Cómo superar el aburrimiento y usarlo para encontrar el sentido a tu vida

¿Has empezado el año y aún no sabes a qué lo quieres dedicar ni de dónde sacar el ánimo? Hoy hablamos sobre el tedio o el hastío, dos grandes afecciones del mundo contemporáneo

 

Desde que comenzó la pandemia, muchas personas se han visto en la tesitura de tener que llenar su tiempo con lo que sea. Cuando antes la rutina apenas dejaba espacio para el tiempo libre, nos tuvimos que quedar en casa y pasar más horas con la familia, nuestros convivientes o en soledad con nosotros mismos. ¿Hemos aprendido algo de esta experiencia? Ahora, recién entrado el 2021 y con la crisis sanitaria todavía pendiente de resolver, tal vez hayamos desarrollado ciertas habilidades con las que antes no contábamos. Evidentemente, a nadie le gustaría tener que volver a vivir otro confinamiento tan severo como el de marzo de 2020, pero en caso de que así fuera, la perspectiva no sería tan dramática como la de hace un año. Como decía un filósofo, «lo que no te mata, te hace más fuerte».

Muchos sociólogos y expertos insistieron en la impotancia de aburrirse durante el parón general. Una realidad tan paradójica como real: no hacer nada también necesita práctica y ensayo, mentalidad y disposición, voluntad y aplomo. A la mayoría le gustaría pensar que es un experto en el noble arte de hacer el vago o frente al hecho de no saber qué hacer con su tiempo libre. Al fin y al cabo, la industria del entretenimiento ha evolucionado muchísimo con el paso de los años y siempre hay una serie nueva que ver o un videojuego de última generación al que jugar. Pero en caso de no disponer de todas estas herramientas para pasar el tiempo, ¿qué haríamos durante tantas horas y horas mirando a la pared?

 

«La apatía es la ausencia de cualquier deseo; el aburrimiento implica un deseo desesperado de hacer algo, pero nada parece encajar»

 

«Aburrirse es besar a la muerte», decía el escritor Ramón Gómez de la Serna en una de sus greguerías. Y llegados a este punto habría que distinguir, en primer lugar, los tipos de aburrimiento que hay para entrar a hablar de cada uno de ellos, pues no todos son iguales ni tan terribles. Existen palabras que en muchas ocasiones se utilizan como sinónimos de estar aburrido: tedio, apatía, hastío… Ambas nos remiten a grandes temas de la literatura contemporánea, pues uno de los primeros hombres de letras en dar la importancia que se merece a este sentimiento generalizado entre los ciudadanos del mundo moderno fue el francés Charles Buadelaire en su obra fundacional ‘Las flores del mal’. Pero hay pequeñas diferencias de significado entre ellas.

Un anhelo vacío

«La apatía es la ausencia de cualquier deseo; el aburrimiento, por el contrario, implica un deseo desesperado de hacer algo, pero nada parece encajar», afirman James Danckert y John Eastwood, dos profesores estadounidenses especializados en el ámbito de la psicología, en un reciente artículo publicado en la revista ‘Aeon‘. «También es incorrecto pensar que el aburrimiento es una forma de frustración, puesto que esta surge cuando se ve frustrada la búsqueda de objetivos. El aburrimiento, en primer lugar, es el anhelo de tener una meta a la que llegar. Cuando estás aburrido, sea lo que sea que estés haciendo no te satisface, pero en el fondo de ti tan solo deseas estar comprometido con algo o buscar urgentemente una actividad que satisfaga tu profunda inquietud».

¿Qué sucede realmente cuando nos encontramos aburridos? Dankert y Eastwood aseguran que se produce una incomodidad con nosotros mismos que remite a lo que se conoce como una «crisis de agencia». Si además nos afanamos cada vez más en la desgracia de vernos en esta circunstancia vital, estaremos más lejos de salir nuestro estado. Es decir, el aburrimiento tiende a reproducirse a sí mismo. «Te has vuelto pasivo y estás dejando que la vida te suceda: no estás estableciendo metas ni apuntando hacia ellas», explican. «No estás comprometido con nada. Y de hecho, es bueno sentirse incómodo, pues así te darás cuenta de la difícil situación a la que te estás enfrentando».

Por tanto, hay que tener algo en cuenta. No es que tengas que hacer algo diferente para mitigar el tedio, sino experimentar un cambio en la conexión que tienes con el mundo de tu alrededor. Es aquí cuando esa incomodidad puede transformarse en inquietud, dando rienda suelta a tu curiosidad, creatividad y pasión. ¿Qué hacer para conseguir tomar de nuevo las riendas y apuntar hacia algo? ¿Cómo salir del aburrimiento y reconectar con nosotros mismos y el mundo? A continuación, veremos algunos consejos ofrecidos por Dankert y Eastwood.

Lo primero: tranquilízate

La crisis de agencia trae consigo una agitación interior de querer avanzar pero no saber cómo. Por ello, lo primero que deberás hacer para superarla y vencerla es hacer las paces contigo mismo. «Unas cuantas respiraciones profundas podrían ayudarte a sentirte menos amenazado y estancado», aseguran los psicólogos. «También puedes intentar liberar esa incomodidad a través de la actividad física con algo tan simple como salir a caminar». Se trata de un consejo o remedio muy típico para paliar los sentimientos de ansiedad o depresión, que sin duda también vienen ligados al aburrimiento, pues las personas que los padecen suelen ser propensas a sentir el tedio atenazando sus vidas.

Acepta el aburrimiento

«Si te quedas atrapado en sentimientos de desdén y rechazo hacia el tedio solo te hundirás más profundamente en sus arenas movedizas», recuerdan Dankert y Eastwood. «Intenta aceptar el aburrimiento por lo que es. Para ello, pasa más tiempo en la naturaleza o habla con amigos para que ayudarte a recuperar la perspectiva y dejar de lado esa posición hostil contra el mundo.

Reflexiona sobre tus próximos objetivos

Tras conseguir calmarte y aceptar la situación, trata de concentrarte en cuáles serían las posibles recompensas para hacer lo que haces. «Tan solo basta con una pequeña pizca de emoción o entusiasmo para mantener al aburrimiento contra las cuerdas», aseguran los psicólogos. «La agencia consiste en actuar en el mundo en función de tus deseos e intenciones». En este sentido, aprovecha el tedio para pensar y reflexionar sobre ti mismo y la vida que has llevado hasta entonces.

Aunque sientas que no te apetezca, siempre merece la pena echar un vistazo a tu proceso vital hasta el momento presente. Un buen consejo podría ser llevar todos estos pensamientos al papel. Escribe y medita sobre quién eres y qué haces aquí, cuáles son tus puntos fuertes, los mejores momentos que has pasado y también los malos y cómo conseguiste sobreponerte a las dificultades. A fin de cuentas, hay mucho sobre lo que reflexionar. Y una vez lo hayas hecho, ya no tendrás más excusas: llegó la hora de actuar.

 

  1. Zamorano

 

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