Si tu amigo huele a tigre lo sabrás enseguida, pero es poco probable que lo percibas en ti mismo. El motivo está en nuestro cerebro
Es un hecho constatado: podemos sugerirle a nuestra pareja o un amigo cercano que quizá necesite una ducha (o un poco de desodorante), y también podemos arrugar la nariz con asco cuando entramos en una habitación cerrada o un metro particularmente lleno, pero nos es mucho más difícil adivinar si somos nosotros los que quizá deberíamos ponerse un poco más de perfume o introducirnos en una ducha.
¿Alguna vez te has preguntado por qué? En realidad, como casi todo en esta vida, tiene una explicación: nuestro cerebro (y la nariz) están diseñados para detectar cambios repentinos en los aromas que nos rodean, mientran se adaptan a los olores que siempre están con nosotros. En otras palabras: todo lo que nos rodea emana moléculas perfumadas y, cuando respiramos, se adhieren a una pared de moco que hay en la parte posterior de nuestra garganta.
Un estudio descubrió que las personas dejaban de percibir el aroma que vertían los ambientadores de sus habitaciones después de solo unos días
Suena asqueroso pero es así. Al adherirse a esa pared de moco, las células receptoras que existen en él describen el olor y lo envían a nuestro cerebro y, como nuestro cerebro se encarga de percibir nuevas cosas (ya sean vistas, sonidos u olores), ignora los que nos han estado siguiendo durante más tiempo, ¿y adivinas quién nos acompaña siempre? Exacto, nosotros mismos.

Este fenómeno tiene un nombre: adaptación olfativa. Por poner un ejemplo que probablemente tú has vivido en tu propia piel: un estudio descubrió que las personas dejaban de percibir el aroma que vertían los ambientadores de sus habitaciones después de solo unos días, y que incluso eran menos sensibles al mismo olor si se repetía en otros entornos, informa ‘Mel Magazine’.
Los receptores del olfato se ‘apagan’ después de ser bombardeados con un olor durante varias semanas. Esto no sucede igual con los de la vista o el oído
Además, la nariz puede tardar semanas en ‘reestablecerse’ después de haberse familiarizado con olores cercanos. Según indicó la psicóloga cognitiva Pamela Dalton en una entrevista en ‘Washington Post’: «Los receptores se ‘apagan’ después de ser bombardeados con un olor durante varias semanas, lo que quiere decir que se adaptan a largo plazo. Es un fenómeno que no ocurre con otros sentidos como la vista o la audición. Puedes adaptarte o acostumbrarte a un ruido o una imagen, pero en general los sistemas se recuperan bastante rápido. Es muy singular lo que sucede con el olfato».
Sin embargo, ¿significa que si hueles a muerto nunca podrás adivinarlo a menos que te lo diga algún allegado? En realidad hay maneras de estimular la nariz más rápido. Un truco que usan los perfumistas es subir y bajar las escaleras para aumentar el flujo sanguíneo lo que, aparentemente, ayuda a que la nariz empiece a oler de nuevo esos aromas familiares. Y si no te apetece subir escaleras porque estás vago, simplemente pregúntale a alguien de confianza, que probablemente no tendrá ningún reparo en decirte la verdad. Por suerte no vivimos en el Medievo y tenemos la ducha para paliar esos problemas.
ACYV

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