‘SHINRIN YOKU’: EL TRUCO JAPONÉS PARA QUE TU SALUD SEA MUCHO MEJOR

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Los nipones comenzaron a notar que lo mejor para combatir el estrés cotidiano era sumergirse en el corazón del bosque en un ambiente de cero distracciones

“Mamá Naturaleza te lo da”, cantaba el mítico oso Baloo de ‘El Libro de la Selva’ en la adaptación cinematográfica de Disney de la atemporal obra literaria de Rudyard Kipling. Si vives en una gran ciudad, acostumbrado al tráfico, a las luces y pantallas, es fácil olvidarse de que más allá de toda esa jungla de asfalto existe una jungla de verdad, natural, verde y llena de vida. En la sociedad urbana, lo único que está vivo son las criaturas que lo pueblan, el resto son muros de hormigón y diodos led que se encienden y se apagan. Nada comparado a perderse en un bosque.

Desde tiempos inmemoriales, los bosques representaron todo lo que el ser humano necesitaba para vivir. Nos proporcionaron comida, ropa y refugio, así como los materiales necesarios para construir muebles y herramientas. Además, se encargan de limpiar el aire y librar al agua de impurezas. En Japón, se practica algo que ellos llaman “baño de bosque” o shinrin-yoku (shinrin: “bosque” y yoku: “baño”), una metáfora clara de lo que significa sumergirse en el bosque a través de tus sentidos.

Es en el bosque cuando, lejos de las distracciones de la ciudad, los cinco sentidos se activan y conectas contigo mismo

No tiene nada que ver con hacer ejercicio, así como tampoco sobre ir de excursión o correr. Simplemente, estar presente en un entorno natural y conectar con él a través de la vista, el tacto, el oído, el gusto y, por supuesto, el olfato. Básicamente porque en la ciudad, como cualquier otra persona, tendemos a solo usar nuestros ojos y oídos. En el bosque, fuera de distracciones vanas y ruidos innecesarios, solo podemos estar con nosotros mismos y el ambiente que nos rodea, plagado de colores, formas y fragancias naturales. Como en la película de animación de los estudios Gibbli, ‘El viaje de Chihiro‘, en la que la protagonista huye sin querer a un paisaje mágico y verde que le aleja de todas las cadenas del mundo moderno para llenarla por dentro y sufrir una transformación vital.

Cuando la gente comenzó a practicar el shinrin-yoku, a principios de la década de 1980, solo confiaba en la intuición de que estar en los hermosos y verdes bosques del lejano Japón mejoraría su salud. El término fue inventado posteriormente por el entonces director de la Agencia de Agricultura, Silvicultura y Pesca, Tomohide Akiyama, quien afirmó que el pueblo nipón necesitaba una especie de “curación silvestre”, según informa ‘Business Insider’. A su vez, el concepto fue parte de una campaña para proteger los bosques vírgenes del país, ya que si se anima a las personas a acudir a ellos es para que deseen protegerlos y cuidarlos.

Los almendros coronan el castillo de Himeji Hyogo, en Japón. (iStock)

Fue en 2004 cuando se empezó a investigar científicamente la relación que guardan los bosques vírgenes con la salud humana. El denominado ‘Forest Therapy Study Group’ nació con el objetivo de descubrir el secreto de por qué los árboles nos hacen sentir muchísimo mejor. “Partí a la ciudad de Iiyama, en la esquina noreste montañosa de la región de Nagano, y me llevé a doce hombres de negocios sanos de mediana edad de Tokio para un viaje de tres días por el bosque”, asegura Qing Li, propulsor del proyecto. “Los bosques de la zona son algunos de los más bellos y vírgenes de todo Japón. El paisaje es romántico y esencialmente nipón, con las gigantes cumbres del monte Nahekura y las aguas del río Shinanogawa”.

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El equipo de científicos descubrió que el shinrin-yoku podía impulsar el sistema inmunológico, aumentar la energía vital, disminuir sentimientos negativos como la depresión, la ansiedad o la ira, así como reducir el estrés y generar un profundo estado de relajación. Con base a los resultados obtenidos en la investigación, el bosque de Iiyama se convirtió en el primer lugar de Japón en recibir la certificación propia de “terapia forestal”, de las 62 que existen en la actualidad en el país.

Otro de los beneficios descubiertos es que muchos de los participantes en las pruebas reportaron dormir mejor después de imbuirse dentro del bosque. “El tiempo promedio de sueño de los sujetos aumentó en 54 minutos”, argumenta Qing Li. “Un baño de dos horas en el bosque te ayudará a desconectar de la tecnología y reducir la velocidad a la que haces las cosas. Te llevará al momento presente. Cuando conectas con la naturaleza a través de los cinco sentidos, conoces en tus propias carnes la gran variedad de beneficios que te brinda el paisaje agreste”, concluye.

  1. ZAMORANO

 

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