecer de estrés crónico: ¿tienes ...

La ansiedad tiene diversas formas de manifestarse. En cualquier caso, siempre existen remedios para cada una de ellas que pueden mejorar la situación

Los trastornos mentales como el estrés o la ansiedad son cada vez más frecuentes entre la población española. Y más ahora, después de haber pasado más de dos meses y medio encerrados en casa. Tanto es así que los expertos ya han advertido de la posibilidad de una nueva pandemia después de la ocasionada por el coronavirus: la que tiene su foco en la salud mental a raíz del encierro.

Como es lógico, volver a la normalidad no va a ser fácil. Y lo será aún más para aquellos que habrán sufrido un aislamiento más severo. Los psicólogos ya hablan del ‘síndrome de la cabaña’, el cual define a aquellos que sienten cierto miedo de retomar la interacción social después de pasar tanto tiempo solos. Todos ellos, junto con los que ya padecían ansiedad y estrés antes de la cuarentena, pueden ver agravada su situación en esta nueva normalidad que vamos a encarar desde ya.

Al experimentar muchas emociones a la vez como ira, frustración, soledad o miedo, tu yo interno puede verse amenazado y desestabilizado

En otros artículos hemos hablado de las técnicas para reducir todo lo posible el estrés en tu vida cotidiana. Hoy hablaremos sobre los síntomas físicos que puede ocasionar el hecho de sentir ansiedad, ya que aunque muchas veces no experimentemos los nervios que caracterizan a esta patología, esta puede verse exteriorizarse de múltiples maneras. La revista ‘The Healthy’ ha reunido una serie de estudios y expertos para indagar en estos efectos secundarios (podríamos decir) que el estrés produce en tu cuerpo.

No puedes mantener los ojos abiertos

Este síntoma es muy curioso. ¿Te sientes más cansado de lo normal? ¿Alguna vez has sentido la necesidad imperiosa de echarte una pequeña siesta porque no puedes concentrarte sin quedarte dormido? Es posible que esto se deba a que estás experimentando fatiga a causa del estrés producida por la necesidad de tu cuerpo de calmar la ansiedad a través del descanso. En Estados Unidos, el 32% de las personas que sufren estrés reconocen a la fatiga como uno de los síntomas principales, según una gran encuesta realizada por la Asociación Americana de Psicología.

El cansancio extremo puede manifestarse como fatiga emocional (cuando has discutido con alguien o tienes problemas con familiares o amigos), física (el desgaste de tu cuerpo tras una actividad física de gran impacto) o cognitiva (cuando te sientes exhausto mentalmente después de una reunión o de haber trabajado demasiado). En este sentido, uno de los remedios que pueden también agravar el problema si no se sabe controlar es el de la siesta. Por ello, es de vital importancia saber diferenciar entre lo que es una siesta breve y reparadora a un maratón vespertino del sueño que no hará nada bueno para tu salud ya que luego las probabilidades de sufrir insomnio son muy grandes (y con él empeorar la situación de estrés).

Estás muy sensible

Al experimentar muchas emociones a la vez como ira, frustración, soledad o miedo, tu yo interno puede verse amenazado y desestabilizado. Es entonces cuando tus pensamientos se aceleran y es imposible controlarlos. Uno de los tipos más comunes de ansiedad es la preocupación por el futuro. Hay que saber gestionar las expectativas y no dejarnos inundar por el pánico o el miedo a lo que pueda pasar. Para ello, el mejor antídoto es centrarse en el aquí y en el ahora y saber diferenciar aquello que está en tu mano o a lo que puedes poner remedio de lo que no depende de ti. La meditación puede aliviar esa preocupación latente.

Sientes frío

El miedo puede inmovilizarnos y por ello nuestro cuerpo puede experimentar una respuesta física que responde a patrones que bien podrían tener alguna relación con la congelación. ¿Cómo? Tu cuerpo se vuelve rígido y la respiración se hace más intensa y más difícil. Este tipo de reacción física sucede en situaciones en las que percibimos una sensación de impotencia frente a las circunstancias que nos ha tocado vivir.

Los psicólogos suelen recomendar terapias de meditación y de relajación para intentar que los episodios sean menos frecuentes

Seguro que has percibido en más de una ocasión cómo se aposentaba en ti un frío irracional en momentos en los cuales eres un manojo de nervios. Lo mejor en esos casos es respirar hondo y tranquilizarse en la medida de lo posible. Y, sobre todo, tener en cuenta que no estás enfermo ni le pasa nada malo a tu cuerpo, tan solo se debe a un estado nervioso.

Sientes que podrías desmayarte

Si de repente sientes naúseas o se te nubla la vista puede que se deba al estrés. Esto también es un mecanismo de defensa del cuerpo muy irracional por el cual inconscientemente tiende a resetearse o apagarse de algún modo para poder controlar el alud de emociones que está metido. Este es uno de los síntomas más difíciles de curar o prevenir, ya que es una respuesta fisiológica muy profunda. Los médicos y psicólogos suelen recomendar terapias de meditación y de relajación para intentar que al menos se den episodios de este tipo con menos frecuencia entre los que los sufren.

  1. Z.

 

No puedes caer bien a todo el mundo, aprende a que no te importe ...

La verdadera libertad puede residir en lograr ser feliz prescindiendo de la aprobación de los demás.

UNO DE LOS LIBROS más populares en Japón los últimos años recoge las conversaciones entre un joven insatisfecho y un filósofo que le enseña, entre otras cuestiones, el arte de no agradar a los demás. Es un tema sensible en una cultura tan complaciente como la nipona, pero este compendio de conversaciones ha entrado también en las listas de más vendidos de Estados Unidos, y en España se ha publicado como Atrévete a no gustar (Planeta de Libros).

El maestro es Ichiro Kishimi, especialista en filosofía occidental y traductor de Alfred Adler, uno de los tres gigantes de la psicología junto a Freud y Jung. Y es precisamente el pensamiento de Adler lo que articula el diálogo con el joven Fumitake Koga sobre cómo emanciparse de la opinión ajena sin sentirse por ello un marginado.

El debate socrático que mantienen a lo largo de las más de 260 páginas del libro parte de esta idea central: todos los problemas tienen que ver con las relaciones interpersonales. En palabras del propio Adler, “si uno quiere liberarse de sus problemas, lo único que puede hacer es vivir solo en el universo”. Dado que eso es imposible, al relacionarnos con los demás sufrimos por alguna de estas razones:

— Experimentamos un complejo de inferioridad respecto a quienes han “conseguido más” que nosotros.

— Nos sentimos injustamente tratados por personas a las que amamos o ayudamos y no nos corresponden como esperamos.

— Intentamos desesperadamente complacer a los demás para obtener su aprobación.

Este último punto se ha convertido en una adicción generalizada. Podemos verlo claramente en las redes sociales, donde colgamos posts buscando la aprobación de los demás en forma de likes y comentarios. Cuando una foto o una reflexión importante para nosotros obtienen poco feedback, podemos llegar a sentirnos ignorados. También en las relaciones analógicas, muchos problemas interpersonales tienen el mismo origen: no obtenemos del otro lo que creemos merecer. El hecho de que no nos agradezcan suficientemente ­algún detalle que hemos tenido, por ejemplo, puede desatar el resentimiento y enfriar una amistad.

Bajo este deseo de toma y daca hay un ansia de reconocimiento. Si el otro me da las gracias, si aprecia mi trabajo, si corresponde a mi favor con un acto amable, entonces me sentiré reconocido. Si eso no sucede, lo interpreto como si yo no hubiera hecho nada, como si no existiera para el otro. Esta visión es un poderoso generador de problemas, ya que las relaciones nunca son totalmente simétricas. Hay personas que disfrutan dando y otras que transmiten la impresión, aunque no sea cierta, de que no quieren recibir nada. Eso provoca muchos malentendidos, sumado al hecho de que cada individuo tiene una forma distinta de expresar su amor y gratitud. Hay personas que verbalizan de manera inmediata y directa lo que sienten por nosotros, y otras que nos aprecian igualmente, pero tienen menos facilidad para expresar amor, o bien lo hacen de forma diferida, cuando encuentran el momento y lugar adecuados.

Todas las opciones son correctas, siempre que nos liberemos de la ansiedad de hallar una compensación inmediata y equitativa, como en un comercio en el que hay que cobrar de inmediato lo que se entrega.

Tal como afirma el maestro Ichiro Kishimi, “cuando una relación interpersonal se cimienta en la recompensa, hay una sensación interna que afirma que ‘te he dado esto, así que tú tienes que devolverme esto otro”, lo cual es una fuente inagotable de conflictos.

Porque, más allá de las diferentes maneras de expresar afecto, nos encontraremos con personas que directamente no nos entienden o incluso no nos aprecian. Hacer de eso un drama convertirá nuestro día a día en un campo abonado para los disgustos. La verdadera libertad incluye que no nos importe caer mal a algunas personas porque estadísticamente es un hecho que no podemos gustar a todo el mundo. Dejar de preocuparnos por lo que los demás piensen de uno, especialmente los que no nos entienden, es el camino a la serenidad.

“Cuando deseamos tan intensamente que nos reconozcan, vivimos para satisfacer las expectativas de otros”, explica Ichiro Kishimi, con lo cual ya no somos libres. Dejar de exigir contrapartidas y permitirnos vivir a nuestra manera, otorgándonos incluso el derecho de caer mal, nos procurará libertad, paz mental y, al final, mejores relaciones con los demás.

No te lo tomes personalmente

— En Los cuatro acuerdos, el célebre ensayo publicado en 1998 por Miguel Ruiz, la segunda ley dice: “No te tomes nada personalmente”. El médico mexicano sostiene que para mantener el equilibrio emocional y mental no hay que dar importancia a lo que suceda a nuestro alrededor, ya que “cuando te tomas las cosas personalmente, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflictos. Haces una montaña de un grano de arena”.

— Abandonar la necesidad de tener razón, dejar de gastar energía en intentar convencer a los demás, que tienen sus propias creencias, resulta profundamente liberador. Quienes van por el mundo tomándoselo todo personalmente ven enemigos por todas partes y nunca pueden estar verdaderamente tranquilos, ya que siempre tienen cuentas pendientes que circulan por su mente, provocándoles sufrimiento.

— Según Miguel Ruiz, nada de lo que hagan o digan otras personas debería hacernos daño si se asume el siguiente axioma: “Nunca eres responsable de los actos de los demás; solo eres responsable de ti mismo”.

Francesc Miralles es escritor y periodista experto en psicología.

 

Las señales que delatan que eres un narcisista y que no te das cuenta

En mayor o menor medida, todos pecamos de este carácter posesivo y manipulador. Pero en algunas personas puede volverse muy acusado y toxificar la relación que tenemos con ellas

«Espejito, espejito, ¿quién es la más bella del reino?». Esta frase, sacada de un famoso cuento de ficción, podría sintetizar ‘grosso modo‘ la personalidad narcisista. Aunque se trata de un trastorno mental que en mayor o menor medida todos poseemos, hay ciertas personas que en su comportamiento dejan relucir actitudes chulescas y hasta perversas, de las que nos deberíamos prevenir cuanto antes. Según la página de ‘Psychology Today’, el narcisista se define por un espíritu de «grandiosidad, falta de empatía con los otros y una necesidad constante de admiración».

En la mayoría de ocasiones, los comportamientos narcisistas suelen camuflarse bastante bien. Pero a medida que vas conociendo a este tipo de personas la relación que mantienes con ellas comienza a volverse tóxica, ya que uno de sus rasgos más notables es la manipulación emocional. De ahí la importancia de conocer las características que poseen estos individuos.

Uno de los rasgos es la sensación de no obtener el reconocimiento que merecen de los demás. O que el buen trato con el que se les habla no es suficiente

Como decíamos, todos tenemos de alguna forma gestos que pueden resultar narcisistas a ojos de los demás. Esto no quiere decir que tengamos un problema grave con nosotros mismos o nuestro entorno, ya que se puede dar de forma leve en determinados comportamientos o actitudes. A continuación, veremos esa serie de detalles en los que apenas reparas y que bien podrían identificarte con una persona narcisista, recopilados por ‘Business Insider’.

Eres demasiado competitivo

Joseph Burgo, un experto psicoanalista autor de ‘The Narcissist You Know’ cree que uno de los primeros rasgos que caracterizan a un narcisista es el de su tremenda competitividad en cualquier ámbito. En otras palabras, son muy malos cuando pierden, pero también cuando ganan. De ahí que si consiguen su objetivo te lo restrieguen para que sepas en todo momento que está por encima y si fracasan su mosqueo contra todos será capital, sobre todo con las propias reglas del juego al que han perdido.

El buen trato nunca es suficiente

Imagina la siguiente escena: estás comiendo en un restaurante con una persona y aparece el camarero con el vino. Es posible que se equivoque en algún pequeño detalle o tal vez ni siquiera eso. Quizá te llena la copa antes a ti que a él. En cualquier caso, haya agravio o no, el narcisista se apresurará a notificárselo. Uno de los rasgos más notorios es la sensación de que no obtienen el reconocimiento que merecen de los demás. O bien que el buen trato con el que se les habla no es suficiente.

Esperas para hablar, en lugar de escuchar

Una persona narcisista es la que en las conversaciones puede saltar de un tema a otro con una facilidad pasmosa. En realidad, lo que sucede es que no le interesa entrar en el debate o en las preguntas o temas que le planteas, por lo que sin previo aviso pasarán a otra cosa sin llegar a escuchar atentamente lo que les estás diciendo. Anita Vangelisti, psicóloga de la Universidad de Texas en Austin, descubrió en un estudio que los narcisistas prefieren normalmente mantener una conversación que se centre en ellos mismos, «exagerando sus movimientos con las manos, hablando muy alto o mostrando desinterés por lo que hablan los demás».

Crees que todo el mundo es estúpido

El más básico. Algunos tienen que estar dejando todo el rato patente que son más inteligentes que los demás. Además, en los casos más acuciantes de narcisismo tienden a llevarse mal con sus compañeros de trabajo o amigos porque se niegan a aceptar que posiblemente no tengan la razón o puedan estar equivocados en algo. Esto se traduce en un marcado signo de superioridad intelectual o moral, acompañado de una potente radicalización en sus argumentos o ideas.

Te encanta ser el líder

Seguramente recuerdes al típico compañero de clase que siempre se ofrecía para apuntar en la pizarra a quien hablaba o se portaba mal cuando el profesor debía marcharse. O cuando en los recreos siempre salían dos o tres que querían ser siempre los capitanes del partido de fútbol o baloncesto y tener así la potestad de escoger a sus elegidos para formar el equipo. Básicamente, esta serie de actitudes de la infancia, entre muchas otras, pueden darse en la vida adulta de mil formas. Una de ellas es, sin ir más lejos, todos aquellos popes que creen que tienen la potestad de hacer y decidir por los demás.

Las dos formas de narcisismo

Los psicólogos suelen hablar de las dos caras del narcisismo. El primero sería el más reconocible desde fuera, el cual viene caracterizado por una personalidad fuerte siempre dispuesta a batallar. Pero también hay otro tipo de narcisismo más suave e interior, que se corresponde a un carácter introvertido, hipersensible y a la defensiva. Y que en muchos casos se manifiesta en forma de ansiedad en el individuo.

 

  1. Z.

 

El truco mental para mantener a raya los pensamientos negativos

Varios expertos en psiquiatría reconocen que la pandemia del coronavirus traerá consigo trastornos mentales en los individuos. Ser amable con uno mismo se vuelve esencial

Uno de los efectos secundarios de la pandemia de coronavirus en el mundo es la profunda huella que está dejando y dejará en la salud mental de muchas personas. Después de pasar más de dos meses confinados en casa y a las puertas de esa «nueva normalidad» de la que hablan, la incertidumbre y la ansiedad provocadas por la cuarentena se hacen más que patentes. Es por ello que muchos expertos ya vaticinan un «tsunami» de enfermedades psiquiátricas causadas por la crisis del coronavirus.

Sensación de asilamiento o soledad, pérdida del empleo, temor e incertidumbre ante lo que pasará… son algunas de las sensaciones que más han primado a lo largo de estos meses encerrados. ¿Cómo sobreponerse a todas estas malas vibras? Lo primero de todo es saber identificarlas y aceptarlas. Por ello, no las niegues ni las ocultes a ti mismo, fingiendo estar bien. En segundo lugar, lo mejor es solicitar ayuda o, en cualquier caso, contar con alguien que sepa escuchar. Abrirse y comentar tus preocupaciones a los demás (aunque a veces no seas capaz ni de comprenderlas) será clave para abordar el problema.

Cuanto más desarrollas una voz interior compasiva y reflexiva, más positivo y equilibrado te vuelves mentalmente

Pero en cualquier caso, lo más urgente y necesario es que todas esas dudas o temores que te asaltan por el futuro sean atendidas con calma y serenidad por ti mismo. Al fin y al cabo, eres la única persona con la que vas a pasar el resto de tu vida, por lo que más vale que seas paciente contigo mismo. Si te hablas a ti mismo desde una perspectiva muy crítica o negativa, te hará sentir peor y no encontrarás pronto un remedio que le ponga freno a todos estos pensamientos.

«No hay ningún daño intrínseco en reconocer tus debilidades o deficiencias», asegura Hans Watson, psquiatra estadounidense, en la revista ‘Best Life’. «Solo hay perjuicios si no reconoces las cosas que también haces bien». Lógicamente, es muy difícil que en esos momentos de tristeza o de bajón no encuentres nada a lo que aferrarte. Pero si buceas un poco en ti mismo descubrirás cómo al menos cosechas recuerdos bonitos en los que saliste por ti mismo de situaciones muy difíciles. Y eso, de algún modo, debe hacerte ser consciente de que los problemas que tienes ahora también pueden resolverse, que tienes la capacidad de ponerles solución.

 

Hay algunos psicólogos que reconocen la utilidad de hablar con uno mismo, tanto en los momentos buenos como malos. Todo ello responde a una teoría positiva que viene a predicar la máxima de «ser tu mejor amigo». Sin caer en positivismos absurdos y abstractos, tan de moda hoy en día, debes procurar ser crítico contigo mismo pero también en un sentido afirmativo, y no solo negativo. «Sé amable contigo mismo cuando atravieses momentos difíciles», aconseja Toni Bernhard, psicólogo y autor de un libro sobre el tema.

«Cuanto más desarrollas una voz interior compasiva y reflexiva, más positivo y equilibrado te vuelves mentalmente», asevera Carla Manly, psicóloga clínica y autora de ‘Joy from Fear: Create the Life of Your Dreams‘. «Esto tiene mucho sentido desde el punto de vista neurobiológico. Cualquier cosa que pensemoso de forma rutinaria, ya sea compasiva o crítica, se conecta al cerebro y es difícil sacarla. Un monólogo interno compasivo puede aumentar el nivel de neuroquímicos para sentirse bien, como por ejemplo la serotonina, y disminuir las hormonas del estrés, como el cortisol o la adrenalina».

Sé objetivo

De ahí la importancia de encontar un equilibrio. «Cada vez que reconocemos que hemos hecho algo bien, se estimula la parte del lóbulo frontal que nos permite tener la motivación necesaria para seguir haciendo cosas más buenas», asegura Watson. «Obtienes tu liberación de dopamina, te vuelves de alguna forma adicto al éxito una vez reconoces sus efectos positivos».

 

¿Cómo alcanzar este grado de comunicación contigo mismo que resulte beneficiosa y equitativa entre lo bueno y lo malo? Lo primero es intentar despojar aquello que percibes de las connotaciones que suele tener. Esto puede sonar un poco raro, pero básicamente consiste en funcionar como un mero observador de lo que sucede. Sin intentar cambiar nada, sin juzgar absolutamente nada, tan solo mirar.

Poco a poco comenzarás a notar los cambios y cómo esas cosas que tenemos a nuestro alrededor van llenándose de significado para nosotros, el cual debemos gestionar. Trabajar en el monólogo interior es muy importante y merece la pena esforzarse, ya que no solamente puedes confiar en lo de fuera. Para estar bien con los demás lo primero que debes hacer es estar a gusto contigo mismo.

ACYV

 

Qué dice tu cociente intelectual de ti exactamente

Hace más de un siglo que se realizan para conocer la inteligencia y capacidades de los individuos, pero, ¿realmente ayudan a ello?

La prueba del cociente (o coeficiente, aunque es menos correcto) intelectual es un clásico en muchos colegios para conocer las habilidades mentales de los estudiantes. Aunque los expertos no se ponen de acuerdo con su importancia, pues algunos consideran que el cerebro es muy complejo como para poder medirse la inteligencia con una simple prueba, otros aseguran que puede ser una buena predicción de las destrezas reales. ¿Tu CI es 120? ¿90? ¿Y, realmente esto sirve para algo?

Antes de nada, hay que remontarse un poco a su historia. La prueba del cociente intelectual comenzó con Alfred Binet a finales del siglo XIX. El ministro de educación francés le pidió, codo con codo con el investigador Theodore Simon, que elaboraran una prueba que permitiera distinguir a los niños con retraso mental de aquellos con inteligencia normal, pero ‘vagos’. Elaboraron entonces un test de inteligencia que fue el origen de los actuales tests de cociente intelectual. Se trataba de una escala métrica que permitía evaluar la inteligencia de un niño según su edad y determinar si tiene o no una inteligencia «normal», en otras palabras: la puntuación del test, en combinación con la edad del niño, proporcionaban información sobre su desarrollo intelectual. Tuvo mucha popularidad en Europa y Estados Unidos.

Aunque Binet inventó el primer test de cociente intelectual no consideraba que así se pudiera medir la inteligencia, sino algunas habilidades

Sin embargo, Binet siempre negó eso de test de inteligencia porque no los consideraba así, según explica el profesor Gavin Evans, de la Universidad de Londres, en una reciente entrevista en ‘BBC‘: «Creía que, más que eso, eran pruebas que mostraban una serie de habilidades específicas». Así pues, aunque no creyera que mostrasen una inteligencia total, sí que sus pruebas sirvieron para crear los cimientos de los test de cociente intelectual que conocemos a día de hoy y estiman la brillantez del individuo en números.

¿Grupos étnicos más inteligentes que otros?

¿Qué pasó después? Como hemos señalado, la prueba adquirió popularidad en Estados Unidos, por lo que cruzó el Atlántico. El término ‘cociente intelectual’ fue empleado por primera vez por el psicólogo William Stern en 1912. «Comenzó a creerse que la inteligencia era algo con lo que nacías y no había ninguna manera de modificarla o incrementarla y que dependía en parte del grupo étnico al que pertenecieses», cuenta Evans. En 1915, a los emigrantes que trataban de cruzar para vivir el sueño americano, se les hacían estas pruebas de inteligencia, «la población de los países nórdicos sacaba entonces más puntuación, y se les animaba a entrar en el país», cuenta el profesor. «Sin embargo, con el paso del tiempo la idea de los grupos étnicos fue defenestrándose, pues se descubrió que tenían mucho que ver con sus niveles educativos (así como los de sus padres) e incluso su nutrición. Los judíos asquenazís, por ejemplo, tenían puntuaciones muy bajas antes de la Segunda Guerra Mundial, y altas después», añade.

«La razón por la que unos grupos étnicos sacaban más puntuación que otra se debe a que las pruebas se basaban en inteligencia abstracta, la cual se desarrolla en los primeros años de vida. Si provienes de un grupo o familia en el que se te anima a leer o a resolver problemas desde pequeño, es probable que saques más puntuación», explica Evans. «Desgraciadamente, en muchos momentos de la historia los test han sido utilizados políticamente para condenar a determinados grupos«.

La gente tiende a considerar los test del CI pruebas de inteligencia, cuando son más bien medidores de lógica abstracta

En 1916,​el psicólogo Lewis Terman, de la Universidad de Stanford, revisó el test de Binet-Simon, y se modificó el nombre por Escala de Inteligencia Stanford-Binet. En la actualidad, este tipo de test va por su quinta edición y se encarga de medir el conocimiento, razonamiento cuantitativo, procesamiento visual-espacial, memoria de trabajo y razonamiento fluido. Aunque se ha revisado varias veces desde su creación, esta escala es la que se usa actualmente.

«Uno de los problemas principales de los test de CI es que la gente los tiende a considerar pruebas de inteligencia, cuando son más medidores de lógica abstracta», explica Evans. «Por ejemplo, a principios del siglo XX muchas mujeres solían tener resultados inferiores en esta clase de test que realizaban pruebas con puzzles u otras tareas a las que nunca se habían tenido que enfrentar antes. Hay otras formas de inteligencia, práctica, emocional… que no se pueden medir».

Eso no significa que se considere contrario a esta clase de pruebas: «Creo que son útiles para saber si una persona tiene habilidades matemáticas o científicas, pero no para medir la inteligencia, como generalmente se cree. Además, contrariamente a lo que se creía en el pasado, tu CI puede crecer si realizas estas pruebas a menudo y, en definitiva, practicas. Las condiciones ambientales y tu educación tienen mucho que ver con el cociente intelectual, no es algo fijo», concluye.

  1. N.

 

Consejos para vencer el miedo al contagio cuando salgamos a la ...

La salida a la calle pronto será una realidad, sin embargo muchas personas temen salir por miedo a contagiarse de coronavirus. Te explicamos como superarlos

 

Salir a la calle puede generar miedo en muchas personas que temen contagiarse

El final del confinamiento parece cercano. El proceso de desescalada ya ha comenzado y se espera que la normalidad llegue a nuestras vidas a finales de junio. La población lleva más de 40 días confinada y espera poder salir a la calle y recuperar las costumbres. Sin embargo, ya nada será como antes de la pandemia por el COVID 19. Muchas personas tienen miedo de volver a salir a la calle por temor a contagiarse y ese miedo les impide recuperar la normalidad: «Es muy probable, que, en un principio, sintamos miedo. El miedo es una emoción primaria que es necesaria para la supervivencia y es adaptativa», explica Belén Guerrero Cuevas, psicóloga de la Clínica del Pilar, especialista en trastornos de personalidad.

TIPOS DE MIEDOS

Cada persona es un mundo y como tal se comporta de diferente manera ante una situación determinada: «En psicología diferenciamos entre miedo adaptativo en la que el individuo es consciente de un miedo al que se enfrenta, en este caso el contagio, y tomará las medidas que crea oportunas para evitarlo. Sin embargo, se sentirá relativamente tranquilo y seguro al tomar dichas medidas. Este es un miedo adecuado y que nos ayudará a afrontar la situación. Por otro lado, está el miedo desadaptativo, este miedo se da en aquellas personas que cada vez que salgan a la calle manifestarán un miedo y ansiedad desproporcionado, se sentirán bloqueados por sus propias emociones. Su forma de pensar y actuar les puede interferir en su vida diaria» apunta la doctora Guerrero.

CAMBIOS EN LAS RELACIONES

El hecho de recuperar nuestra vida debe ser motivo de alegría. Sin embargo, sabemos que el riesgo de contagio va a seguir existiendo y que por tanto salir a la calle nos hace tener que tomar más precauciones: «Es probable que nos sintamos más vulnerables, pérdida de sensación de seguridad. Hace unos meses salíamos a la calle y nos sentíamos seguros sin tanta sensación de amenaza. Nos va a afectar en la forma de interactuar unos con otros. Guardaremos la distancia y tendremos relaciones más frías, con menos contacto físico. No nos daremos besos ni abrazos y mantendremos un espacio de seguridad, al menos durante unos meses. Desde un punto de vista psicológico se recomienda observar las emociones, no reprimirlas, aceptarlas y compartirlas con alguien».

 

Las calles volverán a cobrar vida y dejarán de estar vacías

El paso del coronavirus, a parte del número de muertos e infectdos que ha ido dejando, ha sembrado el miedo entre la población también y propiciado que aumenten los trastornos psicológicos entre la población aumentando una serie de patologías: «La ansiedad generalizada, personas que ya de por sí tenían una predisposición a preocuparse por todo de forma desproporcionada, ahora con el coronavirus se acentúa esas preocupaciones y tienden al y si… de forma constante. Y si me contagio, y si me tienen que ingresar, y si yo no tengo un respirador. También el trastorno obsesivo compulsivo se ha acentuado de manera considerable. Personas que ya de por sí presentaban el ritual de lavarse las manos de forma desadaptativa, por ejemplo 50 veces al día, ahora se ha incrementado de forma significativa agravando la enfermedad. Otra patología que ha aumentado es la hipocondría, pacientes que se miden cada hora la temperatura corporal o que debido a la hipervigilancia llaman continuamente al médico para ver que se sienten bien y no están infectados por el coronavirus. En líneas generales el coronavirus ha afectado mucho a la gente a nivel psicológico, lo bueno es que la psicología tiene muchas herramientas para tratarlas».

TERAPIA PARA VENCER EL MIEDO

Asumiendo que todos tenemos miedo al contagio, lo primordial es superar nuestros miedos y en caso de que no podamos por nosotros mismos acudir a un profesional que nos ayuda a recuperar la vida que teníamos antes de la irrupción del coronavirus: «No se puede generalizar y pensar que va a existir un tratamiento único. Eso dependerá de su grado de personalidad, gravedad y sintomatología podemos ofrecer distintos tratamientos. La terapia EMDR, según la OMS es uno de los tratamientos para tratar el estado de estrés post traumático. El objetivo es reprocesar los momentos más perturbadores que ese paciente vivió y ayuda a que el malestar vaya disminuyendo y manifieste ese recuerdo de una forma menos dolorosa. Esta técnica se emplea en trastornos alimenticios, depresión, ansiedad, trastornos obsesivos compulsivos. La técnica es eficaz y durante los últimos diez años he tenido la oportunidad de comprobarlo de primera mano», subraya Belén Guerrero Cuevas, psicóloga de la Clínica del Pilar.

Emilio Guerrero

Redactor COPE Málaga

 

Pensamientos intrusivos y cómo podemos liberarnos de ellos

El hermano del famoso escritor ruso Fiódor Dostoyevski le puso a prueba: «Quédate en el rincón hasta que dejes de pensar en un oso blanco», y lo intentó, durante toda la noche, pero no fue capaz de dejar de pensar en osos polares. Se trata de una popular anécdota sobre el escritor que incluso apareció en un anuncio de coches (aunque cambiando a Dostoyevski por Tolstoi), y que además dice mucho sobre los pensamientos obsesivos e intrusivos.

A todo el mundo le sucede más de una vez en su vida. De repente un pensamiento terrible acecha su mente, algo perturbador que le preocupa y que, por mucho que se diga que no debe pensarlo, más lo hará. A raíz de la anécdota de Dostoyevski, que en realidad es una cita que aparece en su libro ‘Notas de invierno sobre impresiones de verano’, el psicólogo social Daniel Wegner decidió llevar a cabo un experimento con sus alumnos en la Universidad de Harvard en los años 80. Lo llamó mecanismo de control mental irónico bimodal. A un grupo de personas se les dijo que pensaran en lo que quisieran de forma consciente durante cinco minutos, pero no podían bajo ninguna circunstancia pensar en un oso polar y, cada vez que lo hicieran, debían tocar una campana. Los estudiantes hicieron sonar la campana en intervalos de menos de un minuto.

Adoro a mi hijo, sin embargo, cuando era pequeño no podía parar de imaginarme que lo tiraba por las escaleras…

La psicóloga Hannah Reese cuenta su aterradora anécdota en ‘Psychology Today’: «Adoro a mi hijo, sin embargo, cuando era pequeño no podía pararme al borde de las escaleras sin imaginar que lo tiraba y veía su cuerpecito retorciéndose de dolor. ¿Imagen aterradora? Sí. ¿Normal? También«. No solo nos afectan los osos polares, también pueden atormentarnos imágenes de empujar a alguien esperando el metro, patear a un perro, gritar en una iglesia, saltar de un coche en marcha o apuñalar a un ser querido. «Mientras sean solo imágenes no hay de qué preocuparse», afirma la psicóloga.

«A veces los pensamientos así nos llegan precisamente porque no queremos actuar de esta manera; son simplemente la cosa más inapropiada que puede imaginar nuestra mente. Resulta que intentar no tener esos pensamientos empujándolos lejos de nuestras mentes produce el efecto contrario. Cuando alguien se preocupa demasiado por sus pensamientos intrusivos o invasivos, se esfuerza por eliminarlos y evitar que pasen, puede terminar con un tipo de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)», cuenta. ¿Qué hacen las personas con este TOC? Evitan realizar las actividades que podrían producir los malos pensamientos, ya sea coger un tren o cuidar a un bebé. «En situaciones en las que no pueden evitarlo, tienden a recurrir a rituales, como contar de manera repetitiva o rezar compulsivamente para evitar que pase algo malo», indica Reese.

Hay una diferencia entre pensamientos y acciones; no hay por qué perder el tiempo en intentar dejar de pensar en ello

Entonces, ¿cómo podemos luchar contra estos pensamientos? Justamente, sin magnificarlos, quitándoles la importancia que creemos que merecen. «Son normales. La próxima vez que sucedan, basta con recordar que hay una diferencia entre pensamientos y acciones; no hay por qué perder el tiempo en intentar alejar el pensamiento. Hay que dejarlo llegar e irse por donde vino. Y tampoco hay por qué tener miedo de compartirlos con alguien», apunta Reese. Está demostrado que los fumadores que piensan continuamente en no fumar no pueden dejar de hacerlo, al igual que aquellos que piensan en dormir les costará más, y en aquellas personas con estrés o depresión el fenómeno se produce más fuertemente. Piensa por tanto en el oso blanco, pues no te amargues por ello: no pasará absolutamente nada por mucho que lo hagas.

  1. N.

 

Abrazar la pérdida: cómo elaborar el duelo en la distancia

Comprender la dimensión y la gravedad de lo que estamos viviendo nos pone en mejor disposición de tolerar lo que sentimos

Sabemos como sociedad que enfrentamos circunstancias excepcionales y difíciles debido al Covid19. Éstas nos empujan a encarar un asunto especialmente doloroso para muchas familias, la imposibilidad de acompañar a los enfermos como desearían y despedirlos en sus momentos finales. ¿Cómo podemos ayudarles a atravesar la dolorosa tormenta del duelo para, después de un tiempo, resurgir de nuevo a la vida?

En este momento, muchas personas se ven obligadas a decir adiós a sus familiares sin la cercanía de su abrazo cálido, de sus manos amorosas tendidas que apacigüen los miedos y las angustias del tránsito final y esto resulta muy doloroso y traumático.

El escollo de no poder estar presentes en la despedida para las familias, y ser ellas quienes protagonicen el duelo, puede hacer que éste sea difícil y duro. A ese dolor se añade que en muchos de los rituales mortuorios donde los allegados reciben el consuelo y el afecto de quienes lo/la quisieron, se limita el número de asistentes o son pospuestos. Esto contribuye a prolongar la tensión emocional en el tiempo. Las familias solo se sienten tranquilas cuando las ceremonias de enterramiento e incineración se efectúan o se llevan a cabo sus funerales y sus muertos descansan en paz.

Comprender la realidad

Enfrentar un duelo desde la lejanía y el aislamiento por confinamiento genera muchos sentimientos difíciles. Contextualizar lo que vivimos facilita la toma de perspectiva y nos pone en mejor disposición de aceptar la frustración que conllevan los límites y las restricciones. Poco podíamos saber acerca de lo que se nos venía encima. China nos parecía a todos un país muy lejano y aún hoy estamos asimilando que el virus es real y que el mundo está en cuarentena. Si no pudimos hacer las cosas de manera distinta fue porque poníamos en riesgo la vida de otros y porque así les evitábamos el dolor que nos atraviesa. Actuamos solidaria y compasivamente.

En este momento, muchas personas se ven obligadas a decir adiós a sus familiares sin la cercanía de su abrazo cálido

Comprender la dimensión y la gravedad de lo que estamos viviendo nos pone en mejor disposición de tolerar lo que sentimos. Ya, Carl Jung expresó en esta bella frase el valor inestimable de la comprensión cuando decía que debemos tratar de dar un sentido a las cosas y esto hará que muchas sean soportables, quizás todas.

Es natural sentir rabia y que te hagas muchas preguntas o te plantees cientos de suposiciones: ¿Y si… hubiese ido ese día?, ¿Por qué el coronavirus?, ¿Por qué le tocó a él o a ella?… No seamos demasiado duros con nosotros mismos, las circunstancias actuales escapaban al control de cualquiera. Es especialmente necesario que nos tratemos con amabilidad y bondad amorosa.

¿Y si hubiese ido ese día?, ¿Por qué el coronavirus?, ¿Por qué le tocó a él o a ella?

Asimismo, conviene recurrir a bálsamos consoladores como afanarnos en recordar que, en esta situación de pandemia mundial impredecible, los nuestros estuvieron acompañados por sanitarios, esos héroes anónimos. En ellos y en ellas depositamos con entregada confianza el cuidado de quienes más amamos. Lo hemos hecho numerosas veces con hijos enfermos o con otros familiares. Hemos confiado en su generosidad, su profesionalidad, su empatía y su calidez ante el sufrimiento humano. Y, sabemos que aún en estas extenuantes circunstancias, dedicarán tiempo a consolarles, confortarles y aliviar su sufrimiento llegado el momento.

Cuando estamos en duelo podemos experimentar un proceso de desorganización psíquica que está caracterizado por emociones diversas: intensa culpa, miedo, tristeza, agudos sentimientos de abandono, rabia, desamparo, sentimientos de injusticia, desolación, etc. En las actuales circunstancias hay sentimientos que pueden verse especialmente agudizados y afectar a nuestro rendimiento, olvidársenos cosas, descuidarnos en nuestra higiene, arrebatarnos el sueño, desvanecerse el apetito, etc. Es importante mantener nuestro autocuidado en el descanso, alimentación y sueño.

Pero también debemos procurar que las personas encuentren maneras de expresar sus sentimientos, acogerlos, comprenderlos y darse un tiempo de transición que será diferente para cada una. El duelo no es un proceso lineal sino el inicio de un camino hacia la aceptación de una realidad dolorosa. Lleva tiempo. Necesitamos llenarnos de paciencia y comprensión.

El duelo no es un proceso lineal sino el inicio de un camino hacia la aceptación de una realidad dolorosa. Lleva tiempo

Para ayudarnos en su transición es esencial que las personas no se sientan solas con el dolor. Esta demostrado científicamente que el apoyo social y emocional reduce nuestros sentimientos de vulnerabilidad.

De ahí, el sentido profundo de realizar rituales simbólicos en la distancia donde el doliente pueda dar a conocer a sus allegados la magnitud de su pérdida, validar su dolor y las expresiones emocionales que conlleva.

Estos rituales pueden ser más o menos largos, su radical importancia estriba en que todos nos empujan a tomar conciencia de lo sucedido e integrar la pérdida en nuestra vida.

Cada familia podrá decidir aplazar ciertas ceremonias a cuando esta situación de confinamiento finalice o también pueden llevar a cabo otros rituales que cumplen la normativa del estado de alarma y elegir los que mejor se ajusten a sus necesidades.

Recientemente se ha publicado la Guía para las personas que sufren una pérdida en tiempos de coronavirus y la Guía para familiares en duelo, ésta última publicada por el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, donde se ofrecen un conjunto de sugerencias para honrar la huella de vida del ser querido.

En rituales funerarios

Debes saber que, en las actuales circunstancias, pese a no ser lo que hubieras deseado y no poder seguir las tradiciones, puedes seguir diciendo ese último adiós con el amor que seguro están sintiendo.

Pueden, si tu quieres y te parece bien, retrasmitírtelo en tiempo real haciendo una videollamada o grabándotelo por teléfono

Si no puedes asistir a la ceremonia porque eres muy mayor y no debes salir de casa para evitar que te contagies o porque te encuentras enfermo/a, no te preocupes, los demás serán tus manos y tus ojos. Tú pondrás el corazón y las palabras. Encarga a otra persona de tu confianza que pueden ser un hijo tuyo, otro familiar, un allegado, o si fuera necesario al empleado de la funeraria a seguir tus instrucciones para homenajear y despedir a tu ser querido, puedes: leerle una carta, poner un objeto que lo acompañe en el ataúd, poner una música. Pueden, si tu quieres y te parece bien, retrasmitírtelo en tiempo real haciendo una videollamada o grabándotelo por teléfono.

Rituales personales y sociales en la distancia

Te sugerimos crear en tu domicilio un rincón del recuerdo, elegir una habitación que resulte tranquila e íntima, colocar una foto de tu persona querida o un objeto que simbolice tu relación con ella y adornarlo con flores, velas, guirnaldas, poner música si así lo deseas y disponer de un sillón cómodo, etc. De manera, que cada vez que lo desees tanto tú como las personas que viven contigo, podáis ir al rincón del recuerdo a estar un rato en silencio, rezar, contarle todo lo que sientes en estos momentos, etc.

También puedes preparar un escrito como homenaje a tu ser querido, reunir a la familia con la que convivas y al resto, si tu quieres, haciendo una videollamada conjunta, de forma que sea una manera de que cada persona pueda expresar sus sentimientos, compartir vuestro pesar y sentiros unidos y próximos ante la dolorosa pérdida.

Puedes expresarte escribiendo una carta dirigida a tu ser querido, contándole lo ocurrido y cómo te sientes con ello, o a otra persona, o a Dios

La tecnología nos ofrece valiosas oportunidades de poder convocar e la familia en la distancia a través de plataformas virtuales y realizar una ceremonia íntima donde cada uno pueda leer algo, contar sus recuerdos, poner una canción, etc. Acuerda con el resto de tus familiares cómo vais a organizaros entre vosotros y permite que participen todos sus miembros niños, personas con discapacidad, ancianos.

Puedes preferir expresarte escribiendo una carta dirigida a tu ser querido, contándole lo ocurrido y cómo te sientes con ello, o a una persona o a Dios, etc. Puedes crear poemas, dedicarle mensajes como si estuviera aquí con los recuerdos positivos que compartiste con él/ella, o donde expreses tu agradecimiento, o tus disculpas, etc.

Si te faltan las palabras o éstas parecen demasiado pequeñas para expresar todo lo que sientes, haz un dibujo. Pinta lo que sientas.

Otras personas crean una caja de recuerdos bellamente decorada para guardar los recuerdos de su ser querido. Puedes involucrar en estas ideas, si así lo deseas, al resto de tus familiares.

Aunque uno esté a solas y en silencio ante el misterio de la vida, es bueno saber que a tu lado hay otros ante el mismo misterio

Las redes sociales también son un buen altavoz para dar a conocer el fallecimiento. Puedes publicarlo en tu muro de Facebook para que así puedas recibas las condolencias, el afecto y desgranar las memorias de esa persona compartiendo imágenes, anécdotas, recuerdos, con aquellos que le quisieron.

Al fín y al cabo son maneras de abrazar y sosegar nuestro desconsuelo porque parafraseando a Pablo Dórs, “aunque uno esté a solas y en silencio ante el misterio de la vida es bueno saber que a tu lado hay otros ante el mismo misterio”.

Mi abrazo sentido y cariñoso para quienes habéis perdido a vuestro ser amado.

*Raquel Tomé López es psicóloga general sanitaria, psicoterapeuta y directora del Centro Guía de Psicoterapia de Madrid. Experta en ansiedad y estrés, duelo,

RAQUEL TOMÉ

 

Las 7 fases emocionales por las que puedes pasar en la cuarentena ...

El confinamiento ha obligado a cambiar las rutinas y psicológicamente todas las personas están viviendo varias etapas durante el estado de alarma

El confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus ha hecho que todas las personas hayan tenido que cambiar sus rutinas y su forma de vida. Casi de la noche a la mañana, cada uno se tuvo que hacer a la idea que salir a la calle durante al menos dos semanas iba a estar reservado para unos casos supuestos muy concretos.

Esta situación hizo que se tuviera que cambiar el chip de nuestra vida diaria de forma violenta, siendo un golpe emocional demasiado fuerte. Por eso, psicológicamente todas las personas están experimentando un cambio brutal durante todos estos días de cuarentena.

Cada situación individual es diferente, el estado anímico es distinto en cada persona. Sin embargo, la empresa Ipsos China, experta en investigación de mercados, detalla las fases que todos estamos pasando durante el estado de alarma. Son siete.

Incredulidad

Esta fase, ya pasada, se produjo desde que se rumoreaba que se iba a decretar el estado de alarma. Un periodo de confusión y medio. No sabíamos en ese momento qué significaba el estado de alarma, qué podíamos hacer y qué no, cuándo podíamos salir y en qué situaciones. Llegaba mucha información. La mayoría certera, otra inexacta.

Preparación

Pasada la incredulidad, era momento de prepararse para estar confinados en casa. Había que hacerse a la idea de que no se iba a poder salir, por lo que había que prepararse. Se cambiaron muchos planes, las empresas empezaron a implantar el teletrabajo o a adaptarse a la nueva situación y en las casas se empezó a hacer acopio de alimentos. Era el boom de comprar papel higiénico.

Ajuste

Los primeros días empezamos a aprender cómo estar todo el día en casa, qué hacer, cómo trabajar, cómo repartir las 24 horas del día. Tras varios días, nos empezamos a acostumbrar a la situación y por eso se ajustaron diferentes rutinas diarias. Cómo hacer ejercicio, repartir las tareas domésticas, saber administrar el ocio. En definitiva, organizar los días de la mejor forma posible tras experimentar varios días de cuarentena. Esa fase mucha gente ya la habrá pasado, pero todas aquellas personas con trabajos no esenciales que a partir del lunes van a estar en casa la experimentarán por primera vez, puesto que si han seguido yendo a trabajar no han estado las 24 horas del día en su casa.

Aclimatación

Los que llevan ya dos semanas confinados en casa, ya están en la fase de aclimatación. Ya se han hecho a la situación, no ha quedado a otra. Ya tienen su rutina marcada. Las horas de trabajo, las horas de ocio, salir a las ventanas a aplaudir a las ocho de la noche, cuándo salir a comprar y qué días, cuándo hablar con familiares o amigos. En definitiva, el día a día ya está configurado como cuando se lleva una vida normal.

Resistencia

Esta fase se mezcla con la fase de aclimatación. Estamos habituados, sí, a tener que estar confinados en casa, pero a la vez mostramos debilidades y echamos de menos sobre todo la vida social. Esto hace que cada uno lleve como mejor sabe la resistencia de aguantar los días de confinamiento que sean necesario. Afecta al estado de ánimo y a las relaciones personales. No ayuda que no se sepa hasta cuándo va a durar el confinamiento.

Alivio

Esta fase, a la que no hemos llegado, ocurrirá cuando empecemos a ver posibilidades de que el estado de alarma puede levantarse. Sucederá cuando llegue el tan esperado pico de contagios, cuando las altas sigan subiendo, cuando sigan llegando noticias de posibles vacunas o cuando haya noticias o rumores de que el fin del confinamiento está cerca. Supondrá un alivio y veremos cerca el poder salir de casa y retomar nuestra vida normal.

Temor

Pero a la vez que comenzaremos a notar alivio, también sentiremos temor. Temor a una recaída de las previsiones, temor a que puedan subir los contagiados y el confinamiento se alargue. Temor a que la pandemia del coronavirus se haya llevado por delante muchas de las cosas que antes teníamos. Temor a que la crisis económica se alargue. Un periodo de miedo, en definitiva, que sólo experimentaremos cuando el confinamiento esté acabando.

 

PACO PUENTES