La situación actual está plagada de dudas y no sabemos bien cuándo llegará a su fin. Para las personas con altos niveles de ansiedad esto puede ser frustrante
Aestas alturas, todo el mundo está harto de la pandemia por coronavirus que el pasado mes de marzo azotó nuestras vidas y las cambió para siempre.
Eso no significa que el peligro haya pasado, pero como somos humanos, es normal que el desgaste vaya haciendo mella en nosotros. Las malas noticias continuadas nos han sumido en un estado de hastío constante, y los que no están concienciados y preocupados han optado por dejar de creer en la enfermedad y pensar que es todo un complot ideado por ‘los de arriba’ (sean quienes sean).
Nuestras vidas han cambiado, es innegable, pero es difícil saber cómo será el futuro próximo. Son cambios sustanciales, pero afectan: llevamos mascarilla a todas partes, practicamos el distanciamiento social, teletrabajamos, nos ocupamos de no saludar de manera demasiado afectuosa teniendo en cuenta las condiciones actuales y, lo más importante, ya no planificamos nada. El futuro ha desaparecido, no podemos pensar en viajes que haremos o conciertos a los que asistiremos en los próximos meses, porque solo importa el aquí y el ahora.
Quizá lo más preocupante sea que no sabemos cuándo terminará todo. El fin de la pandemia no está claro, pese a que la llegada de las vacunas ha abierto un escenario más esperanzador, pero la incertidumbre continúa, ¿cuándo se conseguirá la inmunidad de rebaño? ¿Tendremos que seguir llevando mascarillas? Igual que no todo el mundo respondió igual frente a las medidas adoptadas durante el confinamiento, tampoco sabe hacer frente de la misma manera a la incertidumbre.

Ha sido un año plagado de incertidumbre, y cada persona desarrolla una tolerancia diferente ante las situaciones que están plagadas de dudas

De hecho, según explican las psiquiatras Sandra Llera y Michelle Newman en ‘Psychology Today’, en general las personas con más ansiedad suelen tener más intolerancia a la incertidumbre (UI en inglés), un rasgo que varía extremadamente de una persona a otra y se ve diferenciado por su situación vital y sus niveles de estrés actuales. Por supuesto, el año 2020 ha supuesto un problema grave para todas aquellas personas que no se sentían con fuerzas para poder superar una situación plagada de dudas y con muy pocas certezas.

Las incertidumbres no solo han pasado por nuestra salud (desde la posibilidad de habernos contagiado a tener familiares o amigos enfermos o incluso en el hospital, sin saber cuándo podremos volver a verlos o si lo haremos), también han estado y están relacionadas con la situación económica actual, los ERTES, el trabajo o la vuelta al mismo. No es nada nuevo, las investigaciones ya han demostrado que el confinamiento ha tenido un impacto grave en nuestra salud mental (agorafobia, dolores de cabeza, bruxismos…).

Tenemos que ser realistas y asumir que el final de la pandemia no llegará con pancartas, fiestas y anuncios en la televisión

¿Cómo luchar contra la incertidumbre? Primero tenemos que asumir que el final de la pandemia no llegará con pancartas, fiestas y anuncios en la televisión. Según las psiquiatras, es útil tener una visión realista de cómo será el fin, y también es importante la aceptación, es decir, entender que la incertidumbre es algo completamente normal en la vida y que no debemos luchar contra ella. Además, ellas aseguran que hay tres cosas que nos ayudarán mientras continúe el problema:
• Mantén tu conexión con los demás. Nunca es mal momento para acercarte a o conectarte con tus seres queridos, ya sea en persona o de manera virtual, para contarles tus miedos o preocupaciones y que te escuchen.
• Sigue cuidándote. Quizá suena a tópico, pero el ejercicio y la comida saludable están estrechamente relacionados con la salud mental. Si en el momento actual te da miedo pisar un gimnasio hay otras alternativas que van desde hacer ejercicio en la calle a utilizar el ordenador para ese fin.
• Mantente positivo. Es difícil cuando estás estresado, pero debes buscar aspectos positivos de tu forma de vida actual. Recuerda que preocuparte, al fin y al cabo, es poco productivo y generalmente no sirve de nada. Quizás el mejor consejo de todos sea dejar ir la sensación de que debes controlar una situación incontrolable.

A. N.

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