La psicología de lo 'kawaii': así penetra en nuestra mente todo lo cuqui

Ante las inmensas dificultades que hemos vivido en el pasado 2020, si hay algo que ha tenido un gran auge ha sido la estética que alude a lo bonito y tierno: ¿A qué se debe y qué efectos produce?

 

Seguramente uno de los regalos estrella de estas navidades haya sido un peluche o accesorio de Baby Yoda. Este protagonista de la serie ‘The Mandalorian’ se hizo un hueco en nuestros corazones por sus ojos saltones y orejas puntiagudas, inspirando ternura y devoción, tanto a niños como a mayores, llegando a nuestras vidas en un momento muy complicado a nivel colectivo como fue la cuarentena de marzo por la pandemia de coronavirus, fecha en la que se estrenó dicha serie. Desde entonces, ha estado presente día sí y día también en el ‘timeline’ de redes sociales como Twitter o Instagram, inspirando memes y bromas entre los usuarios.

Al fin y al cabo, el Baby Yoda es solo la punta del iceberg de lo que podríamos llamar estética ‘kawaii‘, la cual alude a todo aquello que nos resulta adorable, mono o cuqui. Hay infinidad de adjetivos para describir la sensación que sentimos al ver esos ojos vidriosos del personaje creado por Disney, así como también por cualquier gato o perro que nos resulte atractivo visualmente, trastocando nuestra sensibilidad humana. ¿A qué se debe esta sensación de ternura por este tipo de seres animados o inanimados y a qué responde?

 

«En una sociedad madura y a menudo estresada, la gente busca algo que le reconforte, algo tierno y suave que pueda calmarlos»

 

Uno de los aspectos más llamativos de la explosión mediática del Baby Yoda es, como decíamos, que llegó en el peor momento posible, cuando peor lo estábamos pasando a nivel emocional por la pandemia de coronavirus. Tal vez ahí resida la eficacia de su impacto en la sociedad y en la cultura, debido a esa necesidad imperiosa y subliminal de desconexión de todo el caos y frustración originados por la crisis sanitaria. Y más aún cuando el clima que se respiraba (y respira) en redes sociales era de lo más asfixiante, ya sea por las malas noticias que no parábamos de recibir como por los habituales choques entre diferentes posturas ideológicas enfrentadas de la forma más hostil.

Un sentimiento de protección

Así lo reconoce un interesante artículo de la revista ‘Wired‘ que analiza el fenómeno del ‘kawaii’ dando por sentado que nunca hemos sentido tanta afición por esta estética como en el pasado 2020. En cierto sentido, se trata de un sentimiento que emerge en nosotros y que no es nada nuevo, puesto que también lo experimentamos en situaciones cotidianas como por ejemplo cuando vemos a un bebé o a una mascota que nos resulta adorable. Evidentemente, se trata de una corriente puramente visual, pues nos entra directamente por los ojos, de ahí que sea tan fácil de inocular a través de redes sociales. Pero a un nivel psicológico más profundo, ¿cuáles son los efectos y afectos que se desatan cuando presenciamos algo ‘kawaii’?

 

«La ‘ingeniería de lo cuqui’ aprovecha las emociones positivas para motivar, involucrar y dar forma al comportamiento del consumidor»

 

Hiroshi Nittono, directora del Laboratorio de Psicofisiología Cognitiva de la Universidad de Osaka, es una de las personas que más han investigado a nivel científico cómo funciona este fenónemo. Ya en 2012 publicó un estudio en el que demostró cómo el ‘kawaii’ puede tener un fuerte impacto en nuestro comportamiento y manera de ver el mundo. «Ver imágenes de animales bebés genera una motivación extra para actuar con ternura y responsabilidad para protegerlos», asegura la investigadora. «Esta idea se basa en que las entidades débiles o indefensas pero cuquis desencadenan una actitud de cuidado en el espectador. No solo nos hacen sentir protectores, sino que también más concentrados, presentes o atentos».

Según Nittono, la ternura que experimentamos ante el ‘kawaii’ genera un estímulo positivo en las personas que es similar a la actitud de ‘acercamiento’ que nos permite enfocarnos en procesos cotidianos que requieren toda nuestra atención y cuidado, como conducir o cocinar. Este efecto psicológico no cae en saco roto para las industrias del entretenimiento, la tecnología o la publicidad. Precisamente, si hay algo que tienen en común estas tres es la finalidad de despertar una respuesta de atención en el consumidor. De ahí que todas ellas acaben recurriendo a la estética ‘kawaii’ para crear y desarrollar sus productos.

«Es una forma de aprovechar los sentimientos y emociones positivas para motivar, involucrar y dar forma al comportamiento del usuario de una manera positiva», asegura Owen Noel Newton Fernando, profesor titular de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur. «A veces, la ingeniería cuqui, como lo llaman muchos investigadores, es mínimamente sutil como para hacerse obvia. Los programadores de robots la usan, sin ir más lejos, en el campo de la robótica: cuanto más mono sea el robot, más humanos querrán interactuar con él».

En todas partes

Lo mismo sucede con los móviles o las fundas que lo recubren. Desde hace unos años, los productos tecnológicos que usamos pueden personalizarse de acuerdo a aquello que más ternura nos dé o sentimientos de cuidado y protección. Hasta el propio fondo de pantalla de los chats o la inmensa cantidad de filtros que tenemos para elegir según cómo queramos adornar las fotos que subimos a las redes sociales.

 

Vivimos en una época en la cual importa más el aspecto, lo superficial, que el valor real de la experiencia de uso

 

El ‘kawaii’ está por todas partes. Esta suerte de ‘capitalismo cuqui’ ha penetrado tanto en nuestras vidas y en la forma que tenemos de mirar el mundo que nosotros sin querer o por defecto también somos parte de él y le damos forma. Atrás quedaron los productos sobrios y sencillos pero útiles que jamás se estropeaban. Vivimos en una época en la cual importa más el aspecto, lo superficial, que el valor real de la experiencia de uso.

«En una sociedad madura y a menudo estresada, la gente comienza a buscar algo que le reconforte, algo tierno y suave que pueda calmarlos», asegura Nittono con lucidez. No sabemos si esta tendencia proseguirá en el futuro y surgirán más criaturas fantásticas en formato bebé de ojos grandes y semblante tierno, pero lo que sí es seguro es que los consumidores y usuarios necesitarán cada vez más de ese descanso mental y emocional que nos proporciona esta estética frente a una vida en la que los trastornos mentales y afectivos, como bien pueden ser la ansiedad o la depresión, se hacen más frecuentes.

 

Enrique Zamorano

 

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