Por qué es importante fomentar el sentido del humor en la empresa?

En los últimos años, las protestas pacíficas se han servido de los bailes, las canciones y la burla al poder dominante para llevar a buen puerto sus reivindicaciones. Hoy repasamos algunas de ellas

 

Humor y política son dos conceptos que van indisolublemente unidos. Desde la fundación de los primeros periódicos satíricos hasta los memes más compartidos del momento sobre la actualidad parlamentaria, el uso de la ironía, las bromas o directamente la provocación más directa ha estado muy presente en la historia del progreso a la hora de avanzar de sistemas políticos autoritarios a regímenes más democráticos. Pero más allá de las chanzas sobre el líder político de turno, subyace en el humor usado como arma revolucionaria un sentido de comunidad compartido por los individuos que tiende a crear un clima sereno de confianza y unión, en el que se rebajan las tensiones por las que se ha desatado la protesta y ayuda a que esta triunfe y se cumplan los objetivos. Ese clima es el de la diversión.

Así lo sintieron los manifestantes sudaneses en las protestas de abril de 2019 organizadas contra el gobierno de Omar al-Bashir, el dictador que llevaba tres décadas al frente del país y que en 2008 fue acusado por la Corte Penal Internacional de genocidio y crímenes contra la humanidad. Después de muchos levantamientos contra su régimen que siempre tendían a derivar en guerras civiles, además de los múltiples conflictos internos por motivos raciales entre tribus en Darfur, el presidente tuvo que dimitir después de las múltiples manifestaciones no violentas que sacudieron el país hace dos años.

«Para los gobiernos que dependen de una autoridad incuestionable, la naturaleza del humor representa una amenaza única»

Los manifestantes, en vez de tomar las armas, como era de costumbre en una región tan dada al conflicto militar, irrumpieron en cánticos y se lanzaron a bailar por las calles, extendiendo un jolgorio colectivo que también sirvió para demostrar al mundo que la movilización pacífica seguía siendo mucho más eficaz que la guerra. Además, colectivos hasta ahora muy silenciados y oprimidos en el país, como las mujeres, tomaron el protagonismo, lanzando imágenes impactantes al mundo que no solo servían para legitimar la protesta contra el régimen cruel y autoritario de al-Bashir, sino también para volver a reiterar que una imagen de paz y esperanza vale mucho más para el éxito de la revolución que cualquier objetivo militar.

La joven activista Alaa Salah, icono de las revueltas contra Omar al-Bashir, muestra con sus dedos el símbolo de la paz. (Reuters)

Al igual que sucedió con la revolución egipcia de 2011 contra Hosni Mubarak que desató la Primavera Árabe, el movimiento contra el régimen se vio impulsado por la difusión de mensajes satíricos en redes sociales contra el régimen que fueron muy compartidos y que llamaban a la desobediencia civil pacífica. Pues el humor siempre emplaza a la paz, pero sobre todo sirve para desafiar al poder establecido, subvirtiendo su sistema de dominación mediante la broma o el ridículo. Desgraciadamente, los conflictos en Sudán no se han terminado. La población del país sigue en conflicto a pesar de haber derrocado el régimen del dictador.

A ningún líder autoritario le hacen gracia las bromas

«El humor es una táctica particularmente eficaz para socavar los pilares de apoyo de un régimen», asevera Molly Wallace, activista por la paz y autora de varios libros sobre la resistencia no violenta en zonas de gran conflicto o con un amplio historial bélico, en un artículo publicado en el sitio web ‘Waging No Violence’«Interrumpe los discursos dominantes y desafía al poder al atacar el lenguaje y los símbolos utilizados por los poderosos para representar la realidad de una manera única y proporcionar interpretaciones alternativas a esa misma realidad».

«La risa y la diversión ya no son marginales en la estrategia de un movimiento, ayudan a romper la cultura del miedo inculcada por el régimen»

En este sentido, la teoría de Wallace es que un líder autoritario que sustenta su poder en la más pura represión, no soporta las bromas. «Los presidentes autoritarios se basan en proyecciones de un poder inquebrantable, usando el miedo para mantener el control», recalca Srdja Popovic, directora del Centro por la Acción y Estrategia No Violenta (CANVAS), en otro interesante artículo sobre el tema publicado en ‘Foreign Policy’. «El objetivo de una broma es romper con lo establecido, con aquello que se espera, subvertir el orden. Para los gobiernos que dependen de una autoridad incuestionable, la naturaleza disruptiva del humor representa una amenaza única».

Pero como sucedió en las manifestaciones contra al-Bashir en Sudán, el humor no es simplemente difundir chistes o bromas sobre la figura autoritaria que se pretende derribar. El humor, ante todo, es la creación de un clima y un ambiente sereno, divertido y ameno en el corazón de la protesta, que no solo rebaja la tensión, evitando que la movilización pacífica se convierta en violenta, sino que establece unos lazos muy férreos de comunidad en base a unas lógicas que atentan contra el poder autoritario que siempre es serio, riguroso e inflexible, y que se legitima en el miedo y la represión.

Juguetes contra Putin

«La risa y la diversión ya no son marginales en la estrategia de un movimiento», prosigue Popovic, «ahora sirven como una parte central del arsenal activista, imbuyendo a la oposición de un aura de serenidad, ayudando a romper la cultura del miedo inculcada por el régimen y provocando reacciones por su parte que socavan su legitimidad». Otro de los ejemplos que mejor ilustran la capacidad que tiene el humor como arma de la protesta pacífica para acabar con la legitimidad de un régimen o poner en rídiculo las maniobras represivas de su líder es la manifestación que se organizó en la pequeña ciudad rusa de Barnaul contra el gobierno de Vladimir Putin, protagonizada íntegra y únicamente por juguetes.

«Mientras las autoridades restringen nuestro derecho de reunirnos pacíficamente, los derechos de los juguetes no han se han visto afectados»

Las autoridades rusas extendieron la prohibición de manifestación a «todo ciudadano ruso». Los rebeldes, en vez de quedarse en casa, tuvieron la loca idea de cumplir con sus objetivos reivindicativos y a la vez obedecer a rajatabla la orden del Kremlin. De esta forma, colocaron figuritas de Lego, osos de peluche o muñecos de South Park en la plaza popular de la ciudad, a los que colgaron pancartas en las que no solo había mensajes contra el gobierno de Putin, sino también dejando muy claro que estaban cumpliendo en todo momento con la ley. «No somos ciudadanos rusos, somos juguetes», se podía leer.

El gobierno de Putin, resentido a más no poder, declaró que abrirían una investigación para dar con los responsables de tal protesta. Como sostenía Popovic, el humor sirve para provocar una reacción por parte del poder autoritario para socavar aún más su legitimidad, que solo se basa en la fuerza y el miedo. «Mientras las autoridades restringen nuestro derecho constitucional a la libertad de reunirnos pacíficamente, los derechos de los juguetes no han sido afectados», expresó uno de los activistas en Vkontakt, la red social más popular de Rusia, en unas declaraciones recogidas por la ‘BBC‘.

Fiesta y humor en las protestas democráticas

Obviamente, el humor dentro de la protesta es mucho más efectivo en naciones donde la libertad de expresión es muy reducida o los gobiernos se muestran muy implacables con cualquier forma de disidencia. La ciudadanía de países como el nuestro también se ha servido de la diversión construida a partir del humor para desenmascarar la figura autoritaria del poder dominante. El 15-M, sin ir más lejos, sirvió de inspiración para otros movimientos en su pretensión de luchar por una democracia más real, justa y participativa, como el ‘Occupy Wall Street’. Tras diversos llamamientos pacíficos a través de redes sociales, las calles se convirtieron en una auténtica fiesta más que en un enfrentamiento directo contra el poder dominante: salvo en contadas ocasiones, las manifestaciones no derivaron en conflictos violentos.

 

En la actualidad, la tensión social parece que se está recrudeciendo, sobre todo en Estados Unidos. El mandato de Donald Trump ha dejado imágenes de movilizaciones que pasarán a la historia y que tienen su culmen en el asalto al Capitolio por parte de sus seguidores a comienzos de este año. La crispación política y social que vivió el país en 2020 desde el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneápolis han generado un gran clima de tensión que nada tiene que ver con el humor del que veníamos hablando. Sin embargo, hay una serie de manifestaciones en las que el ingenio de los protagonistas no tuvo parangón. Como por ejemplo, la ocurrida en julio de 2018, cuando un globo gigante de un bebé con la cara de Donald Trump sobrevoló Londres con motivo de la participación del entonces presidente en una cumbre internacional por el 70 aniversario de la OTAN.

Pero sin duda la broma más ingeniosa realizada en manifestaciones contra Trump, a juicio de un servidor, es la de una mujer sujetando una pancarta frente a la Winfield House, también en Londres, cuando el expresidente y su primera mujer Melania pasaban solo una noche en este mítico enclave en el que reside el embajador de Estados Unidos. En dicha pancarta no aparecía ningún lema contra Trump, tan solo dos palabras adornadas con los colores del partido republicano y su símbolo, el elefante: «Disfunción eréctil».

Esta clase de humor no solo se posiciona en contra las ideas y los hechos del magnate durante su gobierno, como en cualquier reivindicación convencional, sino que va más allá, poniendo en tela de juicio su satisfacción sexual (y con ella la de su mujer), viniendo de una persona que cumple a la perfección con los cánones de lo que podríamos llamar, en la jerga popularmente feminista, ‘un machirulo’. Seguramente el lector recuerde cuando el líder republicano se jactaba de que podía «agarrar a las mujeres por el coño» aprovechándose de su extrema celebridad, aunque posteriormente matizara y suavizara sus palabras. Este es solo un ejemplo de sus bravuconadas, ya que hay miles.

La diversión como un acto de resistencia

Por último, cabe destacar el argumentario de uno de los grupos de punk actuales británicos más destacados, IDLES, centrándonos en sus dos discos ‘Brutalism‘ (2017) y ‘Joy as an act of ressintace’ (2018). El primero les sirvió para encumbrar su carrera y lanzarla al estrellato, al ser una respuesta a los grandes males sociológicos que asolan nuestra época, concentrados de la mejor forma en su tema ‘Mother‘. La furia y la rabia de su desenfrenado cancionero, como ya demuestra su propio título, revivió los fantasmas de The Clash, The Fall o Killing Joke. El segundo, por su parte, esgrime un discurso que podría sintetizarse en una de las frases de la canción ‘I’m Scum’ («Soy escoria»): «This snowflake’s an avalanche», teniendo en cuenta que en el ‘slang’ británico «snowflake» viene a designar lo que aquí en España podríamos llamar «ofendidito«. Además, la portada que escogieron para dicho single es magnífica, pues sintetiza a la perfección las ideas de este artículo. «Si hay que reír o llorar… nosotros lloraremos riendo».

A diferencia de su trabajo anterior, en el que discurso y música tenían un carácter más enrabietado, en este, titulado precisamente como «la diversión como un acto de resistencia», se muestran muchísimo más vulnerables en las letras, incluyendo temas como la falsa masculinidad inculcada al hombre desde pequeño por sus padres, el racismo o directamente cosas terribles que pasan y que no podemos remediar y que van más allá de la política, como viene a ser la trágica muerte de la hija del cantante nada más nacer, narrada de la forma más dolorosa en la canción ‘June‘. Por tanto, el mensaje que IDLES anuncian es que, más allá de todos los problemas personales y colectivos que estamos destinados a atravesar en nuestro afán por solucionarlos, lo más importante siempre será permanecer unidos y pasarlo bien, es decir, no acabar siendo un amargado solitario. La diversión como acto de resistencia en un mundo en permanente crisis. Y sobre todo, esgrimir la bandera de la paz y la justicia frente al odio, la provocación o la violencia.

 

Enrique Zamorano

 

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