Te has levantado con el pie izquierdo? Las 5 cosas que debes hacer para  mejorarlo

Aunque no podemos elegir el estado de ánimo con el que nos levantamos, sí que podemos poner de nuestra mano para mejorarlo. Aquí van los consejos para revertir el mal humor o el estrés de la mañana

 

A veces, no se puede elegir el estado de ánimo con el que nos levantamos. Puede que hayas tenido un mal sueño o que directamente no hayas podido pegar ojo por alguna preocupación, pero si hay algo seguro es que el nuevo día va a llegar y posiblemente tengamos que levantarnos y proseguir con la jornada como si nada hubiera pasado. En este sentido, si no has pasado buena noche, te sentirás más cansado o irritado, y sobre todo, tendrás la sensación de que llegas tarde a todo o que el mundo está patas arriba.

Como decíamos, no está en tu mano elegir con qué pie te levantarás, si con el derecho o el izquierdo (como dice el refranero popular), pero por difícil que te parezca hay unas cuantas fórmulas de intentar revertir esta situación y volver a tomar las riendas del día a día. ¿Cómo? Nada tan extraordinario como perseverar en los buenos hábitos y en una serie de aspectos que pueden hacer que esa transición que va desde que sales de la cama hasta que te pones en marcha sea más llevadera y augure buenos presagios para el día que acaba de comenzar. La revista ‘The Huffington Post’ ha consultado con algunos expertos en bienestar para conocer de cerca cuáles son las prácticas positivas que poner en marcha para sentirte bien a pesar de que creas que todo el universo está en tu contra.

Conecta con un hábito saludable

Lo primero es desarrollar el gusto por alguna práctica relajante y positiva que te ayude a conectar contigo mismo antes de empezar a ponerse en marcha. A muchos les valdrá con salir despedidos de la cama y ponerse a hacer flexiones o algún ejercicio que les espabile, otros preferirán tomarse su tiempo en una ducha de agua caliente y, tal vez los mejores, se contenten con unos minutos de meditación y respiración profunda para hacer frente al nuevo día.

La clave está en conseguir hacer de forma automática alguna de estas actividades que despiertan y preparan al cuerpo y a la mente, es decir, incorporarlas a la rutina. La constancia solo se consigue mediante el sacrificio, y puede que llegue algún día en el que pienses que es mejor no levantarse de la cama y por tanto no te apetezca hacer nada de esto, pero si logras sortear esa barrera de la pereza, podrás enderezar la mañana. Lo mejor, para no cansarse ni rendirse a la primera de cambio, es ir poco a poco.

Nada de dispositivos electrónicos

«Que no haya ninguna pantalla en tu cuarto«, aconseja Allison Task, una ‘coach’ profesional estadounidense. Aunque es muy probable que uses la alarma del móvil para despertarte y salir de la cama, la experta recomienda no dejarse intoxicar nada más levantarse por el mundo exterior. Y esto, evidentemente, pasa por no abrir el móvil ni contestar a los mensajes que tenemos pendientes nada más abrir los ojos. Así no solo ganarás en tranquilidad y gozarás de menor estrés matutino, sino que también tendrás tiempo para ti y para pensar en el día que te espera. Al final, cada vez que nos levantamos es como si recogiésemos al «yo» que dejamos la noche anterior reposar, por lo que no vendría nada mal tomarse unos minutos para pensar en ti mismo y en lo que quieres o tienes que hacer durante la jornada que arranca.

Habla contigo mismo

Como ya veníamos diciendo en el punto anterior, es importante que reflexiones sobre ti y tu vida para comenzar el día de la mejor forma posible. Evidentemente, hay que hacerlo pero no en demasiada profundidad, pues si te tiras mucho tiempo dialogando contigo mismo no solo aumentarás el estrés que has podido sentir al levantarte, sino que aquello que te preocupa o te genera ansiedad puede ir en aumento.

«Haz una pequeña pausa para valorar que sigues vivo, por muy raro que te suene»

Uno de los consejos más prácticos de Murray Zucker, experto en bienestar, es llamarte a tí mismo con tu nombre. Aunque suene un poco extraño y patológico, puede ser muy útil el hecho de tratarse a uno mismo como si fuera una tercera persona, ya que además de darte ánimos, te hará más consciente de quién eres y de lo que tienes. Este consejo solo es aplicable si el diálogo interno es fructífero y positivo, lógicamente si tienes algún problema de autoestima o un trastorno mental más serio y arraigado es posible que solo te digas cosas malas. Y, en ese caso, lo mejor será que te pongas en manos de un profesional para remediarlo, pues el primer paso para conseguir remontar un día malo es creer en uno mismo.

Y con otra persona especial para ti…

Si te has levantado mal, probablemente lo mejor que puedes hacer es darle los buenos días a una persona especial para ti. Puede ser un miembro de tu familia, tu pareja o simplemente un amigo. El hecho de recibir noticias matutinas de otras personas nos hace reparar en que no estamos solos en este peregrinaje vital repleto de curvas. También puedes cambiarlo por tomar un café con un compañero del trabajo con el que tienes buena relación. Salir a los demás siempre es la mejor opción para intentar olvidarse de uno mismo y de sus propios problemas. Y en caso de que esa otra persona resulte de confianza para ti, poder contarle cómo te sientes o cómo te gustaría sentirte a partir de ahora.

 

Expresa gratitud

La mejor vacuna contra el mal humor, el cansancio o la angustia matutina es darse cuenta de todo lo que tienes y has conseguido, ya sea por ti mismo o gracias a otras personas. «Haz una pequeña pausa para valorar que sigues vivo, por muy raro que te suene», insiste Task. Tienes que darte cuenta de todas las cosas buenas que posees y por las que has llegado hasta el punto en el que estás. Solo así conseguirás revertir el estado de ánimo y hacer de un día plomizo y aburrido una jornada llena de emociones positivas.

 

ACyV

 

Cómo deberíamos entender el éxito para no caer en la frustración

Desde pequeños, los jóvenes han sido educados para ser los mejores en todo. Hoy vemos de donde viene esa ansiedad por triunfar a toda costa de la mano de un prestigioso psicólogo

 

En una sociedad como en la que vivimos, en la que las desigualdades cada vez son más grandes, pensar en el éxito se ha convertido en un lujo para muchos. Desde muy pequeños, los jóvenes de hoy en día fueron educados para ser los mejores: obtener las notas más brillantes con la esperanza de un futuro prometedor que les hiciera vivir cómodamente y ganar el mayor dinero posible. Sin embargo, la lógica capitalista de la competencia y lo precario que se ha vuelto nuestro mercado laboral desde que saltara la crisis económica han provocado el efecto contrario: en vez de atisbar el éxito, muchos han acabado frustrados y, por tanto, se han sentido engañados.

Esta es la realidad de los ‘millennials‘ cada vez que emerge un nuevo ‘meme’ o un chiste en redes sociales. El típico icono del ‘boomer’ dando lecciones vitales sobre lo mucho que tuvieron que trabajar para formar una familia frente al joven de hoy en día, atrapado entre dos crisis y teniendo que postergar todos sus proyectos personales y profesionales para después. Esta desilusión constante de no poder independizarse también tiene un coste en la salud mental, ya que este cúmulo de logros no conseguidos acaba produciendo una sensación de fracaso que repercute en la autoestima y el carácter de la persona.

Un informe asegura que la presión por sobresalir frente a los demás, junto con la pobreza, el trauma o la discriminación son las razones que más malestar generan entre los adolescentes del presente. Además, una reciente encuesta realizada a más de 40.000 estudiantes universitarios de Reino Unidos, Estados Unidos y Canadá reflejó que la obsesión con el perfeccionismo está en aumento, con todo el desgaste que esto conlleva para la salud mental. El ansia de alcanzar la perfección es el resultado de toda esa presión por sobresalir que inculcaron a muchos jóvenes desde pequeños, junto con la extrema competencia que hay en nuestra sociedad por llegar a un puesto de trabajo o simplemente destacar sobre los demás y ser alguien.

¿El origen de la frustración?

De hecho, hay psicólogos de prestigio que cada vez entonan más el ‘mea culpa’ hablando en nombre de su generación a la hora de explicar esta crisis de salud mental entre los jóvenes y sus consecuencias. Profesionales como Dimitrios Tsatiris, especialista en trastornos de ansiedad y profesor asistente de psiquiatría en la Universidad de Medicina del Noreste de Ohio quien, en un artículo publicado en ‘Psychology Today’, asevera que en muchas ocasiones esta frustración es causa directa de la educación de los adultos sobre esos niños que ahora son jóvenes. Pero sobre todo, de su modo de ver la vida.

«Si ayudamos a los jóvenes nos estaremos ayudando a nosotros mismos. Y para ello debemos reflexionar sobre cómo vivimos nuestras vidas»

«Los jóvenes siguen los pasos de los adultos», asegura Tsatiris. «Pueden ver cómo elogiamos el éxito y la productividad al máximo nivel. Les premiamos por ser estudiantes sobresalientes y ser los mejores en su equipo de fútbol. Les animamos a potenciar su currículum con un sinfín de actividades extraescolares. Aunque les digamos que valoramos la bondad y la empatía, no siempre promovemos esta serie de valores con la misma intensidad».

En este sentido, el psicólogo apunta a que «si ayudamos a los jóvenes nos estaremos ayudando a nosotros mismos». ¿Cómo? «Necesitamos reflexionar sobre cómo vivimos nuestras vidas», prosigue. «Hemos elevado el listón de nuestras expectativas a niveles inalcanzables e insostenibles. Esperamos obtener unos buenos ingresos, sobresalir profesionalmente, crear hijos perfectos, tener una casa hermosa, mantener una gran actividad social y ser los pilares de nuestras comunidades».

«Si mides el éxito desde el prisma individual, como dinero, poder o fama, lo más normal es que te sientas defraudado»

Tsatiris es tajante y no duda en reconocer que «la ansiedad surge de la presión por cumplir con las expectativas autoimpuestas». Y como es lógico, la incertidumbre por el futuro generada por la pandemia de coronavirus ha acrecentado aún más esta preocupación. «Estamos demasiado dispersos y abrumados», recalca el psicólogo. Por otro lado, también expresa que la empatía ha estado en declive en los últimos años, mientras que las conductas narcisistas van en aumento, tal vez como mecanismo irracional de defensa ante esa frustración que provoca no conseguir las metas. Esta falta de empatía y exceso de narcisismo también tiene su reflejo en el apartado social, con una tensión y crispación política que ha ido en aumento en los últimos meses.

Ante este panorama tan desolador, ¿cuál es la posible solución que ofrece el psicólogo? «El mayor logro es hacer una contribución positiva a las vidas de los demás», observa. «Si mides el éxito desde el prisma individual, como dinero, poder o fama, lo más normal es que te sientas defraudado. Este tipo de felicidad huye a medida que la comparas constantemente con otras ás ricas, más poderosas o más famosas.

El diagnóstico de Tsatiris es acertado aunque tal vez su enfoque es demasiado poco realista. No falla a la hora de darse cuenta de que la clave para el éxito individual no reside más que en lograr el éxito colectivo, es decir, conseguir sobreponerse a los problemas que puedan venir de la mano de los demás, del entorno más cercano. «Nuestro impulso por lograr el éxito no tiene por qué ser malo», concluye. «Puede tener un impacto positivo en el resto, el problema es cuando lo perseguimos exclusivamente de manera individual. En última instancia, así es como repercute en nuestra salud mental, en nuestros seres queridos y, en general, en la sociedad».

 

  1. Z.

 

Qué hacer cuando nos vemos sobrepasados por las emociones y no sabemos cómo  actuar

Si crees que estás desbordado por los acontecimientos o te pierdes en los sentimientos negativos, estos son los consejos para afrontar mejor tu vida de una psicóloga de renombre

 

A lo largo de nuestra vida hay momentos en los que sentimos que todo nuestro mundo se viene abajo y solo podemos echarnos a llorar o a temblar. En muchos casos, esta serie de reacciones emocionales vienen justificadas, pues es inevitable que nos pasen cosas malas. Ojalá todo fuera ‘un camino de rosas’. Pero no, la realidad de la vida en pleno siglo XXI para nosotros, los seres humanos, es harto complicada. Pero por otro lado, aunque no tengamos ningún problema, podemos sentirnos agotados emocional y mentalmente, y en caso de que esta serie de sentimientos se cronifiquen, desarrollar algún tipo de trastorno mental como ansiedad o depresión.

La incapacidad de gestionar nuestras propias emociones de una manera saludable puede llegar a ser la causa de estos males tan comunes en el mundo contemporáneo. Llorar de vez en cuando, aunque no haya una razón de peso, puede aportar alivio a las situaciones difíciles. Al final, nuestras emociones tienen un propósito, que no es más que el de brindarnos información sobre nosotros mismos y cómo nos sentimos para tomar decisiones que nos obliguen a cambiar las cosas y actuar. Pero ojalá fuera tan fácil aceptar las emociones tal y como vienen y seguir adelante.

«La persona que no sabe regular sus sentimientos tiene problemas para identificarlos, camina en medio de una ‘niebla emocional'»

Una correcta regulación emocional pasa por hacerlas mucho más manejables, pero cuando estas nos abruman y no podemos gestionarlas adecuadamente acaban interfiriendo en nuestro día a día haciéndonos sentir peor. Hay muchas cosas que no podemos controlar, desde una ruptura amorosa, pasando por la pérdida de un ser querido y hasta enfrentarnos a una pandemia como la que vivimos en la actualidad. Pero, ¿qué hacer cuando todas estas cosas se acumulan y no podemos pensar con propiedad, sino con miedo y angustia ante lo que ocurre?

La terapia dialéctica conductual

Una de las técnicas más desarrolladas de la psicología y psiquiatría para tratar de corregir esta desrregulación emocional es la de la terapia dialéctica conductual (DBT, por sus siglas en inglés), dirigida a aquellas personas que poseen un mayor nivel de sensibilidad emocional o sentimientos más intensos. Desarrollada en 1993 por la psicóloga estadounidense Marsha Linehan, se usa para abordar trastornos como el de Límite de Personalidad, así como para frenar la impulsividad e inestabilidad que pueden conducir a experimentar pensamientos suicidas.

«¿Cuál fue el último acontecimiento que provocó esa emoción? ¿A qué estabas reaccionando? ¿Qué piensas ahora de la situación?»

Hoy en día, la terapia puede enfocarse en personas que, a pesar de no tener un problema psicológico grave, pueden verse desbordadas por las emociones que sienten, impidiéndoles actuar o seguir avanzando en la vida. Al fin y al cabo, el objetivo del DBT pasa por mostrar una serie de habilidades para gestionar las emociones de una manera más efectiva. Y, en este sentido, puede ser muy útil de cara a disminuir los síntomas depresivos o cuadros ansiosos que podemos experimentar, tan comunes hoy en día. Sheri Van Dijk es una psiquiatra estadounidense que lleva más de 20 años tratando a pacientes en salud mental. En un artículo publicado en ‘Aeon‘, ofrece algunas de las claves, inspiradas en la terapia dialéctico conductual, para gestionar mejor las emociones que sentimos y que en algunos casos nos pueden hacer sentir desbordados, que veremos a continuación.

Ejercicios físicos

«Inclínate hacia delante como si estuvieras tratando de tocarte los dedos de los pies, metiendo la cabeza entre las rodillas si estás sentado», explica Van Dijk. «Respira lenta y profundamente y permanece de 30 a 60 segundos en esa posición. Inclinarnos hacia delante permite que se active nuestro sistema nervioso parasimpático, aquel encargado de digerir las emociones y brindarnos descanso. Cuando por fin vayas a erguirte de nuevo, hazlo despacio para no marearte ni caerte. Entonces, vuelve a respirar profundamente, asegurándote de que tu exhalación sea un poco más larga que tu inhalación».

Ejercicios mentales

Otro de los consejos que brinda la experta, esta vez mucho más mental, es el de tomar conciencia verdadera de lo que sientes. ¿Cuáles son tus sentimientos reales? ¿Es mera tristeza, angustia, nostalgia o pura ansiedad e incertidumbre por lo que está por venir? «La mayoría no piensa demasiado en sus propios sentimientos, simplemente asume que se siente mal y punto», observa la psicóloga. «Las personas con un alto grado de sensibilidad emocional aprenden a ignorar sus emociones, tratando de evitarlas o escapar de esas experiencias que las desatan, lo que contribuye a aumentar su desconocimiento respecto a ellas. Cualquier persona que no sabe regular sus sentimientos tiene problemas para designarlos o nombrarlos, por lo que camina en medio de una ‘niebla emocional’ constante».

«Pregúntate: ¿Está justificado sentirse así en ese momento? Si no, debes identificar el impulso que se asocia con la emoción y hacer lo opuesto»

En caso de no saber con precisión a qué se debe tu malestar emocional, debes hacerte las siguientes preguntas: ¿Cuál fue el último acontecimiento que provocó o desencadenó esa emoción? ¿A qué estabas reaccionando? ¿Qué piensas ahora de la situación? ¿Cómo interpretaste lo que te pasó, sacaste impresiones precipitadas o falsas? ¿Qué notaste en tu cuerpo, rigidez o tensión en qué zonas? ¿Hubo cambios en tu ritmo de respiración, tu frecuencia cardíaca o tu temperatura corporal? ¿Sentiste el impulso de gritar o comportarte de una manera violenta?

«Una vez que te hayas formulado estas preguntas, podrías intentar preguntarte si tu emoción encaja en una de estas cuatro categorías: enfado, tristeza, felicidad o miedo», asegura Van Dijk. «Estos son buenos puntos de partida para saber identificar las emciones básicas, luego habría que esforzarse en ser más específicos. Como dice el psiquiatra Dan Siegel, si no puedes nombrar lo que sientes, no puedes dominarlo».

El siguiente paso es validar tus emociones. «Cuando nos juzgamos a nosotros mismos por lo que sentimos a menudo tendemos a crear más dolor», asevera la psicóloga. «En este punto es importante reconocer que las emociones no son malas ni buenas, tan solo son. Al fin y al cabo, hablan de nuestras percepciones e interpretaciones de lo que está sucediendo. Después, tómate un tiempo para considerar cómo podrías validarlas en lugar de juzgarlas. Esto no significa que te guste la emoción o que quieras que se quede, sino aceptar lo que sientes».

«Gestionar el diálogo interno suele ser bastante difícil porque es automático y está muy arraigado en nosotros», prosigue Van Dijk. «Escribe, por tanto, aquello que necesites validar y cuando notes que la emoción surge dentro de ti, lee aquello que redactaste. Intenta hacerlo una o dos veces al día, y con el tiempo podrás notar cómo cambia la forma en la que aparece el sentimiento. Una vez que la hayas validado, tenemos que contrastarla con los hechos reales que suceden en nuestra vida: ¿está justificado el sentirnos así en estos momentos? Si no se ajusta a la realidad, debes identificar el impulso que se asocia con la emoción y hacer lo opuesto. La terapia dialéctico conductual afirma que ‘las emociones se aman a sí mismas’, por lo que tienden a fortalecerse. La idea, por tanto es interrumpir este proceso: al hacer lo contrario de lo que la emoción nos exige, podemos reducir la intensidad de ese momento».

 

  1. Z.

 

Pensamiento Administrativo: Personas sabelotodo: Egos desmesurados que  impiden crecer.

Sabemos que pueden ser un verdadero incordio, especialmente en el plano laboral, pero la frustración o el sarcasmo no son las mejores aliadas. A veces hay que comprenderlos

 

No es fácil tratar con un sabelotodo, lo sabemos. Ya sea en el trabajo, en clase o incluso si vive en nuestro propio hogar, muchas veces parece que tenemos que mordernos la lengua ante estas personas problemáticas, que parecen ir por el mundo creyendo que lo saben todo y que deben explicarnos la Verdad Sobre Todas las Cosas.

En el entorno laboral pueden ser un verdadero incordio, pero enfadarte con ellos no es la solución más acertada. Al fin y al cabo, hay que entender los motivos por los que estas personas actúan de esta manera. Según explican varios psicólogos como Diane Barth en un reciente artículo en ‘Psychology Today‘, son varios:

  • Una inseguridad subyacente
  • Un sentido genuino de superioridad
  • Una combinación de ambos

La psicóloga cuenta, de hecho, un ejemplo de cómo consiguió lidiar con una compañera de trabajo que se comportaba de tal manera: «Comencé a hacerle preguntas en lugar de sugerencias. Aunque a menudo respondía con condescendencia, mi cambio de enfoque marcó una diferencia en nuestra relación y, por lo tanto, en el trabajo que estábamos haciendo. Me di cuenta de que se había tomado mis comentarios como críticas. Simplemente estaba reforzando su sentimiento de que no era lo suficientemente inteligente. Con el tiempo, pudimos hablar de ello y de cómo podría estar sucediendo esto en otras relaciones de su vida, y fue cambiando su percepción».

Sé respetuoso pero llega hasta el meollo de la cuestión, informándote sobre las fuentes que utilizan para refutar sus verdades incontestables

Hay varias formas de lidiar con estas personas. Lo más importante en estas interacciones es recordar que no tenemos que ver a la otra persona como quiere que la vean, y no tenemos que atender esa necesidad a menos que queramos.

Sé comprensivo y ten cierta empatía

Es buena idea entender por qué se comportan de esta manera, como hemos señalado anteriormente, y generalmente todos tienen un motivo. Trata de evitar la lucha y la confrontación, con comprensión y respeto (aunque a veces te lo pongan difícil).

Trátalos con sentido del humor

Tu enfado solo conseguirá que se crezcan, pero demuestra que no te tomas muy en serio todo lo que dicen. Eso sí, intenta evitar el sarcasmo, pues aunque es tentador puede ser contraproducente.

Ten en mente que no hay que ganar siempre

Esto no es una competición, al fin y al cabo, es molesto encontrarte con personas así pero también es de adultos entender que no siempre tenemos que quedar por encima (aunque ellas piensen que sí).

Brinda comentarios constructivos

Aunque no lo creas, a veces los sabelotodos saben que lo son, aunque parece que rebosan seguridad, como antes señalamos, podría ser más bien al contrario. Los comentarios que refuercen su carácter podrían ayudarlos.

Haz preguntas

Sé respetuoso pero llega hasta el meollo de la cuestión, informándote sobre las fuentes que utilizan para refutar sus verdades incontestables.

Debate con hechos

Que comprenda que la información que tu proporcionas no es inventada, sino que sabes de lo que hablas.

Habla en privado con esa persona

Quizá pienses que tienes la batalla perdida, pero puede ayudarle a darse cuenta de su comportamiento. Las críticas constructivas con esta clase de personas, como antes señalábamos, pueden ser una buena manera de ayudarlos.

En el trabajo no involucres a tu jefe

Sabemos que es tentador, de nuevo, pues pueden llegar a ser muy exasperantes, pero cuando estés pensándolo vuelve al punto número uno, sé comprensivo y entiendeeque muchas veces hablamos de personas con un ego alto pero profunda inseguridad, aunque suene a excusa.

ACyV

 

 

Los trucos mentales para llevar a cabo tus propósitos a largo plazo

Si fuera fácil, no desearíamos tanto que sucediera. Hoy vemos algunas de las mejores formas de afrontar un sueño o una meta vital para hacer que se cumpla

 

Hay dos tipos de personas en el mundo: aquellas que viven en el día a día y las que están obsesionadas con una meta u objetivo difícil de cumplir. Evidentemente, la existencia de las primeras será más sencilla y concreta, sin grandes aspavientos, mientras que la de la segunda puede suponer una lucha diaria contra la frustración de no poder cumplir ese sueño inalcanzable. Como es obvio, también existen los grises: gente que sabe que tiene que ir a alguna parte, como mínimo formar una familia y encontrar un trabajo estable que le satisfaga, pero que no posee una gran aspiración.

Sea como sea, el objetivo pasa por no obsesionarse demasiado con aquello que resulta difícil de llevar a cabo y, a la par, mantener la vista puesta en la larga distancia, pues al final la mayoría de los sueños son caminos que pueden tomar muchos atajos o largas circunvalaciones, por lo que debes saber que es posible que nunca los cumplas o que el día menos pensado aparezca la oportunidad definitiva que te catapulte hacia el éxito.

«Planificar meticulosamente los pasos que debes seguir para alcanzar tus objetivos te permitirá también medir tu progreso a lo largo del camino»

Lo que está claro es que si apuestas por una vida con metas a muy largo plazo vas a tener que realizar un gran ejercicio mental de concentración y conocimiento sobre los pasos que debes dar en esa dirección. Seguro que por el camino te invadirá el estrés, la ansiedad o la sensación de que estás perdiendo el tiempo sin remedio, pero deberás sobreponerte a ambas, pues si no costara esfuerzo ni sacrificio, el viaje no valdría la pena.

Cuando imaginamos un destino o una meta que nos gustaría cumplir, estamos proyectando una imagen de futuro motivante y perfecta. Por ello, lo primero que habría que hacer sería ser realistas y evitar engañarnos a nosotros mismos. Soñar con lo imposible está muy bien, pero si sabes que existe una muy pequeña probabilidad de que suceda y eres consciente de todas tus limitaciones, podrás adaptar mejor el tiro y, aunque no dés al centro de la diana, tal vez lo roces.

Otra de las cosas que debemos es evitar es precisamente todo lo contrario: concentrarnos solo en lo más inmediato y fácil, lo más accesible, renunciando a todo aquello que siempre quisiste o la razón por la que empezaste a hacer lo que haces. En realidad, las grandes metas de nuestra vida no son solo psicológicamente agotadoras, sino que también dan mucho miedo. No sabemos cómo empezar o si es el momento adecuado, así como también sentimos temor a fracasar a la primera de cambio. Y no en menor cantidad, tenemos miedo al éxito: por paradójico que suene, alcanzar nuestras metas a largo plazo puede ser tan aterrador como fracasar, según reconoce Jory Mackay, periodista de ‘Fast & Company‘, quien ha publicado un interesante artículo sobre el tema.

Si crees que tus futbolistas favoritos son inmensamente felices por haber conseguido su sueño (el ejemplo más claro que a uno se le puede ocurrir), tal vez lo sean, pues son reconocidos como los mejores, pero en el fondo de su corazón pueden sentir que al haber tenido éxito en aquello que más ansiaban ahora ya están faltos de esperanzas e ilusiones, pues ya no poseen objetivos. «Pa’ caminar, valen los sueños y no me quedan más, llévame a hombros«, como decía una canción. Para superar estos tres miedos y encontrar ese punto medio entre lo asequible y lo imposible, aquí van una serie de consejos sobre cómo entrenar tu mente y apuntar en la buena dirección.

Conoce tus valores

Es el primer paso, fundamental en toda buena toma de decisiones. ¿Cuáles son los valores que mejor te definen? Debes plantearte un objetivo en el que realmente creas y no desperdiciar el tiempo con ilusiones vanas en las que ni siquiera te sientes motivado. Esto evitará que a mitad del camino te rindas o peor aún, no disfrutes trabajando y entrenando duro para conseguirla. El establecimiento de metas requiere un compromiso con el proceso, no solo con la meta final.

Si te presionas a tí mismo a llegar a alguna parte en un determinado momento, es más probable que no caigas en la procastinación y te pongas las pilas

Y para eso hace falta disponer de valores férreos, ya que en muchas ocasiones las cosas no serán como te las imaginabas y podrías acabar decepcionándote. Mackay menciona algunos como la audacia, la compasión, el amor por el conocimiento, la creatividad o la estabilidad. Date cuenta que estos valores, al ser fundamentales, te acompañarán a lo largo de toda al carrera, por lo que no podrás renunciar a ellos ya que si no la meta se borraría o distorsionaría.

La estrategia ‘Woop’

Gabrielle Oettigen, profesora de psicología de la Universidad de Nueva York, tiene una teoría por la cual generamos una especie de fantasía en torno a esa meta u objetivo a largo plazo. De alguna manera, idealizamos demasiado ese hipotético futuro, desdeñando los obstáculos reales que nos separan de él. Para luchar contra este efecto, Oettigen ha desarrollado lo que ella llama la ‘estrategia Woop’, basada en tres puntos, el deseo (que alude a lo que verdaderamente quieres), el resultado (definir bien el resultado de haber cumplido ese deseo), los obstáculos (aquello que se interpondrá en tu camino para lograrlo) y el plan (cómo superarás esos mismos impedimentos). Si defines bien estos tres puntos, habrás conseguido bajar a la Tierra y ser más consecuente, tanto con lo que deseas como con tus actos para traerlo de tu lado.

Convierte el largo plazo en corto plazo

Lo siguiente será apuntar a lo concreto y lo pequeño para ir a por lo grande y lo abstracto. Debes dividir el proyeto en tareas muy específicas y en partes pequeñas y manejables. Esto le dará al objetivo el realismo necesario para cumplirse. También te brinda un plan de acción claro para evitar sentirte abrumado por la dimensión de tu meta. «Planificar meticulosamente los pasos que debes seguir para alcanzar tus objetivos te permitirá también medir tu progreso a lo largo del camino», asegura Mackay. «En lugar de mirar hacia el futuro lejano, empiezas a pensar en el mañana y en el día siguiente, y así de manera sucesiva».

Llegó la hora de programar bien tus objetivos

Una vez que has abordado el plan y lo has desmenuzado en pequeños pasos, debes ponerte fechas. Es como cuando en el colegio te obligaban a entregar los trabajos en una fecha determinada. Si te presionas a tí mismo a llegar a alguna parte en un determinado momento, es más probable que no caigas en la procrastinación y te pongas las pilas.

Piensa desde el final y no desde el principio

A medida que vamos cumpliendo con los pasos y los plazos que nos hemos dado, es frecuente detenerse a pensar si lo estamos haciendo bien o todo está siendo en vano. «Un estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad de Corea y de la Universidad de Iowa reveló que aquellas personas que definen su camino desde el final hacia atrás y no hacia delante tienen más probabilidades de conseguir éxito y a su vez poseen más confianza en sus decisiones», explica Mackay. «En lugar de sentirnos abrumado por los cambios inciertos, deberíamos comenzar por el final para acorralar todas las infinitas posibilidades y mantenernos enfocados en el objetivo».

No creas en la perfección

Presionarnos demasiado o estar obsesionados con que no lo estamos haciendo del todo bien puede llevarnos a un fracaso anticipado. Al comienzo no será fácil, pero a medida que vayas ganando en experiencia, sobre todo en la experiencia de haberte equivocado, podrás sobreponerte a las dificultades posteriores con más energía y soltura. Nadie es perfecto, así que no te rompas la cabeza pensando que no lo estás haciendo bien; de hecho, si fueras perfecto no costaría esfuerzo y por tanto el objetivo no valdría la pena, no sería un sueño pues es pan comido. Es normal caer en el error, pero si sacamos una lectura positiva de nuestros fallos tendremos más probabilidades de triunfar que si todo es un camino de rosas.

 

  1. Zamorano

 

Y si el estrés tuviera algún beneficio? Un estudio investiga su lado oculto

Una investigación arroja que las personas que tienen menos angustia o agobio podrían padecer un deterioro cognitivo en el periodo de ocho años

 

Un grupo de investigación encabezado por David M. Almeida, profesor de desarrollo humano y estudios familiares de Penn State (Estados Unidos), ha estudiado si las personas que experimentan poco o ningún tipo de estrés tienen mejor salud que los que lo sufren. «Siempre se ha supuesto que el estrés es malo», contó el experto a Medical News Today.

«Di un paso atrás y pensé: ¿qué pasa con las personas que dicen que nunca han tenido estrés? Mi trabajo anterior estaba centrado en los niveles de angustia, pero nunca me había preguntado qué les ocurre a aquellos que no lo experimentan«, reflexionó Almeida. ¿Son los de este segundo grupo los más sanos?

El estrés es una respuesta humana saludable que la mayoría de la gente experimenta de vez en cuando, y que puede resultar útil a veces. Esto se debe a la liberación de epinefrina que facilita la realización de tareas y mejora el rendimiento y las habilidades para resolver problemas en momentos de mayor tensión.

La generación de epinefrina contribuye a la preparación del cuerpo para gestionar una amenaza o huir en busca de seguridad, gracias al aumento del pulso, la frecuencia respiratoria y la tensión muscular. Además, sirve como motivación en el ámbito cotidiano al completar un proyecto o realizar una prueba.

Un mayor envejecimiento cognitivo

Sin embargo, tanto esta investigación como otras muestran que cuando el estrés se vuelve prolongado, puede afectar negativamente a todos los sistemas del cuerpo. Algunos de los síntomas experimentados son los problemas de piel, dolor, falta de energía e insomnio. Ahora, si bien hay pruebas de los problemas que acarrea el agobio, el innovador estudio de Almeida encuentra mejoras para la salud.

Esta conclusión llega gracias al análisis a 2804 voluntarios que, durante ocho noches, completaron una prueba cognitiva y rellenaron un cuestionario sobre sus afecciones crónicas, síntomas físicos, estado de ánimo y la cantidad de agentes estresantes que sufrieron ese día. El 10% de los participantes no padeció estrés a lo largo de la jornada, afirmaba sentirse bien de ánimo y menos propenso a tener malas condiciones de salud crónicas.

Sin embargo, los más estresados experimentaron momentos “más positivos” que ese 10%, a lo que se suma una mejor obtención en la prueba de cognición. En el lado opuesto, los que tuvieron un peor resultado, sufrirían un deterioro que se materializaría en el periodo de ocho años. «Es posible que experimentar estos factores estresantes no sea agradable, pero pueden obligarlo a resolver un problema, y ​​esto en realidad podría ser bueno para el funcionamiento cognitivo, especialmente a medida que envejecemos».

En definitiva, los factores estresantes diarios que experimentaron a diario serían sinónimo de llevar «una vida ocupada y tal vez plena». En este caso, dice, «tener algo de estrés es solo un indicador de que estás involucrado en la vida». Aun así, tanto el experto como sus colegas están a la espera de conocer más estudios que analicen un tema apenas investigado

El Confidencial

 

Son los zurdos más inteligentes que los diestros? Esto es lo que dicen los  expertos

Tan solo un 13% aproximado de la población tiene, como predominante, su mano izquierda. Quizá por ello han surgido muchos rumores al respecto, pero, ¿se basan en premisas reales?

 

Desde Aristóteles a Leonardo da Vinci, pasando por Napoleón Bonaparte, Alejandro Magno, Marilyn Monroe o Kurt Cobain. Las anécdotas sobre la relación entre la fama de algunos individuos y su (supuesto) dominio de la mano izquierda suelen proliferar, al igual que las leyendas sobre si es cierto que los zurdos tienen, de media, nueve años de vida menos que los diestros, son más creativos o raros. Al fin y al cabo sí son una rareza, pues representan aproximadamente entre el 8 y el 13% de la población mundial, habiendo más hombres que mujeres (sin que se conozca la causa). Su día es el 13 de agosto.

Otra frase que suele acompañar a aquellos que utilizan la mano izquierda es que son más inteligentes que los diestros. Por supuesto, estos últimos no estarán de acuerdo con la apreciación, pero probablemente también la hayan escuchado en alguna ocasión. La razón por la que se relacionan la creatividad o la inteligencia con la capacidad de escribir con la izquierda está relacionada con el hecho de que, realmente, ser zurdo tiene muy poco que ver con la mano en sí. Los huesos, los músculos, los tendones y cualquier otra parte de las manos de los diestros y zurdos no suelen mostrar diferencias visibles. En cambio, la preferencia de usar una mano sobre la otra para tareas motoras finas como la escritura nace en el cerebro.

Algunas teorías han sugerido diferencias en los hemisferios de nuestro cerebro, factores epigenéticos y la exposición a hormonas prenatales, que podrían contribuir a la destreza manual

 

Lo más curioso es que la preferencia por la mano izquierda varía en cada país del mundo, por lo que algunas teorías también han sugerido diferencias en los hemisferios de nuestro cerebro, factores epigenéticos y la exposición a hormonas prenatales, que podrían contribuir a la destreza manual. Todavía es pronto para comprender todo acerca de nuestra elección por un lado u otro del cuerpo, pero nuevos estudios parecen apuntar que depende en un 25% de la genética y en un 75% del medio ambiente.

¿Es disparatado hablar de una supuesta inteligencia superior por parte de los zurdos? Según informa ‘Psychology Today‘ algunos estudios encuentran que los diestros son más inteligentes, mientras que otros señalan exactamente lo contrario. La conclusión es que es difícil determinar el verdadero efecto analizando estudios individuales. Por ello, un metanálisis de varios estudios empíricos, realizado por dos investigadoras de la Universidad de Atenas en Grecia quiso llegar al fondo de la cuestión. Para ello se llevaron a cabo tres metanálisis en los que se hacían tres comparaciones:

  • Zurdos contra diestros
  • Zurdos y ambidiestros contra diestros
  • Ambidiestros contra diestros

¿Los resultados? No hubo apenas diferencias en las puntuaciones de CI entre diestros y ambidiestros. Eso sí, en la comparación entre diestros y zurdos, sin embargo, hubo un efecto estadísticamente significativo, mostrando que los diestros tenían un coeficiente intelectual promedio más alto que los zurdos. Es importante destacar que este efecto era pequeño y es poco probable que tenga ningún efecto sustancial en la vida real.

La diferencia de CI entre zurdos y diestros es extremadamente pequeña y cualquier diferencia en la inteligencia entre ambos grupos en la población general no es significativa

 

Para ilustrar esto, las autoras dieron el siguiente ejemplo: suponiendo que los zurdos tenían un coeficiente intelectual promedio de 100, y tanto los zurdos como los diestros tenían variaciones similares en sus datos, entonces los diestros tendrían un coeficiente intelectual promedio de 101.05. Además, el efecto perdió relevancia estadística cuando un estudio fue excluido del metanálisis. Estos descubrimientos llevaron a las autoras a concluir que la magnitud absoluta de las diferencias de CI entre zurdos y diestros son extremadamente pequeñas y que cualquier diferencia en la inteligencia entre ambos grupos en la población general no es significativa.

¿Conclusión? Parece que las diferencias son mínimas y que por mucho que digan las páginas en internet, no es verdad que los zurdos sean más inteligentes que los diestros. De cualquier forma, siguen resultando fascinantes y quizá por ello se realicen tantos estudios al respecto sobre ellos, con el fin de concluir por qué en este mundo algunos escribimos con una mano y otros con su contraria y si hay verdaderas diferencias entre ambos sectores de la población.

  1. N.

 

Las mejores formas de acabar con el hambre emocional originada por el estrés

El frigorífico es ese punto de la cocina más socorrido cuando te asalta el aburrimiento o la ansiedad. ¿Cómo evitar que no repercuta en la salud mental y física?

 

Cuando comenzó la pandemia, uno de los puntos más recorridos de la casa sin duda fue el frigorífico. Esta ‘zona cero’ de la cocina en la que conservamos distintos alimentos fue el recurso favorito para calmar la ansiedad que nos provocaban los recientes acontecimientos. Ahora, meses después, seguramente muchas personas sigan sintiendo esa intranquilidad que solo puede ser calmada por la comida.

En realidad, el hambre emocional, como lo llaman distintos psicólogos, puede provenir de nuestros instintos de supervivencia más primarios. «Nuestros cuerpos no reconocen la diferencia entre el estrés que sentimos si un león nos persigue y el estrés originado por los plazos de entrega de un trabajo», admite Aisha Muhammad, médica especialista en nutrición, en un reciente artículo de la ‘BBC‘. «Cuando estás estresado, anhelas alimentos que sean fáciles de digerir y liberen energía rápidamente para ayudarte a luchar o escapar, es decir, o azúcar o carbohidratos», comenta por su parte la dietista Sophie Medlin en ese mismo diario.

Si disfrutas de la experiencia y te lo tomas con calma, saboreando bien los alimentos, será mucho mejor y más sano que comer compulsivamente

 

Por otro lado, no hay que sentirse especialmente ansioso para llevarse alimentos a la boca sin parar. También influyen otras sensaciones que pueden aparecer en mayor o menor medida, como por ejemplo el aburrimiento, muy frecuente durante la pandemia al haber restringido y paralizado nuestras interacciones sociales. En este caso, comemos con el objetivo de escapar de esa incómoda sensación de no tener nada que hacer, o peor aún, no saber qué hacer con nuestro tiempo.

Si estamos aburridos o muy ocupados, abrir el frigorífico puede resultar un mecanismo de alivio para desconectar de la rutina. Al igual que, por ejemplo, quien tiene una adicción a los cigarrillos. El problema es cuando lo hacemos de manera reiterada y compulsiva, pues entonces ya no solo perderá su utilidad de desconexión, sino que implicará una sensación de frustración añadida, al no ser capaces de concentrarnos y apartar las tentaciones.

Pero esto tampoco tiene por qué ser negativo. Si en vez de optar por alimentos hipercalóricos o cargados de azúcar nos decantamos por fruta, el hambre emocional puede convertirse en una gran aliada de cara a llevar una vida más saludable y también para adelgazar. Desgraciadamente, esto no suele suceder, ya que es más probable que tu cuerpo te pida un refuerzo de azúcar o grasas para calmar la ansiedad, como explicaba anteriormente Medlin. Por ello, la mejor forma de convivir con el hambre emocional pasa por hacerla frente y evitar abrir el frigorífico cada vez que sientas estrés.

«Las tres F»

Rangan Chatterjee, autor de varios libros sobre la relación entre la pérdida de peso y el estrés, ha elaborado una técnica que bautizó como la regla de «las tres efes», en relación a los conceptos de «feel«, «feed» y «find» en inglés, («sentir«, «alimentarse» y «descubrir» respectivamente). Así, la primera alude a analizar y reflexionar sobre la sensación que desencadena el estrés: si estás aburrido, es mero estrés o realmente tienes hambre. La segunda, se basa en escoger bien el alimento que te vas a llevar a la boca y si realmente te vas a sentir mejor después de ingerirlo. Por último, el descubrimiento alude a encontrar nuevas técnicas para mantener a raya el hambre emocional. Esto podría ser un tipo de ejercicio físico, un baño, dormir, llamar a un amigo o bien practicar técnicas de relajación para reducir ese aburrimiento o estrés.

Otro punto de vista es el de la nutricionista Rachel Hartley. Según ella, esta hambre emocional puede revertirse degustando con más placer la comida. Lo que ella llama «comer con atención e intención». Si disfrutas de la experiencia y te lo tomas con calma, saboreando bien los alimentos que te llevas a la boca para así también reducir la cantidad, será mucho mejor que comer compulsivamente.

«La comida rara vez soluciona problemas y no puede ayudarte a procesarlos», prosigue Hartley. «Por ello, comer no debería ser el único mecanismo de supervivencia en tu caja de herramientas». Aun así, si de verdad caes en la trampa y abres el frigorífico de forma más frecuente, tampoco te debes autoflagelar o pensar que haces lo incorrecto. Esto solo agravaría aún más tu sentimiento de ansiedad, preocupándote en exceso por tu compulsividad. En este sentido, lo mejor será apostar por una dieta equilibrada en la que haya todo tipo de alimentos, establecer un plan de comidas y cenas y, sobre todo, ser responsable para que no te entre la amarga sensación de que no puedes controlar el impulso de llevarte algo a la boca.

 

ACyV

 

Resultado de imagen de ¿TE SIENTES MÁS IRASCIBLE? A QUÉ SE DEBE ESA IRA Y CÓMO GESTIONARLA

El control del temperamento es clave si queremos gozar de una estabilidad mental y emocional, como a su vez imprescindible a la hora de cuidar las relaciones con los demás

Cada persona es distinta y esas diferencias vienen marcadas, en parte, por el temperamento: las hay más calmadas y tranquilas, pero también más ceñudas y ansiosas. Independientemente de nuestro estado mental actual, podemos pasar por una época en la que nos mostramos mucho más irascibles hacia los demás, provocando a veces discusiones y enfrentamientos innecesarios. Incluso, hay expertos que aseguran que estas temporadas en las que nos quejamos más o nos enfadamos más a menudo con las personas de nuestro entorno pueden estar relacionadas con padecer ansiedad, estrés o depresión.

El problema viene cuando no somos capaces de detectar que en realidad nos estamos sobrepasando más de lo debido. Y nunca sabes el estado de ánimo que puede estar atravesando una persona, de ahí que haya que procurar mostrar amabilidad en cualquier momento. Si nos dejamos llevar por nuestros impulsos, podemos arriesgarnos a perder a gente importante para nosotros en tan solo una mala discusión. ¿Cómo controlar todos estos brotes de ira que pueden aparecer en cualquier momento?

«Cuando sientes enfado estás bajo la influencia de una serie de químicos fuertes», asegura Ilen Strauss Cohen, psicoterapeuta especialista en la conducta humana, en un reciente artículo de ‘Psychology Today’. «La amígdala, una parte del cerebro de la que depende la respuesta de la ira, es uno de los componentes más primitivos de nuestro cerebro. Después de advertir a tu cuerpo con esta señal de enfado, la glándula suprarrenal entra en acción, liberando adrenalina, una sustancia química que aumenta la frecuencia cardíaca, lo que fuerza las contracciones corporales y el flujo sanguíneo al cerebro y los músculos. Entonces, tu cuerpo comienza a producir testosterona, una sustancia que acelera una respuesta inmediata violenta».

Según Cohen, la ira nos hace realizar o decir cosas de las que luego posiblemente nos vayamos a arrepentir, pues conecta con nuestro mecanismo de defensa más primitivo nublando la percepción y distorsionando la realidad, forzándonos a actuar de inmediato porque nos sentimos agredidos. Hay múltiples formas para atajar estos brotes tan perjudiciales para uno mismo y las personas que lo rodean. «Los pensamientos furiosos te seducen para que te comportes mal y te retroalimentan para que sigas enojado, pensando que lo que hizo la otra persona fue intencionadamente, y forzándote a pensar que no te queda más remedio que tomar medidas», asevera la experta.

 

«La ira es una emoción humana normal, siempre y cuando se gestione adecuadamente»

 

«Sin embargo, la ira es a menudo el resultado de malinterpretar las acciones de otras personas y asignarles nuestro propio significado», recalca Cohen. «Cuando las personas responden a situaciones con furia, generalmente hay una razón de peso más profunda. Detrás de tu rabia está también tu miedo a ser lastimado, a no poder defenderte o a que sucedan cosas injustas. Todos estos sentimientos son comprensibles. Y la ira también es apropiada en ciertas situaciones. Lo malo es cuando se torna negativa para nosotros y la gente que nos rodea».

La naturaleza de la cólera

A la hora de tratar a un paciente que tiene problemas de temperamento se le entrena en aprender a calmarse y a autorregularse, trabajando con la angustia que sufre y los detonantes que hacen que salte. «Es importante recordar que la ira es una emoción humana de lo más normal, cuando se maneja y expresa adecuadamente no es un problema», recuerda Cohen. «Puedes sentirte herido, asustado, decepcionado, preocupado, avergonzado o frustrado, pero si siempre respondes con ira es cuando aparece el problema. Al mirar dentro de nosotros mismos, podemos ver qué es lo que hay detrás de ese comportamiento colérico. Y así, podemos aprender a expresarnos de manera diferente al aceptar que somos vulnerables».

«La vida es demasiado corta como para pasársela todo el tiempo enfadado», como decían en la mítica (y violentísima) película ‘American History X’. Por todo ello, Cohen ha querido extender una serie de consejos y recomendaciones para aquellos que perciban que pasan mucho tiempo enfurruñados, y en ese caso, haya que adoptar medidas para cambiarlo. En primer lugar, «reconocer los desencadenantes de la ira, los comentarios específicos y las personas o los lugares que tienden a incomodarte«. En segundo lugar, y tal vez lo más importante, «tener empatía y tratar de ponerte en el lugar de la otra persona». También es importante «prestar atención a las señales de advertencia de ira que marca el cuerpo», como por ejemplo la tensión en los hombros o el aumento del ritmo cardíaco.

Una vez hayamos reconocido el momento que da paso a nuestro enfado, hay que poner medidas para atajar los pensamientos negativos o violentos. Esto podría traducirse en «concentrarte en tu respiración, pensar, evaluar todo lo que piensas, escuchar música o salir a caminar». En resumen, cualquier actividad que te despeje la mente y reduzca tu ira. Si no puedes hacerlo y aun así sigues sin relajarte, lo mejor es que acudas a un profesional porque tal vez necesites ayuda de un especialista en la gestión de las emociones.

 

  1. Zamorano

 

Cinco consejos para llegar a ser más creativo e ilusionarte por las cosas

Si estás pasando por un momento en el que apenas se te ocurren ideas, lo mejor que puedes hacer es tranquilizarte y echar un vistazo a los consejos de este experto psicólogo

¿Estás pasando un momento aburrido y quieres sacar el máximo partido a tu vena artística? Este año, a pesar de todas las dificultades, ha servido para que muchas personas hayan desarrollado esa gran pasión oculta al haber dispuesto de tanto tiempo encerrados en casa. Si no has sido una de ellas y todavía andas buscando aquella disciplina que te ilusione y te aporte cosas, has de saber que la creatividad es un arma que todos tenemos sin excepción y que solo hace falta entrenar para sacar el máximo partido a tus inquietudes artísticas.

 

Pero la creatividad no solo sirve para dar rienda suelta a tu vena artística. También nos hace más inteligentes y felices, ya que despliega un montón de conexiones neuronales, haciéndolas más rápidas e intuitivas, ayudándonos a mejorar nuestra capacidad de atención y análisis. Un estudio publicado en ‘Creativity Research Journal’ descubrió que la creatividad se trata más de desarrollar habilidades que de poseer un talento único y auténtico. Pero si esto es cierto, ¿por qué muchos no se sienten nada creativos?

 

La base de la creatividad es la curiosidad, y esta solo comienza cuando nos hacemos las preguntas

 

«La causa puede ser un montón de creencias inútiles que hemos interiorizado a lo largo de nuestras vidas sobre nosotros», asevera David B. Feldman, psicólogo de la Santa Clara University, en California, a ‘Psychology Today‘. «Una de ellas es la suposición de que la creatividad es un don poco común que no todo el mundo tiene. A decir verdad, llega cuando menos lo esperamos y desencadena cosas que escapan a nuestro control, que a menudo vienen dadas en lo que conocemos como ‘ataques de inspiración'».

 

Al fin y al cabo, a todos en algún momento de nuestra vida nos ha venido la inspiración sin tampoco estar encontrándonos desarrollando alguna disciplina artística. Esta puede aparecer con una buena idea que aplicar a nuestra vida cotidiana o al experimentar alguna obra artística que nos llega a lo más profundo de nuestro corazón, como puede ser una película o una canción. Por ello, Feldman ha descrito algunos de los mejores trucos para desarrollar tu alma creativa y, con ello, no solo despertar al artista que hay en ti, sino también adquirir una mayor ilusión y curiosidad por todo lo que te rodea.

Hazte un montón de preguntas

La base de la creatividad es la curiosidad, y esta solo comienza cuando nos hacemos las preguntas correctas, aquellas que sintetizan e integran la información de la que disponemos. No es que vayas a encontrar muchas respuestas, sino al contrario: estas te llevarán a otras muchas cuestiones. Esto es muy positivo, ya que así adquirirás nuevas e inusitadas perspectivas. «Al hacer muchas preguntas, cada vez las formularás mejor», asegura el psicólogo. Si no sabes por dónde empezar, tan solo intenta ponerte en la piel de un niño. Descontextualiza las cosas que ves ante ti y no dejes de preguntarte por lo divino y lo humano.

Desarrolla pasión por aprender

Si estás tratando de desarrollar una mente creativa, como decíamos, el primer paso es ser muy curioso, y este lleva directamente a sentir pasión por todo aquello que desconoces o aún no has experimentado. La forma en la que comprendemos el mundo y la realidad estriba en recopilar la información que otros nos legaron, como a su vez probar una y otra vez cosas distintas o ajenas a nosotros. Aunque no te guste estudiar y lo veas como un sinónimo de memorizar palabras, si ya te ha picado la curiosidad seguro que se te hará mucho más interesante. Busca aquello que te llena y te hace mejor persona e indaga más sobre ello.

Conecta hechos aparentemente no relacionados

En resumidas cuentas, ser ingenioso. Las personas creativas no ven las cosas tal y como son, sino que buscan nuevos enfoques ocultos o que aparentemente no tienen relación. Un pensamiento fino y agudo sobre cualquier tema te lleva a otro, y este a su vez a una conclusión que necesita ser refutada, o viceversa. Las ideas geniales siempre aparecen después de haber hecho asociaciones de ideas extravagantes o en las que nadie había reparado. Al fin y al cabo, estas son la materia prima de una obra artística o un razonamiento creativo.

 

De nuevo, «la creatividad no tiene que ver con un golpe de inspiración, sino que se trata de juntar ideas viejas con novedosas». Uno de los psicólogos más reputados que llegó a esta conclusión fue Sarnoff Mednick, quien definió la creatividad como «la formación de elementos asociativos en nuevas combinaciones que cumplen requisitos específicos o son de alguna manera útiles». Es como «jugar una partida de ajedrez», apunta en este caso Feldman. «Se han jugado millones de partidas, pero siempre hay que repensar las jugadas».

Busca la oportunidad

La ampliación de nuestro punto de vista hace que lluevan las oportunidades delante de nosotros, incluso aquellas más inverosímiles o en la que no habíamos llegado a reparar. Evidentemente, no todos los días aparecen y pueden ser muy escasas, pero en cada momento y situación puede aparecer una idea o conexión de ideas que no habíamos concebido aún. Tan solo hace falta estar atento y alerta para cuando estas aparezcan. Y entonces, no dudar

 

  1. Z.